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Los Nietos de Quintín Lame

Opinión
30/11/2007
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Los indígenas paeces del Cauca, en el sur de Colombia, resisten y recuperan sus territorios, cuidan la vida y buscan liberar la tierra de sus cadenas mercantiles. Entre la tradición y el cambio, una corriente juvenil y renovadora busca abrirse paso en medio de la guerra, los paramilitares y el narcotráfico.

El 16 de septiembre de 1991 cerca de 80 indígenas paeces del resguardo de Huellas acudieron a una cita convocada por los nuevos propietarios de la hacienda El Nilo, cerca de Caloto, en el norte del departamento del Cauca. "A eso de las nueve de la noche, hombres fuertemente armados se presentaron en el lugar y luego de reducir al grupo de indígenas a quienes obligaron a acostarse, les dispararon causando la muerte de 20 de ellos, en total estado de indefensión"[1]. Según la justicia colombiana, la acción fue coordinada por el comandante de Policía de Caloto y ejecutada por paramilitares y narcotraficantes.

En diciembre de ese año, el gobierno colombiano firmó con las organizaciones indígenas un acuerdo de reparación para el resguardo de Huellas en el que se comprometió a transferir 15.663 hectáreas de tierras planas, no montañosas, a las comunidades en los próximos tres años, o sea entre 1992 y 1994.

En 2005 sólo se habían entregado la mitad de esas tierras, pero una parte sustancial eran en zona de ladera y con fuerte erosión. Peor aún: las masacres de indígenas se sucedieron. En abril de 2001, en la región del Naya, los paramilitares asesinaron a más de cien personas entre indígenas, afrodescendientes y campesinos y desplazaron a más de mil pobladores. Ese mismo año hubo otra masacre de 13 personas en el municipio de Corinto, también en Cauca, y se registraron detenciones masivas en los municipios de Caldono, Toribio y Jambaló.

Los paeces habitan las remotas regiones orientales del Cauca y las estribaciones de la cordillera Central, zona de geografía quebrada y abundante vegetación. Fue una de las últimas regiones en ser ocupada por los conquistadores, por la prolongada resistencia de un pueblo que defendió su autonomía palmo a palmo. Los paeces infligieron varias derrotas a las tropas del conquistador Belalcázar y luego contribuyeron activamente al triunfo independentista, lo que les permitió gozar de una cierta autonomía frente a la joven república.

A principios del siglo XX el cacique Manuel Quintín Lame impulsó una gran rebelión indígena, la Quintiada, que se convirtió en una reacción desesperada de las comunidades paeces ante la irrupción capitalista que deforestó los bosques, introdujo la ganadería y el café e impuso el trabajo forzado. La rebelión de Quintín Lame, proclamado "gran cacique de todos los indios", proponía la recuperación de los cabildos (comunidades), de las tierras y el fin del "terraje", renta pagada por el campesino al hacendado.


Algo más que historia

La formación del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), en 1971, fue fruto de la resistencia de las comunidades paeces al hostigamiento y encarcelamiento de dirigentes campesinos y en defensa ante los asesinatos estimulados por los ganaderos. Una asamblea de más de dos mil indígenas de una decena de comunidades, elaboró un programa en el que destaca la recuperación de tierras, el fortalecimiento de los cabildos, la difusión de las "leyes indígenas" y el reclamo de educación en lengua paez.

El CRIC funciona de forma asamblearia y tiene un comité ejecutivo en el que están representados los cabildos y comunidades. Promovió la creación de doscientas empresas comunitarias en las tierras recuperadas, dirigidas por los propios cabildos. Organizaron unas cincuenta tiendas comunales y cooperativas de compra-venta para evitar la dependencia de los intermediarios y dar salida a la producción de sus empresas. Crearon decenas de escuelas bilingües que juegan un importante papel en la recuperación y fortalecimiento de su identidad, así como radios comunitarias en lengua paez, abiertas a todos los comuneros.

Pero la creación del CRIC entronca también con la larga resistencia del pueblo paez que comenzó con la llegada de los españoles. En 1535 la cacica Gaitana encabezó a decenas de miles de indígenas de varias etnias decididos a enfrentar al invasor. En 1771 los caciques Juan Tama de la Estrella y Manuel de Quilo y Ciclos consiguieron que el rey Felipe II otorgara títulos a los primeros resguardos, que luego serán reconocidos por el libertador Simón Bolívar. Pero la república independiente desconoció los derechos de los paeces que fueron despojados de las mejores tierras, donde se constituyeron grandes haciendas, forzándolos a huir a las cordilleras.

Manuel Quintín Lame (1883-1967) llamó a los indígenas a no pagar "terraje", ya que "los pueblos indígenas estábamos en esos territorios antes que el blanco, lo que hemos hecho es darle posada en nuestra casa y en vez de nosotros cobrarle arriendo, él nos lo cobra"[2] Por ese motivo fue perseguido por liberales y conservadores siendo encarcelado en 108 ocasiones. Pero la peor situación la vivieron a partir de 1948, cuando se desató la violencia a raíz del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán y los paeces debieron refugiarse en los territorios menos fértiles.

El 82% de las tierras que habitan son forestales y el 18% son páramos; viven entre los 1.200 y los 3.800 metros sobre el nivel del mar. Sólo el 12% del territorio de los resguardos es apto para la agricultura y la ganadería. El 56% de los niños padecen hambre y desnutrición y de las 25.000 familias que viven en sus territorios más de 6.000 no tienen tierras para producir sus alimentos[3]. Entre 1970 y 1996 la intensa movilización de las comunidades permitió la recuperación de unas 40.000 hectáreas de manos de los hacendados[4]. Los ganaderos descargaron una fuerte represión sobre los comuneros apoyados en las fuerzas armadas y en grupos paramilitares que a menudo tienen estrecha relación con los narcotraficantes[5].

Para protegerse de las constantes incursiones de las fuerzas armadas y de los paramiltares, pero también de la guerrilla, los paeces a instancias del CRIC reactivaron en 1981 los grupos de autodefensa dirigidos desde las bases. Crearon también un núcleo coordinador que fue el germen del Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL), que comenzó a operar en 1984. Se trataba de un grupo armado defensivo sometido a la autoridad de las comunidades.

La "guerrilla indígena" fue muy diferente a otras guerrillas colombianas y latinoamericanas y sólo tiene semejanzas con el EZLN de Chiapas. Fue definida como un "movimiento guerrillero típicamente societal", porque la decisión de las comunidades de crear un grupo de autodefensa armada fue, según el Informe de la Comisión de Superación de la Violencia, "un proceso casi natural"[6]. Como se trataba de un grupo que obedecía a las comunidades, nunca se separó de su dinámica. "La presión de las comunidades será una de las razones que los lleve a negociar" la desmovilización con el Estado[7].

En las consultas del MAQL con las comunidades surgieron una serie de exigencias para llegar a la desmovilización: presencia de delegados indígenas en la Asamblea Constituyente, planes de desarrollo regional que beneficiaran a las comunidades (tierra, vivienda, salud), desmilitarización y respeto a la autonomía. Finalmente se firmaron los acuerdos de paz y el MAQL dejó las armas el 31 de mayo de 1991 y sus miembros, casi todos muy jóvenes, se reincorporaron a las comunidades. Pese a ello, apenas seis meses después de que el Quintín Lame dejara las armas se produjo la masacre de El Nilo.

En los últimos 15 años las movilizaciones de los paeces se han propuesto hacer cumplir los acuerdos de 1991 (en particular la transferencia de tierras) y la Constitución que se aprobó ese mismo año, que reconoce que Colombia es un país Pluriétnico y Multicultural, lo que permite a los pueblos indígenas gozar de derechos especiales como territorios colectivos, autonomía, jurisdicción y gobiernos propios. Como dicen los paeces, hay sin embargo "un inmenso abismo entre las normas escritas y la realidad". Esa es una de las razones por las que en 1994 nace la ACIN (Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca) con el objetivo de fortalecer el proceso organizativo, la gestión y la defensa de los intereses de las comunidades.

Liberar a la Madre Tierra

El 2 de septiembre de 2005 unos 500 indígenas del resguardo de Huellas, Caloto, afectados por la masacre de El Nilo, tomaron la hacienda La Emperatriz que era una de las fincas que estuvieron en negociación para ser entregada por el gobierno a las comunidades. Era la respuesta del pueblo paez a 14 años de incumplimientos. Más aún cuando en 1999 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos responsabilizó al gobierno colombiano por la masacre de El Nilo y lo instó a cumplir con los acuerdos de entrega de tierras.

Durante una semana loa paeces resistieron la desocupación y derrotaron a las fuerzas policiales y militares del Estado en base a la movilización masiva que involucró a 2.000 pobladores. El 3 de septiembre emitieron un documento histórico: Por la Libertad de la Tierra[8]. El manifiesto señala: "Para nosotros, la tierra es la madre y contra ella se comete un crimen del que vienen todos los males y miserias. Nuestra madre, la de todos los seres vivos, está sometida, según la ley que se impone, tiene dueños, es propiedad privada. Al someterla como propiedad para explotarla, le quitaron la libertad de engendrar vida". Por eso se proponen liberarla.

El 5 de septiembre hubo un intercambio de prisioneros: 14 policías retenidos por los paeces a cambio de cuatro paeces detenidos por la policía. El 8 de septiembre los ocupantes se dividieron y unos 600 ocuparon otra hacienda, El Guayabal. El día 9, cientos de efectivos del Escuadrón Móvil Antidisturbios atacaron a los ocupantes sin poder desalojarlos, pero hubo más de cien heridos y los paeces tomaron a un oficial. El 10 interviene la Iglesia y las Naciones Unidas. El día 13 se firma un acuerdo con la verificación de personalidades como el juez español Baltasar Garzón, Gianni Morelli de Naciones Unidas, el Procurador General de la Nación y el Defensor del Pueblo además de miembros de la iglesia colombiana[9].

Los paeces cambiaron de estrategia y en adelante se propusieron cumplir por la vía de los hechos los acuerdos de El Nilo firmados 14 años atrás. O sea, recuperar a través de la acción directa las tierras planas usurpadas, que producen tres veces más que las de montaña donde fueron confinados. Pero el tema es más complejo. La guerra y la acción coordinada de paramilitares y narcotraficantes provocaron una verdadera contrarreforma agraria. Un informe de la Contraloría General de la República señala que luego de 42 años la reforma agraria fracasó porque "sólo ha beneficiado el 11% de las familias potenciales estimadas por el Comité Interamericano de Desarrollo Agrícola"[10].

Más grave aún: "Mediante la compra o apropiación indebida de tierras—alrededor de un millón de hectáreas—por narcotraficantes y grupos armados ilegales en los últimos 20 años se ha realizado la más aberrante concentración de tierras en el país. Una auténtica contrarreforma agraria. Los narcotraficantes poseen el 48% de las mejores tierras del país, mientras que el 62% de los pequeños campesinos sólo posee el 5,2% del área. Según el Programa de las Naciones Unidas de Desarrollo (PNUD) los narcotraficantes compraron tierras en 409 de los 1.039 municipios del país", establece el informe de la Contraloría. En algunos departamentos compraron más del 80% de las tierras cultivables.

El manifiesto Por la Libertad de la Tierra, señala que "se ha consolidado en muchas regiones una verdadera alianza criminal entre narcotraficantes, terratenientes, políticos y paramilitares, que han logrado variar radicalmente el mapa de la tenencia de la tierra en el país". Han sido desplazadas o despojadas de sus tierras 3,5 millones de personas. El Plan Colombia y el Plan Patriota, financiados por el gobierno de los Estados Unidos, completados con la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC), permiten comprender que la guerra "se realiza para propiciar el desplazamiento y desalojar los territorios para que las multinacionales desarrollen sus megaproyectos".

En este sentido, "liberar a la madre tierra" supuso, según un miembro de ACIN, un "proceso ideológico que busca retomar el concepto de la pachamama y respetar el equilibrio y la armonía con ella", y reorientar al movimiento indígena: "No vamos a pedir más reivindicaciones del gobierno, no vamos a pedirle más cupos escolares, ni nada. Aunque son derechos que se seguirán exigiendo, la esencia ahora es construir una institucionalidad distinta porque la que existe es ilegítima y le niega los derechos a la gente ... hay que construir una institucionalidad en la que la gente sí crea"[11].

Este cambio de dirección se registra en medio de la guerra que atraviesa al país y en la que los indígenas no participan pero son víctimas de varias formas: tanto por las masacres que sufren como por la pérdida de tierras. En este clima violento, en el que el movimiento decide volcarse hacia adentro para construir nuevas instituciones o poderes diferentes, hace su aparición un grupo denominado "Movimiento sin tierra: los nietos de Manuel Quintín Lame".

La generación de los Nietos

El 27 de noviembre de 2006, unos días antes de que venciera la fecha de revisión de los acuerdos firmados un año antes durante la ocupación de la finca La Emperatriz, un grupo de indígenas de la comunidad de Huellas decidieron tomar nuevamente la hacienda pero por fuera de las directrices de la ACIN y del CRIC. O sea, desconociendo a las autoridades del movimiento. En los enfrentamientos con las fuerzas estatales murió un policía, hubo varios heridos y detenidos.

Meses antes, el 2 de agosto, había aparecido en Caloto un comunicado del "Movimiento Sin Tierra Nietos de Manuel Quintín Lame" en el que aseguran que ellos han "retomado el proceso de Liberación de la Madre Tierra". En los meses siguientes ocuparon varias fincas. La irrupción de este grupo generó una suerte de terremoto al interior del mundo paez. En la cultura indígena no es habitual que surjan colectivos que actúen al margen de las autoridades tradicionales. La revista Actualidad Etnica cita a voceros de las autoridades indígenas del Cauca, quienes manifiestan su preocupación.

"Este grupo ha tratado de apropiarse del contenido del mandato indígena e influir en algunos miembros de la comunidad de Huellas, aprovechando el desespero que existe en muchos comuneros por la carencia de tierra, razón por la cual no avalan sus acciones, al tiempo que señalan que antes que favorecer los intereses de las comunidades, entorpecen el proceso que actualmente desarrollan autoridades y organizaciones indígenas con el gobierno". Esas autoridades denuncian "supuestas infiltraciones de grupos armados ilegales de las comunidades y se rumora que entre ellos existen desmovilizados de la antigua guerrilla indigenista Quintín Lame"[12].

Para las autoridades tradicionales, el CRIC y la ACIN, la presencia de los "Nietos" resulta incómoda y no es legítima. Un extenso comunicado del CRIC fechado en Popayán el 10 de febrero de 2007, señala que "los señores de la guerra", o sea las FARC[13], el gobierno y los paramilitares, "dirigen una feroz campaña de exterminio en la región encaminada a cooptar y desmantelar todo proceso organizado que contradiga su pensamiento político basado en las armas". El CRIC denuncia que los "Nietos" forman parte de esa campaña y afirma la necesidad de "una lucha sin armas hacia la consolidación de nuestra libre autodeterminación como pueblos".

Por su parte, el movimiento "Nietos de Quintín Lame" desmintió cualquier relación con la guerrilla o con grupos políticos. El 8 de agosto de 2006, un comunicado explicó su concepto de Liberación de la Madre Tierra y la importancia del equilibrio de la vida para los pueblos indígenas, destacó la necesidad de territorios que aqueja a las comunidades y denunció la concentración de la tierra en Colombia y la urgencia de una reforma agraria efectiva.

El 30 de agosto presentaron un informe de derechos humanos en el que mencionaron la existencia de "amedrentamiento sin enfrentamientos, continuo ataque a los comuneros, tres indígenas heridos, incendios y explosivos en contra del grupo y decomiso de alimentos" y exigieron respeto a la vida de sus integrantes[14]. El 30 de septiembre de ese año, aseguraron en otro comunicado que las acusaciones de estar relacionados con la guerrilla son falsas y que "sólo se fundamentan en el deseo de invisibilizar las necesidades de nuestras comunidades".

El enfrentamiento con las autoridades tradicionales, reconocidas como interlocutores por el Estado, parece una fisura difícil de cerrar. La ACIN lamentó la muerte del policía y enfatizó que las movilizaciones deben ser pacíficas. Sin embargo, esos mismos dirigentes coinciden en que el problema de fondo es la aguda escasez de tierras.
Tradición y cambio en el mundo indígena

Otras voces hacen hincapié en el momento y el lugar donde nacen los "Nietos". Una larga entrevista con un grupo de paeces de Caloto, permitió echar luz sobre algunos cambios ocurridos en la vida cotidiana de las comunidades que hacen pensar que está naciendo una nueva cultura política. Osvaldo Escueciclos, comunero de Caloto, que acompaña el proceso de recuperación de tierras y al cabildo como autoridad tradicional, explica la forma como funcionan las veredas que "eligen cada año en asamblea al gobernador". Las mismas asambleas pueden removerlo ya que las comunidades "tienen voz y voto para hacer los llamados de atención"[15].

Las comunidades son poderes que han impulsado un instrumento de control y autodefensa que en 1971, cuando se fundó el CRIC, se denominaban "guardias cívicas". Son un poder, explica Osvaldo, "porque son los mismos comuneros los encargados de poner orden en sus asambleas o en sus marchas o están pendientes de cualquier alteración del orden. En el año 2002 debido a problemas de orden público hubo necesidad de fortalecerlas y pasaron a llamarse guardias indígenas. Ahora es el cabildo el que empieza a direccionar y a definir lo que deben ser las guardias".

Osvaldo no forma parte de los "Nietos de Quintín Lame", pero parece conocer las bases sociales entre las que nacieron. "En agosto del 2006 aparece en Caloto un grupo de comuneros indígenas, entre ellos habían jóvenes y mayores, hombres y mujeres. Están integrados por comunidades sobre todo de Caldono. Plantean inconformidad con las autoridades, desde la dirección del CRIC hasta las autoridades locales. Se habla mucho de la autonomía y del desarrollo propio, pero hay muchos comunidades que no tienen tierra para producir y poder sostenerse".

En la zona de Caldono se registra un importante crecimiento demográfico que agudiza la escasez de tierras. Muchos comuneros creen que si no se toman medidas de presión, el gobierno nunca entregará tierras a las comunidades, lo que los lleva a enfrentarse con las direcciones que siguen apostando a los acuerdos y al diálogo con las autoridades. Hasta aquí, los problemas que atraviesan los paeces parecen muy similares a los que sufren campesinos e indígenas en buena parte del continente.

Por su parte, Iván González, concejal del municipio de Caloto (7.600 habitantes en 32 veredas) en el resguardo de Huellas, se cuenta entre los impulsores del proceso de Libertad de la Madre Tierra y también cree que en el Cauca se han sumado dos problemas: la escasez de tierras y el desgaste de las autoridades tradicionales. Pero agrega que se están produciendo cambios en la forma de vida de los comuneros que habilitan comportamientos más autónomos por parte de los jóvenes y las mujeres.

Esos cambios se manifiestan en movimientos como los "Nietos", en su opción por formar "una corriente y no un grupo orgánico, ya que no han querido hacer un grupo institucional. En sintonía con las nuevas culturas juveniles no quieren legalizarse y tener estatutos sino una forma organizativa más informal", asegura Iván[16]. Estima que las direcciones muestran "estilos poco democráticos y participativos a lo que se suma el incumplimiento del gobierno en cuanto a la entrega de tierras, problema que no se resuelve pro la vía del reclamo legal como pretenden los dirigentes" del CRIC.

Sostiene que la desconformidad es mayor en la región de Caldono, en el nororiente del departamento, "que es la zona que reúne las características del pueblo paez, se habla muy bien el idioma propio y se mantienen las costumbres tradicionales y es ahí donde surgen los Nietos". Ante la falta de tierras, "retoman la plataforma de lucha del CRIC de 1971 y la actualizan pidiendo una reforma agraria integral para indígenas, campesinos y afrodescendientes y todo aquel que necesite tierras".

Los "Nietos de Quintín Lame" tienen por símbolo la bandera tradicional roja y verde de los paeces a la que le agregaron el color negro por las víctimas de estos años. González reconoce que se trata de un movimiento de nuevo tipo en la historia del pueblo paez, que ha provocado mucha inquietud ya que representa un desafío para las autoridades tradicionales. Aunque no participa del movimiento piensa que "es una oxigenación que nace desde la base en un momento en el que estamos viviendo una renovación".

Para profundizar en los cambios culturales que están viviendo los paeces, les pedimos que comparen la situación del movimiento indígena con la que vivían hace 50 años. "Ahora en las guardias indígenas hay mujeres y los jóvenes critican abiertamente a las dirigencias. Eso hace unos años no pasaba", asegura Osvaldo.

"Antes era un movimiento indígena muy homogéneo, había una obediencia vertical de arriba hacia abajo pero en los últimos años esa homogeneidad se terminó, ahora las cosas son mucho más heterogéneas, a nivel de pensamiento, en cuanto a la misma cultura y la educación, porque lo de afuera impacta adentro", dice Iván. Ambos sostienen que aunque los paeces mantienen sus tradiciones, la cultura occidental produce una mezcla que hace que, por ejemplo, "hoy los jóvenes tengan un sentido más crítico, de no aceptar cualquier cosa que venga de arriba".

Para Osvaldo, se vive "un ambiente más amplio que hace 50 años, que empieza por la familia porque antes el que mandaba en la casa era el papá o la mamá y el joven tenía que estar callado, pero hoy ya se escuchan sus opiniones". Por otro lado, los paeces han conseguid[17]o "fortalecer su territorio, lo que resulta evidente con el fracaso de los paramilitares para asentarse en nuestras tierras, pero también hay mayores índices de educación con programas de educación comunitaria, se recuperan tradiciones como las semillas, los rituales de armonización que van fortaleciendo la espiritualidad, y hay programas de salud articulados a la cosmovisión indígena", apunta Iván.

Estos cambios fueron muy visibles en la convocatoria de una consulta popular contra el TLC, realizada el 6 de marzo de 2005 por las comunidades de seis municipios indígenas del Cauca. De un potencial electoral de 68.448 participantes votaron 51.330 y el 98% lo hicieron por el No17. La consulta fue apoyada por la ACIN y el CRIC, contó con registradores populares y estuvo precedida de una amplia campaña de base que fomentó debates mediante una pedagogía popular y proyecciones de videos sobre los TLC. No fue muy diferente, ni en la forma ni en el contenido, de las campañas que se realizan en las ciudades.

Por último, uno de los ejes de las fricciones entre los jóvenes activistas y las dirigencias tradicionales es la lucha por la memoria histórica. "Los dirigentes ahora dicen que nunca en la historia los indígenas han usado elementos bélicos. Pero sabemos que eso no fue así", dice Osvaldo recordando la resistencia a los españoles. "En 1984 se vivió una situación muy difícil porque nos estaban exterminando, el CRIC tuvo que salir al exilio y en ese afán de resistir tuvo que valerse de la vía de las armas creando el MAQL como mecanismo de autodefensa de las comunidades indígenas".

Pero las tradiciones siguen pesando. Iván reconoce que buena parte de los comuneros no están dispuestos a "hacer nada que no venga de la dirección", aunque existen "grupos de jóvenes y algunos mayores están en la dinámica de la construcción de abajo hacia arriba". Muchos elementos indican que el movimiento indígena del Cauca está atravesando un período de fuertes cambios: generacionales, de género y culturales, que repercuten en las formas de hacer política. Renovar las tradiciones sin perderlas parece un desafío mayor que está tensando las relaciones internas no sólo en las organizaciones sino en toda la sociedad paez. Más aún cuando están rodeados de poderosos enemigos.
Cabildos resguardos del Cauca

El departamento del Cauca, en el sur de Colombia, concentra la mayor población indígena del país. En la zona norte de ese departamento, se ha formado la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), que agrupa 110.000 personas en un territorio de 191.318 hectáreas. Ese territorio está integrado por 16 resguardos, que son instituciones de origen colonial conformadas por comunidades, con título de propiedad comunitaria y regidas por el fuero indígena.

La Constitución de 1991 reconoce la multietnicidad, consagra derechos étnicos, culturales, territoriales, de autonomía y participación. Reconoce la existencia de los cabildos (autoridad propia dentro del resguardo) y a la ACIN (autoridad tradicional zonal) y les concede autonomía para gestionar el territorio según "usos y costumbres", para hacer justicia, legislar y administrar los recursos propios.

Sin embargo, en la realidad existe un choque entre la institución municipal perteneciente al Estado colombiano y los resguardos regidos por usos y costumbres. Por eso buscan el reconocimiento estatal de sus instituciones y autoridades. La ACIN se propone apoyar el proceso de las comunidades de la región y busca consolidar su autonomía política y jurídica y la creación de un sistema propio de educación, salud, manejo de los recursos naturales y economía solidaria.

"La Asamblea es la fuerza de la Organización", señala la ACIN. En su territorio se realizan anualmente unas cien asambleas con una asistencia promedio de 600 personas por asamblea, aunque a las asambleas zonales asisten hasta 3.000 personas y las regionales pueden agrupar hasta 15.000[18]. El cabildo es elegido anualmente por las comunidades para representar la autoridad en el territorio y está integrado por gobernador, alcalde mayor, secretario, tesorero y alguaciles.

- Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Es colaborador mensual con el Programa de las Américas.

Recursos

Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN): www.nasaacin.net

Christian Gros, "Colombia indígena", Bogotá, 1991.

Comunidades Indígenas del Cauca,
Manifiesto "Por la libertad de la Tierra", 3 de setiembre de 2005, en www.nasaaccin.net

CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca), "Historia del CRIC", Popayán, 1990.

Mauricio García Durán, De la Uribe a Tlaxcala. Procesos de Paz", CINEP, Bogotá, 1992.

Revista Actualidad Etnica, Luis Carlos Osorio y Mónica Lizarazo, "Los nietos de Quintín Lame y la conflictiva historia de tierras de los indígenas del Cauca", 12 de diciembre de 2006 en www.etniasdecolombia.org.

Revista Desde Abajo: www.desdeabajo.info

ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia), "Quintín Lame, los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas", Popayán, 1987.

ONIC: www.onic.com.co

Raúl Zibechi, entrevista a Iván González y Osvaldo Escueciclos, Bogotá 2 de noviembre de 2007.

Raúl Zibechi, "Colombia: Militarismo y movimiento social", Programa de las Américas, 17 de diciembre de 2004.



[1] Actualidad Etnica, ob. cit. Los paeces son también nombrados nasa.

[2] Comunidades Indígenas del Cauca, "Por la Libertad de la Tierra".

[3] Idem.

[4] Revista Desde Abajo No. 107, 15 de noviembre de 2005.

[5] Raúl Zibechi, "Colombia: militarismo y movimiento social", ob. cit

[6] Mauricio García Durán, ob. cit. p. 98

[7] Idem, p. 100.

[9] Revista Desde Abajo No. 105, 15 de setiembre de 2005.

[10] Comunidades Indígenas del Cauca, "Por la Libertad de la Tierra".

[11] Actualidad Etnica, ob. cit

[12] Actualidad Etnica, ob. cit

[13] Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, guerrilla comunista creada en los años 60.

[14] Actualidad Etnica, ob. cit.

[15] Entrevista personal.

[16] Entrevista personal.

[17] Revista Desde Abajo No. 99, 20 de marzo de 2005.

https://www.alainet.org/es/active/21021

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