La Revolución Cubana y el conocimiento científico

27/07/2017
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Palabras pronunciadas  el 26 de julio de 2017 en la Librería Universitaria (UP, Universidad de Panamá, en la conmemoración de los 64 años del asalto al Cuartel Moncada.

 

En momentos como estos siempre tengo miedo que mis palabras sean panfletarias o sobren, ya que es muy fácil incurrir en esto, incluso considero que pueden ser hasta peligrosas para cualquier proceso, sin importar a que altura se encuentre éste y cuales sean sus condiciones.

 

De manera, que esta noche en el marco de los 64 años del asalto al Cuartel Moncada, hecho histórico y embrionario de la revolución cubana, he traído una pequeña revisión que trata sobre la ciencia y la revolución cubana como un solo componente indivisible y digo indivisible porque el éxito de uno es necesario para el éxito del otro. Si bien, la revolución fue victoriosa en la Sierra Maestra fue más contundente en las escuelas, en las universidades, en los hospitales, en los institutos de investigación y en todas las calles de las ciudades y pueblos de Cuba.

 

En ese sentido, desde muy temprano la Revolución Cubana y su vanguardia avistaron que el desarrollo de las ciencias y las tecnologías jugaría un rol importante para su defensa. Pero más allá de este elemental sentido, entendían que iba ser fundamental para la liberación del pueblo cubano. En cuanto La Revolución pretendía iluminar a su pueblo de las sombras del analfabetismo, la miseria, de los pésimos índices de morbilidad y mortalidad que padecían. En ese sentido, me atrevería a decir -sin miedo a equivocarme- que sin ciencia no habría revolución y viceversa para el caso -especifico- de la isla de Martí.

 

Si nos retrotraemos al contexto, nos explica los ingenieros cubanos Tirso Saenz y Emilia García que anterior a La Revolución, la subordinación económica y política -de Cuba- a un sistema mundial -capitalista- encabezado por los Estados Unidos, impidió a la isla el desarrollo científico y tecnológico y tuvo como resultado una nula capacidad de resolver en esta esfera. Incluso donde, por diversos motivos, surgió un mínimo potencial científico-técnico. Es decir, la isla se encontraba como el resto de los países de Latinoamérica en un estado de dependencia. El intrínsecamente contradictorio proceso económico y social de la -Cuba capitalista- dificultaba o impedía su alineación en función de objetivos válidos a todo lo ancho de la sociedad. No se podía, en esas condiciones, hablarse de la ciencia como institución social en la nación cubana. A ello se sumaba, como fenómenos derivados de esa subordinación, un alto índice de analfabetismo, una baja escolaridad de la población en general, y muy bajos niveles de formación de técnicos y especialistas.

 

En vista de este contexto nacional de la isla. Fidel -a solo 12 meses de la entrada triunfante a la Habana- recalcó: “El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que más estamos sembrando, lo que más estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia”.

 

A poco tiempo de estas palabras de Fidel y “en respuesta a la criminal acción del vecino imperio. Para llevarse, como se llevó con promesas de visas y empleos, a la mayoría de los 6mil médicos que disponía el país” (Castro, 1963), se fundó el Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas Victoria Girón. Hecho tempranero que da sustento y coherencia a las palabras primeras de Fidel.

 

Más tarde en 1963 -el compañero Fidel- volvió a señalar que la revolución social se había hecho precisamente para hacer la revolución técnica (Castro, 1963), planteando de este modo, como principio fundamental para una verdadera política científica, la necesaria unidad del desarrollo científico con el progreso social.

 

Por otra parte, en 1964, Ernesto Guevara indicaba que la técnica había que tomarla donde estuviera; que había que dar el gran salto técnico para ir disminuyendo la diferencia que existía entre los países desarrollados y el de cuba (Guevara, 1965). Con estos y otros criterios similares, se puso sin tardanza manos a la obra en la construcción de una base científica y tecnológica nacional.

 

En otro orden, la ingeniera cubana Yasmanis Moreno nos explica que: El desarrollo de las ciencias y la tecnología son movidas por intereses sociales por lo que están socialmente moldeadas. Más que resultados y acabados de un proceso investigativo, deben ser vista como procesos sociales, como prácticas que integran factores psicológicos, sociales, económicos, políticos y culturales, que siempre están influido por valores e intereses.

 

En ese sentido, nos queda muy claro cuáles han sido los intereses y el proyecto de nación que ha sostenido y mantiene la Revolución Cubana. Pero las preguntas que nos compete a nosotros los estudiantes y trabajadores panameños en esa dirección es: ¿Cuál es el proyecto de nación que queremos?, ¿cuáles son los intereses y valores de nuestra Universidad?, ¿entiende nuestra casa de estudio y sus autoridades la relación entre desarrollo científico y progreso social?

 

Para obviar la larga y evidente cantidad de logros científicos y aportes al mundo, de la revolución cubana -a través de su solidaridad internacional y que no estarían de más enumerarlas- termino cerrando -en palabras de la ingeniera Moreno- que “Los profesionales de la ciencia y la técnica precisan de una mentalidad y una visión social que necesita ser educada. Las ciencias y las tecnologías actuales moldean centralmente al ser humano y a la sociedad. Ante los enormes retos del siglo XXI es imprescindible situar el conocimiento, la ciencia y la tecnología en lo más alto de la escala del saber y la inteligencia. Pero la historia ha demostrado que no basta con la ciencia y la razón fría. Son indispensables la cultura, la espiritualidad y los valores éticos del ser humano”.

 

En esa dirección, en nombre del Polo Ciudadano y de los Estudiantes de Sociología señalo que si logramos reunir compromisos, valores, organización, ciencia, cultura y, a la vez, dejamos afuera los egos, el fundamentalismo, el machismo y el sectarismo, entonces, podremos iniciar a construir las grandes alamedas por donde pase el hombre y la mujer libre y con ellos nuestro proyecto de nación.

 

¡Muchas Gracias!

 

Mario Enrique De León, estudiante de sociología de la Universidad de Panamá

 

https://www.alainet.org/es/articulo/187132
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