Contrarrevolución venezolana, pretexto para recolonizar América Latina

13/06/2017
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Latinoamérica, privilegiada de abundantes recursos naturales, especialmente su enorme reserva de agua potable, desde hace siglos ha sido codiciada y saqueada.

 

La política expansionista del imperio estadounidense, aliada de algunos gobiernos latinoamericanos, incita la contrarrevolución bolivariana para derrocar al presidente Nicolás Maduro; acabar el proyecto bolivariano; detener el avance de gobiernos democráticos y progresistas; impedir la unidad de los pueblos latino y recolonizar Suramérica.

 

La obsesión contrarrevolucionaria está vinculada a la conservación de la sociedad estadounidense, y es necesario señalar al presidente Nicolás Maduro como polígono de la confrontación, alegando violación de los derechos humanos como excusa para entrometerse en los asuntos internos de otros países, consolidar su plan de dominio sobre las naciones latinas, poseedoras de inmensos recursos naturales y estratégicos - , petróleo, gas, aluminio, minas metálicas, y otros -.

 

Hay muchas razones para la obsesión contrarrevolucionaria de Estados Unidos, entre ellas, la caída del presidente de Venezuela. El imperio está seguro que un golpe de Estado pondría fin a la Revolución Bolivariana. Y después vendría la recolonización de Suramérica.

 

La contrarrevolución financiada por el imperio de los Estados Unidos, destruye propiedades del Estado venezolano.

 

No siempre el blanco de la agresión es el verdadero motivo de la confrontación. Esta invasión que se avizora se debe a las reservas de agua potable que posee Suramérica. Hay otras razones, entre ellas: el petróleo, el aluminio y el coltán – Venezuela posee las mayores reservas de petróleo y coltán a escala mundial -. Pero el agua es la dinámica obsesiva de Estados Unidos.

 

Surge la pregunta premonitoria sobre la crisis capitalista de los Estados Unidos, que busca superar, a través de invasiones y recolonización, su decadencia hegemónica reflejada en el proceso acelerado del agotamiento de su reserva hídrica y forestal.

 

Según la Dirección del Departamento de Agricultura, al finalizar la primera mitad de la presente centuria, sólo el 50% de la superficie actual de sus bosques sobrevivirá, y al mismo tiempo, el 50% de su ecosistema desaparecerá.

 

Al arribar el año 2.037, desaparecerá físicamente más del 28% de sus bosques. Y para 2080, se habrá acabado su última reserva selvática. Y con ella, las fuentes de agua.

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Sus plantas industriales, expulsan anualmente a la atmósfera más de 100 millones de toneladas métricas de gases de sulfuro, equivalente a un volumen superior de 200 millones de toneladas métricas de CO2 de emisiones, causante de la lluvia ácida. Más del 80% del azufre presente en la atmósfera es producido por las plantas industriales de los Estados Unidos, que al mismo tiempo contaminan ríos y lagos al vaciar más de 120.000 etiquetas diferentes de síntesis químicas al ambiente.

 

Según informes del Departamento de Agricultura – United States Department of Agriculture -, una extensión de 769.000 km2, equivalente al 8.5% del total de la superficie de Estados Unidos, produce el 80% del agua potable, pero sus bosques no resisten la ofensiva sin tregua “anti-forestal”1.

 

La región biogeográfica situada sobre la cadena montañosa de los Apalaches, que recorre desde Alabama hasta Nueva Inglaterra, el 90% de la superficie ha disminuido su masa forestal, las áreas desérticas se observan como si los árboles fueron bombardeados con napalm o gasolina gelatinosa. .

 

En Monte Mitchell - Carolina del Norte -, toda la cumbre de la montaña despliega una extensa zona de árboles secos, en otras áreas la vegetación y ecosistemas parecen haber sido rociadas con productos químicos defoliantes, o fumigados con herbicida de alta concentración, a base de glifosato.