• Español
  • English
  • Français
  • Deutsch
  • Português

La vida y pasión de Henry A.

Opinión
16/03/2012
-A +A

En las últimas semanas del año 1940 un señor hizo un viaje por automóvil desde Washington DC hasta Ciudad México. Su viaje estableció los cimientos y fundamentos de la revolución verde, una revolución agrícola que en décadas subsiguientes transformaría el agro y la alimentación de prácticamente todos los países del mundo. El viajero automovilista era Henry A. Wallace, ex-secretario de agricultura y entonces vicepresidente electo de su país.
 
La vida de Wallace, uno de los más importantes precursores de la agricultura industrial globalizada, es un ilustrativo ejemplo del idealismo, contradicciones y agendas conflictivas de la revolución verde. Nacido en 1888 y descendiente de agricultores inmigrantes de Irlanda, Wallace fue príncipe heredero de una poderosa dinastía de agronegocios del estado de Iowa. Su abuelo fundó en 1898 la prestigiosa publicación Wallace's Farmer. Las revistas agrícolas ejercían entonces gran poder sobre la profesión del agro mediante la formación de opinión pública y la difusión de innovaciones. De todas las revistas agrícolas, la más influyente en el país era Wallace's Farmer, de la cual Henry A. fue editor de 1924 a 1929. El padre de Henry A., Henry C. Wallace, dirigió Wallace's Farmer de 1916 a 1921 y fue secretario de agricultura, sirviendo bajo los presidentes Harding y Coolidge.
 
De niño, Henry A. hizo amistad con el gran científico afroamericano George Washington Carver, cuyas investigaciones sobre suelos, rotación de cultivos y desarrollo de productos de valor agregado de maní (cacahuate), soya y batata le ganaron estima y veneración en y fuera de Estados Unidos.
 
"George Washington Carver fue una importante influencia en la vida del joven Henry. Conoció a Carver cuando tenía seis años de edad. Carver era estudiante y colega del padre de Henry en la universidad Iowa State College. Su padre invitó al joven Carver a la casa de la familia. Carver proporcionó dirección científica al interés y amor por las plantas que tenía Wallace. Carver llevaba al joven niño en caminatas recopilando especímenes en campos... Ayudaba al niño a identificar especies de plantas y sus partes. En el invernadero le enseñó al joven Henry acerca de la crianza de plantas. Experimentaron con plantas enfermas y crianza de cultivos." (1)
 
La semilla híbrida y la transformación del agro
 
Mientras estudiaba en Iowa State en la primera década del siglo XX, Henry A. se fascinó con una nueva ciencia llamada genética, y para encontrarle uso práctico en la agricultura aprendió por su cuenta la ciencia de la estadística. A principios de la década de 1920 fue uno de los primeros empresarios del sector privado en ver el potencial de las semillas híbridas de maíz. El maíz híbrido fue un formidable logro científico realizado por el sector público, el cual movilizó enormes recursos financieros, humanos y científicos para ese fin. De hecho, el desarrollo del maíz híbrido ha sido descrito como el "Proyecto Manhattan" de la agricultura debido a su masiva envergadura.
 
Wallace desarrolló su propia variedad de maíz híbrido, llamada "Copper Cross" (Cruce de Cobre) y en 1926 fundó la compañía semillera Hi-Bred Corn, especializada en maíz híbrido. Esta compañía, que en 1936 se cambiaría el nombre a Pioneer Hi-Bred, se convirtió con el pasar de las décadas en la vanguardia mundial de la comercialización de la semilla híbrida y líder indiscutible en la crianza y genética del maíz. En 1964 comenzó a establecer operaciones ultramarinas y para 1971 tenía presencia en Centro y Suramérica y Europa. En 1999 la gigantesca transnacional química Dupont compró a Pioneer por $7,700 millones mediante una oferta pública inicial de acciones que fue en ese momento la más grande de la historia. El engendro resultante, Dupont-Pioneer, fue la compañía de semillas más grande del mundo hasta que en 2005 la Monsanto la superó al comprar el imperio semillero Grupo Seminis de México. Dupont y Monsanto figuran entre media docena de compañías que controlan el negocio mundial de la semilla, transgénica al igual que convencional.
 
Wallace promovió la semilla híbrida como si fuera un evangelio, y su gestión transformó la siembra de maíz en Estados Unidos. Las tierras agrícolas maiceras de Iowa sembradas con semilla híbrida aumentaron de 1% en 1933 a casi 100% en 1943. Ya en 1965 sobre 95% del maíz sembrado en el país venía de semilla híbrida, resultando en un gran beneficio para la empresa Pioneer.
 
Los partidarios de la agricultura industrial señalan a la semilla híbrida de maíz como un logro indiscutiblemente bueno. Los rendimientos ciertamente aumentaron, entre 1950 y 1980 las exportaciones de maíz de Estados Unidos se multiplicaron por veinte. Hoy día, Estados Unidos produce alrededor de 44% del maíz del mundo—más que China, la Unión Europea, Brasil, Argentina y México juntos. Pero, ¿Es el progreso científico un proceso lineal con desenlaces inevitables? ¿O la saga de la semilla de maíz pudo haber tomado una ruta distinta que no llevara a las variedades híbridas? Jack Kloppenburg, profesor de sociología rural de la Universidad de Wisconsin, y Richard Lewontin, genetista de la Universidad de Harvard, le apuestan a lo segundo, y argumentan que si se le hubiera dado apoyo similar al mejoramiento de variedades de polinización abierta, éstas hubieran dado resultados no menos positivos.
 
Según Lewontin, "Desde la década de 1930 se ha puesto un inmenso esfuerzo en conseguir mejores y mejores híbridos. (Pero) prácticamente nadie ha tratado de mejorar las variedades de polinización abierta, aunque la evidencia científica demuestra que si el mismo esfuerzo se le hubiera aplicado a tales variedades, serían ya tan buenas o mejores que los híbridos." (2)
 
 
 
"¿Importa realmente cuál método uno escoge si al final uno obtiene los mismos rendimientos?", pregunta Kloppenburg en su valioso libro First the Seed, The Political Economy of Plant Biotechnology (edición revisada de 2004). "Ciertamente cualquier economista se interesaría en la eficiencia relativa de los procedimientos y los costos de oportunidad de seleccionar una estrategia de crianza sobre otra... El uso de la hibridación desató cambios radicales en la economía política de la crianza de plantas y la producción de semilla. Hay una diferencia crucial entre las variedades de maíz de polinización abierta y las híbridas: la semilla (híbrida), cuando se guarda y replanta presenta una considerable baja en rendimientos." (3)
 
La semilla híbrida de maíz tiene excelentes rendimientos, pero si se usan granos de la cosecha para sembrar, las plantas resultantes tendrán rendimientos pobres. Por lo tanto, el agricultor eventualmente acaba teniendo que ir al mercado a comprar semilla todos los años. Esto no ocurre con variedades de polinización abierta, por lo cual esas sí se pueden usar de un año a otro. En las palabras de Lewontin y el agrónomo y economista francés Jean-Pierre Berlan, "Los híbridos abrieron enormes oportunidades de lucro para las empresas privadas y por esta razón todos los esfuerzos fueron canalizados hacia esa técnica" (Citado en Kloppenburg, p. 94).
 
"Henry A. Wallace desempeñó un rol prominente en la selección del camino híbrido como la principal avenida del mejoramiento del maíz", dice Kloppenburg. "El maíz híbrido hubiera sido desarrollado sin Wallace, aunque ciertamente hubiera sido algún tiempo después. Pero él estuvo en el lugar correcto en el tiempo correcto, él fue una personificación de intereses liberales de negocios que iniciaron la tendencia histórica hacia la comodificación y racionalización de la agricultura." (4)
 
Uno de los atributos celebrados del maíz híbrido es la facilidad con que se puede cosechar por máquina. Tan homogéneas son las plantas producto de la hibridación que una cosechadora mecánica puede pasar sobre ellas sin mayores problemas, algo que no es así con las variedades de polinización abierta. La mecanización hizo del agro una actividad que utiliza vehículos de motor y consume grandes cantidades de petróleo, para el gran beneficio de fabricantes de maquinaria como John Deere y petroleras como Exxon. Además, la mecanización abrió el camino a una agricultura sin agricultores debido a los empleos que elimina. La agricultura dejó de ser un creador de empleos, y hoy día solamente entre 1 y 2% de los estadounidenses se dedican a la agricultura. Se dice que hoy día Estados Unidos tiene más convictos que agricultores.
 
La hibridación combinada con la mecanización exacerbaron la tendencia al monocultivo, con problemas resultantes, incluyendo la erosión de suelos, erosión de biodiversidad, y plagas. Con el avance de los híbridos, un sinnúmero de variedades tradicionales de maíz fueron desapareciendo. Para 1969 sólo siete variedades híbridas cubrían 71% de todas las tierras del país sembradas de maíz. Esta uniformidad genética creaba una situación ideal para las plagas, el desastre estaba a la vuelta de la esquina. En 1970 la plaga sureña de la hoja de maíz (southern corn leaf blight) destruyó 15% de la cosecha nacional, generando pérdidas estimadas en $2 mil millones y elevando los precios en un 20%. La Academia Nacional de las Ciencias determinó que este desastre se debió a la escasa diversidad genética del maíz. Según su informe "Genetic Vulnerability of Major Crops", publicado en 1972, la cosecha estadounidense fue víctima de la epidemia debido a la tecnología que rediseñó las plantas de maíz hasta el punto en que "en cierto sentido se habían hecho tan parecidas como gemelos idénticos. Lo que hacía a una planta susceptible las hacía susceptibles a todas" (5). En 1976 el Departamento de Agricultura de la nación llegó a la misma conclusión en un informe sobre la plaga.
 
Wallace no vivió para ver la plaga de 1970 ni los numerosos entuertos de la agricultura que él promovió. Pero los exponentes contemporáneos de este modo de producción agricultura no tienen tal excusa, no pueden alegar ignorancia.
 
El Wallace político, progresista agrario
 
Además de agroempresario y erudito estudioso de la genética vegetal, Wallace también tenía profundas convicciones políticas. En la década de 1930 él era uno de los progresistas más destacados del país, lo cual fue una de las principales razones que motivaron al presidente electo Franklin D. Roosevelt a reclutarlo como secretario de agricultura en 1932. ¿Qué significa ser "progresista" en la escena política estadounidense, especialmente en el contexto de la gran depresión y otros importantes eventos de la época? "Progresista" no significaba lo mismo en Estados Unidos que en América Latina u otras partes del mundo.
 
El movimiento progresista de Estados Unidos, que comenzó en el siglo XIX y llegó a su cénit a mediados del XX, encontró mucha causa común con los comunistas y socialistas de su tiempo. Pero a diferencia de los comunistas y socialistas, los progresistas no venían de la clase trabajadora o de las filas del sindicalismo sino de la clase media. La clase media estadounidense surge de la industrialización del país entre los siglos XIX y XX. La introducción de nuevas tecnologías como el ferrocarril, el automóvil y la metalurgia avanzada, y nuevas fuentes de energía como el carbón y el petróleo llevan por necesidad a la creación de todo un sector de nivel medio, un sector profesional y gerencial que eventualmente, inevitablemente, quiso hacerse de un proyecto político propio.
 
Los progresistas de la época no buscaban hacer la revolución o abolir el capitalismo, sino que postulaban que todas las clases sociales tienen un interés común en política limpia, transparencia en el servicio público, y en la erradicación de la corrupción, amiguismo e ineficiencia en el gobierno. El movimiento progresista fue posiblemente el movimiento de reforma más importante en la historia política de Estados Unidos. Muchas cosas que se dan hoy por sentadas, como las corporaciones de servicio público, agencias reguladoras, audiencias públicas en la legislatura o agencias de gobierno, y el activismo financiado por fundaciones, son legado de los progresistas. También a ellos le debemos la visión política de dividir la sociedad en grupos de interés, la cual dio origen a la organización no gubernamental, la oenegé.
 
Wallace fue mucho más que un miembro del gabinete del presidente Roosevelt. El propio John Kenneth Galbraith, uno de los dos o tres economistas más importantes del siglo XX, dijo que Wallace era el hombre número dos en la política económica de Nuevo Trato de Roosevelt (6).
 
 En las palabras del historiador Arthur Schlesinger:
 
“Wallace fue un gran secretario de agricultura. En 1933 la cuarta parte del pueblo estadounidense aún vivía en fincas, y la política agraria era un asunto de alta importancia política y económica. Para los pobres urbanos proveyó cupones de alimentos y almuerzos escolares. Instituyó programas para la planificación de uso de terrenos, conservación de suelos y control de la erosión. Y siempre promovió la investigación para combatir las enfermedades de plantas y animales, localizar cultivos resistentes a sequías y desarrollar semillas híbridas para aumentar la productividad.” (7)
 
 Citando al historiador David Woolner:
 
“Wallace fue paladín de toda una variedad de programas del Nuevo Trato, como la Administración de Ajuste Agrícola, la Administración de Electrificación Rural, el Servicio de Conservación de Suelos, la Administración de Crédito Agrícola, los programas de cupones de alimentos y almuerzo escolar, y muchos otros. En el proceso, también transformó el Departamento de Agricultura en una de las más grandes y poderosas entidades en Washington. Wallace también expandió grandemente los programas científicos del Departamento de Agricultura, haciendo del centro de investigaciones del departamento en Beltsville, Maryland la mayor y más variada estación científica agrícola del mundo.” (8)
 
(Hoy día el centro de investigación agrícola de Beltsville lleva el nombre de Henry A. Wallace.) (9)
 
Wallace en México
 
¿Y qué hacía Wallace en un automóvil camino a Ciudad México en 1940? Iba camino a la inauguración del presidente Manuel Avila Camacho. Su viaje fue de gran importancia histórica, y debe ser visto en varios contextos geopolíticos.
 
Contexto #1. Estados Unidos y México se habían ido a la guerra un siglo antes, una guerra en la que EEUU se llevó la mitad del territorio nacional mexicano. El sentir popular anti-yanqui todavía era palpabe después de un siglo, pero había la esperanza de que la visita de Wallace- la primera vez que un emisario del gobierno estadounidense asistía a una inauguración presidencial en México- fuera el comienzo de una nueva era en las relaciones entre ambos países.
 
Contexto #2. Avila Camacho era el sucesor de Lázaro Cárdenas, una de las figuras más estimadas y queridas en la historia nacional de México, y uno de los máximos líderes políticos de América Latina en el siglo XX. La clase dominante mexicana y las grandes corporaciones estadounidenses no le tenían mucho amor. Cárdenas distribuyó tierras a los pobres en una de las reformas agrarias más importantes y efectivas del siglo, causando furor y protesta por parte de los grandes terratenientes y corporaciones extranjeras. También nacionalizó el petróleo, para la molestia de la empresa estadounidense petrolera Standard Oil, controlada por la familia Rockefeller. Los grandes intereses empresariales en ambos lados de la frontera tenían la esperanza de que el nuevo presidente empujaría el péndulo ideológico en la dirección opuesta, hacia políticas amigables a los intereses de Estados Unidos y de las grandes corporaciones.
 
Contexto #3. La segunda guerra mundial ya había empezado. Aunque para entonces Estados Unidos aún no había entrado al conflicto, la administración Roosevelt veía una posibilidad real e inminente de guerra con Alemania por segunda vez en poco más de veinte años. América Latina, desde México hasta el Cono Sur, era hogar de un sinnúmero de inmigrantes alemanes, italianos, húngaros y austríacos- y sus descendientes-, de los cuales seguramente no pocos simpatizaban con las potencias del Eje. Además, Alemania tenía una presencia diplomática y vínculos comerciales sustanciales en América Latina y el Caribe. Por lo tanto, los estrategas de Washington veían la necesidad urgente de ganarse a los sectores intelectuales, las clases políticas y las elites empresariales para el bando aliado. El viaje de Wallace a México, entonces, resultó ser un puntualísimo paso en esa dirección.
 
Para coordinar sus variadas y multifacéticas operaciones anti-nazis el presidente Roosevelt creó la oficina del Coordinador de Asuntos Interamericanos (CIAA, en inglés). Esta nueva dependencia fue dirigida por el joven Nelson Rockefeller, cuyo interés en América Latina consumió gran parte de su carrera política, como se relata en el excelente libro Thy Will Be Done de Gerard Colby y Charlotte Dennett (Harper Collins, 1995). Su ambición política y militancia anticomunista lo llevó a estar involucrado en un número de operaciones encubiertas, dentro y fuera de América Latina. En la década de los 70 llegó al cénit de su carrera política como vicepresidente de Estados Unidos, puesto en el que irónicamente encabezó una comisión que investigó abusos por parte de las agencias de inteligencia del país. Las operaciones anti-nazis de la CIAA fueron el modelo para similares opertativos contra la izquierda latinoamericana luego en la guerra fría y probablemente inspiraron, al menos en parte, la Alianza para el Progreso del presidente Kennedy.
 
Contexto #4. Habiendo dedicado su vida apasionadamente a la agricultura, Wallace hizo numerosas paradas en su ruta para conocer a los agricultores mexicanos, fueran campesinos o agroempresarios, y aprender todo cuanto pudiera sobre la agricultura mexicana y sus problemas.
 
"Wallace condujo su propio (automóvil) Plymouth en México... a los mexicanos les encantó. Wallace era el primer representante de EEUU en asistir a una inauguración (presidencial) mexicana, pero aún así insistió en viajar entre la gente común. Pronto, miles esperaban en los pueblos para conocerle. Visitó fincas de subsistencia al igual que industriales, estaciones experimentales agrícolas y oficiales del gobierno. No cesaba de hacer preguntas."(10)
 
“Con su entendimiento del idioma español y su respeto al pueblo mexicano, Wallace ayudó a fortalecer la amistad entre ambas naciones, lo cual era particularmente importante ante la guerra que se aproximaba. Tras la inauguració de (Avila) Camacho, Wallace pasó un mes viajando por México con el secretario de agricultura designado, Marte Gomes.” (11)
 
A Wallace le espantó lo que percibía como el atraso de los campesinos mexicanos:
 
“El vió que le tomaba a un típico agricultor mexicano al menos 200 horas de trabajo arduo para producir cada bushel (25,4 kilogramos, o 56 libras) de maíz. Mientras que en Iowa un típico agricultor gastaba 10 horas por cada bushel de maíz. Wallace regresó convencido de que la tecnología agrícola moderna podría ayudar a México a salir de la pobreza y el hambre.”(12)
 
Desde su punto de vista, no era reforma agraria o agricultura familiar a pequeña escala lo que necesitaba el campesinado mexicano para combatir el hambre y la pobreza, sino la industrialización de la producción agrícola. Wallace no tuvo reparo en ver la supuesta superioridad del conocimiento agrícola estadounidense como la salvación del agro mexicano, como cuenta el periodista Bill Weinberg en su libro Homage to Chiapas (Verso Books, 2000). "Fue Henry A. Wallace, más que ningún otro hombre, quien abrió México al modelo de agronegocios."
 
Una vez que tomó posesión de la vicepresidencia de su país a principios de 1941, Wallace se reunió con Raymond Fosdick, presidente de la Fundación Rockefeller. "Si la Fundación Rockefeller se propusiera a ayudar al pueblo mexicano a aumentar su rendimiento por acre de maíz y frijoles", le dijo a Fosdick, "significaría más para el futuro de México que cualquier otra cosa que el gobierno o la filantropía puedan concebir" (13). Nació así el Programa Agrícola Mexicano, el cual introdujo a México las técnicas de hibridación de semillas y mecanización e industrialización de la siembra que estaban entonces transformando la ruralía estadounidense, una transformación que el propio Wallace había protagonizado.
 
Este programa fue punta de lanza de la contrarrevolución agrícola de Avila Camacho en contra de la reforma agraria de Cárdenas. Se impuso la creencia de que el hambre y la pobreza rural podían erradicarse de manera apolítica mediante la aplicación de la técnica científica estadounidense, sin tener que recurrir a planteamientos sociales y políticos críticos, y especialmente sin distribuir tierras a los pobres, como era la política agraria de Cárdenas.
 
"La política agraria cardenista no tuvo seguimiento. El ejido dejó de ser prioritario y se benefició a los terratenientes que recibieron tierras con sistemas de riego, canales, presas, etc.; se amplió la extensión de tierras en propiedad con carácter de inafectable, por tanto, el reparto agrario quedó suspendido... el campesino fue despojado de sus tierras." (14)
 
En la década de 1960 el Programa Agrícola Mexicano fue transformado en el Centro para la Investigación y Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), dando así comienzo oficial a la revolución verde. El CIMMYT fue el primero de los Centros Internacionales de Investigación Agrícola. Estos Centros, ubicados por todo el mundo, se basaron en el modelo de investigación y desarrollo del CIMMYT.
 
La revolución verde emanó del trabajo hecho en el CIMMYT, el cual surgió del Programa Agrícola Mexicano de la Fundación Rockefeller. Y ese programa le debe su existencia más que nada a aquel viaje por automóvil que hizo Henry Wallace hace más de 70 años. 
 
- Carmelo Ruiz Marrero es periodista, educador ambiental y autor puertorriqueño. Dirige el Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico (http://bioseguridad.blogspot.com/).
 
Notas:
1) "Henry A. Wallace - Agricultural Pioneer, Visionary and Leader" http://www.iptv.org/iowapathways/mypath.cfm?ounid=ob_000061
2-4) Jack R. Kloppenburg. First The Seed. University of Wisconsin Press, 2004.
6) David Woolner. "Second only to Roosevelt: Henry A. Wallace and the New Deal" http://newdeal.feri.org/wallace/essay.htm
7) Arthur Schlesinger J. "Who Was Henry A. Wallace? The Story of a Perplexing and Indomitably Naive Public Servant" (Originalmente publicado en el periódico Los Angeles Times el 12 de marzo de 2000) http://www.cooperativeindividualism.org/schlesinger_wallace_bio.html
8) Woolner.
13) Mark Dowie. American Foundations: An Investigative History. MIT Press, 2002. p. 108.
 
Epílogo:
Vicepresidencia, candidatura presidencial y migración hacia la derecha
 
Como vicepresidente de Estados Unidos, Wallace fue la principal figura del ala progresista del Partido Demócrata, por lo que tuvo choques constantes con los congresistas conservadores de su partido. Sus posturas en torno al racismo, sexismo y los derechos de la clase trabajadora estuvieron muy adelantadas a su tiempo. Como combatiente en el frente diplomático de la guerra, Wallace viajó a la Unión Soviética, China y América Latina para consolidar la alianza contra el Eje.
 
"La gira de buena voluntad por América Latina fue vital para las metas de guerra de Estados Unidos. Con gran parte del mundo involucrado en la guerra, Latinoamérica se había convertido en una fuente indispensable de materiales. Pero el acercamiento de Wallace fue lo opuesto de la diplomacia de crucero de guerra que había sido lo tradicional. En lugar de tratar de impresionar a América Latina con el poder y prestigio estadounidense, Wallace escuchó a sus anfitriones, les hablaba en español, y se salió de su camino para encontrarse con el hombre y mujer común y corriente. Viajando con sólo dos asistentes en lugar del típico séquito grande en el que solían viajar los estadounidenses, el viaje de Wallace fue un dramático éxito. Como secuela de su visita, doce naciones latinoamericanas le declararon la guerra a Alemania. En total, veinte naciones suspendieron vínculos diplomáticos con los gobiernos del Eje." *
 
Pero los demócratas conservadores ejercieron presión y forzaron a Roosevelt a eliminarlo de la papeleta en las elecciones de 1944, y a reemplazarlo con el senador Harry Truman, quien sí estaba dispuesto a complacer a la derecha. La papeleta Roosevelt-Truman ganó las elecciones y Roosevelt se convirtió así en el primer presidente en ser electo por cuarta vez consecutiva. Wallace fue movido al puesto de secretario de comercio, en donde estuvo en muy buena posición para ayudar a darle forma al mundo de la posguerra.
 
El 12 de abril de 1945, a menos de 90 días de comenzado su término, Roosevelt falleció y Truman asumió la presidencia. Si sólo hubiera permanecido en la papeleta electoral, Wallace hubiera sido presidente. La prensa burguesa expresó con evidente alivio que ese margen de apenas dos meses y medio fue lo más cerca que estuvo Estados Unidos a una toma de poder soviético. Wallace no aguantaba a Truman, y la hostilidad era mutua. El nuevo presidente llevó el Partido Demócrata a la derecha y comenzó a desmantelar las políticas económicas progresistas del Nuevo Trato. Ademas, impulsó una política de beligerancia contra la Unión Soviética y estableció las bases de la economía de guerra permanente, lo que década y media más tarde el presidente republicano Dwight Eisenhower denunciaría y llamaría el complejo militar industrial. Truman aprobó la Ley de Seguridad Nacional, bajo la cual se formó el Departamento de Defensa, la Agencia Central de Inteligencia y el Consejo de Seguridad Nacional, estableciendo con ese acto las bases institucionales de la guerra fría.
 
Wallace rompió de manera irrevocable con la administración Truman, renunciando en septiembre de 1946. El y numerosos progresistas de todo el país se salieron del Partido Demócrata al ver que la alianza demócrata-progresista forjada por Roosevelt, que rindió resultados concretos con el Nuevo Trato, ya era cosa del pasado. En las elecciones de 1948 Wallace fue candidato presidencial del Partido Progresista, obteniendo sólo el 2,4% del voto (aunque en el estado de Nueva York recibió 8,3% del voto).
 
Un par de años después, el inicio de la guerra de Corea acabó con el movimiento progresista como una fuerza política viable en el país. Numerosos cuadros del progresismo apoyaron la guerra y se fueron a la derecha, incluyendo a Wallace. En agosto de 1950 Wallace rompió con el Partido Progresista y acabó renegando de sus posturas, cambiándolas por el anti-comunismo. En 1952 publicó un libro explicativo de su transformación ideológica con el triste título de Why I Was Wrong (Por Qué Estuve Equivocado). En las elecciones de 1956 endosó la reelección del republicano Eisenhower y en 1960 apoyó la candidatura de Richard Nixon.
 
Tras su salida del Partido Progresista, Wallace regresó a la investigación agrícola. En los últimos años de su vida fue pionero en reconocer la utilidad de las variedades silvestres de plantas en proveer material genético para el desarrollo de híbridos, y fue de las primeras voces en exhortar en pro de la preservación de especies nativas. Wallace también se adelantó a muchos genetistas estadounidenses en percibir la importancia de las condiciones ambientales en el desarrollo de animales y plantas agrícolas. Habiendo desarrollado una variedad de pollos leghorn que tenían menos peso y producían más huevos, tomó nota de lo importante de la alimentación y otros factores ambientales. Wallace aplicó estos hallazgos a la naturaleza humana y argumentó que el ambiente, y no la genética, es el factor determinante y supremo en el desarrollo humano, precediendo de esta manera el trabajo científico de Stephen Jay Gould y Richard Lewontin.
 
https://www.alainet.org/es/active/53429

Donaciones

Clasificado en