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La selva de la discordia

Opinión
09/06/2009
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La información que los medios brindan a la opinión pública está fuertemente politizada, las noticias de la prensa redundan sobre los hechos y acciones políticas. Que sería pasable si sólo comunicaran, pero, no informan, no transmiten simplemente los eventos, sino que orientan, ubican a una posición, y no con persuasiones sutiles sino con declaraciones categóricas. Los medios cumplen una función política, se dedican a la legitimación propia y corrosión contraria, lejos de alimentar verazmente a la población (con calidad y autenticidad) operan para fabricar el consentimiento popular del statu quo. El ‘derecho a la información’ de la ciudadanía fue sustituido por la ‘facultad inmune de informar’ de los empresarios y de los gobernantes de turno. (Froilán Ajacopa).

Un escrito del millonario presidente del Perú, manifestando su óptica de desarrollo nos pone a su persona en el lugar de su responsabilidad política y su pensamiento alineado a las empresas transnacionales que navegan a su lado y que jamás podrá romper su vínculo de compromiso con ellos puesto que tienen la llave de su gobernabilidad, son en definitiva quienes financiaron su campaña a presidente. Llegó el momento de devolver el favor prestado. Sus mentores tienen nombre y apellido;

Las empresas petroleras que están operando activamente la amazonía, con negociaciones directas con el Gobierno peruano a través de su institución Petro Perú, se encuentran las siguientes transnacionales: Pluspetrol Norte, Korea National Oil Corporation, Daewoo Internacional, SK Corporation, Maple producction, Burlington - Conocophillips, Repsol, Petrobras, Barret, Hunt Oil Company, Occidental, Petrolífera, Sapet, Pan Andean, CCP, Hocol, Amerada Hess, , Cepsa y Talismán
Estas son algunas de las perlas que cultiva en su devenir dialéctico, y lo que el entiende por progreso;


El síndrome del perro del hortelano

Por Alan García Pérez.
Presidente de la República

Hay
millones de hectáreas para madera que están ociosas, otros millones de hectáreas que las comunidades y asociaciones no han cultivado ni cultivarán, además cientos de depósitos minerales que no se pueden trabajar y millones de hectáreas de mar a los que no entran jamás la maricultura ni la producción. Los ríos que bajan a uno y otro lado de la cordillera son una fortuna que se va al mar sin producir energía eléctrica. Hay, además, millones de trabajadores que no existen, aunque hagan labores, pues su trabajo no les sirve para tener seguro social o una pensión más adelante, porque no aportan lo que podrían aportar multiplicando el ahorro nacional.

Así pues, hay muchos recursos sin uso que no son transables, que no reciben inversión y que no generan trabajo. Y todo ello por el tabú de ideologías superadas, por ociosidad, por indolencia o por la ley del perro del hortelano que reza: "Si no lo hago yo que no lo haga nadie".

El primer recurso es la Amazonía. Tiene 63 millones de hectáreas y lluvia abundante. En ella, se puede hacer forestación maderera especialmente en los 8 millones de hectáreas destruidas, pero para eso se necesita propiedad, es decir un terreno seguro sobre 5.000, 10.000 o 20.000 hectáreas, pues en menos terreno no hay inversión formal de largo plazo y de alta tecnología.

Ahora solo existen las concesiones que dependen de la voluntad del Gobierno y del funcionario que puede modificarlas. Por eso nadie invierte ni crea un puesto de trabajo por cada dos hectáreas como debería ser; ni hay elaboración de la madera y exportación de muebles. En su mayoría, esas concesiones rapiña solo han servido para sacar la madera más fina, deforestar y abandonar el terreno.

Por el contrario, la propiedad formal por grandes empresas colectivas como los fondos de pensiones permitiría hacer inversiones de largo plazo desde la siembra hasta la cosecha años después.

Los que se oponen dicen que no se puede dar propiedad en la Amazonía (¿y por que sí en la costa y en la sierra?). Dicen también que dar propiedad de grandes lotes daría ganancia a grandes empresas, claro, pero también crearía cientos de miles de empleos formales para peruanos que viven en las zonas más pobres. Es el perro del hortelano.
Un segundo tema demuestra lo mismo, es la tierra. Para que haya inversión se necesita propiedad segura, pero hemos caído en el engaño de entregar pequeños lotes de terreno a familias pobres que no tienen un centavo para invertir, entonces aparte de la tierra, deberán pedirle al Estado para fertilizantes, semillas, tecnología de riego y además precios protegidos. Este modelo minifundista y sin tecnología es un círculo vicioso de miseria, debemos impulsar la mediana propiedad, la clase media de la agricultura que sabe conseguir recursos, buscar mercados y puede crear trabajo formal..
Pero la demagogia y el engaño dicen que esas tierras no pueden tocarse porque son objetos sagrados y que esa organización comunal es la organización original del Perú, sin saber que fue una creación del virrey Toledo para arrinconar a los indígenas en las tierras no productivas.

Este es un caso que se encuentra en todo el Perú, tierras ociosas porque el dueño no tiene formación ni recursos económicos, por tanto su propiedad es aparente. Esa misma tierra vendida en grandes lotes traería tecnología de la que se beneficiaría también el comunero, pero la telaraña ideológica del siglo XIX subsiste como un impedimento. El perro del hortelano.

Y contra el petróleo, han creado la figura del nativo selvático 'no conectado'; es decir, desconocido pero presumible, por lo que millones de hectáreas no deben ser exploradas, y el petróleo peruano debe quedarse bajo tierra mientras se paga en el mundo US$90 por cada barril. Es preferible para ellos que el Perú siga importando y empobreciéndose.

¿Cómo aprovecharlo? Ahora que el petróleo aumenta y seguirá aumentando su precio, debemos pensar en la generación eléctrica que es renovable, casi eterna y limpia. Y pensar su uso y su venta en términos continentales. Grandes centrales eléctricas hechas sobre el Marañón y en las caídas del bajo Urubamba, nos permitirán vender energía a Ecuador, Colombia, Chile, Brasil. Pero eso tienen que hacerlo grandes capitales privados o internacionales que necesitan una seguridad de muy largo plazo para invertir miles de millones y para poder recuperar sus inversiones. Pero el perro del hortelano dice: ¿Por qué van a hacer dinero con nuestras caídas de agua? Mejor que lo haga el gobierno regional. Pero no dicen con qué dinero.

A
hora bien, como ejecutar sus planes de desarrollo si tiene un panorama que contradice el pensamiento indio, quien argumenta sólidamente que la ley 1090 del gobierno no debe ser aplicada, que no se oponen al desarrollo del país, pero que este debe ser armónico, que sus territorios no deben ser arrebatados, que las aguas no deben ser entregadas a las grandes empresas transnacionales, no se debe tumbar el bosque, la selva contiene oro, petróleo, madera, agua y ambición ajena, legado tóxico, deforestación, Tratado de Libre Comercio, y un guardaespaldas llamado ejército, que pierde todas las batallas contra los extranjeros y las gana contra su propio pueblo. Militares soldados con cara de indios y generales no indios, ordenando disparar contra nuestros herman@s. Pero quienes piensan que nuestra lucha pasa por la vida y la muerte esta equivocado, sabemos que la lucha será larga y desigual, pero estamos decididos, nuestro valor, hará frente a los tanques, a los aviones, las hondas a las bombas, los palos a los fusiles, las piedras a las balas. Nuestra lucha es una espina en la garganta de nuestros enemigos, por ello quieren silenciarnos, enemigos políticos irreconciliables se juntan para aniquilarnos, esto es útil desde una perspectiva histórica, ellos ganan hoy, pero mañana ya no existen, porque nuestro avance como pueblo por el contrario es permanente es irreversible, porque sabemos que es imposible regresar a una etapa donde exigir la liberación de nuestros pueblos era una utopía.

Somos millones.

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