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Paupericidio

Opinión
26/05/2009
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La muerte de 133 niños a causa del frío en el Perú es una expresión macabra de paupericidio o muerte de los pobres por falta de protección y de atención médica.

Es un delito punible que 133 niños peruanos se mueran de frío.

Hemos venido insistiendo en el hecho de que Estados Unidos y los países desarrollados cuentan con proyecciones específicas sobre los efectos catastróficos del calentamiento global. Se predicen guerras por los recursos naturales, militarización de las fronteras, pandemias, etc. Lógicamente, los primeros en sufrir las consecuencias de estos y otros fenómenos serán los pobres, incluyendo países como Perú, Chile, Bolivia y casi toda América Latina, mientras el mundo desarrollado, con esa brutal irracionalidad que ha distinguido su breve historia, saquea nuestros tesoros, los tesoros que de hecho aún pueden convertirnos en unas naciones sustentablemente ricas. 

Es una salvajada no planificar en función de los segmentos más pobres de nuestra población las medidas macroeconómicas y geopolíticas que nos permitan enfrentar exitosamente el fenómeno inevitable del calentamiento global. Las desglaciación de los Andes es el botón de muestra de un panorama potencialmente apocalíptico, especialmente para los pobres; es decir, castigado lector, para usted y para nosotros.

Tenemos un presidente martillero que remata el Perú y se jacta de su crecimiento sostenido sobre la base de una pobreza a la hindú, a la brasilera, esencialmente irreducible. Saldrá de la Casa de Pizarro mucho más rico que cuando entró. El presidente que nosotros elijamos deberá luchar contra la corrupción consuetudinaria, acabar su mandato con la misma o menos cantidad de plata que tenía cuando fue elegido. Si el presidente que elijamos los peruanos no se ocupa seriamente de impedir que nuestros niños se mueran de frío y de que el país entero comience a tomar medidas efectivas para no sucumbir en la tragedia del calentamiento global, habremos elegido un martillero más, un comisionista más, otro felón que nutrirá la larguísima nómina de delincuentes que nos han gobernado.

Hasta hace unos años, los ejecutivos o empresas británicos que sobornaban a funcionarios del Tercer Mundo, inclusive presidentes, podían deducir el costo del soborno de su pago de impuestos. La única diferencia es que ahora no lo pueden deducir.

Marshall, Minnesota, 26 de mayo de 2009

https://www.alainet.org/es/active/30668

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