Hacia la educación que necesita la nación mexicana

12/08/2016
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Profesoras y profesores, compañeras y compañeros todos:

 

Para nosotros la solidaridad no es una palabra sin consecuencia. Quiero decir primero, que estoy aquí para manifestarles una vez más mi solidaridad con su lucha. Y quiero antes que nada decirles algo que les puede parecer exagerado, pero que es exacto. Y es, que más que para enseñar vengo a aprender lo mucho que a ustedes es familiar, que es el conocimiento de las escuelas y el saber de los pueblos. Al mismo tiempo, quiero contarles cómo veo su lucha desde los trabajos en que estoy empeñado que se refieren a la globalización neoliberal, en un proceso que está afectando a la inmensa mayoría del mundo y a nuestro país.

 

Y lo primero que viene a mi mente es lo que dice Luis Hernández Navarro en su reciente libro sobre La novena ola del magisterio, y es que desde el l5 de mayo pasado se descarriló la puesta en marcha de la reforma oficial y se manifestó su inviabilidad en amplias zonas del país…Me parece que eso es exacto. Eso es un hecho. Y es parte de un proceso histórico que se da entre confrontaciones y negociaciones. En su curso, necesitamos pensar más profundamente en la situación, en  el proceso de que es parte, y en cómo podemos dar esta lucha –que es mundial y tormentosa-, en cómo podemos luchar entre las confrontaciones y las negociaciones que se han dado y se den  por una educación emancipadora, a sabiendas de que la nuestra es una lucha contra la globalización neoliberal que están impulsando las corporaciones y complejos empresariales-militares–políticos y mediáticos con sus asociados y cooptados  que, con el capital financiero a la cabeza, y amparados por una legislación que violan y que cambian a su antojo, se están quedando de la manera más evidente con riquezas y empresas e instituciones nacionales –antiguas fuentes de empleo– que ya han privatizado y desnacionalizado.

 

No podemos ignorar que las fuerzas dominantes ya se han hecho de importantes medios legales, políticos, mediáticos y represivos que ponen al servicio de sus intereses, y que les sirven no sólo para legalizar sino para legitimar y para dejar hacer y dejar pasar su despojo de propiedades públicas y sociales, sus disminuciones y evasiones de impuestos, y muchos actos más que explican el enriquecimiento que han logrado unos cuantos a costa de la Nación y de la inmensa mayoría de una población, que con las anteriores medidas ya sufre la disminución de empleos derivada de la perdida de servicios públicos de salud, de seguridad social, de educación, y de actividades agropecuarias, industriales, comerciales bancarias y de transporte terrestre y aéreo, que antes había logrado obtener la Nación, mediante cruentas luchas del pueblo mexicano, y de un gran número de sus comunidades y trabajadores ahora despojados,  que han perdido tierras, aguas y otros recursos naturales, o empleos y derechos laborales y sociales.

 

A los hechos anteriores se añaden cambios en la correlación de fuerzas que ya se venían dando desde hace varias décadas y que habiendo estallado en l968 en un proyecto estudiantil-popular fueron nuevamente mediatizados por los gobiernos sucesivos con el empleo de sindicatos blancos y corrompidos a su servicio, y con nuevos recursos por los que con una apariencia de democracia en la alternancia de los partidos, se acentuó la creciente integración de México al proyecto del capitalismo corporativo, neoliberal y globalizador.

 

A las medidas anteriores se añade la criminalidad creciente e impune que ha hecho de los periodistas y los comunicadores algunas de sus principales víctimas, y no se diga ya de la juventud rebelde y sus múltiples desaparecidos… una juventud a la que lejos de  intimidar la han convertido en un luchador cada vez más lúcido y firme, viendo que en su vida el sistema le ofrece un presente y un futuro sin trabajo, sin escuela, sin familia que formar, y, en el campo,  sin tierras que labrar o sin  ganado menor o mayor del que vivir.

 

Sobre los pobres y los menos pobres de todas las edades han recaído costos crecientes y constantes de la gasolina, de la electricidad y de los alimentos, al tiempo que sus salarios están congelados, cuando los tienen.  Y en tan dolorosa situación los que mandan y organizan este mundo inhumano desde las corporaciones y organizaciones patronales, todavía muestran su inmensa irresponsabilidad moral defendiendo pomposamente la inversión privada como si ésta fuera hecha para crear empleos y no estuviera gozando de crecientes privilegios para crear utilidades. Sus beneficiarios –en una actitud que no es de creer– se dan el lujo de regañar a sus funcionarios, a sus asociados y subordinados del gobierno porque no emplean una mayor energía para acabar con toda resistencia del pueblo empobrecido y subyugado. Y es en ese terreno donde vemos como la persecución se hace contra las juventudes, contra los pueblos, los trabajadores y los profesores.  

 

Las organizaciones patronales o sus integrantes, por una parte se declaran gozosos de que están haciendo grandes negocios “como nunca”, y por otra se dan el lujo de regañar, como sus señores, a los del gobierno porque no están persiguiendo con más energía a los maestros y no están cumpliendo con su función principal que es defender y promover “eficientemente” a la empresa privada. Altaneros y presumidos, piden a sus ministros que usen más y más violencia, y toda la que sea necesaria para que la empresa privada siga construyendo el maravilloso país en que los mexicanos son primero y “el dinero es más primero”. Tenemos que distinguir en ellos, sin embargo, a quienes rechazan la represión y reclaman el diálogo, que hasta ahora son los menos.

 

Pero es en esas circunstancias como surgen las confrontaciones y las negociaciones. Lograr que éstas tengan éxito para el “interés general”, para la juventud, para los trabajadores y los pueblos es un problema que entre sus múltiples dificultades plantea la de decirse y decir cuál es en verdad la situación y cuál la posibilidad de negociación. Por mi parte veo dos motivos de las diferencias y de los acuerdos a enfrentar: 1º. Los que se refieren a los derechos de los maestros como trabajadores y 2º. Los que buscan precisar quién educa, sobre qué educa, a quién educa, y cómo se evalúa a los educandos, precisando los criterios de la evaluación y aclarando su validez y confiabilidad.

 

En cuanto a los derechos de los profesores creo que son los profesores quienes pueden esbozar las formas del acuerdo. En estas palabras me quiero limitar a dos alternativas que veo para acercarse a una solución en el terreno de la docencia, la investigación y la difusión de las ciencias, las humanidades, las artes y las tecnologías.

 

Frente al proyecto de la globalización neoliberal, que busca hacer de la educación, una cultura de la servidumbre en la que el conocimiento del educando sea puramente instrumental es indispensable presentar un proyecto en que se prepare a la niñez y a la juventud para tener una cultural general científica, crítica y humanista, y poseer tanto el dominio de una especialidad u oficio, como los conocimientos necesarios para cambiar de especialidad u oficio.

 

En nuestro proyecto será fundamental impulsar los valores de la moral y la verdad, de la experimentación y la práctica tanto en el conocimiento y el saber, como en la conducta y la acción, tanto en las humanidades como en las ciencias, en las técnicas y las artes.  El proyecto habrá de precisar sin equívocos lo que se entiende por estos valores. Así por moral, como valor central de la educación, se entiende la moral de lucha, la moral de cooperación, la moral de defensa del interés general –en todo lo que se pueda–, frente al individualismo, frente al consumismo, y a los intereses particulares con que el ser humano se enajena.  Por verdad se entiende una crítica permanente a la cultura de la servidumbre y un cuestionamiento constante de lo que se cree que pasa y lo que lo determina, así como de los mejores caminos y medidas para alcanzar valores y objetivos a lo que se añadirá el principio cada vez más generalizado de aprender a aprender… NO me extiendo más.

 

Por lo pronto esbozo otro tema esencial a enriquecer, corregir y precisar. Se basa en un sencillo proyecto que puede llevar al acuerdo: Consiste éste en recurrir a la Escuela Normal Superior, a la Universidad Pedagógica Nacional, así como a todas las instituciones destinadas a la educación y a la ampliación de conocimientos del magisterio para que se les den los medios y atributos necesarios a fin de poner en práctica la reforma con un programa destinado a casi un millón y medio de profesores que laboran en la República Mexicana. El programa se propondría la actualización de la enseñanza en ciencias y humanidades, artes y tecnologías en un período razonable, y al mismo tiempo se elaboraría el proyecto profundo de reforma de la educación por comisiones de trabajo en las que participen especialistas de las organizaciones de los profesores y de las dependencias que tiene la Secretaría de Educación Pública.

 

Un esfuerzo de concertación semejante podría establecerse de manera permanente para la tarea de organizar cursos de actualización en ciencias y humanidades, en artes y tecnologías a fin de que el profesorado, de manera institucional y por su cuenta, tanto en los sistemas de educación presencial como en los de educación a distancia, tenga el hábito y las facilidades necesarias para ponerse al día en sus actividades docentes y lo haga de manera periódica y sin presión alguna.

 

Para la elaboración del plan se coordinarían las direcciones, coordinaciones y oficinas de Educación Superior de las Normales, Universidades, Politécnicos y profesionales de la educación, así como las de ciencias y tecnologías agropecuarias e industriales; las de ciencias y tecnologías del mar, las de educación intercultural y bilingüe, las de educación indígena, las de educación básica, educación secundaria y bachillerato.

 

El proyecto señalaría tareas fundamentales a realizar por los especialistas en formación continua, en actualización y renovación curricular, en gestión educativa, educación básica, televisión educativa, materiales educativos. En el mismo colaborarían expertos en planeación, en programación, en coordinación, en evaluación válida y confiable, en estadística educativa. De acordarse este proyecto u otro semejante podría trabajar en su elaboración más detallada una comisión que presentara propuestas fundadas y concretas para un acuerdo ejecutivo.

 

Si semejante camino no lograra los apoyos necesarios pienso que las asociaciones y uniones de profesores podrían asumir, por su parte y de manera autónoma, la promoción de la educación que la nación necesita, y con ese objeto se organizarían en “Círculos pedagógicos en ciencias y humanidades”, que se comunicarían y enlazarían en redes presenciales y a distancia, ya sea en programas concretos de ciencias y humanidades que operaran en las instituciones y escuelas donde laboran, ya por su cuenta en los sitios disponibles.

 

Si, como es evidente, los acuerdos que lleven a una solución de la actual crisis requieren resolver muchos problemas más que escapan a esta propuesta, creo que el movimiento de los pueblos y los profesores, a más de avocarse a resolver los problemas de la reforma educativa que con el gobierno emprenda, puede y debe, por su parte organizar en el país esa red de grupos de maestros que practiquen la educación que la nación necesita…

 

No me es posible dar término a estas palabras sin reparar en algunas acciones y metas necesarias para que este programa tenga el impacto que se requiere. Las enuncio a continuación como un llamado a todos los que luchemos por un gran avance en la educación nacional:

 

1º. Antes que nada es necesario respetar la dignidad de los maestros como ha ocurrido siempre en las etapas más notables de la historia del país.

 

2º. Hay que defender los derechos de los trabajadores de la educación, así como los derechos de los trabajadores y los pueblos de México y de toda la Nación.

 

3º. Hay que defender y promover la cultura humanística y científica, la artística y la tecnológica y no sólo la apologética sino la crítica y creadora de un mundo mejor, libre, justo y democrático.

 

4º. Hay que dar a la práctica de la moral una importancia prioritaria: como moral de lucha, de cooperación, de corresponsabilidad.

 

5º. Hay que respetar a las distintas religiones, razas, sexos, edades y ver constantemente qué medidas se deben tomar para un proceso emancipador permanente y general.

 

A los valores y metas anteriores añado algunas medidas a tomar:

 

1º. Hay que organizar la gran campaña de la alfabetización en un país que de acuerdo con los últimos datos oficiales tiene 4,749,057 millones de analfabetos.

2º. Por lo que se refiere a los trabajadores de la educación no sólo debemos organizarnos en forma sindical para la defensa de los derechos laborales sino organizarnos para la construcción de comunidades pedagógicas, de extensión cultural, en que prive la filosofía del aprender a aprender y a construir otro mundo posible, otro México posible en que ideales y valores encarnen en la realidad.

3º. En lo que se refiere a nuestras tareas docentes es de prioridad inmediata que los profesores en cuyas escuelas se suspendieron las actividades atiendan el problema de los conocimientos que no pudieron adquirir los alumnos en el año escolar pasado. A este respecto se les podrá enviar desde ahora una circular a todos ellos.

 

Estas y otras muchas acciones se requerirán para diseñar y realizar un proyecto serio y profundo de una verdadera reforma educativa.

 

Con mi firme solidaridad, les deseo un gran éxito.

 

9/agosto/2016

 

- Pablo González Casanova, ex-rector de la Universidad Nacional Autónoma de México

Texto presentado en el 1er Foro “Hacia la construcción del Proyecto Educativo Democrático”.

https://www.alainet.org/es/articulo/179476
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