Los paradigmas del coronavirus en El Salvador

19/04/2020
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Foto: ElSalvador.com
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La actual crisis sanitaria universal provocada por la pandemia del Coronavirus viene a sumarse y catalizar un conjunto de procesos que venían desarrollándose en los diversos territorios de la vida nacional.

 

En este marco, en un esfuerzo por comprender el horizonte país de largo plazo se plantean cinco escenarios internos y uno externo, en donde se enfrentan, bifurcan y coinciden el final e inicio de ciclos históricos, de sus tendencias fundamentales, así como de las transiciones en proceso, de los principales paradigmas dominantes y emergentes.

 

Los escenarios por analizar son los procesos de cambio en lo político, lo económico, lo social, lo ideológico y el a veces determinante territorio geopolítico de lo internacional.

 

El escenario político: el fin del sistema bipartidario

 

Durante el siglo XX el sistema político experimentó tres ciclos con sus respectivas fracturas. El primer ciclo, el de la dictadura civil oligárquica, inicia en Santa Ana en 1894 y concluye en diciembre de 1931; el segundo ciclo comienza en Sonsonate en enero de 1932 y concluye en enero de 1992, y el tercer ciclo, inicia en Chapultepec con los Acuerdos de Paz y sigue aún vigente, aunque en su fase final, ya en pleno siglo XXI.

 

El actual sistema bipartidario en crisis, inicia en 1992 con los Acuerdos de Paz, aunque con un importante antecedente en 1983 con la nueva Constitución contrainsurgente que estableció a los partidos políticos como los únicos autorizados para administrar el Estado, con las Fuerzas Armadas como reserva estratégica del sistema capitalista.

 

Este ciclo histórico está por concluir y la pandemia viene a agilizar este proceso.  Esta es la tendencia fundamental en el plano político, no obstante, el actual equilibrio relativo de fuerzas existente entre el paradigma emergente de Nuevas Ideas y la Oposición (los anteriores partidos de gobierno ARENA, FMLN, PCN, PDC) a su proyecto.  

 

En 1992 concluyeron 60 años del ciclo anterior de dictadura militar que se remonta a 1932 e inicia un nuevo ciclo de democracia tutelada, a partir de un sistema de intercambio en el Estado de dos partidos con sus respectivas alianzas, básicamente 20 años de ARENA con PCN y diez años de FMLN con GANA, y es precisamente este ciclo el que está en crisis, y concluyendo a partir de los procesos electorales de 2018, 2019 y seguramente 2021.

 

El nuevo ciclo que está por comenzar debe resolver esta crisis de legitimidad a partir de un nuevo bloque de poder, que desplace tanto al sector empresarial representado en ARENA/ANEP/FUSADES como al sector empresarial- partidario que fue nucleado, en este último periodo, alrededor de FMLN/Albapetróleo.

 

Las márgenes de maniobra de estas dos fuerzas desplazadas, ARENA y FMLN, van a depender de su capacidad para reinventarse y recuperar algún nivel de caudal político que se traduzca en caudal electoral. En el caso de Nuevas Ideas y su líder, el presidente Nayib Bukele, en su carácter de paradigma emergente, en el momento que controle ejecutivo y legislativo, iniciara probablemente su propio proceso de desarrollo y extinción.

 

Es muy ilustrativa en este caso con Nuevas Ideas, la experiencia del Partido Demócrata Cristiano, PDC y su líder José Napoleón Duarte, apoyado por el gobierno estadounidense, en una situación de contra insurgencia, en la década de los años 80, en el que enfrentó tanto al poder oligárquico representado en ARENA como a las fuerzas de izquierda, representadas en el FMLN. Y en el que llegó a controlar tanto el ejecutivo como el legislativo (la aplanadora verde).

 

Por cierto, otra peculiaridad del proceso salvadoreño, es que ningún partido político que ha sido desalojado del gobierno –por la fuerza o por elecciones-ha logrado recuperarlo, como lo comprueban los casos del PRUD (octubre de 1960), PCN (octubre de 1979), PDC (junio de 1989) ARENA (junio de 2009) y FMLN (junio de 2019).

 

Es de señalar que todos los ciclos anteriores y el que está por comenzar se caracterizan más por el autoritarismo que por la hegemonía, como rasgo característico y asumido de la práctica del poder.  

 

El escenario económico: la crisis del modelo neoliberal

 

A partir de la llegada del primer gobierno de ARENA en junio de 1989 inicia un nuevo ciclo económico, caracterizado por un intenso y profundo proceso para revertir el anterior modelo de nacionalizaciones iniciado en marzo de 1980, que comprendió la realización de una reforma agraria y nacionalización de la banca y del comercio exterior.

 

En este modelo de naturaleza neoliberal, impulsado por ARENA en los años noventa,  el paradigma dominante es el mercado, y desde esta nueva lógica se inicia un proceso de privatizaciones que además de revertir los procesos de los años ochenta, privatiza los principales activos del estado (telecomunicaciones, energía eléctrica, pensiones) y genera una apertura  al capital transnacional, el cual desde mediados de la primera década del siglo 21, desplaza a la oligarquía financiera, incluso apoderándose de los principales y emblemáticos bancos, hoy en propiedad de capitales colombianos y hondureños.  

 

Este modelo neoliberal siguió vigente y logró incluso reproducirse en el marco de los dos gobiernos de izquierda (2009-2019), pero esta crisis provocada por el coronavirus abrirá seguramente la posibilidad de su reforma, como medida para asegurar la sobrevivencia y una nueva fase de desarrollo del capitalismo, esta vez dependiente directamente de las corporaciones transnacionales. Probablemente el gobierno de Bukele realizara esta tarea de un nuevo ciclo de desarrollo económico de naturaleza neodesarrollista.   

 

El escenario social: trabajo informal masivo, delincuencia y una nación en dos territorios

 

La llegada al gobierno de ARENA y su proyecto neoliberal en 1989 rompió con el ciclo de gobiernos partidarios de un estado fuerte (gobiernos del Pro-patria, PRUD, PCN, PDC; 1932-1989) y vino a debilitar fuertemente la infraestructura de defensa social, de tal manera que ya el último gobierno de ARENA, el de Antonio Saca (2004-2009) tuvo que iniciar con programas sociales que sirvieran para desactivar la explosiva crisis social que se estaba incubando.

 

Los dos gobiernos del FMLN (2009-2019) detuvieron esta tendencia con el aumento de los programas sociales, pero no lograron revertirla con un nuevo modelo, por diversas causas (correlación política, acomodamiento, amenazas, etc.)  El actual gobierno bonapartista y autoritario de Nayib Bukele parece seguir por esta misma vía, la de detener, pero no clausurar.  

 

La situación social tiene diversos componentes críticos, entre estos: el deterioro de los servicios sociales (educación, salud, pensiones., etc.); el desempleo disfrazado como trabajo informal, el crecimiento desproporcionado de la delincuencia (pandillas que controlan territorios) y una tercera parte de la población viviendo y trabajando en Estados Unidos.

 

El flujo migratorio hacia los Estados Unidos, -provocado en los años 80 por el conflicto militar- modificó radicalmente la estructura demográfica y colocó una gran cantidad de nuestra población en Estados Unidos.  Relacionado a esto, el país transitó de ser un país rural a ser un país urbano. Hoy una tercera parte de nuestra población vive en Estados Unidos y esta diáspora influye ya y su influencia seguirá creciendo en lo económico y lo político.

 

A esto debe sumarse que los gobiernos de ARENA gradualmente fueron eliminando programas sociales como el IRA, IVU, algunos iniciados desde el gobierno del coronel Osorio en los años cincuenta, otros a partir del gobierno contrainsurgente de José Napoleón Duarte, que por cierto fue el único gobierno del siglo XX que realizó cambios estructurales como una reforma agraria (marzo de 1980), que condujeron a la desaparición de la oligarquía agro/exportadora.

 

En este contexto, la crisis provocada por el coronavirus pone en evidencia el fuerte golpe recibido por la infraestructura hospitalaria y de salud como resultado de la aplicación a partir de 1989 del modelo neoliberal, con las privatizaciones de los principales activos del estado (telecomunicaciones, energía, pensiones, etc.), apertura al capital transnacional y debilitamiento de todo el sistema de protección social (educación, salud, agua, pensiones). 

 

En el caso del servicio público de salud fueron las luchas contra su privatización en los años 2002 -2003 los que evitaron que esta se consumara, lo cual habría sido catastrófico en el marco de la actual pandemia de coronavirus.

 

El escenario ideológico: la derecha recuperó su hegemonía  

 

Los años 70 presenciaron un renacimiento cultural insospechado de una cultura subversiva y contestataria, heredera de la Generación Comprometida de los años 60, y del surgimiento masivo de bandas de rock. El Bachillerato en Artes y la UES jugaron un papel destacado en la irrupción de juglares populares como William Armijo, grupos de teatro como el Sol del Río 32, titiriteros, grupos musicales, pintores, escultores, muralistas, incluso organizaciones como el Movimiento de Cultura Popular, etc.

 

Este renacimiento cultural inédito estuvo vinculado estrechamente al surgimiento de un poderoso movimiento popular de izquierda que desafiaba y enfrentaba diariamente con su presencia artística en las calles a la dictadura militar.  Fue la antesala cultural de los años 80.

 

El año 1980 no solo marca el nivel más alto de movilización popular y de posibilidad real de una insurrección triunfante, conducida por la izquierda unificada y sus poderosas organizaciones de masas, simbolizada por la Coordinadora Revolucionaria de Masas, CRM, sino también el inicio del desmantelamiento de los pilares de la hegemonía alcanzada por las ideas de izquierda en los sectores populares, mediante diversos mecanismos, entre estos la represión pero a la vez la construcción de sus propios referentes institucionales de derecha, entre universidades, iglesias y centros de investigación.   

 

En el caso de la iglesia, el asesinato de Monseñor Romero en marzo de 1980 debilitó fuertemente el proceso iniciado a partir de la década de 1960 de la teología de la liberación y logró que la derecha religiosa recuperara espacios perdidos en la Iglesia Católica, así como la expansión masiva de iglesias neopentecostales, tributarias de la teología de la prosperidad.   

 

En el caso de los maestros estos inician sus procesos de concientización a partir de los años sesenta, construyen su organización ANDES 21 de Junio, libran dos huelgas victoriosas y pagan un alto precio en vidas por su compromiso popular, así como el cierre de la Casa del Maestro en 1980 marca otro golpe a la movilización popular. En el caso de los médicos, una elite social, a principios de los 80s construyeron sus primeras organizaciones gremiales vinculadas a la insurgencia armada.

 

Lo mismo ocurre en el caso de la UES, que se cierra en junio de 1980 y se logra desmovilizar al sector estudiantil y bloquear un espacio estratégico para la lucha social, así como para el arte y la cultura subversiva. Como resultado de este prolongado cierre, se crea una serie de universidades privadas. Y también los medios de comunicación alternativos como El Independiente y La Crónica del Pueblo, la emisora del Arzobispado, fueron dinamitados y silenciados.

 

En definitiva, los principales intelectuales de los sectores populares, entre maestros de secundaria y universitarios, sacerdotes, monjas y celebradores de la palabra, periodistas, intelectuales y artistas fueron neutralizados por el aparato represivo de la estrategia contrainsurgente. Los que quedaron vivos se integraron a los campamentos guerrilleros o se fueron al exilio.  Fueron muy pocos los que resistieron los años 81, 82,83 en San Salvador.

 

El cierre de los espacios de participación política y de movilización popular a partir de enero de 1981, y quizás desde agosto de 1981, permitió que los sectores conservadores lograran recuperar territorios ideológicos que habían sido ocupados por fuerzas progresistas, entre estos la educación media y superior, el arte y la cultura, los medios de comunicación y las iglesias católica e incluso protestante.

 

El escenario internacional: el fin de la hegemonía estadounidense

 

La crisis financiera de 2008 marca el fracaso de la doctrina neoliberal ya que fueron los Estados los que se encargaron de garantizar cubrir las deudas adquiridas por los principales bancos. Hoy la doctrina liberal y su retoño neoliberal han fracasado estrepitosamente y son los responsables de la actual crisis de todos los países capitalistas desarrollados para enfrentar la crisis provocada por el coronavirus, la que transcurre en un contexto de enfrentamiento global.

 

La disputa global abarca dos grandes escenarios, el de las grandes potencias y el de las grandes corporaciones. En el primer escenario se enfrentan los Estados Unidos como el hegemón dominante y China como el hegemón emergente. Antes del coronavirus el enfrentamiento se realizaba en el plano comercial. Y a la vez, dentro de las principales potencias occidentales existe en enfrentamiento entre las corrientes globalistas y proteccionistas. Trump es proteccionista, además de racista y antiinmigrante. Obama y Biden son globalistas.

 

En el segundo escenario se enfrentan las empresas occidentales contra las chinas, en todos los terrenos, pero la batalla estratégica transcurre en el campo de la tecnología de punta, esta pugna esta simbolizada por las compañías china Huawei y la estadounidense Apple.

 

El desenlace que tenga la batalla mundial contra el coronavirus probablemente va a generar un nuevo orden mundial, conducido por aquella potencia que tenga la capacidad de superar esta crisis, con los menores costos y de proyectar un nuevo modelo de futuro. Este modelo de futuro podrá ser un modelo mucho más desigual e injusto que el actual o un modelo de mayor participación y democracia en la medida que las fuerzas progresistas incidan en esta batalla. Y entre estas fuerzas progresistas se encuentra el movimiento popular salvadoreño.

 

San Salvador, 18 de abril de 2020

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/206000
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