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Hacker del imperio y hacker del proceso

Análisis
15/03/2019
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La guerra psicológica, una parte fundamental de todos los conflictos, asume un peso particular en la guerra de cuarta generación, también debido a la circularidad generalizada de las nuevas tecnologías y las redes digitales. Socavar la credibilidad del adversario, construir falsas noticias y desorientar la percepción haciendo imposible un criterio de juicio coherente, es parte de la estrategia de la confusión, eje del "caos controlado" con el cual el Pentágono pretende imponer su propia hegemonía.

 

En este sentido, Venezuela debe considerarse un laboratorio en el que se están probando las técnicas más avanzadas del ataque imperialista. Primero contra Chávez y luego contra Maduro, el bombardeo para desacreditar su credibilidad y trivializar sus análisis o las alarmas lanzadas contra las amenazas identificadas, ha sido constante.

 

Son dos últimos ejemplos, el magnicidio en grado de frustración con drones explosivos del 4 de agosto de 2018, y el tremendo sabotaje tecnológico del 8 de marzo, que dejó al país sin electricidad, agua, transporte o telecomunicaciones. En ambos casos, se intentó disminuir la gravedad de los episodios: en el primer caso, diciendo que había sido un "autoatentado", en el segundo se atribuyó la causa del apagón a fallas, incumplimientos y corrupción interna.

 

Incluso se ha negado que era posible provocar un ataque cibernético en el cerebro que controla más del 70% del suministro de agua de Venezuela, el Guri. Y esto, a pesar de las repetidas declaraciones de quienes, desde el gobierno de los Estados Unidos, pasando por sus repetidores internos, reclamaron en tiempo real y con gran detalle el sabotaje que tenía como objetivo colapsar a la sociedad venezolana y provocar la revuelta contra el socialismo bolivariano.

 

¿Podría ser posible tal ataque cibernético? Si. Deberíamos volver a las revelaciones de Edward Snowden, el ex agente de la CIA que, en el verano de 2013, develo escándalo del Datagate. En esa ocasión, se descubre la existencia de programas sofisticados capaces de espiar, y por lo tanto de intervenir, en los sistemas informáticos de los gobiernos y las empresas. Un gran escándalo internacional que mostró la omnipresencia de los sistemas de control – económico-financiero, político, militar - a nivel planetario. Snowden también habló del TAO, un grupo secreto de operaciones especiales de la NSA que acciona a través del sabotaje informático, en el que Snowden había intentado ingresar antes. El grupo ha estado activo desde 1998 y emplea a más de mil personas altamente especializadas tanto en ingeniería electrónica como en técnicas de inteligencia.

 

Su especialización principal es interceptar los servidores antes de que lleguen al destinatario e instalar chips que puedan activarse en el momento dado. Se sabe que GCHQ ha prestado parte de su tecnología a la agencia de ciberinteligencia británica similar a la NSA, para piratear al operador de internet belga que prestaba servicios en la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo. La compañía ABB, que diseñó un proyecto de modernización del Guri y conocía los códigos de acceso, se encuentra en el centro de las sospechas de un sabotaje que podría haberse realizado a través de la complicidad interna, y desde Houston y Chicago, como ha comentado el presidente Maduro.

 

La investigación está en curso y, mientras tanto, el gobierno ha recurrido nuevamente al conocimiento de los piratas informáticos para hacer frente a la grave emergencia. Este fue también el caso durante el paro petrolero en 2002-2003, cuando los técnicos que se oponían al gobierno se fueron con los códigos de acceso al sistema informático de PDVSA. Y, mientras tanto, ahora se reaviva el debate sobre el poder hegemónico de los gigantes tecnológicos, sobre el uso de software alternativo y sobre las tecnologías participativas.

 

Después del caso Snowden, el tema se estableció en un gran convenio organizado en Brasil. En este entonces, era presidenta Dilma Rousseff, víctima directa de los espionajes de la CIA. Había un continente lanzado hacia una segunda independencia. Hoy el imperialismo ha puesto de nuevo en la mira el Latinoamérica por imponer una nueva hegemonía. La Venezuela bolivariana se ha mantenido casi sola. Pero espera usar la crisis como una oportunidad.

https://www.alainet.org/es/articulo/198746

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