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Hacia el quinto poder

Opinión
20/11/2006
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En estos tiempos vertiginosos, en que acabamos de dejar atrás un siglo que ha creído llevar a la humanidad a las más altas cumbres de la tecnología y el bienestar social y asistimos ilusionados a los albores de uno nuevo, parecería inoportuno hablar de la ética y las obligaciones del poder desde un punto de vista humanista, es decir de uno donde la mayor condición para definirlo sean las posibilidades que tiene para lograr el bienestar de la especie humana.. Propongamos sin embargo, algunas ideas sobre sus características y su función dentro de la sociedad.

Los varios significados que el verbo -y el sustantivo- “poder” tienen en español, son particularmente favorables para una definición humanística del mismo. Esta definición podría expresarse en lo siguientes términos:

“Conjunto de acciones humanas cuyo único propósito es promover la calidad de la vida humana, tanto individual como colectiva”.

Según esta definición, el lector estará de acuerdo en considerar al diálogo como el instrumento más eficaz para llevarnos al cumplimiento de dicho propósito. Sentada esta premisa, establezcamos otra: dos tipos de diálogo son necesarios para llegar al ejercicio del poder como un servicio al ser humano, el individual y el social. Veamos ahora cómo se da la interacción entre grupo e individuo para el correcto ejercicio del poder. Por ilógico que parezca a simple vista, tal como para llegar a “Ser” el hombre ha debido cumplir con la ineludible tarea de dialogar primero consigo mismo, así también conseguirá participar en el “Poder” dialogando primero con la sociedad. Más aún, digamos que el largo camino que va del planteamiento a la discusión de propuestas sociales y que progresa luego hacia un pensamiento a punto de ser llevado a la práctica, no es sino el diálogo permanente y múltiple que se da en la vida social, en el cual individuo y grupo se entrecruzan, se apoyan , se oponen, compiten y llegan a acuerdos para el buen ejercicio del poder. Esta es, en efecto, la historia del ser humano sobre la tierra: Una práctica continua y recurrente de pensarse y realizarse, de buscarse y encontrarse, de “poder ser” él mismo, es decir libre y dueño de su destino.

Digamos entonces que la humanidad no ha avanzado linealmente sino que ha atravesado por épocas de mayor o menor humanización, en una búsqueda circular e interminable de su esencia. Esto significa que la consecución del poder humanista de que hablamos no es sino la construcción de la calidad de vida por parte de una sociedad humana a través del tiempo y el espacio. Desde luego que esta tarea es -y seguirá siendo- un proceso largo y difícil, un viaje cíclico entre los polos de la paz y la guerra, el individualismo y el cooperativismo, la dictadura y la democracia, el amor y el odio, la solidaridad y la explotación, la humanización y la deshumanización. Pero es innegable que hemos iniciado el siglo XXI con el convencimiento de que sólo a través de la libertad y la justicia podremos llegar a la verdadera democracia, es decir al quinto poder, que no es otra cosa que la participación de todos los miembros de una sociedad en el ejercicio del mismo.

¿Cómo y cuándo podrá la sociedad ecuatoriana llegar a este quinto poder, es decir pasar de la democracia formal a la democracia participativa? Las elecciones presidenciales que estamos viviendo son una excelente oportunidad para averiguarlo.

No podemos negar que los últimos diez o veinte años han sido una dura prueba para nuestra vida republicana. No hemos logrado elegir bien y hemos tenido que derrocar presidentes debido a sus vergonzosos usos y abusos del poder. Los miembros de los tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, se han manipulado mutuamente y han logrado muchas veces acumular todos los poderes en sus manos. En verdad, y con pocas excepciones, hemos caído en las garras de un único poder, el de la corrupción. A pesar de que no todo poder económico es corrupto, se han dado muchos casos de ricos que han logrado comprar su poder y que lo han ejercido de la manera más deshonesta y arrogante. Todos los ecuatorianos y ecuatorianas, excepto los poderosos de siempre, estamos cansados de tanto abuso, tanto autoritarismo, tanta “dictocracia”. En cuanto al cuarto poder, el de los medios de comunicación social, pocas son las instancias en que éste se ha dejado manipular o corromper por los otros tres. Y en el caso particular de la escritura –que trasciende el tiempo y el espacio-, es decir de los periódicos, digamos que éstos han estado casi siempre al servicio de la libertad de expresión. En otras palabras, podemos afirmar que el cuarto poder ha sido el instrumento más importante para promover el diálogo social, es decir para la llegada al quinto poder. Demás está añadir que los buenos libros, es decir su lectura y escritura, son el instrumento liberador por excelencia de la especie humana.

Y la hora de la liberación parece estar llegando. Todo indica que nuestro dolor, nuestros sufrimientos, están empezando a fructificar. Salta a la vista que se está formando, lenta pero visiblemente, una conciencia colectiva en nuestra sociedad. Claro que falta mucho por hacer, aunque hay buenos indicios de que este proceso seguirá creciendo. Desde luego que la tarea que nos espera es enorme, es como una carga casi imposible de soportar, pero la estamos encarando con decisión y seriedad. ¿En cuánto tiempo, en cuántos años o décadas lograremos esta segunda independencia, esta toma de posesión del quinto poder? Es difícil predecirlo, pero si persistimos lo lograremos.

¿Y qué es lo que debemos hacer para iniciar el camino hacia la consecución de este quinto poder, que es el de la participación ciudadana, ahora que tenemos la oportunidad de elegir un presidente nuevo, honesto, diferente, humanista?

Votar bien, es decir votar por el cambio, por la sincera propuesta de crear un nuevo país, independiente de la tiranía del poder económico corrupto. Volver a la honestidad y a la solidaridad, a la práctica de los valores auténticos, a la búsqueda de la utopía del amor universal y el servicio a los otros, para crear una sociedad humana y humanística.

Escoger entre seguir siendo los esclavos del inhumano poder económico manipulador, o pasar a ser los jueces de los corruptos, y los forjadores de una verdadera conciencia colectiva que nos lleve al ejercicio de nuestros derechos como seres humanos. Es decir votar contra la arrogancia de los ambiciosos que quieren captar el poder para satisfacer sus intereses, contra la ofensiva dádiva de la falsa caridad disfrazada de altruismo, que lo único que persigue es mantener los privilegios de los pocos y suprimir los derechos de los muchos.
https://www.alainet.org/es/active/14603

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