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Syriza, de la esperanza a la sumisión

Opinión
23/09/2015
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*Tsipras ganó perdiendo, tras la elección del domingo

*La Troika metió a los griegos a un callejón sin salida

*Varoufakis, abandonó el barco sin justificación alguna

 

Alexis Tsipras con Syriza ganó perdiendo —o viceversa; en este caso el orden de los factores no altera el producto— hace tres días, el 20 de septiembre. El presidente esta segunda vez no recibió un espaldarazo del pueblo griego —muestra de ello es el abstencionismo—, le dan otra oportunidad porque consideran que ocho meses de gobierno fueron insuficientes para entregar resultados. Esto es, que el pueblo espera opciones todavía. ¿Se los dará Syriza?

 

Es de lamentar, pero esperanzas frustradas es lo que tiene Tsipras para su gente. Porque cuando tuvo la oportunidad de construir alguna opción distinta la desperdició. De Varoufakis ni se diga. La Troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea) se impuso con el pie en la cara de los negociadores: presidente y ministro de finanzas. Solo que no se explica cómo Varoufakis se zafó a toda prisa de la negociación. Dizque para quitar obstáculos a Tsipras para un buen acuerdo. Mera justificación.

 

Pero no había ninguna posibilidad de arreglo con los negociadores del BCE, el FMI o la CE en favor de Grecia, de no ser el Grexit u otras medidas atrevidas. Syriza y Tsipras lo sabían de entrada; es decir, antes de ganar las elecciones en enero de este mismo año y con ello la presidencia. Luego entonces, sabían que la Troika presionaría con todo, incluso al grado de la humillación.

 

Y el dueto Tsipras/Varoufakis se prestó a ello. O cayó en el juego o se dejó llevar a un callejón sin salida. En otras palabras: no pudieron, no supieron o no quisieron generar o construir las condiciones para una propuesta alterna a Grecia. Así haya sido Grexit o alianzas con otros países fuera de la (des)Unión Europea. Nada. Solo caer en el juego.

 

Luego vino el desencanto de la gente. Acompañado de los temores de una parte de la población ciertamente, como sucedió con los jubilados que se vieron bombardeados con escenas televisivas de bancos cerrados y ellos en la calle. Una campaña para la que Syriza no opuso resistencia alguna. Más no solo como acción de contrapropaganda. Tampoco para unificar a los sectores sociales para explicarles las secuelas.

 

Está claro que los países de la órbita europea que anidan condiciones similares a Grecia esperaban el ejemplo. Es el caso de Podemos en España. Pero sobre todo de los pueblos. Porque los ciudadanos están hartos de la austeridad, de condiciones cada vez más infrahumanas de vida. No solo de Europa sino del mundo.

 

La Troika solo quería que Grecia firmara los compromisos de seguir pagando sus deudas. Alemania, el gran beneficiado. Es sabido que las presiones al dueto fueron porque no querían el Grexit. Eso mismo les habría generado una desbandada. O el inicio de la rebelión de los deudores.

 

Ah, pues también eso lo sabían Tsipras y Varoufakis. Pero cedieron. Se vieron cortos al dejarse engatusar por los negociadores de los acreedores y de la (desUE), así fuera bajo el dominio del Bundesbank alemán. Porque Tsipras sabía que la salida del euro era una carta fuerte, muy sólida para negociar. Ese era un importante factor de presión.

 

Y no solo eso. Tsipras también sabía que podía contar con el aval —¿o no exploró lo suficiente?—, de otros países por si se salía del euro. Es el caso de Rusia o China. También que Syriza tenía el apoyo de muchas otras fuerzas de izquierda. Y que los ojos estaban puestos en ellos porque el curso de los acontecimientos marcaría un paradigma o plataforma para la negociación de los demás países de la órbita con la Troika.

 

Pero nada. Tsipras cedió a todo. Se impuso el endurecimiento de las medidas de austeridad. Hacia el relanzamiento del empobrecimiento de la población. Nada se hizo contra la serie de restricciones, a cambio del cumplimiento de los pagos (las deudas son impagables, y no solo eso, en muchos casos se han liquidado varias veces), o los compromisos. Nada del Grexit. Nada de opciones para otros países en condiciones similares. Nada como ejemplo para fuerzas que quieren construir una alternativa como Podemos. El desencanto. Y Varoufakis huyó para no cargar con el peso de lo suscrito. Mas era carta fuerte. Hoy se anda justificando de todo y en todos los foros. Pero sabe que falló. Es la verdad. Aceptó la sumisión.

 

No pudo con lo menos, no podrá con lo más. ¿Por qué? Varoufakis abandonó el barco sin justificación; es decir, que dejó solo a Tsipras en el cierre de la negociación con la Troika, siendo que él y no el presidente era quien podía ponerse de tú a tú frente a ellos por su conocimiento y manejo del sistema financiero. El propio Varoufakis habría dicho que se ganó a pulso el odio de la Troika y que no pocos del FMI le daban la razón. Aún y cuando mediante el referendo de julio el 61% de los votantes le dio el “no” a Syriza. Entonces sí era espaldarazo, para rechazar la humillación de la Troika.

 

Pero nada. Y ahora, tras la elección del domingo 20, Tsipras volvió a ganar. Más de entrada está perdido. Porque con el programa de ajuste en marcha, y además votado por su poder legislativo, no hay alternativas de corto y mediano plazo.

 

Es más. Tras el proceso electoral absolutamente desordenado en que se enroló a los griegos —el descontrol por el apresuramiento impidió conocer bien a bien por quién y qué votar—, más le dio “justificación” a Tsipras pero perdió legitimidad. Tendrá más presión con menos aceptación para que dé resultados. Y eso será más que desgastante. Resultará en desencanto, del presidente y del partido.

 

Eso es lo que ganará en el mediano y largo plazo Syriza. O sea, un proyecto que pintaba bien y pronto acabará como tantos otros, sean de izquierda o moderados en Europa, u otros países que se ufanan “democráticos”. El espectro ideológico de la izquierda, así se haga llamar “radical”, está en penumbras. El neoliberalismo, la globalización y sus secuelas propagandísticas han desarticulado las propuestas de los trabajadores, dejando intacto el génesis de la lucha de clases.

 

¿De qué sirve ahora que Varoufakis propague un proyecto amplio para el rescate de la eurozona, con Paul Krugman y Joseph Stiglitz [ver también “Una modesta proposición para resolver la crisis de la eurozona”, en http://bit.ly/1BK6YsO, propuesta con Stuart Holland y James Galbraith de 2013], si no hizo lo propio en su pequeño —del 2% del PIB europeo— pero gran país —cuna de la civilización—? Pamplinas. La historia se lo recordará.

 

Como el propio Varoufakis dice: “La gran ganadora es la Troika misma”, en: http://bit.ly/1Lt5lsF, en referencia al actual proceso. Perdió Europa. Perdieron los pueblos. Perdieron los griegos. Perdió Syriza. Perdió Tsipras. Pero también Varoufakis. No importa que cambie de amigous. ¿Quién y qué ganó?

 

Correo: sgonzalez@reportemexico.com.mx. Twitter: @sal_briceno.

https://www.alainet.org/es/articulo/172555

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