Cuando la realidad supera la peor ficción

10/10/2018
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El pasado domingo 7 tuvieron lugar en Brasil las elecciones nacionales. 146 millones de electores estaban convocados para participar en estos comicios, en los que además se escogían 27 gobernadores, 54 senadores, 513 diputados federales y 1.059 diputados estaduales.

 

No fue sorpresa que triunfara Jair Bolsonaro en esta primera vuelta. Lo que sí sorprendió a todos fue la aplastante diferencia en votos que obtuvo frente al candidato del PT, Fernando Haddad.

 

De acuerdo al informe del Tribunal Superior Electoral (TSE) y con el 99% de los votos escrutados, tenemos los siguientes resultados:

 

Jair Bolsonaro (PSL) – 49.276.896 – 46,03%

Fernando Haddad (PT) – 31.341.996 – 29,28%

Ciro Gomes (PDT) - 13.344.353 – 12,5%

Geraldo Alckmin (PSDB) – 2.679.728 - 2,5%

 

Esta derrota se tradujo en la pérdida de bancas parlamentarias, si bien el PT con 56 escaños sigue siendo la primera fuerza en la cámara baja (el PSL obtuvo 52) y deberá seguir tejiendo alianzas para tener las mayorías necesarias para la aprobación de cada ley; como lo viene haciendo desde su primer triunfo electoral de la mano de Lula en las elecciones de 2002.

 

Ha sido impactante la derrota por primera vez del PT en su bastión del Estado de Minas Gerais. Como consecuencia de ella, Dilma Rousseff, candidata a Senadora por este Estado (se elegían dos lugares), quedó fuera del Senado al quedar en cuarta posición.

 

Algunas explicaciones preliminares

 

Si bien podemos enmarcar esta derrota del PT dentro del panorama general de la contraofensiva del imperialismo en su imperiosa necesidad vital de reinstalar el capitalismo neoliberal puro y duro en sus áreas de influencia (y más particularmente en este caso en su “patio trasero” de América del Sur), es menester apuntar algunas particularidades.

 

Siempre es útil para el análisis y la interpretación de ciertos fenómenos, repasar la historia de las últimas décadas en cada país.

 

La secuencia de golpes de Estado - con el fin de la aplicación sin cortapisas ni resistencias de la estrategia global neoliberal en el continente - en la década de los 70 del siglo pasado, tiene un antecedente con características peculiares en Brasil.

 

En primer lugar, golpe contra el gobierno progresista de Joao Goulart,1 se produce en 1964 por parte de los militares con el descarado apoyo logístico del ejército y de la Embajada de los Estados Unidos mediante la “Operación Brother Sam”. Asimismo el golpe contó con el respaldo de los principales medios de prensa escritos, de los grandes empresarios industriales y rurales, de parte de la iglesia católica y de algunos gobernadores estaduales.

 

Tuvo dos principales características específicas: 1) las aspiraciones de la burguesía de un desarrollo nacional y 2) Brasil disputaba con Argentina el carácter de país hegemónico en América del Sur.

 

La dictadura se prolongará hasta 1985.

 

Otro aspecto a señalar – y que llama la atención – es el apoyo de la opinión pública a un candidato que no sólo reivindica la pasada dictadura militar, sino que justifica los asesinatos y las torturas sistemáticas aplicadas durante la misma. Es más: cuando votó en la Cámara de Diputados a favor del impeachment de la Presidente Dilma Rousseff, dedicó el mismo a la memoria del oficial del ejército que la torturó personalmente. Esta flagrante muestra de fascismo parece no importar mayormente a los electores.

 

Tal vez el origen de esta falta de reflejos democráticos, haya que buscarlo en las formas en que se reconquistó la democracia en los países del cono sur.

 

No fueron iguales los procesos en Argentina, Uruguay, Chile o Brasil.

 

Solo en la Argentina hubo verdad y justicia y se llegó hasta el fondo en el juzgamiento desde las juntas militares, pasando por los militares y civiles responsables de la represión y crímenes de lesa humanidad.

 

No sucedió lo mismo en Uruguay en donde muy pocos personeros de la dictadura están presos y seguimos buscando trabajosamente los restos de los desaparecidos.

 

Menos aún en Chile. Pero en Brasil es donde menos se avanzó en materia de Derechos Humanos. Luego de más de medio siglo, ni siquiera se pudo establecer una comisión de la verdad; mucho menos juzgar a ningún militar o civil de la dictadura.

 

Cuando sólo dar no es suficiente

 

Es por todos conocida la gran obra social que impulsaron los gobiernos del PT. Para citar sólo un ejemplo: con el programa “Bolsa Familia”, se rescató a más de 11 millones de familias; es decir a más de 40 millones de personas de la pobreza.

 

Si bien la instrumentación del “presupuesto participativo” en varios estados bajo el gobierno petista fue una acertada apuesta a la generación de ciudadanía y a la inclusión social, no fue suficiente para formar conciencia política de masas.

 

En un reciente reportaje, el conocido dirigente Valter Pomar planteaba que el gran error de estos años de gobierno había sido el haber dejado intacta la institucionalidad que la clase dominante siempre usó para gobernar.

 

Cito textualmente una afirmación que sintetiza los errores en los que incurrió el PT en el gobierno. Pero su riqueza radica a mí parecer, que la misma es aplicable en esencia a varios de los procesos de cambio surgidos en la misma época (y algunos en funciones hasta el presente) en nuestros países; sumado a que todos hemos sido y somos pésimos difusores de lo realizado.

 

Nuestro principal error fue creer que la clase dominante brasileña es democrática. Que si fuésemos moderados, ellos también lo serían. Que si rebajábamos nuestro programa, si respetáramos las instituciones, si estimuláramos el desarrollo capitalista, los capitalistas aceptarían que lenta y gradualmente se elevara el nivel de vida del pueblo brasileño. En otros términos, el error principal fue pensar que la oligarquía brasileña no se opondría a convivir con un Estado de bienestar social.

 

El segundo error deriva de ello: no nos preparamos para lo que inevitablemente ocurría. Por cierto, hasta hace poco tiempo, había mucha gente en la izquierda brasileña que creía que no iban a golpear, que no iban a arrestar a Lula, que no iban a impedir su candidatura.

 

Y, obvio, quien no cree que va a suceder eso, no se prepara para impedirlo”. 2

 

Aunque es duro decirlo, por lo arriba expuesto se podría afirmar que existe una gran parte del pueblo de Brasil que adolece de lo que podríamos llamar un analfabetismo político funcional.

 

Lo que se viene

 

El próximo 28 de octubre será la segunda vuelta de estas elecciones presidenciales entre Bolsonaro y Haddad.

 

Son muy pocos los días de campaña y mucha la ventaja de Bolsonaro de casi 18 millones de votos obtenida en la primera vuelta.

 

La chance de Haddad de ganar se basará por un lado en los acuerdos políticos que logre el PT con los otros agrupamientos políticos (por los que pagará un ineludible “peaje” no menor); pero sobre todo en el tono que le dé a su campaña con un discurso claro dirigido a los 20 millones de ciudadanos que no fueron a las urnas.

 

Si piensa jugar una suerte de “fair play” de mostrar – en particular a las capas medias - que será un buen gobierno, mejor que el de su oponente, perderá la elección.

 

Si por el contrario sale en una dura ofensiva contra Bolsonaro, sin medias tintas, desnudándolo como lo que es: un siniestro personaje fascista y deja claramente planteada la alternativa de hierro entre democracia o fascismo (entendido como terrorismo de Estado al servicio del capital financiero), podrá tener alguna chance de triunfo.

 

Por el bien de nuestro continente, ojalá así sea.

 

Notas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1Goulart promovía lo que se denominó “reformas de base”, que incluía la reforma agraria, igualar las condiciones de trabajo de los trabajadores rurales con los de la ciudad, reformas impositivas, bancarias, de administración y educativas. En política exterior aspiraba – al igual que su antecesor Jânio Quadros - a una de tipo independiente y no alineada, de orientación “norte - sur” y no la “este – oeste” propia de la guerra fría.


 

2Reportaje publicado en el Nº 79 de la revista “La Correo” de octubre de 2018.


 

 

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/195814
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