A propósito de las declaraciones de Guillermo Lasso sobre el SENESCYT y el acceso a los centros académicos de nivel superior

03/07/2016
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El candidato a la presidencia de la República del movimiento CREO, Guillermo Lasso, en el centro de convenciones Quorum de Cumbayá, prometió a sus simpatizantes eliminar la Secretaría de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (SENESCYT), “para”, según su opinión, garantizar la independencia académica de los centros de estudio de nivel superior”, y, permitir el libre acceso a la carrera que deseen los aspirantes a ingresar a los establecimientos académicos superiores, sin necesidad de aprobar pruebas de aptitud que, actualmente, condicionan su ingreso. Planteamientos que ameritan una serie de reflexiones, dada la generalidad que contiene la propuesta de eliminar la SENASCYT y la larga historia y las conocidas consecuencias que produjo el libre acceso.

 

Eliminación del SENESCYT

 

La aseveración de Guillermo Lasso de que eliminará la SENESCYT, “para garantizar la independencia académica de los centros de estudio de nivel superior” es, a todas luces, limitada en sus propósitos, si se examinan las funciones de la SENESCYT, las cuales superan ampliamente el planteamiento explicitado por el señor Lasso, como lo demostraremos inmediatamente.

 

Efectivamente, las principales funciones que cumple la SENESCYT, intencionalmente ordenadas por nosotros en tres grupos: un primero referido a la dotación de infraestructura y equipamiento; un segundo en que se incluyen las funciones relacionadas con la evaluación académica; y, un tercero con el desarrollo de proyectos específicos, no coartan la independencia académica como lo presupone Lasso, pero si abarcan otras funciones que seguramente están en la mira de Guillermo Lasso y del movimiento CREO. Las funciones que cumple la SENASCYT son las siguientes:

 

-        Repotenciar a los institutos públicos a escala nacional, mediante la dotación de infraestructura, maquinaria, equipamiento;

 

-        Apoyar a la reconversión de la formación técnica y tecnológica de nivel superior;

 

-        Coordinar a los institutos técnicos y tecnológicos, pedagógicos y conservatorios superiores de música y arte que forman parte del sistema de educación superior;

 

-        Formular y gestionar la política pública de formación académica y profesional, articulada con sectores públicos y productivos;

 

-        Articular las instituciones del Sistema de Ciencia, Tecnología, Innovación y Saberes Ancestrales con los actores del sector productivo, con el objetivo de desarrollar programas y proyectos de investigación y actividades científicas en áreas estratégicas que contribuyan al desarrollo del país;

 

-        Mediante el Examen Nacional para la Educación Superior (ENES) evalúa las habilidades cognitivas de los aspirantes para determinar sus potencialidades de éxito en los estudios de nivel superior, evaluación que permite la asignación de cupos ofertados por las instituciones de educación superior, en función de los puntajes obtenidos por cada aspirante.

 

-        Definir el Grupo de Alto Rendimiento (GAR), el que se integra con los aspirantes que lograron en el ENES un puntaje igual o mayor a 950 sobre 1 000 puntos, cuyos miembros son invitados a participar en un curso de preparación para postular a una beca en las mejores universidades del mundo.

 

-        Otorgar becas a ecuatorianos y ecuatorianas que deseen realizar sus estudios de pregrado y posgrado en el exterior para contribuir con la formación del talento humano;

 

-        Estructurar Bases de Datos Científicas, que permite el acceso de los estudiantes de las universidades a más de 600.000 documentos, entre revistas científicas, informes académicos, libros electrónicos, perfiles profesionales, “papers”, entre otros.

 

-        Impulsar el proyecto Prometeo y el desarrollo de la ciudad del conocimiento Yachay.

 

Detalle que nos permite insistir en que ninguna de las funciones, antes precisadas, limita la “independencia académica de los centros de estudio de nivel superior” como lo sugiere Guillermo Lasso, por lo que es pertinente advertir que para el logro del objetivo real del señor Lasso, no bastará la eliminación de la SENESCYT. Será indispensable, bajo el ideario de la desregulación neoliberal que profesa el señor Lasso, la eliminación de la Ley de Educación Superior, carta que no descubre por la cerrada oposición que enfrentaría, por parte de todos aquellos que fueron estafados por las universidades que operaban sin ninguna regulación o con regulaciones laxas que, a más de posibilitar la elevación continua de aranceles, permitieron incluso la conformación de las denominadas, con absoluta pertinencia, “universidades de garaje”.

 

Adicionalmente, hemos de señalar que otra de las intenciones soterrada del señor Lasso seguramente es la desregulación o la eliminación de la evaluación y certificación de los centros de educación superior, para lo cual lo más probable es que en el futuro cercano proponga la eliminación del Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CEAACES), por ser esta entidad la que limita múltiples arbitrariedades registradas en un importante número de “centros académicos de nivel superior”. Ante ello, vale adelantar que los procesos de evaluación y certificación se aplican a nivel mundial, como fácilmente podría constatar el señor Lasso y sus seguidores.  Para ello bastaría que el señor Lasso se conecte a Wikipedia, para que se entere y compruebe nuestra afirmación de que estos sistemas se aplican a nivel mundial, con parámetros estandarizados. Para su ilustración señor Lasso, el link de Wikipedia es:

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Clasificaci%C3%B3n_acad%C3%A9mica_de_universi

 

Si la eliminación de la SENESCYT no contribuye a la “independencia académica de los centros de estudio de nivel superior” como lo afirma explícitamente Guillermo Lasso, es evidente que la intención de Guillermo Lasso es la eliminación del Examen Nacional para la Educación Superior (ENES), y, con ello, la posibilidad de definir el denominado Grupo de Alto Rendimiento (GAR), y el otorgamiento de becas a ecuatorianos, tanto para que cursen sus estudios universitarios en las universidades de mejor clasificación académica a nivel mundial, como para estudios de pregrado y posgrado en el exterior. Ante ello, no cabe explicarse como un hombre de relativo desarrollo intelectual pueda alinearse con esta propuesta. Para su explicación sólo cabe, entonces, acudir a lo que se denomina “instinto de clase”, entendido como “poder de clase” que ejercitan quienes poseen el “poder económico”, quienes requieren captar el “poder político” para adoptar medidas que incrementen su capacidad de control, sometimiento y dominación de quienes son ajenos a sus círculos. En otros términos, Lasso y sus congéneres lo que se proponen, si triunfarían en el proceso electoral del 2017, es impedir que individuos ajenos a sus círculos accedan a niveles de conocimientos emancipadores, compelidos por una constatación cierta, que en los GAR no predominan más sus “semejantes”. Sólo el odio de clase conduce a este tipo de exabruptos que van más allá del normal entendimiento humano.

 

Eliminación de las pruebas de aptitud

 

Adicionalmente a lo ya expresado, lo que igualmente lograría Guillermo Lasso con la eliminación de la SENESCYT a favor de su tesis, como quedó dicho, es la eliminación del Examen Nacional para la Educación Superior (ENES), prueba de evaluación que, a su vez, permite la asignación de cupos ofertados por las instituciones de educación superior, en función de los puntajes obtenidos por cada aspirante. Eliminación indispensable para apuntalar su promesa de que permitirá el libre acceso a la carrera que deseen, sin necesidad de aprobar pruebas de aptitud que, actualmente, condicionan su ingreso, como lo pronunciara sin ambages en la reunión de Cumbaya. Propuesta de Guillermo Lasso que produciría un grave retroceso, en términos comparativos con otros países, toda vez que los exámenes nacionales practicados a los estudiantes que terminan los estudios secundarios es habitual, desde muchos años atrás, en casi todos los países del mundo, por ser el instrumento más idóneo para optimizar el gasto social, afectado por altos índices de deserción y repitencia estudiantil, y por una inadecuada correlación entre la oferta de profesionales universitarios respecto a la demanda del aparato productivo.  Bastaría que el señor Lasso, por ejemplo, revise si los exámenes nacionales de evaluación se practican en los países de las Américas, para que constate la improcedencia de su propuesta, la que, en este caso, se explica por razones puramente electorales: el prestar atención y privilegiar la resistencia que aún ejerce la mediocridad, el facilismo de un número reducido de estudiantes, asociada a los rezagos de un igualitarismo a ultranza que tanto afectó a la universidad ecuatoriana en décadas anteriores.

 

Para mejor descubrir el clientelismo del señor Lasso, y su desconocimiento sobre este tema, vale informarle que desde hace más de dos décadas, en el Ecuador se inició el uso de un programa computacional denominado Macbeth, el cual correlacionaba la población, medida en forma estática y dinámica, y, la estructura y dinámica del aparato productivo, con la demanda potencial de profesionales universitarios, en el objetivo de apoyar a la optimización del número de estudiantes en las distintas carreras. Este instrumento fue utilizado en el país en los organismos de planificación, ante la constatación de superpoblaciones estudiantiles en las áreas sociales, especialmente derecho, pedagogía y sociología, y en administración de empresas, concomitante a lo cual se verificaba una reducida población estudiantil en las carreras técnicas. Situación a la que se agregaba la presencia de elevados índices de deserción y repitencia, principalmente en las facultades que ofertaban carreras técnicas, lo cual no se explicaba por limitaciones económicas, sino por desniveles en la formación media o por las dificultades y exigencias que son propias de este tipo de carreras.

 

Si el fenómeno antes descrito se analiza a la luz de las causas que propiciaron esa inadecuada situación, inevitablemente se concluye que esta situación negativa fue producto del libre ingreso, a su vez propiciado por un igualitarismo extremo que no reconocía en los aspirantes al ingreso a la Universidad las diferencias en el nivel de conocimientos, las disímiles vocaciones y aptitudes, a lo que se agregaba la no consideración de las distintas exigencias que se derivan de la malla curricular de las diferentes carreras, y, sobre todo, no se compadecía de la demanda de profesionales por parte de la estructura productiva del país, variable que le era totalmente ajena a la universidad ecuatoriana, dado que, por una parte, se consideraba que el principal nexo universidad-sociedad era la extensión universitaria, en tanto que, por otra parte, se abjuraba de cualquier propuesta que inducía a la relación universidad con las demandas de la estructura productiva.

 

A lo antes expresado es indispensable agregar que las universidades públicas son financiadas con recursos del Estado, constituidos con las aportaciones de todos los ciudadanos vía impositiva. Recursos sociales cuyo uso debe ser optimizado y no despilfarrado, no sólo por racionalidad económica, sino y principalmente, para apoyar a los conciudadanos que demuestren las mejores condiciones para su formación superior, lo cual redundará en beneficio del desarrollo y construcción de una sociedad del conocimiento, en consonancia con las características del desarrollo que se registra a nivel global.

 

Conclusiones

 

Lo antes expresado nos permite extraer las siguientes conclusiones:

 

1.     La eliminación de la SENESCYT propuesta por el señor Lasso, responde a la consecuencia debida a uno de los principios básicos del neoliberalismo, la desregulación en todos los ámbitos, desregulación cuyos efectos negativos han sido ya irrefutablemente comprobados, como es el caso de las crisis financieras;

 

2.     La eliminación de la SENESCYT propuesta por Guillermo Lasso tendría como consecuencia la eliminación del Examen Nacional para la Educación Superior, y la determinación de cupos por áreas, establecidas en función de la demanda de la estructura económica y social del país;

 

3.     Eliminaría la posibilidad de definir el Grupo de Alto Rendimiento, con el consecuente sistema de becas privilegiadas, así como las becas de postgrado;

 

4.     Impondría el retorno al libre ingreso, al eliminar el sistema de cupos, con lo que la consideración a la demanda de profesionales por la estructura económica y social se desestimaría, creándose condiciones para el despilfarro de los recursos sociales;

 

5.     Se impondría el “instinto de clase”, en detrimento de los beneficiarios de becas del más alto nivel, en un intento de fortalecer la disminuida capacidad de dominación y control social, como consecuencia, precisamente, de la acción de la SENESCYT y de otras entidades como el Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CEAACES).

 

Conclusiones que, a más de advertir sobre el obscuro futuro que depararía para el país el ascenso al poder político de Guillermo Lasso, nos incita a levantar la bandera del “interés colectivo”, contra quien eleva el neoliberalismo a la condición ideario de un proyecto político inadmisible.

 

Quito 1 de julio del 2016

 

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