Informar sobre coronavirus: propuesta contra la infodemia

Cuidado extremo con las fuentes y con la lucha por la primicia

20/03/2020
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La epidemia mundial por el coronavirus renueva desafíos a los medios informativos, en todos sus formatos y modalidades. La responsabilidad social que es propia de la actividad se potencia en cada noticia, comentario y opinión, en la selección de cada fuente y de cada palabra e imagen, dada la atención más intensa de lo habitual, y en un período de reclusión en los hogares.

 

   Las primeras semanas de avance de la enfermedad en el país encontraron a los medios sin los conocimientos para una cobertura apropiada, ajustada a los hechos y que diera servicio a audiencias y lectores. Luego de que un conocimiento básico pareció consolidarse, la progresión de la pandemia multiplicó y multiplica los desafíos, porque se trata de situaciones inéditas para las personas, las autoridades y el país en su conjunto.

 

   Este desconocimiento, comprensible por la novedad, se combina con las prácticas corrientes de obtención, elaboración y publicación de las noticias, que en la Argentina se rigen principalmente por la lógica industrial propia de empresas con fines de lucro, lo que entre muchos otros elementos incluye la competencia descontrolada por la primicia y la búsqueda de impacto y efectividad. Esto lleva al uso de la noticia como espectáculo y al dramatismo como instrumento para conseguir y retener atención.

 

   En suma, lo leído, visto y oído en lo que va de esta crisis, y ante lo que autoridades de la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificaron como “infodemia”, que es la difusión de información falsa o equivocada por medios masivos, COMUNA propone a los medios de comunicación en todas sus formas que tengan en cuenta:

 

   1) La Ley 25926 exige a los medios identificar a los profesionales de salud con claridad, lo que incluye su número de matrícula. Sin embargo, es imprescindible tomar en cuenta que no cualquier profesional de la salud es especialista en esta enfermedad, por lo que se requiere una búsqueda precisa de quienes tengan más conocimiento y experiencia.

 

   2) Es recomendable dar preferencia a profesionales vinculados al servicio público de salud, a las universidades públicas, a centros de estudios e investigación públicos o con participación estatal, y a organismos internacionales de salud de la ONU y la OEA, por sobre los del ámbito privado, que como es previsible deben responder a intereses específicos, que no necesariamente coinciden con los generales.

 

   3) Los pedidos y consejos para acciones de prevención también deben llevar fuentes. Es recomendable que tengan preferencia también en este caso las del ámbito estatal y de los organismos internacionales de salud. Esta preferencia es incluso recomendable respecto de la cobertura de la pandemia en otros países. Es imprescindible que las audiencias puedan saber quién recomienda cada acción preventiva.

 

   4) La disputa por la primicia que determina el accionar de muchos medios de comunicación no debe sacrificar la verificación indispensable de datos sobre nuevos enfermos, decesos, cuenta total de afectados, etc. La atención entre tensa y angustiosa de millones de personas a la evolución de esta pandemia redobla la responsabilidad social sobre lo que se comunica, el impacto de las cifras, la alarma que pueden transmitir ciertos tonos de voz, gestualidades, músicas e imágenes. La noción de la magnitud del impacto de la pandemia se logra mejor poniéndola en contexto con otras pandemias y sus consecuencias, con datos que estén verificados por autoridades estatales nacionales y organismos internacionales.

 

   5) El derecho del público a acceder a la información, que es permanente y en este caso decisivo para la salud, no es una abstracción, sino un imperativo que se expresa en prácticas concretas, la primera de ellas un lenguaje comprensible, que no abunde en tecnicismos pero a la vez que no simplifique lo que es por naturaleza complejo, lo que en consecuencia exige discursos bien elaborados, con las explicaciones pertinentes para aquellos términos o figuras que no son de uso corriente ni extendido.

 

   6) La expansión de esta pandemia encuentra a la Argentina atravesando otros problemas graves de salud pública, como es el caso del dengue. La cobertura sobre el coronavirus no debe disminuir el servicio público de comunicación sobre esas otras situaciones.

 

   7) En el caso de la televisión, la Ley vigente, 26522, dispone expresamente que el acceso a la información es un derecho del que nadie debe ser privado, por lo que dispone mecanismos específicos para personas con discapacidad, como lengua de señas, subtitulado oculto y audio descripción.

 

   8) El público puede quedar azorado, angustiado o desconcertado según las formas de presentación de las novedades. Se vio que un día un título lanza la idea de que la pandemia estará finalizada con seguridad en primavera. Al día siguiente, incluso al rato, otro dice que durará dos años. No es que en estos casos se hayan usado invenciones: se reflejan proyecciones, ensayos, suposiciones de científicos, que no necesariamente tienen la firmeza que exige un título rotundamente afirmativo. No todas las personas leen la totalidad de un texto o siguen hasta el fin un discurso para saber que aquello que afirma el título no es seguro ni está confirmado.

 

   9) Varios medios tomaron material de las llamadas “redes sociales” y reprodujeron versiones y filmaciones sobre hechos falsos. Se dio en especial el caso de una maniobra de neto corte partidario, destinada a perjudicar a las autoridades de un distrito del Gran Buenos Aires. Este hecho reviste singular gravedad, porque demuestra claramente que las “redes” no son las únicas que emiten noticias falsas.

 

   10) Las y los comunicadores, lectores de noticias, conductores y comentaristas están transmitiendo contenidos sobre un tema de interés general, y en este caso sobre una situación muy grave. Promocionar un producto al cabo de un enunciado noticioso o incluso vinculado con la noticia es una gravísima afrenta. Se dio el caso del conductor de estudio de un espacio noticioso que dijo, aproximadamente, “debemos quedarnos en casa, y para estar bien y divertirte podés tomar el jugo x x”. Las empresas deben cesar la imposición de estas prácticas a las y los trabajadores.

 

   11) La “historia” individual, el drama personal, es un instrumento de impacto emocional que los medios de comunicación usan sin descanso, por una efectividad bastante fácil de alcanzar. Pero esto significa siempre, y más en el caso de esta pandemia, dejar en segundo plano y hasta prescindir del interés común y de la debida atención al conjunto.

 

   12) El interés generalizado en la pandemia y su evolución parece darles legitimidad a esos relatos angustiosos, pero esto no habilita a vulnerar las leyes vigentes en el país, como las que protegen la dignidad, la intimidad, la imagen personal y la identidad de personas menores de edad, totalmente restringida en los medios de comunicación si su difusión está asociada al desprestigio social.

 

   13) La conexión automatizada entre una nacionalidad y la pandemia es un acto de discriminación comunicacional y puede causar acciones de intolerancia social. De hecho, no hay verificación periodística hasta ahora posible respecto del punto específico del surgimiento de la enfermedad, pues es un tema que está en discusión y además forma parte de una puja geopolítica y económica. La ligereza es también en este punto un destrato a las y los receptores.

 

   14) Las características de la pandemia, su expansión o contención, los tratamientos adecuados, si se dispondrá o no de una vacuna y cuándo, son todos datos que los medios disputan entre sí, pero esta práctica no puede soslayar que hay confirmaciones no alcanzadas, precisiones no disponibles, fórmulas en elaboración. En suma, hay zonas de desconocimiento que el periodismo no puede solucionar y jamás podrá hacerlo por sí mismo. La información responsable sobre este tema -en verdad sobre todos los temas-, impone asumir que hay aspectos que los medios no conocen, y respuestas que no tienen.

 

   15) El uso del tiempo verbal llamado comúnmente condicional o “condicional de rumor” no exime de responsabilidades ante el público, incluso por encima de las críticas que se le pueden hacer como recurso de comunicación y como vulneración de la norma gramatical compartida. Mucho más cuando el condicional termina convertido en afirmación, porque es reiterado una y otra vez o se mantiene largo tiempo sobreimpreso en pantallas.

 

Buenos Aires, 19 de marzo de 2020

 

Comunicadores de la Argentina (COMUNA)

 

https://www.comunanet.com.ar/

 

 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/205378
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