Chile: la etapa Boric

La definición de “gobierno de izquierda” no ajusta en rigor al que se inicia este 11 de marzo en Chile: sería más exacto hablar de “centroizquierda” e inclusive de un programa socialdemócrata.

10/03/2022
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Ilustración Erick Retana
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“Yo creo que este es un Gobierno principalmente de centroizquierda”. La definición la hizo Camila Vallejo, militante del Partido Comunista de Chile (PC) y futura vocera de La Moneda en la administración de Gabriel Boric. Y enfatizó, en entrevista al diario El Mercurio, que el Gobierno, “tiene un programa que recoge aspectos de la socialdemocracia europea”.

 

El ministro de Economía de la nueva administración, Nicolás Grau, del partido Convergencia Social (que es parte del Frente Amplio chileno), indicó en una entrevista con el periódico Pulso que “si se mira nuestro programa de manera desprejuiciada y se trata de compararlo con programas que se han propuesto en otros lugares del mundo, este es un programa que podría calificar principalmente como socialdemócrata”.

 

En uno de los debates presidenciales antes de las elecciones, el propio Gabriel Boric, contestando a un periodista, aseveró que no le molestaba la definición de socialdemócrata a sus planteamientos programáticos.

 

El economista y ex ministro de Hacienda de la ex Concertación, Carlos Ominami, sostuvo en una columna del diario La Tercera que en este período “se busca en Chile por la vía institucional profundizar la democracia y superar el neoliberalismo. En síntesis, una suerte de nueva ‘vía chilena’ hacia algo que necesita una definición precisa, pero que necesariamente combine elementos propios de la socialdemocracia, la ecología y el feminismo”.

 

Definiciones que vienen a dar cuenta de la ubicación que tendría la administración liderada por Gabriel Boric (del partido Convergencia Social) en una estructura tradicional para ubicar -en ocasiones esquemáticamente- el carácter de los gobiernos latinoamericanos.

 

Donde a todas luces parece que la definición de “Gobierno de izquierda” no calzaría en rigor al que se inicia este 11 de marzo en Chile y donde sería más exacto hablar de “centroizquierda” e inclusive de programa socialdemócrata.

 

Eso podría no dejar contentos a algunos, pero es un dato de realidad, sobre todo por las declaraciones de representativos personeros del Gobierno que llega.

 

Claro que no todo luce en blanco y negro. Por ejemplo, Boric dijo hace algún tiempo que “si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba”. Una postura planteada más desde posiciones de izquierda que desde las socialdemócratas.

 

En su programa, más allá de etiquetas, contempla desarticular el sistema privado, trasnacional y monopólico de pensiones, fortalecer mecanismos de soberanía sobre la explotación de  minerales (litio y cobre), generar un sistema universal de salud distinto al esquema privatizado de la actualidad, avanzar en la equidad laboral con más y mejores derechos de las y los asalariados, efectuar una profunda reforma tributaria, reforzar una perspectiva feminista de la sociedad, y generar cambios profundos en el modelo de desarrollo, dejando atrás la pauta extractivista para una pauta sustentable.

 

Esas medidas apuntan decididamente a desmantelar el modelo neoliberal en Chile, cambia las relaciones sociales y genera avances en un “buen vivir” para la mayoría de la población.

 

Esos ejes son, en rigor, contenidos del programa del conglomerado Apruebo Dignidad, la coalición de Boric, la que ganó la segunda vuelta presidencial en noviembre del año pasado, y que integran el Partido Comunista (un partido de izquierda) y las organizaciones del Frente Amplio.

 

Ocurre que para su implementación, y dadas las correlaciones de fuerzas este año en el Parlamento chileno -donde en el Senado están empatados (25-25) los sillones de la derecha y la izquierda y el progresismo, y donde en la Cámara Baja no le alcanzan los votos al oficialismo para aprobar leyes de reformas-, Gabriel Boric decidió o tuvo que decidir incorporar a su Gobierno a ministras y ministros socialdemócratas y de “centroizquierda” que provienen de los partidos Socialista y Por la Democracia, e independientes de militancia pero muy cercanos a esas organizaciones.

 

En esa perspectiva, el secretario general del PC, Lautaro Carmona, sostuvo en una entrevista con el periódico El Siglo que “leí de uno de sus voceros más cercanos (al Presidente), que amplitud en el gabinete no significa moderación de programa, sino mejores condiciones para cumplir el programa. Desde esa perspectiva, es una cualidad sumar para que más lleven adelante el programa”.

Carmona no pasó por alto que “en el Parlamento nuestra correlación de fuerzas no es holgada, pensando en las transformaciones, así que debiera ordenarnos el para qué se integran otras fuerzas. La integración, insisto, es para aplicar el programa y es una virtud”.

 

En definitiva, se insiste en que este será un Gobierno “de las transformaciones estructurales”, garantizando más derechos sociales, mejorando la calidad de la democracia, cuidando los derechos humanos y avanzando en el desarme del modelo hegemónico actual.

 

Hay un factor fundamental que podrá incidir en la gestión de Boric. Es la aprobación de la nueva Constitución en un plebiscito de salida que debe efectuarse en el último trimestre de este año, cuyo texto se está procesando actualmente en la Convención Constitucional.

 

En una entrevista con el periódico La Diaria, de Uruguay, el ministro Secretario General de la Presidencia, Giorgio Jackson, reconoció que “es cierto que va a ser difícil aplicar aspectos de nuestro programa de Gobierno sin un cambio constitucional” y ejemplificó: “Sin un cambio constitucional, la reforma de la salud y la reforma de los derechos sexuales y reproductivos corren el riesgo de ser consideradas inconstitucionales bajo la actual Carta Magna. Lo mismo sucede con algunas normas laborales. Para todos estos temas el envión constitucional es muy importante”.

 

El otro elemento es que se aspira, sobre todo desde los sectores de izquierda dentro de la nueva administración, a que el movimiento social y las organizaciones de la sociedad civil “acompañen las transformaciones” y le den base social y ciudadana al Gobierno y así, además, se presiones a los sectores conservadores y contra/transformadores.

 

Se tiene en mente que el proceso constituyente que se vive hoy y demandas que encontraron salida, obedecieron a la revuelta popular de 2019 que cambio el mapa político, social e institucional de Chile. Es decir, está muy latente el elemento de protagonismo social y popular.
 

El senador comunista Daniel Núñez advirtió que “uno no puede limitar un proyecto transformador solo a la participación en el gabinete o espacios institucionales como los municipios, consejos regionales o el Parlamento. Acá lo que hay que entender es que debemos generar una fuerza ciudadana y social que defienda al Gobierno y que apoye las transformaciones”.

 

Como sea, hay coincidencia en Chile que lo que está en juego con el gobierno de Gabriel Boric y con el proceso de la Convención Constitucional, es una disputa del proyecto/país, de continuidad o no del modelo neoliberal, y de una confrontación entre fuerzas transformadoras y fuerzas conservadoras.

 

Por cierto, en todo esto tienen mucho que decir los gremios empresariales, los grupos financieros, los poderes fácticos, los hegemónicos medios de prensa, la ultraderecha posicionada, la derecha orgánica y la llamada “familia militar”.

 

En este contexto, hay incertidumbre en cuanto a la política exterior, con datos como que la Canciller, Antonia Urrejola, no simpatiza con los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, y tuvo un desempeño de corte conservador cuando ejerció como presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (Organización de Estados Americanos). A la ceremonia de traspaso de mando, se invitó al Presidente de Cuba, pero en el caso de Venezuela y Nicaragua solo a los embajadores acreditados en Santiago.

 

No ha existido señal alguna y menos declaración, de que la administración de Gabriel Boric se considere parte del “bloque de izquierda y progresista” en América Latina, al lado de gobiernos de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, México o Argentina.

 

En Chile se suele decir en estos días que hay “enormes expectativas” con el nuevo Gobierno de Apruebo Dignidad. Lo que lleva a personeros de la administración a señalar que “hay que bajar las expectativas” porque se viene un proceso duro, complejo, impredecible en muchos aspectos.

 

Finalmente, la obra que se desarrolle estos cuatro años quizá sea la verdadera regla de medida para colocar una caracterización política e ideológica a este Gobierno, si será socialdemócrata, de izquierda, o alguna otra definición. Aunque quizá lo fundamental es si logrará consagrar las transformaciones.

 

(*) Hugo Guzmán es periodista chileno, ex editor general de Radio Universidad de Chile, ex jefe de la sección política del diario La Nación y actual director del periódico El Siglo

https://www.alainet.org/es/articulo/215090
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