Retos feministas en un mundo
globalizado
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Los aportes y los retos feministas en el Foro Social Mundial
Virginia Vargas*
El Foro Social Mundial es un espacio global de los movimientos sociales democráticos de mujeres y hombres. Sus dos lemas: otro mundo es posible y no al pensamiento único expresan la orientación de esta otra globalización, cuya fuerza es el convencimiento ético y utópico de que las alternativas pueden ser construidas por las fuerzas democráticas y emancipatorias. Y que para hacerlo no hay receta, ni alternativa ni sujeto único, sino una multiplicidad de actores y actoras sociales, aportando sus múltiples formas de resistencia y de construir democracias con justicia social y equidad.
El intento de incidencia de los feminismos en el FSM se conecta evidentemente con estos dos lemas, por los cuales los feminismos han luchado históricamente. Pero se conecta también con nuevas tendencias feministas que buscan responder teórica y políticamente a los nuevos desafíos que trae un mundo globalizado.
Estas nuevas tendencias, o lo que Irene León llama los grandes temas pendientes del feminismo (o Ana Rivera llama el reajuste de los discursos), pueden resumirse en dos ejes transversales: liderazgos jóvenes y/o renovados, diversos y plurales, de acuerdo a los nuevos retos, y atención a las desigualdades que esa diversidad conlleva, y que se expresa en otras múltiples discriminaciones, de raza, etnia, edad, orientación sexual, residencia geográfica, además del género (cruzando al género), todas ellas en interacción mutua y permanente, lo que aumenta la exclusión. Esto nos compromete vital y políticamente. Estas tendencias además comienzan a expresarse después de procesos de repliegue de los movimientos, ante el avance de un individualismo extremo (la cultura del yo, la llama Norbert Lechner, recelosa de incorporarse a experiencias colectivas), de fragmentaciones y resurgimiento de identidades esenciales. Procesos en los cuales, como dice Silvia Borren, el feminismo puede haber perdido el camino.
Pero es también cierto que estas nuevas miradas son posibles por la creciente diversidad, pluralidad y des-centramiento de los feminismos, lo que también ha diversificado sus formas de existencia y sus estrategias. Dando sustento a lo que Sonia Álvarez (1998) define como los feminismos de estos tiempos: un campo discursivo, expansivo, heterogéneo, generando campos de acción policéntricos que se extienden sobre un conjunto de organizaciones de la sociedad civil, y que no se restringen a los espacios de mujeres, aunque indudablemente ellas los mantienen de muchas formas. La misma presencia en el FSM, haciéndose estas mismas preguntas, es también una expresión de ese cambio.
En el Foro Social Mundial los feminismos han comenzado a posicionar los dos ejes arriba mencionados, alimentando procesos que integran la justicia de género con la justicia económica, recuperando al mismo tiempo la subversión cultural y la subjetividad como estrategia de transformación de más largo aliento. Confrontan así dos expresiones amplias de injusticia: la injusticia socioeconómica, arraigada en las estructuras políticas y económicas de la sociedad, y la injusticia cultural o simbólica, arraigada en los patrones sociales de representación, interpretación y comunicación. Ambas injusticias cruzan a las mujeres y a muchas otras dimensiones raciales, étnicas, sexuales, geográficas. Expresadas en la desigual distribución de recursos y en la ausencia de valoración de ciertas culturas, se concretan en las luchas por la redistribución y el reconocimiento. Y aunque no han sido luchas que han estado siempre conectadas, ambas lo están intrínsecamente, como dice Nancy Fraser (1997), porque las normas androcéntricas y sexistas se institucionalizan en el Estado y la economía, y las desventajas económicas de las mujeres restringen su voz, impidiendo su igual participación en la creación cultural.
El Foro Social Mundial es un espacio de confluencia de estas búsquedas. Pero es también un espacio de disputa. Su ambivalencia es parte de su riqueza, porque nos acerca también a la cara contradictoria de la globalización alternativa, y a la cara contradictoria de cada una de nosotras/os: al mismo tiempo que arrastra los nuevos signos y subjetividades, sigue también arrastrando viejas exclusiones y conservadurismos. Por ello, el FSM es también un espacio donde lo nuevo surge en confrontación con las viejas estructuras de pensamiento y acción. Y quizás lo más atrayente del Foro es que las tensiones y contradicciones, lejos de ser motivo de paralización, son la materia prima para el desafió de recuperar la diversidad de sensibilidades e interrogantes frente a los nuevos escenarios de la globalización.
Sin embargo, junto con este aporte sustancial viene el desafió que para los feminismos representa este espacio. Como dice Irma Van Dueren, no queremos un FSM dominado por los hombres, sino uno donde también haya diálogo feminista. Y ello no siempre es fácil, porque implica una doble estrategia: comprometerse con las luchas colectivas de los movimientos sociales y al mismo tiempo intentar transformar su perspectiva en relación al feminismo, a la diferencia, al género, a los pensamientos múltiples, como dice Sonia Correa (2002). Por tanto, existen en el Foro procesos de articulación y procesos de disputa. Y ello ha sido claro entre el primer y segundo Foro: la presencia y visibilidad de los feminismos en el II Foro, aunque no suficiente, fue mucho más visible e impactante que en el FSM I, gracias a la tenacidad de la disputa planeada por los feminismos, así como por la labor incansable de los feminismos brasileños. Y no estamos solas en eso.
El hecho de que, por ejemplo, Cándido Grzybowsky, uno de los más significativos visionarios e impulsores del FSM, haya públicamente evidenciado su posición en relación a la exclusión de las mujeres, es un hecho alentador: Existe un sesgo estructural que no da protagonismo para las mujeres (...) «Es triste reconocer que el FSM aun fue pequeño en términos sociales, en su lado femenino. (documento de la web). Este pequeño lado femenino es el que oscureció, en el primer Foro, la presencia del 52% de participantes mujeres. Es el que, en esta segunda versión, con cerca de 42% de participación de mujeres y a pesar de su más visible impacto, no buscó tampoco su presencia proporcional en las Conferencias organizadas por el Foro ni en el Comité Organizador. Es aún el pensamiento único agazapado todavía en las estrategias de cambio.
Estos retos y estas búsquedas nos acercan a la posibilidad de construir una visión diferente de futuro. Y recuperar una de las características sustanciales que expresó el surgimiento de los feminismos del siglo XX: su convicción de que las luchas feministas auguraban la posibilidad de un mundo diferente, sustentado en el reconocimiento del otro/otra como semejante en su diferencia. Estas características son ahora compartidas y potenciadas por muy amplios sectores de las sociedades civiles democráticas, como lo demuestran los dos lemas, tremendamente movilizadores, del Foro Social Mundial, que vale la pena repetir: Otro mundo es posible, no al pensamiento único.
Referencias
Alvarez, Sonia, 1998. Feminismos Latinoamericanos: Reflexiones Teóricas y Perspectivas Comparativas. En Reflexiones Teóricas y Comparativas sobre los Feminismos en Chile y América Latina. Conversatorio realizado en Santiago de Chile, el 2 y 3 de abril, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.
Correa, Sonia, 2002. Globalización y Fundamentalismo: Un Paisaje de Género, en Alternativas de Desarrollo con Mujeres para una Nueva Era. Abordando el Foro Social Mundial. (Porto Alegre/Brasil: Suplemento DAWN).
Fraser, Nancy, 1997. Justicia Interrupta. Reflexiones Críticas desde la posición postsocialista. Universidad de los Andes. Siglo del Hombre Editores. Colombia
Guzmán Virginia, 2001. Las Relaciones de Género en un Mundo Global (Documento elaborado por Virginia Guzmán, Consultora de la Unidad Mujer y Desarrollo-CEPAL).
Jellin, Elizabeth, 2001. Diálogos, encuentros y desencuentros: los movimientos sociales y el MERCOSUR (Documento de la Web).
Notas:
* Socióloga peruana con especialidad en Política. Activa militante feminista. Es integrante y socia fundadora del Centro de la Mujer Peruana «Flora Tristán». Actualmente trabaja como consultora de UNIFEM, a cargo del Programa de Derechos Económicos y Sociales de las Mujeres.