El Real cae en lo real

18/08/2001
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  • Opinión
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Después de ocho años de gobierno de Fernando Henrique Cardoso (FHC), yo esperaba que Brasil llegaría sin turbulencias al puerto de las próximas elecciones presidenciales. No obstante, hay nubes cargadas en el horizonte del país. El dólar se disparó, amenazando con el retorno de la inflación y revelando la fragilidad del Plan Real. Se comprueba, así, que la divulgada estabilidad de la moneda es más un artificio político que fruto de una eficiente ingeniería económica. El Real cae en lo real: felizmente, para el futuro presidente, la cuerda se rompió en el actual gobierno. No bastó que la casa quedara destejada por los vientos especulativos, vino el Tío Sam y escupió a la familia: Paul O´Neill, secretario del Tesoro de Estados Unidos, tildó a nuestro gobierno de corrupto, acusándolo de desviar inversiones extranjeras hacia cuentas bancarias en Suiza. Aunque se haya retractado, O´Neill demuestra que el gobierno de Bush alimenta solemne desprecio por Brasil y América Latina. Y, miope, no percibe que está hablando de cuerda en casa de ahorcado. En los últimos meses, grandes empresas estadounidenses vieron reveladas al público sus operaciones fraudulentas. Ni las actividades empresariales del presidente y vicepresidente escapan de la sospecha de haber utilizado artificios sospechosos para valorizar sus acciones en la Bolsa de Valores. El gobierno de FHC optó por mantener a Brasil en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) del sistema financiero internacional, sometido a constantes transfusiones de capital especulativo. Solo que el enfermo da más sangre de lo que recibe: en 2001, Brasil exportó 55 mil millones de dólares. Hasta diciembre, debe pagar, solo por concepto de intereses, 13,109 mil millones de dólares. El médico, el doctor Malan, quiere más transfusiones, como si durante todo el período electoral el enfermo sufriese de anemia crónica. En 1998, vinieron 41 mil millones de dólares para asegurar la reelección de FHC. Pero después de cada transfusión el enfermo queda más debilitado, pues nada es gratis, cuesta caro y deberá ser cancelado, como predice Tancredo Neves, con la sangre de los brasileños. O´Neill, con su desatino verbal, solo agravó el nerviosismo del mercado, que ya andaba irritado con las declaraciones piromaniacas de Ciro Gomes de que, si es electo, pondrá fin a la farra de las cuentas CC-5, que facilitan el envío de dólares al exterior. Por esas cuentas, solo en junio hubo una evasión de 605 millones de dólares. Del 1 al 22 de julio, la fuga llegó a 1,078 mil millones. En medio de la tempestad, el ministro Malan insiste en recurrir al socorro rápido del FMI para obtener más inyecciones de capital, ya que la salud electoral de José Serra, candidato del gobierno está de tal modo deteriorada que no inspira confianza en los inversionistas. Pero el socorro rápido exige un cheque-garantía: las reservas monetarias del país, reducidas a 27,290 mil millones de dólares en junio. Con menos de 15 mil millones en caja, el paciente se queda en la calle. Afligido, el doctor Malan pide clemencia, quiere el piso reducido a 11 mil millones, pues solo así dará paso a la ronda financiera, y continuará jugando 50 millones de dólares por día en el mercado para regular el tipo de cambio. Sucede que el hospital no trata a sus pacientes con imparcialidad. Estados Unidos es su principal accionista. Controla el 17,11% del capital del FMI, lo suficiente como para hablar más alto que todos los otros accionistas. Incluso así, Malan tiene fe en el carácter multilateral de la institución. Pues sabe que si el paciente Brasil no resiste el permanente rastrillaje en el surco de su deuda e(x)terna, el problema no será de este gobierno, sino del próximo. Como en la Argentina, donde De la Rúa enterró lo que el gobierno de Menem estranguló. El secretario del Tesoro de Estados Unidos puede ser un desastre, pero está bien informado. Gracias a la Ley Anti-bureau, conoce todos los movimientos de capital en el mundo. Y debe estar preguntándose ¿por qué Brasil pide auxilio al FMI, si hay tanto dinero saliendo de aquí para el exterior? Al recurrir una vez más al FMI, nuestro país seca el suelo, mientras la lluvia se escurre por el techo agujereado. En otro tiempo consideré a la economía una ciencia. Después, descubrí que es una ideología dotada de un fuerte fetiche religioso. ¿Por qué Brasil no puede levantarse de la cama, dejar la UTI y caminar con sus propias piernas? ¿Por qué esa dependencia crónica el capital especulativo? El país no cree en sus propios recursos y, por eso, no invierte en ellos. Sobre todo en los recursos humanos. Basta verificar la mala calidad de nuestra educación, en particular la que es ofrecida por el poder público. El miedo del actual equipo económico, que mantiene los intereses al 18%, es que Serra no sea electo, y que el próximo gobierno demuestre que Brasil es capaz de caminar, y mucho mejor, con sus propias piernas. En octubre 2001, Malan previó que en este año, Brasil crecería al menos un 4%. La proyección media es ahora de 1,93%. Pero, mejor administrado, tiene potencial para crecer al menos en un 5% anual, sin romper acuerdos internacionales o faltar al pago de deudas, pero revisando las privatizaciones irresponsables, como la del sector energético; aumentando las inversiones productivas; reduciendo el desempleo y expandiendo las exportaciones hacia nuevos mercados. Y fortaleciendo nuestra soberanía, impidiendo el control de la Base de Alcántara por Estados Unidos y la entrada de nuestro país en el ALCA que significa la libre injerencia de la Casa Blanca en los negocios internos de los países de América Latina. Anne Krueger, directora del FMI, estuvo hace días en Brasil y exigió a los candidatos presidenciales un compromiso anticipado con el Fondo. Quien no se hace respetar escucha desafueros como este. Felizmente la urna no muere de amor por el mercado. (Traducción libre de ALAI, del original portugués)
https://www.alainet.org/es/active/2395
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