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Venezuela: El ahogo financiero exige definiciones

Opinión
20/04/2017
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La situación de Venezuela es cada vez más grave. Lo es aún más si se ubica en el marco  de enorme polarización, confrontación  e incertidumbre respecto a las perspectivas del gobierno  de Nicolás Maduro, la campaña internacional contra Venezuela  y el notorio cuadro general de fuertes  y  rápidos cambios  políticos y empeoramiento económico que se observa en el último período en  América Latina.

El   desenlace de la crisis venezolana es considerado clave para el establishment local e internacional en su obsesión por superar definitivamente la referencia que han identificado como de mayor cuestionamiento a su hegemonía en las últimas décadas: el chavismo.  Pero el posicionamiento lo es también particularmente crítico para la izquierda y los movimientos sociales que confrontan el dilema de qué posición tomar ante un proceso histórico que surgió con una enorme expectativa y apoyo popular mayoritario, pero cuyos virajes, burocratización y creciente deterioro han ido minando sus expectativas y generado frustración.

La polarización ha permitido que hasta derechistas y recurrentes intervencionistas/golpistas reaccionarios se presenten como campeones del “respeto a los derechos democráticos y humanitarios en Venezuela” (Donald Trump) (1), a definir que “Venezuela es una muestra que siempre hay un escalón más hacia el infierno (Mauricio Macri) (2) o a llamar a unirse para “devolver la democracia a Venezuela” (en forma conjunta Felipe González y José María Aznar).
 

(3).


Pero, llamativamente, una caracterización paralela muy negativa de la situación de Venezuela también se presenta desde la izquierda acusando al gobierno de “deriva totalitaria” (Marea Socialista) (4) a Maduro como. “el último acompañante de una suma de grandes traidores hacia las mismas masas que todavía los acompañan” (Roland Denis) (5).

O a afirmar terminantemente que “Venezuela tiene realmente una situación de desastre. La economía se basa en el petróleo, probablemente en mayor medida como nunca antes. Y la corrupción y el robo han sido extremos, especialmente después de la muerte de Chávez” (el emblemático pensador de la izquierda norteamericana Naom Chomsky) (6).

Lo que ocurre en Venezuela no es un caso aislado. Un escenario similar de creciente polarización, confusión e identificaciones severas, aunque con particularidades distintivas de cada proceso, se ha verificado en el último período en relación también a otros gobiernos “populistas de izquierda” latinoamericanos con liderazgos personales que proliferaron en la década anterior: los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Lula Da Silva /Dilma Rousseff en Brasil, Rafael Correa en Ecuador.

En el último período, en todos los países latinoamericanos se ha ido deteriorando notoriamente las balanzas de pago. Pero en Venezuela se ha puesto en referencia (¿o anticipado?) el regreso además a la región del fantasma de la “crisis de la deuda”, y su correlato muy conocido de exigencias y condicionalidades regresivas, presiones, extorsiones y decisiones críticas

Estas habían parecido haber perdido referencia años atrás no solo por la posición crítica hacia  ellas de los gobiernos progresistas que se pronunciaban contra el “flagelo de la deuda” y su vinculación directa con ajustes económicos exigidos recurrentemente por organismos multilaterales ( FMI, Banco Mundial) , sino también por una  virtuosa combinación circunstancial  de altos precios de los principales productos primarios de exportación (en el caso de Venezuela, por supuesto, el petróleo)  y  condiciones financieras internacionales propicias que brindaron desahogo.

¿Primero la deuda?

El debate sobre la situación y condiciones de la deuda pública de Venezuela (interna y externa) y, en forma diferenciada, de la empresa petrolera nacional PDVSA -clave para el país-, debe ganar, por lo tanto, la  mayor atención pública . Por su significación inmediata (la prioridad o no de su pago por sobre la atención de requerimientos de divisas para la importación de productos básicos) y su trascendencia en perspectiva no pueden ser considerados temas técnicos de exclusiva atención de financistas y especialistas, sino que debe insistirse que deben ganar relevancia central en el debate público. (7)
 



Es por ello que deben ser analizadas con mucha atención  y detalle las posiciones  y la secuencia de las decisiones  del gobierno  que refiere  como motivo para  priorizar el  uso de las divisas ingresadas  al  país por las exportaciones petroleras  para aliviar presiones financieras , y lo hecho  brindando  sucesivas  concesiones “liberalizadoras” cambiarias (8) .

Estas últimas han incluido, en nombre de “tranquilizar los mercados”,  brechas crecientes  para maniobras con tipos de cambios múltiples administrados en forma no transparente  y el ocultamiento y/o la no investigación de maniobras cambiarias corruptas extendidas -de personas y empresas-, las cuales  están  vinculadas tanto al oficialismo como a la oposición.

Pero es preciso también, y ello resulta fundamental, observar con detenimiento las propuestas de la oposición al gobierno llenas de promesas (9), pero cuyas posiciones y reclamos específicos en relación a este tema son concretos y aún más regresivos que los del gobierno.

Incluyen  en sus propuestas, entre otras medidas, la completa liberalización cambiaria y, por lo tanto,  eliminación de un tipo de cambio diferencial para importaciones de alimentos y medicamentos;  la  privatización de la explotación y los ingresos de las exportaciones petroleras  hasta hoy en propiedad pública; y una reestructuración de la deuda bajo la supervisión de los propios bancos y organismos multilaterales condicionándola  a  la aceptación de  “ajustes anti-populistas” severos, como la eliminación de subsidios combustibles y tarifas, plena libertad para realizar  despido ,  mayor reducción de gastos sociales, entre otros.