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La derecha en el neoliberalismo

Opinión
04/02/2014
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La introducción del modelo neoliberal y su generalización en el mundo fue una de las victorias más espectaculares de la derecha. Su diagnóstico de que la economía había dejado de crecer por excesivas reglamentaciones estatales triunfaba y abría camino así hacia la propuesta reaganiana: El Estado no es la solución, sino el problema.
 
Nunca un modelo se había extendido por el mundo de forma tan rápida y a espacios tan amplios. Neoliberales se han vuelto gobiernos en Europa occidental y oriental, en Estados Unidos de América y en América Latina, en África y en Asia. Para que se hubiera llegado a la ambición de decretar un “pensamiento único”, era necesario que el grado de consenso alcance una dimensión inédita.
 
Para ello el neoliberalismo contó con el fin del campo socialista, con el cambio de orientación de China, además de la adhesión de partidos socialdemócratas. El mundo parecía condenado al consenso neoliberal por mucho tiempo.
 
La nueva cara de la derecha había recuperado la misma idea de modernización, tirando hacia el lado de la izquierda el retraso, la ineficiencia, todo lo vinculado al Estado. Si en 1971 Richard Nixon afirmaba “Todos somos keynesianos”, luego hasta la socialdemocracia europea decía: “Ahora todos somos liberales de mercado, neoliberales”.
 
Muy pronto las crisis específicamente neoliberales, en la misma década de 1990 revelaban el corto aliento que tenía el nuevo modelo. La euforia de la derecha duró un poco hasta perder entusiasmo, pero la crisis en el centro del capitalismo, que empezada en el 2007 sin plazo fijo, cerró definitivamente el cuadro de optimismo.
 
Los únicos que crecen en el mundo son los países con gobiernos no neoliberales: China y los gobiernos progresistas de América del Sur.
 
Pero la derecha está casada con el modelo neoliberal. Implementa soluciones neoliberales a la crisis neoliberal, tirando alcohol al fuego. Y cuenta con que el consenso neoliberal arrastra también a la socialdemocracia en la pérdida de credibilidad. El único sector de la derecha que crece es la extrema derecha.
 
La derecha, de innovadora y modernizadora, rápidamente ha vuelto a recuperar su fisionomía conservadora. Todo lo que le importa es preservar las condiciones de supervivencia de la economía de mercado, de la libre empresa, de los tratados de libre comercio. Como si fueran fines en sí mismos, dado que ya no logra convencer de que son ventajosos para cada país.
 
En el plano político mundial, la unipolaridad bajo hegemonía imperial norteamericana tampoco ha logrado estabilizar las relaciones mundiales, bajo la Pax Americana. Las guerras se han multiplicado y no han disminuido con el fin de la guerra fría y la victoria del campo occidental. Ya se cumplió más de una década y la violencia no cesa en Afganistán y en Irak.
 
Total, mientras no aparezcan alternativas, el mundo seguirá por décadas en turbulencias, económicas y políticas, profundizándose cada vez más la crisis hegemónica y las disputas por la construcción de alternativas al neoliberalismo y a la dominación norteamericana.
 
A las turbulencias económicas se suman las turbulencias políticas, con la mantención y proliferación de epicentros de violencia. Es un panorama que se debe alargar en el tiempo porque, aun decadente, la hegemonía norteamericana no encuentra todavía, en el horizonte, algún país o conjunto de países, que puedan sustituir su rol hegemónico en el mundo. Al igual que el modelo neoliberal, que, a pesar de haberse debilitado profundamente, no enfrenta alternativa con capacidad de sustituirlo en escala mundial.
 
- Emir Sader, cientista político, es coordinador do Laboratório de Políticas Públicas da Universidade Estadual do Rio de Janeiro (Uerj).
 
 
           
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