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Ecofeminismo: mujer y Pachamama, no solo es posible una crítica al capitalismo y al patriarcado

Opinión
14/07/2010
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Introducción
 
El presente análisis es una aproximación a repensar el Ecofeminismo como una alternativa teórico política. Los contenidos que se manifiestan fueron presentados en la Conferencia de Cambio Climático en la Mesa de Ecosocialismo. Posteriormente se enviará un documento acerca de la historia del Ecofeminismo que está siendo revisado y finalizado para colocar los diversos debates que provoca esta vía de entrada.
 
Cuando relacionamos Pachamama y mujeres podríamos encontrar varios puntos de partida para la reflexión ecofeminista.
 
a.- Capitalismo y patriarcado: alianza estructural sobre las “naturalezas inferiores”
 
Desde que el capitalismo y el patriarcado existen como sistemas articulados entre sí, hacen una alianza para naturalizar todo lo que adelante iban a asumir “naturalezas inferiores”. ¿Qué consideran “naturalezas inferiores”?
 
Capitalismo y patriarcado, establecen el cuerpo femenino, naturaleza sexual inferior y a la vez todo lo que se denomina planeta, biodiversidad, actualmente denominada Madre Tierra, es colocada “naturaleza inferior”.
 
A la vez también ha sido naturalizada la condición de negras, mestizas e indígenas, y la subordinación racial y étnico cultural que ha significado la alianza capitalismo patriarcado, quienes no se ajustan al paradigma de lo blanco y lo occidental, no existen sino en tanto en cuanto “naturalezas inferiores”.
 
Todo lo que provenía de la naturaleza y no alcanzó el grado de evolución social masculina y burguesa, pasó a situarse en la parte baja de la pirámide de la cultura antropocéntrica, en el entendido de que el antropocentrismo sería la independencia del ser humano sobre la Madre Tierra, subordinándola (todo lo que es asumido en el rango de naturaleza, planeta).
 
¿Las mujeres formamos parte del proceso antropocéntrico? Si, pero de forma distinta a la de los hombres.
 
Para existir el capitalismo debe explotar pensando en la máxima ganancia como eje de la constitución de la cultura colocando al ser humano sobre la Madre Tierra , es lo que se entiende básicamente por antropocentrismo, sobre los recursos naturales –“planeta mercancía”, tanto como el trabajo productivo y reproductivo de las mujeres –“cuerpo mercancía”.
 
Es cierto que históricamente, inclusive antes del capitalismo, al ser humano femenino: mujer, madre, trabajadora, etc., fue asignaron “extensión de la naturaleza social (cultura) y de la naturaleza biológica. Desde el siglo XIX, se reconfigura en “cuerpo mercancía”, “planeta mercancía” y la interrelación entre estas dos esferas de la vida.
 
Para el capitalismo y el patriarcado no es preciso sacar a las mujeres de la naturaleza sino refundirlas o colocarlas en el lugar que históricamente “les corresponde”- individuo social-extensión de la naturaleza, tampoco es preciso dejar de explotar todo aquello que es “naturaleza de menor valor”.
 
Por su parte, el patriarcado necesita explotar y oprimir al máximo la “naturaleza sexuada inferior” para estructurar el “poder sexual superior“ que permite la reproducción inmediata y estratégica de la vida social en su conjunto, es decir la prevalencia de lo que se conoce como androcentrismo; siempre se ha catalogado, dentro del rango de la evolución, que aquello que es de naturaleza superior deberá gobernar a todo lo demás, lo evolucionado dentro de las especies son fundamentalmente los hombres y los padres, sin esta dominación sería imposible hablar de patriarcado y androcentrismo, que no solo impuso un orden y una jerarquía dentro de la vida sexual y filial humana, pero también dentro de los que sería considerado animal, es decir no solo del campo de lo biológico humano.
 
El capitalismo y el patriarcado, son sistemas que han construido un exceso de función social y biológica, tanto para la Madre Tierra como para los cuerpos de las mujeres y al mismo tiempo la restricción de esas funciones, su degradación, su compresión.
 
Se quiere decir que la explotación en cuanto a condición es similar, las de la Madre Tierra y la de las mujeres. Sin embargo, la hipótesis va más allá, hasta pensar en la interdependencia que existe entre las dos formas de explotación, para sostener una universalidad y una totalidad que expresa una alianza entre capitalismo y patriarcado, tanto en la posibilidad de que cada forma de opresión sostiene la existencia de la otra forma de explotación. Por decir, cuando Vanda Shiva reconoce las múltiples resistencias de las mujeres frente a la destrucción del planeta, no solo hace solo por un reconocimiento de las resistencias de las mujeres, frente a la desaparición de las semilla o a la defensa de la agricultura local o las diversos planteamientos políticos presentado por las mujeres para defender el medio ambiente, lo hace porque reconoce, que las mujeres estamos vinculadas a las Madre Tierra como si “mediación subordinada” con la humanidad, que permite la reproducción de la especie en los diversos sentidos en que esta se reproduce. Las mujeres cuando defiende la Madre Tierra lo hacen porque de por medio está en juego sus vidas, las de sus hijos y la de las comunidades enteras, su acción de lucha no es un acto de solidaridad hacia el Planeta, es que es defenderla parte de sus propios vínculos existenciales. Los cuestionamientos y los aportes históricos al planteamiento del ecofeminismo, la trataré en otro documento, pero la ubicación existencial de los vínculos estrechos entre las mujeres y la Pachamama, no pueden dejar de ser visibilizados a la hora de repensar el ecofeminismo. Desde esa perspectiva de análisis es preciso que pueda construirse una teoría eco-feminista en articulación con propuestas socialistas.
 
¿La alianza entre capitalismo y patriarcado se sustenta en el dominio de “naturalezas inferiores” y funcionaliza estas en la perspectiva de la ganancia y la explotación, entonces, además, sostiene el vinculo entre estas fuerzas vitales subordinadas, para mantener viva en el tiempo a una Formación Social?.
 
La dimensión de la respuesta, es la capacidad que deberá generar el eco-feminismo y las propuestas eco-socialistas para encontrar posibilidades de confrontación y alianzas de muy largo aliento de con quiénes impulsar estas luchas. Esto mismo señala que va en primera instancia y que no.
 
Entonces, cuando se piensa en esta dimensión del problema, es imposible hablar de antropocentrismo sin hablar de androcentrismo, si se quiere avanzar en la construcción de una mirada justa de la historia y de las posibilidades de liberación material y subjetiva de la humanidad y del planeta.
 
No es cierto que solamente la relación de explotación del planeta ha desequilibrado la relación ser human@-Madre Tierra, hay varios aspectos que han desequilibrado esa relación, y otra causa que compone esa compleja contradicción es la naturalización estructural a la que han sido sometidas las mujeres. Al mismo tiempo, se ha naturalizado la función social que debe cumplir la Madre Tierra, cuando se asume que esta es una infinita fuente de producción de recursos para el ser humano.
 
Los naturalismos androcéntrico y antropocéntrico, que no son solo posiciones ideológicas, sino estructuras de doble función: exceso-explotación y depresión-represión, en la constitución de clases sociales y de grupos sexuales dominantes.
 
Sin el exterminio de miles de especies y de naturaleza viva las ciudades modernas parecen imposibles de existir. La filosofía capitalista tiene un paradigma claro y es la explotación de todo aquello que subordina para existir a partir de ello, y ese sujeto que también es la naturaleza, fue convertido en la base de la estructura de clases.
 
El patriarcado ha asumido la naturaleza masculina sobre todas las formas de naturaleza y de sociedad, no solo sobre la de las mujeres, el patriarcado nace en la manera como finalmente fueron asumidas las evoluciones y las culturas, el machismo sobre la evolución no solo de la especie humana ha impreso su mirada sobre la evolución de las especies no humanas, o la de los individuos con diversas opciones sexuales, ha colocado a lo masculino “sí” naturaleza perfecta, absoluta, universal, unilateral y también como ser social de la historia por sobre todos los demás seres humanos del mundo y todos del seres vivos del planeta. Por eso la liberación de tal construcción no es simple y deberá ser globalizada.
 
La estructuración biológica humana de hecho es “más compleja”, sin embargo, es precioso ubicar que se ha colocado un proceso evolutivo e histórico irruptivo como mucho más valioso que otros y como el que ejerce el dominio sobre todos esas otras formas de naturaleza. Hay un rango antropocéntrico, patriarcal, y androcéntrico colocado sobre el proceso social y sobre el proceso evolutivo de todas las especies.
 
El capitalismo y el patriarcado, se han encargado de sacar constantemente a las mujeres de la categoría sujeto y a la Madre Tierra, del espacio de los derechos y de interrumpir constantemente la libertad de sus propios procesos.
 
Por otro lado, la Madre Tierra es y ha sido explotada en cuánto proveedora de recursos, pero ha sido subordinada en cuanto poder y proceso evolutivo y ecosistema. La Madre Naturaleza, cumple una función desdoblada en productora de recursos, espacio de asimilación del mundo sobre ella para existir como cultura, sin el dominio de la Naturaleza es imposible la existencia del capitalismo y su cultura dominante, me atrevería a decir que sin naturaleza inclusive es imposible el socialismo, que la relación ser humano naturaleza desde una perspectiva socialista se proponga diferente, es otra cuestión.
 
b.- Naturalización y excedente social desapropiado para el poder de otros
 
Sirve mostrar lo específico para evidenciar el exceso de función social designada a las mujeres, en tanto en cuanto tienen la obligatoriedad de reproducir la especie, la incapacidad para decidir por sus cuerpos, en tanto cuerpo biológico y social, tanto en la esfera de su actividad humana, tanto es la esfera de su pertenencia a la Madre Tierra y, la exigencia de ampliar cada vez más el trabajo productivo y reproductivo en el ámbito privado y público, que sostiene la existencia de la humanidad, sin vivir condiciones justas.
 
Por su parte el planeta, la biodiversidad, la Madre Tierra, también cumple su función para el excedente social, ha sido sujeta de explotación, no solo debe cumplir los requerimiento de satisfacción de necesidades humanas, sino además sostiene el peso de la cultura y es fuente en cuanto ganancia, poder y base para la generación de plusvalía.
 
En esos excesos de función social se han construido, bajo el sometimiento compartido e interrelacionado las mujeres y la Madre Tierra, en esas condiciones en fueron sometidos sus ciclos vitales y sus dinámicas históricas.
 
La generación de plusvalía en base al trabajo excedente, está sostenido de forma interrelacionada y diferenciada entre las mujeres, la Madre Tierra y el conjunto de trabajadores asalariados y no asalariados del planeta.
 
Actualmente en la lógica del plus trabajo para la plus ganancia que ha impuesto el neoliberal, las mujeres colocadas en el mercado de trabajo, han tenido que reorganizar sus funciones dentro y fuera de la familia, han tenido que organizar el trabajo excedente para ampliarlo y para poder sobrevivir ellas y sus familias. Reorganizando el trabajo, generando trabajo excedente sobre el que se fundamenta el trabajo de reproducción de la vida y a la vez ampliando y combinándolo con otras modalidades de trabajo excedente, el que se hace cuando se auto-genera inclusive un ingreso y no estrictamente el salario, cuando las mujeres constituyen el enganche para la distribución y el consumo y la comercialización de los productos que son del gran capital, en esa medida las mujeres están incluidas en la cadena de realización de la mercancía, este factor es vital para la reproducción del capital, de esa manera miles de mujeres empobrecidas de América Latina, Africa, Asia, Europa, etc., han sido incorporadas al “mundo del trabajo”, constituyendo una amplia base para la acumulación del mercado capitalista.
 
El trabajo excedente femenino en tiempos neoliberales, ha implicado generar más trabajo diversificado en menos tiempo, con pagos precarios, dividiendo su esfuerzo en miles de trabajos complementarios para sostener la vida. El campo de trabajo que ahora cubren las mujeres es muy amplio, y entonces no es solo generadora de plusvalía de manera indirecta, sino directa –miles de mujeres hacen el trabajo de agronegocios, empresas agrícolas intermedias, trabajos agrícolas mercerizados, y por otro lado, si bien las mujeres han ingresado al mercado laboral, en casi todo el “Tercer Mundo”, lo que ahora se llama economía del cuidado, casi o nada ha cambiado en cuanto a reconocimiento y valoración, el trabajo de cuidado(cuidado y trabajo doméstico) siguen el más craso olvido e invisibilización de la sociedad.
 
Los trabajos excedentes en condiciones de opresión son aquellos que se cuestiona, pero además existen porque de esa manera es posible mantener sistemas patriarcales y capitalistas diversos. Sin las múltiples formas de trabajo excedente aprovechados para la ganancia y la subordinación sexual, no sería posible solo el sistema de clases sino la persistente dominación patriarcal y masculina sobre el mundo.
 
El trabajo excedente en el caso de las mujeres empobrecidas no solo es condición para su propia reproducción de clase y sexual subordinada sino para sostener en gran medida el vinculo opresivo que sostiene el sistema sobre el planeta.
 
Por eso es tal la alianza entre el sistema capitalista y patriarcal, es muy fuerte el pacto estructural y coyuntural evidenciado en la naturalización de las opresiones ejercidas sobre las mujeres que ha provocado una ruptura en el diálogo que debía existir entre las mujeres y la Madre Tierra, y viceversa, además, entre las mujeres y la sociedad. Por ello la relación a reconstruirse entre las mujeres y la naturaleza no son cuestiones cuantitativas sino motor de transformación.
 
No es solo el exceso de trabajo humano sobre el planeta, es el exceso de trabajo sobre el planeta y las mujeres y el conjunto de explotados, lo que hay que desterrar para saber vivir bien.
 
c.- Relación compleja: Amistad y enemistad histórica entre las mujeres y la Madre Tierra
 
Podríamos considerar entonces que la relación entre las mujeres y la naturaleza es sumamente compleja y a la vez muy íntima, por tener una manera de decirlo, de amistad y de enemistad histórica. Enemistad histórica, porque es imposible no sentirla después de la separatidad obligatoria que las mujeres tienen que hacer para no parecer ni ser naturaleza inferior:animales. Cuando hubieron estudios que comparaban el cerebro de las mujeres con el peso y el porte del cerebro de los animales para justificar nuestra “inferioridad” y en esa media la dominación sexual, miles de mujeres emprendieron la carrera de demostraciones de que no eran iguales a los animales y demostrar al capitalismo y al patriarcado, a la sociedad en su conjunto que su mano de obra, valía más, pues podría profesionalizarse tanto como el hombre o que sin profesionalizarse podría trabajar tanto como el hombre y de esa forma luchar en contra de esa “animalización femenina”. Otras miles de millones aún siguen creyendo que su naturaleza está en el rango idéntico de la de los animales y por lo tanto es “inferior”, entonces no vale nada. Data la historia que en muchas culturas las mujeres llegaron a valer menos que los animales, y se las intercambiaba por valores menores a los de los animales (ver la historia del cristianismo y otras religiones orientales). Es más cuando se quiere ofender a una mujer, de forma vulgar hace falta solo compararla con un animal.
 
En alianza histórica con el patriarcado cuando aparece el capitalismo, se vuelve a refundar sobre la opresión de las mujeres y sobre la reconstrucción de esa enemistad histórica que ha obligado muchas veces a las mujeres a despreciar sus cuerpos, a despreciar la naturaleza femenina y a negarse sujetas de la historia o a aceptarse en esa condición para sobrevivir aprisionadas aún “cuerpo incompleto e imperfecto”. Esa negación obliga y obligará a las mujeres a vivir esa contradicción y separatidad abrupta e injusta, latente con la Madre Tierra.
 
Otro aspecto que ha implicado el ahondamiento de la enemistad histórica entre las mujeres y la madre naturaleza, ha sido la subordinación del trabajo de las mujeres y la imposición de la matriz cultural que destina a las mujeres al ámbito de la reproducción en calidad de generadoras de excedente. No es solo su condición de maternidad obligatoria. Las mujeres son generadoras de excedente bajo varias modalidades, como ya se ha explicado anteriormente.
 
Las mujeres son tan o más explotadas que la Madre Tierra, en sus diversas formas de existir. Esa falta de reconocimiento histórico ha provocado una actitud contradictoria entre las mujeres y la Naturaleza. Eso es algo que la ecología no puede pasar por alto cuando hace sus reflexiones. Por ello es que un eco-socialismo sin feminismo no tiene sentido o al menos no tiene un sentido integral.
 
Las mujeres son subordinadas por ser de una especie y condición inferior de esa misma Naturaleza de la que la humanidad, dizque la trata de salvar concediéndole la posibilidad de existir a partir de los hombres y las clases sociales.
 
Y contradictoriamente ahí mismos ha nacido la amistad histórica y el vínculo profundo entre las mujeres y la Pachamama, para ello es importante señalar en perspectiva de que está hecho ese vínculo ancestral, no solo andino, entre Mujeres y Pachamama.
 
d.- ¿Es posible la relación entre Pachamama y Ecofeminismo? Reflexiones a partir de la Cumbre de Cochabamba.
 
No solo es posible sino una propuesta a ser construida para un Buen Vivir.
 
El feminismo nace haciendo los diversos cuestionamientos expuestos, de forma profunda e histórica, casi todo su pensamiento crítico ha sido para fundamentar que hay que liberarse de esta necia y opresiva relación construida, en que fuimos naturalizadas y ello sirvió de enclave para cometer no solo barbaridades sino para sostener una cultura.
 
El feminismo se han construido en esa contradictoria reflexión, cuando ha dicho desde sus inicios que las mujeres tenemos un vínculo histórico con la ecología y el planeta, pero que a la vez necesitamos reubicar y reinterpretar esa relación.
 
Si bien el feminismo ha cuestionado este conjunto de contradicciones, la relación entre las mujeres y las propuestas ecologistas han tenido sus complicaciones para encontrarse.
 
La teoría feminista desde su origen, ha denunciado y ha mostrado como la sociedad se ha encargado de dividir naturaleza y sociedad y como esa división ha colocado a unos sobre otras y otros, el feminismo ha dicho que el antropocentrismo cultural y el androcentrismo han sido puentes de fusión entre el capitalismo y el patriarcado. El feminismo ha sido una de las pocas teorías que ha colocado el debate de sociedad y naturaleza junto o por separado del marxismo.
 
El feminismo se ha preguntado históricamente si solos somos sociedad o solo somos naturaleza y ha tratado de reconstruir el puente roto para poder exigir justicia para las mujeres y lograr un nuevo encuentro dialogal, entre hombres y mujeres, cuestionando el biologismo y a la vez la difícil lucha que ha implicado hacer visible la existencia social de la mitad de la humanidad.
 
Pero el feminismo no siempre ha defendido la naturaleza-Madre Tierra con el mismo rigor. Por lo general los feminismo han propuesto igualarnos a los hombres y diferenciarnos lo más posible de la naturaleza, para poder ser reconocidas sujetas sociales. El feminismo, sobre todo de los países europeos, en general ha construido la teoría para demostrar que no somos inferiores a los hombres porque tampoco somos inferiores como los animales. El feminismo debe hacer esta diferencia entre naturaleza femenina y Madre Tierra, para lograr modificar las relaciones con los hombres.
 
Si bien este planteamiento es válido, para poder construir el espacio social que a las mujeres les posibilita existir, también ha implicado distancias y silencios en relación a la Madre Naturaleza. Esto implica reconocer ¿qué es preciso desprejuiciar los feminismos de un cierto antropocentrismo al que se ha visto obligado sostener?. Si , ese justo ha sido parte de los aportes de los eco-feminismos que aún están en construcción.
 
Desde 1960, el eco-feminismo, empezó con mayor fuera a construir una planteamiento que mostrara cuanta importancia existía entre la condición subordinada de las mujeres y de la Madre Tierra, en relación al capitalismo. Cuando eran tiempos en que surgió el pacifismo en contra de las guerras de Eu.-Vietnam y hacia América Latina, y hubo la crítica social al militarismo nuclear y la amenaza de Eu. y otras “potencias” en contra de la sobrevivencia de la humanidad.
 
También es cierto que el feminismo ha tenido una cierta dificultad para incorporar y la vez incluirse en las luchas de las mujeres campesinas e indígenas que son las que de una u otra forma, bajo condiciones de resistencia han logrado sostenes un vínculo comunitario y de protección con la Madre Tierra.
 
Las mujeres indígenas y campesinas que tienen a su cargo la responsabilidad del cuidado de la tierra, el agua, los recursos naturales, viven estas contradicciones señaladas, tener que mediar con la explotación de los recursos para la existencia de la familia o para sostener los mercados locales, como a la vez en varias zonas de estas regiones han provocado contaminación, sin embargo, son ellas en gran medida las que cuidan la posibilidad de sostenibilidad de la Madre Tierra. Si se quiere hablar de sostenibilidad hay que preguntar a las mujeres agriculturas y las comunidades indígenas.
 
El feminismo necesita construir puentes con éstas organizaciones y procesos para lograr un vínculo real con la ecología. La sostenibilidad, basada en los saberes ancestrales, es lo que también materializa y construye el sentido de resistencia política y simbólica de las mujeres dentro de las comunidades indígenas.
 
Sin embargo, el buscar cómo y en qué estado se encuentra este vinculo entre las mujeres, la naturaleza y la sociedad, le ha permito al feminismo reconstruir otro tipo de vínculo histórico e ir superando la enemistad con la Madre Tierra.
 
A la vez el acercamiento entre el feminismo y las mujeres del movimiento indígena, las agricultoras de todo el mundo, permite la reconstrucción de este vinculo histórico, no solo por el simple hecho de amistarnos que ya es importante, sino porque en esa reconstrucción histórica, es posible reconocer las formas que las misma mujeres ha logrado construir para sostener una relación más justa tanto para las mujeres como para el planeta. Las mujeres indígenas, tiene un vinculo comunitario y de existencia vital con la Tierra, en esa medida esto nos permitiría volver a nuestros orígenes, a la lucha por nuestros vínculos originarios con la Madre Tierra, en la perspectiva de impulsar una ruptura con el capitalismo y su versión cultura, el antropocentrismo.
 
Sin embargo no necesariamente plantea una ruptura con el androcentrismo que también coexiste en la cosmovisión indígena. Es aquí que más bien el feminismo tiene mucho que aportar.
 
Por ello, nuestra mirada crítica a la Cumbre de Cochabamba y a las posiciones políticas de la izquierda ecologista, ecosocialista y no, se declare al pachamamismo o no.
 
Desde el feminismo cuestionamos la naturalización de la maternidad como función destino para las mujeres, como su forma de vida final, y creemos que un planteamiento de Madre Tierra, de Pachamama, debería al contrario no negar la vida sexual de las mujeres y el derechos a vivir de manera independiente de la maternidad, en tal caso vivirla de forma elegida.
 
Los planteamientos de la Cumbre de Cochabamba han sido vitales, porque abre la posibilidad de un confrontación en contra d l capitalismo y a la vez acerca posibilidades de resistencia entre miles de experiencias que han resuelto aliarse para ir poco a poco confrontando la explotación a la Madre Tierra.
 
En lo que se refiere a las mujeres, la propuesta de Pachamama-Madre Tierra, podría equiparar derechos de la Madre Tierra, derechos de la reproducción para las mujeres. Defender los derechos de la madre tierra tanto como defendemos los derechos de las madres y en esa medida de la economía de cuidado y de su capacidad reproductora. Es incoherente hablar de defender los derechos de la Madre Tierra sobre la explotación consentida de miles de madres del planeta.
 
Sin embargo, eso mismo que defendemos puede servir como herramienta para ratificar no solo roles sociales sino para empeorar las condiciones de miles de mujeres del Planeta. Ya hemos escuchado varios de estos discursos que por un lado defienden los derechos de la Madre Tierra pero a la vez quieren acentuar el conservadurismo y la naturalización del cuerpo de las mujeres, exigiéndonos, inclusive vivir el mismo ciclo evolutivo de la Tierra al ciclo evolutivo e histórico de las mujeres. Justificando el “destino y sujeción de las mujeres dentro de las relaciones afectivas y de las relaciones familiares”.
 
La Pachamama como planteamiento político ha acogido a miles de luchadores ecologistas en contra del sistema, inclusive a los que algunos autores cuestionan a los pachamamistas o los defienden (en este documento no voy a desarrollar esa discusión), inclusive a pesar de las contradicciones económicas y políticas del gobierno de Evo Morales y de la incapacidad de poder eliminar el modelo agro-exportador y extractivo de Bolivia.
 
Lo que ahora interesa y aunque con contradicciones entre gobiernos y movimientos sociales, entre propuestas más interétnicas y culturalistas, entre signos y espiritualismos alternativo y diversos, entre posiciones más o menos racionales, entre conceptos más o menos desarrollados, es si la Cumbre y el Planteamiento de Pachamama, ha dejado abierto o no la posibilidades de la resistencia en contra del capitalismo, si es una posibilidad para replantear y exigir a “los gobiernos progresistas” pasar de la lucha antineoliberal a una lucha anticapitalista, si los movimientos sociales podrían dar esa batalla anticapitalista desde la defensa del planeta en una situación de brutal crisis civilizatoria?. Y si la Pachamama sirve o puede servir para construir alianzas más allá del movimiento indígenas regional, inclusive a pesar de sus divisiones, en que quepan no solo ecologistas, pachamamistas o gobiernos de izquierda, mujeres y movimientos indígenas, sino si podremos hacerlo asumiendo con justicias nuestras demandas y la capacidad de transformación lo que una “democracia diferente” exige entre los actores que dicen luchar por lo que es justo. Todo eso definirá la perspectiva de lo que llamamos Pachamama y eso también incluye la relación Mujeres-Madre Tierra.
 
Pienso que la Cumbre de Cochabamba y el planteo de Madre Tierra, aportó en algo de todas aquellas preguntas, pero como todo, tiene una serie de complejidades y contradicciones que hay que seguir debatiendo y cambiando.
 
En tal caso, nuestra demanda feminista es que sea Madre Tierra, sea Socialismo o Buen Vivir, si la apuesta es la emancipación integral, no se la haga naturalizando la existencia maternal y sexual de las mujeres a nombre de la liberación de la relación dominante de los seres humanos y el planeta.
 
Bibliografía:
 
Ecología E Soialismo, Lowy Michael, Coetz Editora, setembro do 2005
Vandana Shiva, registradora de la biodiversidad, Marin Tony.
 
Ecofeminismo y Economía de los cuidados, Shiva Vandana.
¿Qué es el Ecofeminismo?, Margarita Aguinaga, exposición realizada en los curso de Ecología realizados por Acción Ecológica, 2009
Feminismo y Revolución, Rowbotham Sheila, 1985
https://www.alainet.org/es/active/39531

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