Chile: ¿Nueva Constitución sin el movimiento social?

18/11/2019
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En Chile, un mes de movilizaciones sociales ininterrumpidas que marcan el retorno del sujeto social en la política chilena han cambiado completamente la situación. Ellas botaron al basurero la agenda de profundización neoliberal del presidente Sebastián Piñera. Frente a las violaciones de derechos humanos del gobierno de Piñera, la movilización cuestiona la cultura de impunidad. La movilización continúa, indignada, por la represión y la ausencia de respuesta concreta del gobierno a las demandas s de mejor calidad de vida y reducción de las desigualdades por 46 años de neoliberalismo.

 

Las movilizaciones remecieron el torpor de la clase política, obligándola a proponer el fin de la Constitución pinochetista, imposible hace apenas un mes, y abrir el paso a una Nueva Constitución. La derecha y parte de la oposición acordaron el nuevo Acuerdo Por la Paz Social y la Nueva Constitución. La letra chica, principalmente el quórum de dos tercios, anuncia un largo y complejo camino para el cambio constitucional. Además, aunque la propuesta responde a una demanda social, pero excluye los dirigentes sociales. Como si, sin la movilización social, la clase política, hubiera pensado siquiera, cambiar la Constitución.

 

Por ello el Acuerdo fue rechazado por las más de 200 organizaciones sociales, sindicales, de DDHH, medioambientales, pueblos originarios, entre otras de Unidad Social por hacerse “entre cuatro paredes y a espaldas de los movimientos sociales”. Hubo rechazo también por partidos que no firmaron el Acuerdo: Una diputada afirmó que “la gente no ganó nada”…“perdió ojos y vidas, son baleados y torturados, mientras unas cúpulas ilegítimas vuelven a traicionarlos para consagrar la impunidad de Piñera”.

 

Hay temor que el Acuerdo sirva para desmovilizar el movimiento social. Por lo pronto la estrategia comunicacional de la Moneda hace que la vocera de Piñera llame a “salir de la calle”.

 

La Unión Portuaria señaló que: “no queremos una Constitución “en la medida de lo posible” criticando que no “hay ninguna referencia a la agenda social” referencia. La declaración de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) va e el mismo sentido. El proceso constitucional no debe servir para postergar las demandas de terminar con los bajos sueldos, con los altos precios de servicios básicos; con las bajas pensiones de las AFP; con el alto costo de la educación; con mejorar la educación para todos; asegurar una salud decente para todos y bajar los altos precios de medicamentos; respetar los derechos de las naciones indígenas; terminar con las zonas de sacrificio, entre otras.

 

Tampoco debe servir para ocultar la responsabilidad del gobierno de Sebastián Piñera por su intransigencia represiva. El viernes, carabineros impidió el socorro del SAMU al joven Abel Acuña, una nueva víctima de la represión de una manifestación pacífica en la Plaza de la Dignidad. A pesar de críticas, sigue el uso indiscriminado de balines que han causado ceguera parcial de más de 200 manifestantes y total del joven Gustavo Gatica. La oposición exige la renuncia del Director de carabineros. Pero, como indica una columnista: “No hay peor gobierno que el no quiere ver”.

 

La movilización continúa a pesar del Acuerdo en el Congreso. ¡Chile Despertó! Con levantamiento de octubre, el sujeto social ya se instaló como un actor insoslayable del proceso de cambios que se abrió en Chile. Veamos estas aseveraciones en detalle.

 

Piñera sobrepasado por la protesta social

 

 

Luego de 18 meses de mandato, el impopular presidente ya es un “pato cojo”. Un “lame duck” como se dice en la política estadounidense que tanto admira. En las calles piden su renuncia. No le resultó ninguna de sus movidas de comunicación, culpando a delincuentes por la movilización social. Hasta su propio sector critica abiertamente su mal manejo de la crisis, se quedo sin metas. Sus “tiempos mejores”, se transformaron en tiempos difíciles” porque la calle le cambió su programa, titulaba el derechista diario, la Tercera el 23 de octubre.

 

La represión no amainó la movilización social. La masividad de las movilizaciones ciudadanas dejó al desnudo el sesgo ideológico y represivo de las fuerzas de “orden” acostumbradas a la impunidad. Piñera trató de intimidar, decretó el primer estado de emergencia en democracia. Intentó criminalizar la protesta. Su gobierno acumuló en un mes violaciones a la libertad de expresión y los derechos humanos, abundantemente denunciados, rompiendo record mundial de represión por balines.

 

Tampoco sirvió pedir perdón y ofrecer migajas a un pueblo movilizado de Arica a Punta Arenas. Una protesta contra 46 años de políticas neoliberales. Se desmoronó el programa de Piñera. Termina asumiendo el rol en el periodo que le queda, de muro de contención para salvar un sistema del cual él es una secuela detestada. Enredado en su laberinto, pasó a segundo plano.

 

El martes 12 de noviembre, ante la exitosa huelga general de la Mesa de Unidad Social, realizó una improvisada y confusa alocución. En medio de rumores de Estado de Sitio, no aceptado por los militares, Piñera terminó pidiendo ayuda a la clase política. Pidió que estableciera un nuevo Pacto Político que asegurará la Paz Social. Piñera claudicó, según la BBC, y aceptó la demanda del 87% de los chilenos por una Nueva Constitución. Volvió a prometer una agenda social robusta, sin agregar ninguna nueva medida a las ya formuladas.

 

Sobrepasado por la movilización social, Piñera abandonó su rol presidencial, entregando el liderazgo al Congreso. Fracasada la represión, busca una salida con mecanismos institucionales, que frenen la rebelión social iniciada el 18 de octubre.

 

Las violaciones de DDHH de Piñera deben quedar impunes