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A medio siglo del 9 de enero de 1964

Análisis
10/01/2019
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Las versiones

 

La juventud panameña del siglo XXI tiene la posibilidad de conocer los acontecimientos del 9 de enero por medio de tres interpretaciones. Una de ella es la de la clase dominante, otra es la historicista y una tercera -menos conocida- en base a la teoría de clases sociales, unida básica de análisis, en el método científico de Marx.

 

La primera de estas interpretaciones divorcia al movimiento nacionalista de su origen de clase y trata de aburguesarlo a través de dos mecanismos. El primero es resaltando a la figura del Presidente Chiari como un gran patriota y el segundo mecanismo es diluyendo la memoria histórica como un elemento líquido. Para esta última suelen restarle valor e importancia a la fecha. Esta versión incita a que los panameños consideren al 9 de enero como un día de descanso o de vacaciones.

 

En esa línea de interpretación responde la eliminación de la cátedra de Relaciones de Panamá con EEUU y la supresión de las manifestaciones artísticas como el gobierno de Ricardo Martinelli intentó hacer con el grupo El Kolectivo en su homenaje a los mártires en la avenida que actualmente lleva su nombre. Más temprano, en la década del 90, censuraron una producción discográfica de la banda de rock nacional llamada Cabeza de Martillo por grabar un tema sobre la Invasión Norteamericana a Panamá (esto ocurrió con un gobierno del partido PRD). Esta interpretación de los hechos, pero sobre todo esta política como programa alienante, es difundida por el Ministerio de Educación y sobre todo por los medios de comunicación.

 

La segunda interpretación es la historicista -fundamentalmente positivista- que busca hacer un retrato de los hechos sobre los datos recolectados empíricamente. Ésta vincula el proceso de maduración de la conciencia nacional con el desarrollo del sistema educativo. Para esta versión el Instituto Nacional y demás escuelas emblemáticas de la nación, como la apertura de la Universidad de Panamá y todo lo que envuelve a estas instituciones juegan un rol fundamental en la formación de la identidad, por ende, en la resistencia, continuidad y avance de la lucha generacional. Sin embargo, no relaciona los datos empíricos con las contradicciones de la formación social panameña.

 

La tercera interpretación, la de clase, explica la insurrección popular del 9 de enero a partir de las contradicciones de clase en la formación social panameña (elementos de producción, jurídico-político e ideológico). Sin negar la existencia de una conciencia nacionalista en continuo proceso de maduración.

 

La versión hegemónica

 

La interpretación que más conocen las generaciones más jóvenes es la dominante, que consiste en trazos falseados y tan superficiales que podríamos asegurar que conocemos poco o nada de los hechos entre nuestro grupo etario. De esta manera, el valor de la fecha queda tan aniquilado bajo este relato que ésta -en la práctica- termina por reducirse en un día de playa o, lo peor, como una etapa superada posterior a la entrega de los territorios canaleros el 31 de diciembre de 2000.

 

Lo que es

 

Sin embargo, el 9 de enero no es un hito más de la historia nacional. Es la fecha más importante entre las patrióticas, no por su martirologio sino porque representa la ruptura real (coyuntural) de la hegemonía colonialista y del orden social que establecen los grupos dominantes (ambas vigentes). En ese sentido, el 9 de enero de 1964 es la base para la construcción de los mitos fundacionales de una nueva nación libre y democrática. Por eso el peligro de los que detentan el poder es que el pueblo, en general, y las presentes generaciones hagan memoria de su rebeldía, organicidad, capacidad y convicción sobre sus más profundos e históricos anhelos.

 

La esperanza

 

Pero la historia sigue abierta y en disputa. Mientras, algunos continúen conmemorando los hechos del 64 e imitando a los mártires en el combate y en espíritu, existirá la esperanza constante de una juventud que reproduzca su legado en cada orden de su vida, para construir la sociedad por la cual ellos ofrecieron su vida. Una sociedad sin tutelaje extranjero como tomada y organizada por trabajadores, profesionales y estudiantes.

 

Lo peligroso

 

El mayor peligro a la utopía instalada por la generación del 64 -y sus antecesoras- es que las presentes y futuras generaciones se convenzan -por el hecho de que el Estado panameña administre el Canal de Panamá y haya recuperado el territorio canalero- que somos un pueblo soberano y libre de las garras norteamericanas. Por este motivo, es preciso recordar que el tutelaje del vecino usurpador permanece en cada una de las privatizaciones de nuestros recursos y servicios, como en cada moda que nos imponen controlando nuestras subjetividades. También, en los desiguales e injustos tratados comerciales que ahogan a nuestros productores y destruyen nuestras tierras, como en cada una de las bases militares (12) que se han levantado sobre nuestras costas.

 

Lo nuevo

 

Sin embargo, las nuevas reconfiguraciones de la economía mundial y la decadencia del poder económico de EEUU nos presentan una oportunidad -sin antecedentes- para jugar con las tensiones que nos propicia el nuevo mundo multipolar. Para ello, antes, los panameños deberemos consensuar un proyecto que privilegie el interés común. Esto consistirá en una sociedad en donde todas y todos los panameños podamos ser socialmente iguales pero individualmente diferentes. Es decir, de un proyecto sobre la base de otro orden que sea realmente democrático. Para ello, el reto de las presentes generaciones es reconocer cuáles son esos actores, sus aliados y las condiciones internas y externas que nos impiden dar vuelta al orden actual.

 

Mario Enrique De León, sociólogo, Universidad de Panamá.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/197485

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