La Carta del Papa Francisco y los ecologistas

22/07/2015
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A mediados de junio pasado salió a luz una publicación, bastante rica en exposición gramatical, que refleja la inquietud del Papa Francisco sobre los problemas de la Tierra. Se trata de la Encíclica “Alabado Seas”, que expone lo que gran parte de la humanidad ya conoce, aunque llega ya tarde al ambiente internacional. Tal es así porque ahora, en todos los confines del mundo, la gente no solo adopta diaria conciencia de la situación, sino se halla en franca protesta, y tenaz lucha, contra las fuerzas económico-políticas que oprimen al planeta Tierra y a la humanidad. Y no se trata de protestas espontáneas amorfas o manifestaciones callejeras de descontento, sino de una lid directa por el cambio de sistema, cuyo enemigo número uno  –un pulpo con sus tentáculos–  está identificado con los nombres que le corresponde: el capitalismo, las corporaciones económicas, la prensa oficial, la globalización económica, las instituciones internacionales servidoras, etc.

 

Para llegar a lo que hoy son, los ecologistas del orbe se han forjado previamente en el sacrificio de la lucha. Han producido sus mártires y héroes, primero en acciones de individuos (estallando laboratorios de vivisección de los animales, atándose a los árboles para impedir su tala, combatiendo la caza de ballenas y otras especies en el mar del norte, etc, etc)  y luego con organizaciones sociales. El sacrificio y sangre de los primeros, porque muchos acabaron y las cárceles y otros asesinados (como Petra Kelly en Alemania, Ken Saro-Wiwa en Nigeria, Chico Mendes en Brasil, Judi Barri en EE.UU., Fernando Pereira en Nueva Zelanda), despertó el ejemplo, la inquietud  y la admiración, produciendo el fértil desarrolló el pensamiento ecologista. Así se gestó una vasta gama de inquietos intelectuales que llenaron las universidades, instituciones internacionales,  juntas vecinales locales y organizaciones nacionales diversas, estableciendo amplias formas para la difusión de sus ideas, sin necesidad de acudir a la prensa servidora del sistema.

 

Las ideas ecologistas son ahora vigorosas, polémicas, y carecen de miedo a las  fuerzas represoras que sirven a la negatividad. Están sistematizadas y se han  diseminado por todas partes, como así debía ser, operando un cambio cualitativo y enriqueciendo todo su material elaborado. Su vigor ideológico converge ahora en la unión de los conceptos ecología y socialismo que son, ya inseparables.

 

En este estado actual de cosas aparece la encíclica papal. Merece análisis cuidadoso si aporta o no al pensamiento progresista del ecologismo. [La acepción: “ambientalismo”, que usa la prensa, no es la adecuada; le corresponde al “capitalismo verde”]

 

Del concepto clásico a la visión actual imperante. No es cosa nueva destacar que el cristianismo siempre ha sostenido que el Reino de Dios se halla lejos de la Tierra. El Evangelio de San Juan lo dice expresamente: “…mi reino no es de este mundo” (Jn 18,36)

 

Todos los principios religiosos cristianos, emergentes de la Biblia  –como su manantial de conocimiento e inspiración–  apuntan a fines indudablemente extraterrenos (al igual que todas las demás religiones) Sin embargo se hace notorio que la Creación también apunta al hombre como lo más elevado de todos los seres que pueblan la tierra. Por ello Dios  –reconociendo, aún, que el humano tiene tendencia a practicar el mal,  acusando insuficiencias morales–  le ha entregado a éste el planeta para que lo trabaje y disfrute

 

Las particularidades expuestas quedan reflejadas, por sus propias fuentes, en las transcripciones que siguen:

 

  • "Procread y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla  y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra" (Gen 1, 28) Por mandato divino, el hombre es dueño de todo lo que le rodea.

 

  • "…maldita sea la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida" (Gen 3,17) Se predice que el orbe terrestre, deba ser una tragedia después del pecado original.

 

  • "que os teman y de vosotros se espanten todas las fieras y todas las aves del cielo; todo cuanto sobre la tierra se arrastre y todos los peces del mar los pongo en vuestro poder" (Gen 9, 2)

 

  • “Gracias Dios de los cielos porque todo lo pusiste bajo mis pies, apenas inferior a los ángeles me hiciste”.(Salmo 8)

 

  • “… porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud;” (Gen 8, 21)

 

  • “… en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” (Sal 51, 5)

 

Siendo el mundo una inmensa geografía ambiental para el pecado, justifica su existencia porque se ha creado para beneficio material del hombre y, a su vez, éste justifique con hechos su salvación para el más allá, que le espera a su muerte.

 

Tal es la típica concepción antropocéntrica. El hombre es el dueño de la Tierra y todo gira a su alrededor. Puede usarla sin limitaciones –y aún abusarla– sin cometer pecado.

 

Hubo de transcurrir miles de años de la denominada civilización, para darse cuenta que la anterior concepción contrastaba con la lógica de la naturaleza y se hallaba de cabeza, reclamando ser invertida. La práctica permanente del hombre, en todos los tiempos, permitió que el planeta sea escenario de un cúmulo infinito de explotaciones. Se establecieron la propiedad privada, la esclavitud y otras formas de dominio; se teorizó sobre la economía, apareció la banca y se prosiguió con la apropiación, no sólo de la naturaleza sino de sus propios semejantes humanos como dóciles trabajadores y ahora además como dóciles consumidores. Todo el género humano se halla reducido al señorío dominante, que en estos tiempos ha pasado a manos de monstruos gigantes, denominados: corporaciones económicas. Hoy, en ese mundo sometido, apenas un uno por ciento de la población, disfruta de los beneficios de la producción global. El resto exhibe una gradación que acaba en la absoluta miseria y sus desgracias. 

 

El sojuzgamiento del planeta Tierra por el hombre, a través de los siglos, produjo horrorosas guerras que destruyeron el relieve terrestre, hizo de los mares un inmenso basural, envenenó lagos, ríos y manantiales al extremo que el agua potable acelera su escasez. Envenenó también el aire con sus poluciones, arruinando el clima y destruyendo la seguridad cósmica terrestre. Se devoró la madera de los bosques, asesinó a los más bellos animales para vestir a sus mujeres con pieles, extinguiendo también por placer (la caza) y negocios a la gran masa de la fauna mundial) Aumentó los desiertos del  mundo y ahora, con la química y la biología, pretende alterar las bases específicas de la  naturaleza.

 

Si ese es el resultado del pecado, ya podemos apreciar cuán pecadora e inhumana contra Tierra, humanos y animales, es la estructura actual capitalista, que se niega a dar un paso atrás.

 

Como de la crisis nace el esclarecimiento y la adaptación del pensamiento a nuevas realidades lógicas y éticas, los siglos han devenido a un razonamiento diferente, ya no antropocéntrico, sino ahora geocéntrico: El hombre es parte de la Tierra y no su dueño, ni su amo. Debe, por aquello, someterse a las leyes naturales y no desviarse de sus normas racionales implícitas, para evitar su propia destrucción. Por tanto, y dado el peligro de la crisis natural, que se produce ya en infinitos frentes, procede, junto a la desidiotización del ser humano, el salto cualitativo de su propia y previa liberación contra el sistema opresor.

 

La encíclica del Papa Francisco. En estas condiciones se produce la Encíclica “Alabado seas, Mi Señor”. No obstante su tardía aparición en el escenario mundial actual, significa un aporte a la causa ecologista, que merece ser examinado. Bastarán diez puntos fundamentales para formar criterio.

 

  1. La encíclica  –apoyada en otro texto bíblico–  gira hacia el geocentrismo al sostener que los humanos somos tierra. “Olvidamos que nosotros mismos so­mos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.”

 

  1. También  se ajusta a la lexicología vigente ecologista, al emplear el término “casa común”, para referirse al planeta. Valga destacar que esta expresión ya fue empleada por primera vez en la extinta Unión Soviética, allá por 1985.

 

  1. Afirma las cosas por su lado objetivo, sin necesidad de adornar frases ni conceptos para expresar sus verdades. “La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería.”

 

  1. Se ha dado cuenta que la llamada “civilización” está sepultando al medioambiente. “No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza.”

 

  1. Se apercibe que las fuerzas naturales se van extinguiendo lentamente. “… las poblaciones de animales ya no pueden migrar ni desplazarse libremente, de modo que algunas especies entran en riesgo de extinción.”

 

  1. Tiene conciencia de que hay países que se aprovechan de otros y que la economía de saquear la naturaleza y oprimir al ser humano, genera la pobreza. “Conocemos bien la imposibilidad de sostener el actual nivel de consumo de los paí­ses más desarrollados y de los sectores más ricos de las sociedades, donde el hábito de gastar y ti­rar alcanza niveles inauditos. Ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del pla­neta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza.”

 

  1. Recalca que primero se hallan el ambiente y los recursos naturales, antes que los juegos de negocios. “Es loable la tarea de organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil que sensi­bilizan a las poblaciones y cooperan críticamente, también utilizando legítimos mecanismos de pre­sión, para que cada gobierno cumpla con su pro­pio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales.”

 

  1. Censura que la sociedad establezca privilegios de disfrute de la naturaleza, solo para los pudientes. “En algunos lugares, rurales y urbanos, la pri­vatización de los espacios ha hecho que el acceso de los ciudadanos a zonas de particular belleza se vuelva difícil. En otros, se crean urbanizaciones « ecológicas » sólo al servicio de unos pocos, don­de se procura evitar que otros entren a molestar una tranquilidad artificial. Suele encontrarse una ciudad bella y llena de espacios verdes bien cui­dados en algunas áreas « seguras », pero no tanto en zonas menos visibles, donde viven los descar­tables de la sociedad.”

 

  1. Reconoce que es paralelo el deterioro del ser humano como el de la naturaleza. “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar ade­cuadamente la degradación ambiental si no pres­tamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social.”

 

  1. Admite que existe una deuda ecológica de los países ricos hacia los países pobres y que estos últimos padecen aún más las consecuencias. “Porque hay una verdadera « deuda ecológica», particular­mente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el ámbito ecológico, así como con el uso despro­porcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países. Las ex­portaciones de algunas materias primas para sa­tisfacer los mercados en el Norte industrializado han producido daños locales, como la contami­nación con mercurio en la minería del oro o con dióxido de azufre en la del cobre.
  2.  

Generalmente, al cesar sus activi­dades y al retirarse, dejan grandes pasivos huma­nos y ambientales, como la desocupación, pue­blos sin vida, agotamiento de algunas reservas naturales, deforestación, empobrecimiento de la agricultura y ganadería local, cráteres, cerros tri­turados, ríos contaminados y algunas pocas obras sociales que ya no se pueden sostener.”

 

La encíclica toca casi toda la temática de los problemas conocidos; desde el calentamiento de la Tierra hasta los agro-tóxicos. Es justo reconocer y concluir que, aunque todo aquello no sea novedad para los ecologistas contemporáneos, que contiene cosas útiles, que bien vale destacar:

 

  • Guarda mucha amenidad y claridad en su redacción, donde no aparece la pesadez. Abarca un conglomerado considerable de temas y problemas y facilita el entendimiento.
  • Invita a seguir leyendo; entretiene, sin lugar a dudas. En cada parágrafo incita a la reflexión, análisis y meditación profunda. [Algún entusiasta ha llegado a la conclusión de que se trata de un verdadero manifiesto terrestre, situación harto optimista porque todo manifiesto debe liderizar algún tipo de lucha para el cambio del sistema]
  • Es positiva porque representa la voz de un conglomerado mundial poderoso e influyente: La Iglesia Católica (según se la ve: en franco proceso de renovación) que puede hacer retumbar su clamor, dada su importancia mundial, si su feligresía entra en acción.
  • Revela los profundos cambios que anda experimentando la Iglesia Católica, hoy en franco lado de los pobres que sufren, quedando atrás su pasado en favor del statu quo de convivencia con el sistema dominante.
  • Siendo el Vaticano un polo político por tratarse de un Estado, y aunque su fuerza bélica sea virtualmente nula, su poderío moral no dejará de hacerse oír en el contexto internacional. Aquél poder moral podría ser significativo.

 

En las actuales condiciones políticas en que se debate el mundo contemporáneo no se puede negar el impacto que ha causado y va a causar semejante pronunciamiento. Despertará a los que aún no han despertado y radicalizará a los timoratos en este mundo de fantasmas que ha creado el capitalismo para imponer su sínodo mundial. Claro está que las sugerencias o invocaciones que hace a la conciencia de las personas y a los fieles de la Iglesia, son solo de orden moral, al exhortar solo austeridad  y limitaciones.

 

Las primeras reacciones. Publicada la encíclica papel, no interesa tanto el sin número de comentarios positivos que ha producido aquella (algunos equilibrados, otros adulones) como, sí, conocer el pensamiento contrario.  Naturalmente esto habría de provenir de los círculos ultraconservadores, interesados en mantener el orden terrestre actual (con su fuerza económica que niega el cambio climático y su reacción negativa para suprimir el uso de los combustibles fósiles)

 

Por lo menos en los EE.UU. la reacción de incomodidad, contrariedad y aún indignación se hizo sentir, casi de inmediato, en todo el lado conservador y tradicionalista.

 

BBC Mundo, informó que el llamado del Papa para proteger al planeta de la degradación ambiental, produjo impactos considerables. No de otra forma puede explicarse las inesperadas reacciones en respuesta.

 

El pre-candidato de extrema derecha a la Presidencia de la República, Jeb Busch, hermano del ex mandatario George W. Busch, e hijo del otro mandatario con el mismo nombre,  católico por añadidura o por conveniencia electoral (ya que el Estado de Florida es ampliamente católico) trató de equilibrar sus palabras y conciliar su posición sin  ofender al pontífice:

 

"Espero que el cura de mi parroquia no me castigue por decir esto, pero no tomo mis políticas económicas de mis obispos, cardenales o de mi Papa".

 

Sostuvo que no cree que la religión deba mezclarse con cuestiones "que tengan un efecto en el ámbito político". De esta forma ajustó su contrariedad y oportunismo a sus intereses electorales. No podía dar franca respuesta al pronunciamiento papal pese a tener la misma posición de políticos, empresarios, medios y círculos conservadores, a la espera de mayor dureza. Para estos últimos el Papa se mete en lo que no le compete y no ven con buenos ojos que se toquen los temas del cambio climático, contaminación, pérdida de la biodiversidad, mala gestión de los recursos, y la desigualdad entre las regiones ricas y pobres del planeta. Estiman estos que el Papa es:

 

"demasiado liberal" o incluso de tendencias "comunistas", por su posición aperturista en cuestiones sociales y por sus críticas al "capitalismo salvaje" y a la "dictadura de la economía".

 

La transcripción anterior, de la fuente indicada, muestra cuán fuerte e intransigente es el pensamiento reaccionario en los EE.UU. Continuemos con la misma fuente.

 

Rick Santorum, otro pre-candidato republicano a las presidenciales de 2016 y católico devoto, dijo en una entrevista de radio que "la iglesia se ha equivocado en cuestiones científicas varias veces" y que debería "dejar la ciencia a los científicos" y centrarse en cuestiones de "teología y moral".

 

En el pasado Santorum, que es padre de familia numerosa, llegó a asegurar que "a veces es difícil escuchar" al papa Francisco por algunas de sus declaraciones, como en las que dijo que "ser un buen católico no implica tener hijos como conejos".

 

El político republicano Jim Inhofe, curiosamente Presidente del Comité Medioambiental del Senado, para quien una bola de nieve prueba que el cambio climático es "un fraude", reclamó al Papa "que se preocupe de sus propios asuntos".

 

El periodista satírico Greg Gutfeld del canal Fox News sostiene que las posiciones del Papa lo hacen peligroso porque busca el respeto de sus adversarios, insinuando que el catolicismo es incompatible con los movimientos ambientalistas. Lo calificó como el hombre más peligroso del planeta.

 

"No quiere ser un Papa abuelo. Quiere ser un Papa moderno. Le faltan unas rastas [éste término es altamente ofensivo] y un perro con un pañuelo para unirse al movimiento Ocupa Wall Street" (Recordemos que los “ocupas” fueron un organismo revolucionario que hizo sentir su fuerza en las calles de Nueva York)

 

Otro asesor republicano, Michael McKenna, auto definido como "conservador católico", sostuvo que el Papa está "vendiendo una línea de socialismo de estilo latinoamericano" y que "no está en sintonía con la iglesia católica de EE.UU."

 

Rush Limbaugh ha llegado a tachar de "marxista" al Papa por sus ideas sobre el capitalismo.

 

Sin embargo de aquello, una encuentra del Centro de Estudios Pew destacó que un 86% de los católicos norteamericanos tiene una visión positiva del Papa y un 71% cree que el planeta está en proceso de calentamiento.

 

Algunos efectos. Es prematuro hablar de los efectos posteriores de la encíclica, aunque los primeros resultaron impactantes. Es de suponer que si el Papa mantiene su línea e insiste en aquella, habrá de ganar enemigos políticos abiertos, aunque no quedaría en silencio (para apoyarlo) la gran mayoría del Tercer Mundo. Por tanto le aguardan duras pruebas de fuego.

 

Por de pronto le espera un próximo viaje oficial a los EE.UU. y una reunión con las dos cámaras del Congreso. En diciembre del presente año se realizarán en París los debates de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Entonces podremos apreciar si su pensamiento ecológico vaya a ser, no solo escuchado, sino aceptado.

 

Finalmente queda saber los esfuerzos que vaya a hacer a nivel internacional. Mientras tanto  –y como así se ha percibido–  muestra que su pensamiento y acción cuenta con el sólido y unánime respaldo del continente latinoamericano.

 

Organización de Escritores por la Tierra.- España. (Lake Worth, Fl. USA.) gustavop2@hotmail.com) 22-VII-2015.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/171267
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