Maniobras políticas para “lavarse la cara”

28/10/2014
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Para salir de la crisis, Andrés Manuel López Obrador observa que “sólo hay dos posibilidades: cambio de política, sin cambio de presidente, y cambio de política y de presidente”.
 
Las dos opciones que observa el presidente de Morena las compartió con militantes y seguidores de su partido, pero también con los del Trabajo, en el Zócalo donde pidió “evaluar la segunda posibilidad, porque nada bueno puede esperarse con la permanencia de (Enrique) Peña en la Presidencia. ¿Qué no sería mejor, para evitar más sufrimientos, que el año próximo, el 7 de junio, cuando hay elecciones federales en todo el país, se aproveche para elegir un nuevo presidente?” La respuesta: “¡Fuera Peña! ¡Fuera Peña!”
 
Las preguntas de AMLO fueron compartidas varias semanas después de ser afirmaciones en mítines realizados en poblaciones de distintos lugares de la república, sin que la mayor parte de los grandes medios se molestara en registrarlas, no digamos informar. Plantearlas frente a Palacio Nacional el día 26 y a decenas de miles de mexicanos, fue el límite del primer círculo gubernamental.
 
Enseguida, César Camacho emitió la tesis de la “omisión cómplice” del tabasqueño de Macuspana, por permitir la candidatura a alcalde de José Luis Abarca, hoy prófugo de la justicia.
 
Tras el pronunciamiento del gobernador mexiquense que obsequiaba Rolex a los diputados locales, entró en escena Emilio Gamboa y Manlio Beltrones, dos prohombres del sistema que figuran en averiguaciones ministeriales e investigaciones periodísticas publicadas en libros, en los que se documentan presuntos vínculos con el crimen organizado y en particular el de cuello blanco.
 
No pretendo descalificar las opiniones de los tres distinguidísimos priístas, sino subrayar que una operación como la mencionada, tiene como punto de partida una directriz de Los Pinos. Y en todo caso escogieron mal a los promotores.
 
Apenas el lunes 27, Utopía registró que la autodenominada clase política demuestra muy poca clase, oficio y sensibilidad frente a la crisis que padece Guerrero y en buena medida el país, evidenciada por la matanza de Iguala y la desaparición de 43 militantes de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México.
 
Resulta indispensable que las responsabilidades ministeriales y sobre todo las judiciales se finquen sin distinciones políticas y sociales, como todo apunta se pretende, salvo que la sociedad civil haga prevalecer su hambre de justicia.
 
Es muy larga la lista de omisiones que involucra a actores políticos, agentes económicos y actores sociales, empezando por el titular del Ejecutivo federal que tardó cuatro días para pronunciarse sólo sobre “la debilidad de las instituciones en Guerrero”, el procurador Jesús Murillo quien durante16 meses no atendió información valiosa que le fue proporcionada, el Ejército y la Policía Federal que derrocharon cuatro horas para actuar el 26 y 27 de septiembre, además de los perredistas que, como Jesús Zambrano, al parecer se empecinaron en hacer candidato a Abarca, el hoy presunto autor intelectual del asesinato de 46 estudiantes de la FECSM, hostigada con singular saña desde el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz como me consta porque los apoyé en forma directa y decidida en 1970, y hasta nuestros días.
 
Lo que pareciera estar destinado al fracaso es el uso perverso de la masacre de Iguala para lavarse la cara por lo graves problemas que enfrenta el país, bloquear el desarrollo del partido que parece estar en mejores condiciones para aprovechar la delicada coyuntura política, y para hacer ajustes de cuentas en la elite gubernamental.
 
Twitter: @IbarraAguirreEd
 
 
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