No soy de izquierda ni de derecha: ¿entonces?

16/08/2011
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Cansado de que le encasillen como izquierdista, el coronel Lucio Gutiérrez Borbúa –que ganó la segunda vuelta con votos de la izquierda ecuatoriana- no tuvo más remedio que declarar: “no soy de izquierda, tampoco de derecha” (la cita no es textual). Pero su gobierno (2003 – 2005) fue indudablemente de derecha. Y él mismo andaba muy preocupado porque, en los círculos nacionales e internacionales, le confundan con un presidente “de izquierda”; tanto como que fue a Estados Unidos y se declaró el mejor aliado del Sr. Bush (hijo). Y esa declaración fue como vacunarse contra su supuesto izquierdismo.
 
Traigo a colación este episodio porque en el Ecuador, siglo 21, (2011) ha vuelto a ponerse de moda que los políticos (en general, de ultra derecha) prefieren ahora que les ubiquen como “de centro derecha”. Y otros, rabiosamente comunistas o seudo, prefieren que les digan de “centro izquierda”. Nadie quiere identificarse como liberal; peor, como conservador (que ya no existen). Y no faltan quienes prefieren el “anonimato” político: son de izquierda, si las “circunstancias” así lo exigen; o son de derecha, en lo profundo de sus corazones. Todo depende de las circunstancias.
 
Mas, los hechos son inexorables: ubican a las personas y a los políticos, en la izquierda, en el centro o en la derecha; o en el más puro oportunismo. La frase religiosa, “por sus obras les conoceréis” como que tiene plena vigencia,  por más que traten de argumentar que siempre han sido de izquierda o revolucionarios (los de derecha no requieren esa ratificación). Si de frases hablamos, no hay que olvidar esta otra: “dime con quién andas y te diré quién eres”. O esa otra: “no se puede servir a dios y al  diablo, al mismo tiempo”.
 
Pienso que la sabiduría popular encontró –hace siglos- la definición correcta de dónde ubicar a los personajes de la política nacional e internacional. En especial, después de ver y escuchar a nuestro políticos (se entiende que todos los asambleístas son políticos o pretenden serlo) y las últimas novedades en materia de partidos o movimientos políticos, pues como que el sentido común determina que tal o cual personaje, se ha pasado al bando contrario, ideológicamente hablando. ¿O no?
 
He oído y leído, con mucha atención, a la asambleísta Betty Amores, otrora de Alianza País (el partido de gobierno). Pero ahora como candidata vicepresidencial (en la Asamblea Nacional) de la oposición política; es decir, de ese colchón de retazos de colores. Lo mismo puedo decir del señor César Rodríguez, otrora ideólogo y vocero del movimiento de gobierno. Cierto es que los dos perdieron a la hora de las votaciones; pero, como ciudadano ecuatoriano, en pleno uso de mis derechos, pienso que en todo esto debe haber un poco de coherencia, de sindéresis.
 
Me explico: si la oposición (esa fanesca política irrepetible) consideró idóneo (o por lo menos moral), candidatizar a dos elementos que hasta hace poco eran del movimiento de gobierno, ¿por qué han de criticar que el movimiento oficialista haga también lo posible por mantener una tímida mayoría legislativa? O la famosa ley del embudo ¿sigue vigente? Y hay que aceptarla, sin más.
 
Si –como ha insinuado el coronel Lucio- el hombre del maletín sigue paseándose y ofreciendo al interior de la Legislatura, ¿por qué no lo denuncia? Ese señor –si existe- está cometiendo un ilícito, penado por nuestro Código. Lo correcto es que sea denunciado  y mandado a la cárcel, junto con los asambleístas involucrados. ¿O –se me ocurre presumir- que no son sino tiros al aire y que a lo mejor, por denunciar lo presente, sale la podredumbre del pasado; y ¡ahí si! que nos fregamos todos (los que se han alineado con la partidocracia, para ser más exactos)
 
No está demás aclarar que soy (de los pocos o muchos) que  nunca he creído en esas frases líricas pronunciadas en una gran asamblea popular o en una reunión de amigos: “todos somos culpables” de tal o cual suceso o insuceso. ¿Por qué he de asumir culpas ajenas? Si hay un aumento de precios en los productos de primera necesidad, ¿por qué he de dejar de comprarlos, cuando lo correcto es que arremetan contra los especuladores? ¿Puedo hacer eso sin someterme yo mismo y mi familia a la desnutrición? ¿Qué tengo yo qué hacer con los delincuentes que, según el diario sipiano El Comercio, cometen fechorías “más peores” que las de antaño? O ¿qué tengo que ver con la pobreza; peor con la miseria? En fin
 
Por lo tanto, ¿por qué he de condenar al señor Vélez, por haber votado en blanco para la reelección del señor Corcho? ¿Y por qué no he de condenar a los “patriarcas de la componenda” que lograron torcer la línea política de la señora Amores o del señor Rodríguez? ¿Cómo sé que en el un caso funcionó el hombre del maletín y en el otro no? ¿Acaso el delito es menos grave solo porque la oferta fue a futuro? ¿Por qué ha de ser criticable que a un asambleísta, que ya está hasta la coronilla de su partido político, se le ofrece unos votos para que su esposa pueda llegar a la vicealcaldía de una ciudad, a la que tiene pleno derecho, desde que le destituyeron al titular?
 
La Carta de las Naciones Unidas (una especie de constitución mundial) dispone y manda que todo ser humano tiene derecho a un juicio justo, antes de ser reconocido como un reo cualquiera. Y para que me sentencien, inclusive en casos “flagrantes” como dicen los abogados, tengo derecho a que prueben mi culpabilidad. No como ocurrió en el Pinochetismo (Chile) y como la Iglesia Católica sentenció a muchos acusados de herejías y supercherías; que el inculpado tenía que demostrar su inocencia. Si no lo hacía, iba a parar en la hoguera bárbara o era asesinado sin más. ¿Eso está ocurriendo en el Ecuador?
 
Al contrario; y al parecer (según los medios sipianos) hay mucho delincuente que sale libre, a pesar de que la Policía hace todo lo posible porque les encierren. Pero, esos jueces irredentos, que los ponen en libertad en menos de lo que canta un gallo, para que sigan delinquiendo. Y yo no entiendo  cómo se oponen rabiosamente a que por lo menos alguien ponga coto a semejante costumbre y meta la mano en la justicia. ¿Hicieron los medios sipianos y lo que queda de la partidocracia, igual escándalo cuando el señor Febres Cordero (que de Dios goce) mandó tanques para que no se posesione una Corte Suprema, que había sido nombrada por el Congreso, pero con una mayoría en contra?
 
Vuelvo a lo mío: así como no acepto que un delincuente (que ha sido o que es) sea juzgado y sentenciado por los medios sipianos, sino por los jueces competentes; no me considero parte o agraviado porque el doctor Velasco Ibarra hablaba contra la “prensa venal y corrompida” (y conste que nunca fui velasquista) y que estoy muy lejos de lo que el Presidente (Rafael) Correa llama todos los sábados, la prensa corrupta y los periodistas ídem; tampoco acepto, de buenas a primeras, que el grupo tal o la dirigente cual, están a la izquierda.
 
Hago esta puntualización porque la señora Lourdes Tibán (dirigente campesina) en una corta entrevista que le hicieron desde algún programa radial (Alternativa) dijo que ella no había tenido problemas en ir a los Estados Unidos (a las Naciones Unidas) unas 7 veces; y que también entró en el Club la Unión, de Guayaquil, a donde había sido invitada (¿por?) a dictar una charla. Aseguró, además, que todo es cuestión de ser o no ser acomplejado (a) y que ella se debía (en la Asamblea Nacional) al bloque formado por pachakutecs y emepedes, al que identificó como de izquierda. ¿Será?
 
Personalmente, pienso que situaciones como las que se dan en nuestro Ecuador (igual que  en Venezuela, de Hugo Chávez; o de Bolivia, de Evo Morales) sirven además para identificar a las gentes y sus partidos políticos. En estos casos, la sentencia de “dime con quién andas y te diré quién eres” como que resulta muy lapidaria. ¿Será por puro gusto que la vieja oligarquía guayaquileña (los actuales líderes de los pelucones) invita a dictar una conferencia en nada menos que el viejo Club La Unión, a una dirigente indígena como lo es (¿o lo era?) la señora Tibán?.¿Será por pura idiosincrasia que en esa feria de retazos políticos, la vieja ultra derecha (porque a ellos y ellas se los identifica como derechistas, sin lugar a las dudas) cuenta, entre sus aliados “más files y solidarios”, a los asambleístas del MPD y de Pachakutec?
 
Aún cuando no tiene nada que ver con lo que estoy queriendo decir, no resisto la tentación de volver a contar una vieja anécdota que le  adjudicaban al Presidente Carlos Julio Arosemena Monroy. Alguna vez, el doctor Arosemena entró al Club La Unión, acompañado de dos damiselas, a todas luces de la más vieja profesión humana: la prostitución. Y dicen también que en ese exclusivo club social (al que nunca pudieron entrar los descendientes de los libaneses, a pesar de la plata que tenían) estaban reunidos, en una mesa aparte, un grupo de caballeros guayaquileños y sus respectivas damas. Los caballeros guayaquileños, que no podían ordenar que le saquen del local al Dr. Arosemena, llamaron al salonero jefe y le dieron la tarea de que saque por lo menos a las dos damiselas, ya que al Dr. Arosemena no le podían tocar. Muy ceremonioso se acercó el salonero jefe y le dijo al Dr. Arosemena: los caballeros de la otra mesa dicen que usted puede entrar en el Club La Unión, las veces que quiera; pero que no puede hacerlo con dos damas de “dudosa reputación”. A lo que el doctor Arosemena  respondió, lacónico como siempre: vaya y dígales a los caballeros y sus damas que estas dos que están aquí conmigo, no son de dudosa reputación; que son putas. Las de dudosa reputación son ellas (y señaló con el dedo a las damas de la mesa opuesta).
 
Repito, no sé por qué se me viene a la memoria esta anécdota perversa, pero muy graciosa. Y tampoco sé a ciencia cierta si fue verdad o mentira. Pero, no dejo de recordarla porque ella pinta de cuerpo entero a la vieja oligarquía guayaquileña. Tiene como su templo al Club La Unión al que los simples “paisanos” (especialmente de origen libanés) no pueden ingresar, no como simples clientes o invitados, sino como socios del club. Desde luego, y cada vez que así lo requiere la peluconería, invitan a líderes de tal o cual bancada o partido o movimiento político, ya que se considera que ser invitado por ellos es un alto honor; Pero, de ahí, a que les acepten como socios, como que hay un largo trecho, así la Junta Cívica de Guayaquil lo pida.
 
Como tengo que terminar este nuevo ensayo, pues la actual Asamblea Nacional (antiguo Congreso) a pesar de lo que ha logrado hacer (en materia de leyes y reformas) y de la tarea que le espera (la ley de comunicación, por doble mandato, la ley de aguas, el enriquecimiento privado ilícito) por lo menos ha servido para identificar plenamente a grupos o movimientos políticos que se proclamaban (o que se creía) con una tendencia claramente de izquierda. No importa que acusen al Presidente Correa y su movimiento Revolución Ciudadana, de ser los ejes del nuevo neo liberalismo y de que no hay ninguna revolución adelante. Por lo menos es incuestionable que  se ha operado, una vez más, la sentencia popular: por sus obras los conoceréis. O dime con quién andas y te diré quién eres.
 
- Alberto Maldonado es periodista ecuatoriano.  
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