Movimientos
sociales en la Red
Osvaldo León, Sally Burch, Eduardo Tamayo
ALAI, septiembre 2001
http://alainet.org/publica/msred/
"Otro mundo es posible", es el lema que cada día encuentra más eco en el mundo entre los diversos sectores sociales y ciudadanos que se niegan a encajar en el proyecto único que la lógica dominante de la globalización neoliberal pretende extender a todo el planeta.
No hay "otra salida" venía sosteniendo imperturbable el discurso neoliberal. Hasta que el encanto mágico sufrió un fuerte remezón con las movilizaciones de protesta registradas en Seattle, en diciembre 1999, con ocasión de la Conferencia ministerial convocada por la Organización Mundial del Comercio (OMC). No por ser la primera, sino por el impacto simbólico que adquirió.
En efecto, a partir de entonces se asiste a una nueva etapa de reactivación social con una agenda que incluye temas globales y actores que buscan romper el aislamiento de sus luchas particulares. Es así que se ha iniciado un original proceso de convergencia de fuerzas sociales diversas pero coincidentes en que la suerte de la humanidad no puede estar supeditada a la dictadura del mercado, pues resulta intolerable que las desigualdades y desequilibrios sociales y geográficos no dejen de incrementarse, con la consecuente cada vez mayor concentración de la riqueza y el marcado crecimiento de la pobreza1, pese a que nunca como hoy la humanidad ha logrado contar con una abundancia tal de recursos científicos y materiales capaz de encontrar respuestas duraderas a los flagelos que padece.
Se trata, sin duda, de un proceso incipiente, pero dinámico, cuya novedad radica en las confluencias que está propiciando entre colectivos y redes sociales diferentes, con trayectorias particulares y disímiles, con prácticas organizativas diversas, al igual que sus orientaciones y plataformas. Vale decir, se nutre y a la vez se confronta al reto de descifrar la diversidad y el pluralismo. En este sentido, es un proceso que ha sabido beneficiarse de los acumulados organizativos y propositivos de los nuevos movimientos sociales, como los feministas, ecologistas, indígenas, de derechos humanos, etc., que precisamente han buscado conjugar esos atributos democráticos con una visión holística del mundo, crítica del sentido mismo de la modernidad y de la civilización occidental.
Esto es, un cuestionamiento a ese proyecto civilizatorio -sustentado en la permanente promesa de un futuro próspero, abundante y de libertad plena- a partir de una lectura del mundo global que no sólo señala la imposibilidad práctica de universalizar tal proyecto, por insostenible, sino que también alerta sobre la consecuente situación de riesgo para el futuro mismo del planeta, a causa de las fuerzas que desata, llámense éstas estallido nuclear o colapso ecológico.
La apuesta por "otro mundo posible" se enmarca en esta perspectiva crítica, no se limita a juntar el descontento que crece día a día para articular acciones de protesta, y es por eso que no tardó en asumir como tarea impostergable la formulación de alternativas. Tal fue justamente la razón de ser que congregó a entidades y movimientos sociales en el Foro Social Mundial (FSM) realizado en Porto Alegre, Brasil, en enero de 2001, para reflexionar e intercambiar experiencias. A la postre, este evento terminó siendo un catalizador de esas nuevas energías sociales, por lo que se acordó transformarle en "un proceso permanente de búsqueda y construcción de alternativas".
En esta búsqueda, adquiere particular relevancia la reapropiación social del conjunto de avances científicos y tecnológicos -un patrimonio histórico de la humanidad que hoy se encuentra confiscado por las grandes corporaciones-, para que puedan contribuir plenamente al bienestar colectivo.
Entre los desarrollos tecnológicos recientes destacan las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC), que han multiplicado y acelerado enormemente las posibilidades de comunicar, acceder a información, desarrollar y compartir conocimientos, con severas implicaciones en el convivir social.
A estas alturas, no se precisa demostración alguna para establecer el vínculo que existe entre NTIC y globalización; de hecho la proyección mediática que dio fama a este término, precisamente comenzó asociándolo con la compresión de tiempo y espacio propiciada por aquellas. Es lo que permite, entre otras cosas, comunicar en tiempo real desde cualquier punto del planeta. Imagen, por lo demás, debidamente cuidada para preservarla en el tiempo, pues a todas luces "vende" mejor de todo lo que puede mostrar la globalización financiera.
"Internet para todos", es la frase de moda que, de un tiempo a esta parte, se suele escuchar de labios de gobernantes y políticos, sobre todo en períodos electorales, al compás de un discurso promocional que le presenta como una panacea, incluso para remediar nuestras democracias maltrechas y cada vez más ajenas. A través de este prisma, con las NTIC estaría por realizarse, más temprano que tarde, el ideal democrático de acceso universal al conocimiento y la vigencia de sociedades basadas en la transparencia, la tolerancia y la protección de las libertades ciudadanas. Para el efecto, tan sólo habría que poblar el mundo con computadoras y conexiones a la Red de redes.
Desde otra perspectiva, en cambio, se argumenta que estas tecnologías igualmente pueden prestarse para la imposición de hegemonías, cuya tendencia será ahogar a las comunidades pequeñas y a los países débiles, beneficiando a las élites, con la consecuente profundización de las relaciones de dominación y de las disparidades existentes.
Sin duda ambas posibilidades existen, como muchas otras. Y es que al igual que con cualquier otra tecnología, el provecho que se logre de las NTIC, y en beneficio de quiénes, dependerá en buena medida de cómo se oriente su desarrollo e implementación, en razón de la correlación de fuerzas presentes.
En los momentos actuales quienes han entrando de lleno a ocupar estos espacios e imprimir las reglas del juego, son las empresas comerciales, particularmente las grandes transnacionales de las ramas de telecomunicaciones, informática, entretenimiento y mediática. Bajo su influencia, la lógica de rentabilidad tiende a primar sobre cualquier otra consideración.
Si no se incide para abrir el juego democrático, y se impone esta corriente predominantemente comercial en las NTIC, existen evidencias -recogidas por diversos estudios- de que, en nuestras sociedades escindidas y marcadas por disparidades sociales, la tendencia conllevará a profundizar aún más la exclusión de los sectores más vulnerables, que justamente se encuentran también marginados de los circuitos de información y comunicación.
Ante esta realidad, las redes y movimientos sociales se vienen perfilando como un contrapeso en la medida en que su incursión en estos nuevos espacios se presenta marcada por el criterio de participación que es consustantivo al papel democratizador que cumplen. Y en tal medida potencia la capacidad individual y organizativa de expresarse, aliarse, negociar o resistir para articular una legítima apropiación social de tales tecnologías.
"Unidad en la diversidad", es la premisa que se ha extendido entre las fuerzas sociales de América Latina como parte de sus redefiniciones organizativas, particularmente cuando se trata de vertebrar procesos convergentes. Bajo esta tónica, en los últimos años la región ha sido escenario de un crecimiento de redes y coordinaciones que, en el plano nacional e internacional, articulan a organizaciones representativas de diversos sectores de base (campesinos, indígenas, mujeres, afrodescendientes, comunidades urbano-populares, jóvenes, entre otros), con miras a tener una mayor incidencia en las políticas públicas, en las diversas esferas.
En este marco, tales iniciativas han visto la necesidad de posesionarse de instrumentos de comunicación y han encontrado en las NTIC -principalmente la Internet- una herramienta muy valiosa para poder intercomunicar, coordinar y difundir sus acciones y propuestas.
A través de esta experiencia, los movimientos sociales han venido procesando la importancia de apropiarse de tales recursos, en particular de la Internet, lo que implica no sólo ser usuarios, sino también profundizar en el entendimiento de sus lógicas para poder sacar un provecho pleno. Pero además se va perfilando que tienen un rol a jugar en la defensa de los intereses populares, de cara a la orientación del desarrollo e implementación de las NTIC, lo cual implicaría no sólo incidir en las instancias de decisión respectivas, sino incluso reconceptualizar el discurso dominante y tomar cartas en la disputa de sentidos.
Fue bajo esta óptica que a fines de 1999 nació la Comunidad Web de Movimientos Sociales (CWMS), una iniciativa impulsada por diversas coordinaciones sociales del continente2, con el propósito de desarrollar una estrategia colectiva de intervención en la Internet, a partir de una experiencia concreta: la implementación del portal "Unidad en la diversidad" en la Web, para que los movimientos sociales puedan tener una presencia mayor en ella. Esto es, un espacio común, dentro del cual cada coordinación preserva su autonomía, que permite contrarrestar el aislamiento y la dispersión de sitios, a la vez que juntar una masa crítica de información sobre las problemáticas sociales.
Como la participación de las organizaciones sociales en los procesos de información no se limita a las conexiones físicas, ni al simple acceso a la masa de información disponible, los intercambios promovidos por esta iniciativa condujeron a considerar también: cómo ellas pueden organizarse mejor para recibir y seleccionar la información y apropiarla como conocimiento útil; cómo pueden definir estrategias de intervención en este medio; qué valor agregado pueden aportar al acervo global de conocimiento, en tanto actores sociales con una riqueza de conocimientos y experiencia. Y, en un sentido más amplio, a ponderar la importancia de incorporar el derecho a la comunicación y a las nuevas tecnologías en las plataformas y luchas de los movimientos sociales. Lo que implica, entre otras, entrar en el debate conceptual, pues lo que importa es señalar salidas a ese otro "mundo posible" y cada vez más necesario.
Una disputa de sentidos
Como ha sucedido con cada innovación técnica registrada en el campo de la comunicación, el despliegue de las NTIC se ha visto acompañado de una proliferación de discursos mesiánicos y deterministas, que anticipan consecuencias sociales presentadas como inevitables. Discursos que, en general, explican poco pero promocionan mucho, buscando establecer un virtual monopolio normativo y de utilización.
Ahora la novedad radica en la fuerza con que estos discursos se han extendido a todos los planos, estableciendo lugares comunes que se repiten ad infinitum. De modo que, el nuevo entorno social que se ha venido perfilando con la presencia de las NTIC, no sólo se debe a su acelerado despliegue físico sino también a la amplia diseminación discursiva para promocionarlas, que ha logrado que ellas pasen a ser tema de la cotidianidad y de los imaginarios colectivos. La fascinación que generan y el eco que han alcanzado en el mundo mediático, por lo general en términos de espectacularidad, se presentan entonces como importantes factores dinamizadores de este proceso.
Cuando nos referimos al discurso promocional de dichas tecnologías no sólo estamos considerando al generado por los profesionales encargados de tal tarea, sino también al que es producido por quienes se ocupan de investigaciones, para producir conocimientos sobre su incidencia social. Se sabe que cada cual tiene objetivos, procedimientos, criterios y normas diferentes, pero tal parece que también asistimos a un nivel de convergencia en este plano.
Para el determinismo tecnológico, la tecnología es considerada como una variable independiente que se torna en la causa primaria del cambio social. Vale decir, establece la relación tecnología-cambio social como causa-efecto. Bajo esta óptica, conduce a estudios centrados en el "aparato" que, por lo general, terminan asignando al objeto de estudio propiedades y valores que probablemente no los tiene. Es así que, ante los acelerados cambios tecnológicos registrados en las últimas décadas, las formas de tal discurso han mutado también rápidamente.
En efecto, como reseñan Robins y Webster (1999: 1-3/66), a fines de los 70, cuando el chip de silicona despejó la ruta a las nuevas tecnologías, se habló de la "revolución de la microelectrónica", pero como poco después cobró relieve la capacidad de esas tecnologías para procesar y guardar información, se vio que era más acertado hablar de la "revolución de las nuevas tecnologías de información". Concomitantemente, la atención se centró sobre el impacto de estas tecnologías sobre el trabajo y la situación laboral, que entre otras cosas desembocó en el planteamiento de la posible creación de la "sociedad del tiempo libre".
En el curso de los 80, al orientarse el interés hacia las funciones de comunicación de las nuevas tecnologías, la fórmula se amplió en términos de "revolución de las nuevas tecnologías de información y comunicación". Por tanto, la preocupación pasó a girar en torno al significado económico y político de la "sociedad de la información y el conocimiento" -que en el debate aparecía como una variable de la "sociedad post-industrial"-, y la necesidad de encontrar un balance entre los imperativos de la competencia económica y las exigencias de justicia social y cultura pública.
Entrando a los 90, la atención se desplazó hacia la Internet y sus proyecciones, sobre todo comerciales, teniendo como referente central al proyecto estadounidense de construir una "supercarretera de la información", lo cual derivó en formulaciones como la de una "sociedad red" global y, posteriormente, la de "ciber-revolución" y "sociedad virtual". Con este giro, la agenda se tornó esencialmente pragmática, pues la cuestión pasaba por desarrollar los recursos y destrezas de información necesarios para competir en los mercados del mundo. Mas ello no impidió que irrumpa una nueva onda idealista que propugna una apropiación cultural de la agenda tecnológica: la "tecnocultura", que ve posibilidades emancipadoras en el "ciberespacio" y la "realidad virtual".
En este trayecto queda claro que los énfasis han variado, de modo tal que de la inicial perspectiva política-económica se ha pasado hacia la cultural, cada cual colocando puntos pertinentes pero que a la postre se diluyen cuando se pretende sobredimensionar el rol de las nuevas tecnologías en los procesos sociales. En todo caso, han contribuido a consolidar la contemporánea "ideología de la comunicación", en tanto sistema de representación organizado alrededor de las tecnologías de comunicación, que coloca a éstas como ejes de la dinámica y ordenamiento social.
Esto es, un discurso donde el factor tecnológico va a condensar, como señala Sierra Caballero (1999: 7), "los viejos y ancestrales mitos de la ideología del progreso, concentrando las visiones de un mundo integrado eficazmente en razón de la ciencia y la tecnología. A tal punto que los apologetas de la nueva civilización tecnológica depositan todas sus esperanzas de cambio y desarrollo social en el poder transformador de las nuevas tecnologías. El contenido de toda revolución social queda subsumido así por el poder movilizador de la técnica. Son las nuevas tecnologías las que cambiarán radicalmente el mundo del trabajo, del estudio, la cultura, el ocio y hasta la forma misma del saber y de conocimiento. La mistificación tecnológica de este final de milenio pretende agotar, en consecuencia, el sentido y referencia de lo social en la función instrumentalista de las nuevas tecnologías de la información, al margen de las relaciones sociales que subyacen a su producción, uso y circulación comercial".3
Para superar los enfoques lineales de causa-efecto, Croteau y Hoynes (2000: 310) proponen tomar en cuenta que: "Las tecnologías, simple y llanamente, no aparecen en escena plenamente desarrolladas y listas para ser implementadas, tampoco las propiedades técnicas de las tecnologías emergentes predeterminan su uso. La gente debe utilizar las nuevas tecnologías, y en las sociedades capitalistas ese uso generalmente debe ser rentable. Las tecnologías de comunicación, por lo mismo, se engarzan con los procesos sociales en curso y, como resultado, su desarrollo y aplicaciones no son ni fijos ni plenamente predecibles. El desarrollo tecnológico es resultado de algunas variables interactuantes: la capacidad de los nuevos aparatos, las prioridades de los propietarios e inversionistas, las prácticas culturales y tradiciones que las nuevas tecnologías confrontan, los usos de aparatos con potencial de competir, y las formas específicas con que la gente se refiere y usa tales tecnologías. Para entender el significado social de las tecnologías de comunicación, entonces, se debe tener en cuenta las fuerzas sociales que configuran su desarrollo y su adopción".
Así las cosas, lo que queda en claro es que la posibilidad de formular alternativas desde las fuerzas sociales no sólo implica abrir perspectivas y prácticas colectivas, sino también discursivas, incluyendo los enfoques analíticos.
Con tales consideraciones de por medio, este libro, que se inscribe en el proyecto de la Comunidad Web de Movimientos Sociales (CWMS), en la primera parte explora el debate que se viene desarrollando en torno a la Internet, para ubicar con mayor precisión lo que se encuentra en juego en este ámbito, sus potencialidades y límites, sus desafíos, sus lógicas y efectos organizativos, particularmente en lo referido a flujos y redes; en suma, el estado de la situación, condición básica para pensar en estrategias. En la segunda parte, presenta un estudio indagatorio sobre la incorporación de la Internet en las organizaciones sociales involucradas en la CWMS, respecto a los usos y aprovechamiento, motivaciones y percepciones, las implicaciones socio-organizativas y comunicacionales. (O.L.)
Notas:
1 El PNUD (1999: 38) ilustra claramente esta situación al constatar que: "El activo de las 200 personas más ricas es superior al ingreso combinado del 41% de la población mundial". Acotando que bastaría una contribución del 1% de la riqueza de esas 200 personas para "dar acceso universal a la educación primaria para todos (siete mil a ocho mil millones de dólares)". Para más adelante señalar: "en una era de enorme adelanto tecnológico es inexcusable que persista la pobreza humana, y que la diferencia tecnológica vaya en aumento." (108)
2 En la CWMS participan la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), el Frente Continental de Organizaciones Comunales (FCOC), la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrocaribeñas (RMAA) y la Red de Mujeres Transformando la Economía (REMTE). El Portal incluye, además, algunos espacios intersectoriales como el Grito de los Excluidos/as, el Foro Comunicación y Ciudadanía y el Foro de las Américas por la Diversidad y la Pluralidad. http://www.movimientos.org
3 En esta misma línea, Mattelart (1999: 54) sostiene que de esta manera se procura negar y ocultar el conflicto social, subordinándolo al desarrollo tecnológico, lo cual se traduce en una pérdida del sentido histórico y de contexto ante el peso de "lo efímero, del olvido de la historia y del por qué de los objetos y de su pertinencia social" que articula tal discurso.