Retos feministas en un mundo globalizado
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Visiones futuras para otredades globalizadas

Ana Irma Rivera Lassén*

En el año 1972, un grupo de mujeres de mi país Puerto Rico, fundamos la primera organización feminista de la segunda época. Estos 30 años de reflexión constante, en mi caso particular, me han permitido ver que nada es estático, ni los valores sociales, ni las normas culturales, ni las sexualidades, ni las identidades nacionales, ni tampoco las visiones de cambio social, incluyendo las feministas.

Las feministas para algunas personas todavía somos una especie de engendro maligno que produce sentimientos profundos de rechazo y en ocasiones de odio. Para mí ser feminista es una postura ideológica de un movimiento profundamente transformador de las relaciones humanas. Desde este punto de vista, el tema de las intersecciones de análisis de género, raza, orientación sexual, etnicidad, clase, posición económica, entre otros, necesita ser analizado y desarrollado aún más.

Al hablar de visiones futuras de agendas feministas en un mundo cada vez más aceptado y entendido como plural y diverso, muchas personas nos planteamos la necesidad de asumir discursos y acciones incluyentes de esa diversidad, en forma y en contenido. Este Foro Social Mundial podría ser un espacio de género, de encuentros y diversidades globalizadas, donde esta discusión también debe tener un espacio importante.

Las mujeres, en términos generales, no somos voces presentes en los temas económicos ni de finanzas. Entiendo que esos temas se identifican como masculinos, no sólo en términos de las voces sino también de los contenidos. Es decir que el problema de las ausencias femeninas no se resolverá sólo con la llegada de más mujeres a la discusión de los temas económicos y de finanzas sino que también es necesario que esos temas sean vistos con perspectiva de género.

Vivimos en un mundo agobiado por guerras, un mundo lleno de discrimines entre otras cosas por raza, color, ideas políticas y religiosas, condición social, origen, orientación sexual, edad y sexo. Un mundo dominado todavía por paradigmas raciales y sexuales que colocan lo blanco y masculino como normativas y a las demás razas y a las mujeres como otredades. Las políticas de globalización son nuevos espacios donde se practica el racismo y la marginación y muchas feministas estamos reajustando los discursos y abordando la situación con la profundidad que esto amerita.

Por todo esto, se hace cada vez más evidente la necesidad de que todas las personas se capaciten en materia de derechos económicos, en economía, comercio y globalización. Y también por eso es necesaria la perspectiva de género.

Las políticas económicas han variado sus acercamientos hacia las mujeres desde las campañas que plantean la existencia de dos concepciones sobre la mujer y el desarrollo: una de ellas es “desde el desarrollo hacia la mujer” y la otra es “desde la mujer hacia el desarrollo”. La otra tendencia más reciente es la de género en el desarrollo (GED) (León, 1996), que tiene como objetivo el cambio en las relaciones entre los géneros y en la sociedad en general.

Con este planteamiento de enfocar género en el desarrollo se reconoce la subordinación continua de las mujeres en las relaciones sociales, así como las construcciones sociales de las diferencias, en las cuales las mujeres hemos estado continuamente subordinadas política, económica y socialmente. La literatura reseña cómo nos hicimos visibles en los censos e informes estadísticos, pero el problema es que nos visibilizamos dentro del esquema incorrecto. El modelo económico que nos ha venido encima no fomenta las instancias colectivas. Cada día más las actividades gremiales se ven amenazadas frente al fomento de lo individual. Para las mujeres esto representa una situación aún más frágil ya que de por sí la representación de nuestros intereses de género no ha sido la más privilegiada en convenios colectivos o negociaciones laborales.

Ante un modelo económico que avanza y exige flexibilidad empresarial, descentralización de la producción, mercados competitivos, desregulación del sector privado, privatización de las áreas hasta ahora sostenidas por los Estados, y poca protección al empleo estable, debemos enfrentar estrategias que incorporen la participación de la mujer al desarrollo con perspectiva de género. Estrategias que articulen las situaciones sociales y políticas de las mujeres en conjunto con las económicas. (Rivera Lassén 96)

Frente a los embates del mercado, que hace posible la existencia de zonas francas donde el empleo femenino es extenso y se desarrolla en malas condiciones de trabajo, se hace necesario ir más allá del Estado unitario y encontrar en las representaciones globales de los Estados los derechos reconocidos en instrumentos y convenios internacionales. No hay manera de que las políticas mundialistas puedan beneficiar a las mujeres, en tanto género, si respetan y se ajustan al ordenamiento patriarcal de las sociedades.

Los movimientos feministas han sido y son movimientos políticos que han ido construyendo discursos alternativos de cambios sociales. Creo que estamos haciendo un ejercicio interesante y vital para el futuro de nuestros trabajos en torno al tema de los derechos humanos de las mujeres. Como feminista reconozco que las primeras etapas de estas luchas nos enseñaron el valor de la palabra mujer como un espacio desde donde definir nuestras luchas sociales y políticas. La continuación de la lucha por organizarnos también sentó las bases para que el discurso de “la mujer” empezara a ser el de “las mujeres”. Empezamos a organizarnos desde las diferencias (Rivera Lassén y Crespo Kebler 2001).

Los años noventa y lo que ha pasado en este comienzo de siglo, por su parte, se han caracterizado por la diversidad y el distanciamiento. En Puerto Rico se ha visto el surgimiento de reclamos más fuertes y específicos de mujeres a su derecho a organizarse, por ejemplo, por raza o por orientación sexual. Aunque en el caso de las organizaciones de lesbianas, ya habíamos visto el aparecimiento de algunos grupos desde los setenta y en los ochenta, en los noventa comenzó una etapa más activa en este tema, aunque los grupos no necesariamente participan o se identifican como parte del movimiento feminista, que, a su vez , hasta ahora ha sido dominado en sus acciones y agendas por la heterosexualidad (Rivera Lassén y Crespo Kebler, 2001).

La misma situación la veremos en los grupos que surgen alrededor del tema de la mujer negra. Estas organizaciones son hasta ahora grupos de mujeres en la periferia de las actividades de las organizaciones feministas. Éstas últimas, las organizaciones feministas, hasta ahora han estado desprovistas de contenido de análisis de raza en sus acciones y agendas (Rivera Lassén y Crespo Kebler 2001). Estos son retos para todas las personas, en todas direcciones.

Si hoy podemos articular una defensa de los derechos de las mujeres a vivir sin violencia, por ejemplo, esto se debe a un trabajo que comenzó con la imaginación. Había que soñar, y hay que soñar para construir la realidad, pero la realidad es también un sueño. Cuando creemos que estamos concretando su forma, la realidad se transforma nuevamente, descubriendo en su cuerpo nuevos ángulos que antes no veíamos. Creo que las mujeres no somos una sola, ni somos iguales, ni mucho menos somos unidimensionales, por lo que me gusta imaginar que las utopías feministas están en constante cambio y que siempre estamos retándonos a nosotras mismas para tratar de articular un discurso(s) que nos incluya a todas y/o que no excluya a algunas (Rivera Lassén y Crespo Kebler 2001).

Para terminar me gustaría llamar la atención al tema de los derechos sexuales y reproductivos como un aporte político esencial desde las mujeres al Foro Social Mundial (campaña de CLADEM por una Convención de DDSSRR). Las discusiones sobre quién toma el control del cuerpo de la mujer es, sin duda, uno de los temas políticos y económicos más importantes para nosotras. Por ello creo que este Foro ha abierto espacios para la discusión de todos los temas que he venido exponiendo, y tendría que ser la perspectiva de género una metodología transversal en los ejes de este evento, para que realmente podamos decir que ese otro mundo es posible.

Referencias


Notas:

* Abogada puertorriqueña, activista feminista desde la década de los setenta. Portavoz en Puerto Rico del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM) e integrante del Instituto Puertorriqueño de Estudios de Raza e Identidad.


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