Boletín 37 (2021)

El sonido de sus pasos acercándose me despierta y veo la precariedad de mi tierra

La intersección entre empresas mineras multinacionales, autoridad tradicional y élites políticas continúa dando como resultado una violencia sostenida contra lxs activistas comunitarios que se oponen a la minería.

17/09/2021
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El miércoles 8 de septiembre, trabajadorxs del Partido Bharatiya Janata (BJP por su sigla en inglés), el partido político gobernante en la India, atacaron tres edificios en la zona de Melarmath de Agartala (Tripura). Estos ataques tuvieron como objetivo las oficinas del Partido Comunista de la India (Marxista), el periódico comunista Daily Deshar Katha y dos medios de comunicación privados, Pratibadi Kalam y PN-24. Los actos de violencia se produjeron a plena luz del día, mientras la policía se mantenía al margen. En todo Tripura fueron atacadas otras cincuenta y cuatro oficinas de comunistas.

 

El Partido Comunista —PCI(M)— y los medios de comunicación habían criticado recientemente al gobierno estatal dirigido por el BJP. El partido y otras organizaciones salieron a la calle para protestar contra una serie de políticas, protestas que han obtenido un apoyo considerable de la población. El PCI(M) fue un componente clave del Frente de Izquierda, que gobernó el estado de Tripura de 1978 a 1988 y de 1993 a 2018.
 

Pocos días antes de los atentados, el ex primer ministro del estado Manik Sarkar, dirigente del PCI(M), iba a hablar ante su circunscripción en Dhanpur (Sepahijala). Lxs trabajadorxs del BJP trataron de impedir que su coche entrara en Dhanpur, pero Sarkar, con los cuadros del PCI(M) a su lado, caminó seis kilómetros atravesando dos barricadas del BJP. Este mitin forma parte de una campaña comunista más amplia que se ha desplegado contra el BJP.
 

Desde 2018, los ataques contra el PCI(M) se han vuelto habituales. Lxs comunistas de Tripura informan que, entre marzo de 2018 y septiembre de 2020, se han vandalizado 346 oficinas del partido y se han incendiado 139, se han vandalizado 200 oficinas de organizaciones de masas, se han destruido 190 hogares de militantes del PCI(M), se han atacado 2.871 hogares de trabajadorxs del partido, se ha agredido físicamente a 2.656 trabajadorxs del partido y se ha asesinado a 18 dirigentes y cuadros del PCI(M).

 

Personas y organizaciones sensatas de todo el mundo, incluida la Asamblea Internacional de los Pueblos, condenaron los ataques contra la izquierda india.

 

Lo ocurrido en Tripura, un estado del noreste de la India de casi 3,6 millones de habitantes, se ha convertido en una faceta normal de la democracia en nuestros tiempos. La violencia política por parte de la derecha contra quienes buscan amplificar las voces del pueblo ya es cotidiana.
 

Solo unas semanas antes de este ataque en Tripura, un terrible acto de violencia silenció a un líder sindical en Sudáfrica. El 19 de agosto, Malibongwe Mdazo fue asesinado a tiros en la puerta de la Comisión de Conciliación, Mediación y Arbitraje de Rustenburgo (Sudáfrica). Mdazo, dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores del Metal de Sudáfrica (NUMSA por su sigla en inglés), había dirigido un mes antes una huelga de 7.000 trabajadorxs contra Impala Platinum Holdings, el segundo productor de platino del mundo.

 

El asesinato político de Mdazo se produjo nueve años después de la terrible matanza en Marikana de 34 mineros de las minas de platino explotadas por Lonmin (empresa minera británica). El cinturón del platino en Sudáfrica ha vivido una tensión extrema no solo por el asesinato de Mdazo y la masacre de Marikana, sino también por la forma habitual en que los socios de las empresas mineras —incluidos los sindicatos rivales— resuelven los conflictos laborales mediante una violencia nefasta.

 

En el dossier nº 31 (agosto de 2020), La represión política en Sudáfrica: una “política de sangre”, documentamos la violencia política que se ha convertido en algo habitual en Sudáfrica. Cabe citar dos párrafos de ese texto:
 

El asesinato de líderes sindicales ha continuado. Bongani Cola, el vicepresidente del Sindicato Democrático de Trabajadores Municipales y Aliados de Sudáfrica (DEMAWUSA), que es independiente del ANC, fue asesinado en la ciudad de Port Elizabeth el 4 de julio de 2019.
 

La intersección entre empresas mineras multinacionales, autoridad tradicional y élites políticas continúa dando como resultado una violencia sostenida contra lxs activistas comunitarios que se oponen a la minería. El 26 de enero de 2020, Sphamandla Phungula y Mlondolozi Zulu fueron asesinados en Dannhauser, un poblado minero de carbón en la zona rural de KwaZulu-Natal. El 25 de mayo de este mismo año, Philip Mkhwanazi, que era a la vez un activista antiminería y consejero del ANC, fue asesinado en la pequeña ciudad costera de St. Lucia, nuevamente en KwaZulu-Natal. Un mes después, Mzothule Biyela sobrevivió a un intento de asesinato en la zona gobernada por la Autoridad Tribal Mpukunyoni, también en la costa norte de KwaZulu-Natal.

 

Estxs activistas sindicales, líderes políticos y organizadorxs comunitarixs son personas que tienen el afán de levantar la confianza del pueblo. Cuando líderes y lideresas son asesinados o cuando se queman edificios, una luz comienza a parpadear. Los que ejercen la violencia esperan que la llama de la resistencia se apague y que el pueblo se acobarde hasta la sumisión, dejando de confiar en su capacidad para cambiar el mundo. Pero este es solo uno de los resultados de la violencia política. El otro resultado es igual de probable, y es que estas muertes y esta violencia inspiren valor. Phungula, Zulu, Mkhwanazi y ahora Mdazo son nombres que nos sacuden, que nos obligan a echarle oxígeno a las brasas y a reavivar la llama de la rebelión.

 

Cuando los trabajadores del BJP atacaron la oficina del PCI (M), intentaron romper la estatua de Dashrath Deb (1916-1998), quien lideró la lucha de liberación en Tripura contra su último rey. Deb nació en el seno de una familia de campesinos pobres con profundas raíces en la cultura indígena de esa localidad. Fue un venerado líder comunista que luchó por democratizar todos los aspectos de la vida en Tripura como primer ministro de 1993 a 1998. Fue gracias a las luchas lideradas por Deb, y luego por el gobierno del Frente de Izquierda dirigido por Manik Sarkar, que el estado vio avanzar notablemente su desarrollo humano. Cuando lxs comunistas dejaron el cargo en 2018, la tasa de alfabetización del estado se situaba en el 97%, a lo que contribuía la oferta de educación gratuita universal (incluidos los libros de texto gratuitos) y una campaña de electrificación masiva (el 90% de los hogares del estado tienen electricidad).
 

Cuando el BJP llegó al poder en el estado, sus trabajadores rompieron varias estatuas de Dashrath Deb y atacaron los carteles de las instituciones que llevaban su nombre. El hecho de que Deb fuera un líder tribal pone de manifiesto la animadversión de los trabajadores del BJP, que no solo quieren atacar a la izquierda, sino que también quieren enviar un mensaje contundente a los grupos tribales y a las castas oprimidas de que deben agachar la cabeza en presencia de las comunidades históricamente poderosas. No se trata solo de violencia política, sino que tiene sus raíces en la violencia social, una violencia contra aquellos —como lxs líderes garífuna en Honduras y lxs líderes afrodescendientes en Colombia— que se atreven a levantar la mirada y construir el mundo a su imagen. Un nuevo informe de Global Witness, Last Line of Defence [La última línea de defensa], muestra que un gran número de activistas indígenas fueron asesinados en 2020 (227, es decir, más de cuatro por semana); la mitad de ellxs en solo tres países (Colombia, México y Filipinas) y todxs lucharon por defender la dignidad de los seres humanos y la integridad de la naturaleza.
 

Uno de los grandes poetas y líderes comunistas de Tripura, Anil Sarkar, dedicó gran parte de su carrera literaria y política a enaltecer las voces y los destinos de las castas oprimidas (dalits) del estado. La poderosa poesía de Sarkar sugería que las viejas fuerzas sociales ya no podrían dominar la sociedad como antes. No solo contaban con el ejemplo del gran líder Dr. B. R. Ambedkar, sino con el legado de Karl Marx y la izquierda. “El sonido de sus pasos acercándose me despierta”, escribió Sarkar sobre su descubrimiento de Marx en Marxer Prati, “y veo la precariedad de mi tierra”. En otro de sus poemas, Sarker le cantó a Heera Singh Harijan, un dalit, que el poder no se le daría: “tú, después de crecer, deberías tomarlo por la fuerza”.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/213866
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