Movimientos
sociales en la Red
Osvaldo León, Sally Burch, Eduardo Tamayo
ALAI, septiembre 2001
http://alainet.org/publica/msred/
II
PARTE
@mérica
Latina: movimientos.org
Capítulo
5.
Un proceso en proceso
La presencia de los movimientos sociales en la Red, tanto en América Latina como en otras partes del mundo, ya es una realidad que va cobrando importancia. No precisamente por razones que tengan que ver con "impactos" espectaculares pues bajo este barómetro no pasaría de ser una irrupción modesta y, quien sabe, hasta insignificante, pero sí en términos de pertinencia socio-política. Es decir, esa importancia, más que al número de organizaciones y coordinadoras sociales conectadas a la Internet, se remite al hecho de que son actores con impacto social empeñados en apropiarse de esta tecnología, sacar las mejores ventajas que ofrece volumen de información, velocidad de transmisión, etc., en función de sus objetivos.
En este sentido, no se trata de una presencia anecdótica ni de una exquisitez de organizaciones que pueden permitirse este "lujo", sino de una consecuencia práctica de fuerzas que pujan por gravitar en el espacio público, que en la dimensión contemporánea redes mediáticas mediante se presenta cada vez más como un espacio simbólico y reticular. De ahí que al conectarse a la Internet no sólo apuntan a colocar temas socialmente relevantes y expresar su pensamiento propio, sino también a reforzar sus articulaciones y ganar mayor contundencia en su accionar.
Habida cuenta del carácter interactivo que ofrece la Red, la presencia de los movimientos sociales en ella ha conllevado a poner sobre el tapete un asunto central: el rescate del vínculo que históricamente existió entre comunicación y acción. Éste ha venido rompiéndose paulatinamente desde hace un siglo y medio con la irrupción del telégrafo y las posteriores tecnologías de comunicación, que para decirlo en palabras redondas establecieron el mundo de los "mass media" y la consecuente "sociedad del espectáculo".
Sin embargo, no cabe alimentar ilusiones sobre salidas fáciles, pues para aprovechar esas oportunidades, las organizaciones con bases sociales que conforman tales movimientos se ven enfrentadas a serios desafíos para sortear obstáculos, integrar nuevas capacidades y adecuar su funcionamiento. Es más, en un sentido general, aun encarando tales desafíos, bien puede ser que para entonces Internet haya dejado de ser ese espacio abierto y libre que hasta hoy le caracteriza, pues el círculo se está cerrando ante las presiones de los poderes fácticos para imponerle regulaciones. Y, como suele suceder, cuando lo que prevalece es el "todo vale", la mínima oportunidad será aprovechada al máximo para imponer la ley del más fuerte.
La apropiación social de la Red
La apabullante difusión del discurso promocional sobre las nuevas tecnologías de información y comunicación, y su énfasis en el aporte de éstas para el desarrollo, han influido para que sean conocidas y tomadas en cuenta por las organizaciones sociales, pero limitando el panorama al uso de aplicaciones. Desde la lógica social de apropiación tecnológica, tratándose de un área tan nueva y desconocida, un mejor entendimiento de las oportunidades, retos y obstáculos y de sus implicaciones en un marco socio-organizativo, se torna una exigencia para que las organizaciones alcancen mejores posibilidades de optimizar el aprovechamiento de esos recursos, para sus fines y aspiraciones.
Bajo esta perspectiva, la propuesta de capital informacional se presenta como una categoría analítica interesante para avanzar en la comprensión de los procesos de apropiación de las nuevas tecnologías de información y comunicación por parte de actores sociales colectivos, en general. En este viaje exploratorio, precisamente, esa pista ha permitido desentrañar aspectos relevantes para el quehacer de las organizaciones sociales en el mundo de las redes electrónicas y de las comunicaciones.
En el plano práctico del acceso a la Internet, las condiciones de la infraestructura instalada en América Latina registran todavía un gran desfase en comparación con los países desarrollados, pero en la mayoría de países son lo suficientemente accesibles como para permitir la conectividad en condiciones regulares, por lo menos en las ciudades.
El estudio realizado ha permitido constatar que, respecto al equipamiento y acceso, el afán de poder comunicarse mejor constituye la principal motivación inicial para que las organizaciones se conecten a Internet. En muchas casos, esta motivación surge de su participación en dinámicas de redes o coordinaciones regionales, que han incorporado el correo electrónico como uno de sus principales soportes para la intercomunicación.
La precaridad de dotación en infraestructura constituye, sin embargo, uno de los principales obstáculos para ello. Aun en los casos que han logrado un nivel aceptable de equipamiento, las necesidades siguen creciendo más rápidamente que las respuestas, sobre todo cuando se trata de organizaciones con amplias bases sociales que buscan incorporar la comunicación electrónica para dinamizar la comunicación interna.
No obstante, los ejemplos demuestran que cuando una organización ha identificado con claridad sus necesidades de comunicación, encuentra soluciones a las carencias, al menos para lo más esencial. En todo caso, si bien la infraestructura es un requisito, el nivel de equipamiento y conectividad no es un indicador del grado de aprovechamiento de los recursos de la Internet, pues éste implica además conocimientos, lenguaje, formación y destrezas en el manejo. Es por eso que, aun contando con los equipos más modernos, cuando no existe un proceso de apropiación de la tecnología y de los flujos de información, los resultados aparecen mínimos.
En lo que se refiere a la utilización de la tecnología, si bien por lo general la incorporación de la computación, y por ende del correo electrónico, se ha manejado primero con un criterio principalmente administrativo, ahora, entre las organizaciones se ha generalizado el criterio de que las nuevas tecnologías de información y comunicación permiten dinamizar y fortalecer su quehacer, principalmente en dos áreas: por una parte, en el funcionamiento en red o "networking", y por otra, en las actividades de información y comunicación.
El correo electrónico es el primer y principal servicio de Internet utilizado, reflejo del hecho que, para las organizaciones sociales, la Internet es ante todo un instrumento de interrelación y enlace. Con el correo electrónico y las listas de intercambio, por primera vez tienen a su disposición un recurso para comunicarse entre ellas en red, en forma horizontal y descentralizada. De hecho, mientras mayor inserción tienen en dinámicas de redes, más indispensable encuentran el uso del correo electrónico. El uso de la Web, si bien tiende a incrementarse, sigue ocupando un lugar secundario.
Una limitación que ha reducido la posibilidad de adaptar la tecnología a las necesidades propias es el hecho que el acercamiento a la computación ha estado pautado por un sentido de aplicación de programas preestablecidos, alentado por los proveedores de equipos y programas.
En respuesta a nuevas necesidades y exigencias que van surgiendo, algunas organizaciones han emprendido un proceso de apropiación de la tecnología, buscando sacar mejor provecho de ella, sea para su funcionamiento interno, para el relacionamiento externo o para el trabajo de información y comunicación. Ello desencadena readecuaciones internas unas planificadas, otras más intuitivas que consisten, según el caso, en un nuevo reparto de tareas y responsabilidades, la asignación de infraestructura y servicios de conexión, o la asignación y formación de los recursos humanos.
Tener una computadora conectada a Internet acelera el ritmo de las comunicaciones y de allí surgen nuevas necesidades de comunicar, lo cual, si bien a veces genera roces con la cadencia acostumbrada en las organizaciones, paulatinamente provoca cambios en los tiempos y formas de organización. Ello no es problema cuando se canalizan estos cambios en un sentido constructivo; pero dejarse arrastrar por el movimiento inercial sí puede traducirse en situaciones conflictivas.
A menudo, las organizaciones comienzan a implementar un reordenamiento interno a partir del momento en el que se percibe que es necesario ocuparse de la gestión de información, para no dejarse apabullar por la sobrecarga que viene aparejada con el acceso a esta tecnología.
Es decir, se busca respuestas en el plano de la organización interna a partir de la constatación, en la práctica, de que este tipo de tecnología es más que un accesorio técnico-administrativo. De hecho, cuando una organización entra a Internet, no sólo se está conectando con una red de computadoras para recibir y enviar mensajes, sino que se incorpora a un tejido de flujos y redes ligadas a dinámicas sociales. Es este entorno de dinámicas lo que termina incidiendo sobre la organización y paulatinamente conlleva a desplazamientos organizativos.
A medida que más personas de la organización comienzan a utilizar directamente Internet, se incrementan las necesidades de formación. La capacitación y formación son subrayadas como necesidad apremiante, tanto en lo específicamente técnico, como para el manejo de los flujos de información, y respecto a los criterios para definir políticas.
En el plano de la apropiación informativa, las organizaciones se encuentran ante la necesidad de desarrollar nuevas destrezas para el manejo de información, para que sea un insumo útil y oportuno para las distintas áreas de trabajo. La sobreinformación, justamente, es considerada como el principal problema nuevo que encuentran con el uso de Internet.
La experiencia demuestra que si no se adoptan las medidas del caso para gerenciar la información, el hecho de conectarse a Internet puede incluso acarrear más problemas que soluciones. Como se sabe, una información, cualquiera sea, sólo se torna pertinente en relación a un actor dotado de proyecto. Para muchas organizaciones, sin embargo, desarrollar los criterios y mecanismos que permitan diferenciar con agilidad la información útil de la que no lo es, sigue siendo una materia pendiente que buscan resolver.
En cuanto a la difusión de información propia, la mayoría estima que produce muy poca información y reconoce que uno de los principales obstáculos es la carencia de políticas al respecto. En la práctica, la producción de información fluctúa con las coyunturas. Un cambio significativo es que, con la introducción del correo electrónico, ellas han encontrado un mecanismo para apelar rápidamente a la solidaridad nacional e internacional en momentos de emergencia. Por lo menos en estas coyunturas la información tiende a fluir, lo que no sucedía pocos años atrás.
Existe una gran expectativa entre las organizaciones respecto a poder iniciar o ampliar su difusión en la Web, con miras a tener una mayor proyección pública, pero se lo sigue percibiendo como un paso más elevado y complejo que la difusión por correo electrónico y listas. Aun cuando logran cruzar el umbral, la sostenibilidad y regularidad de actualización plantea dificultades. Aquí también, ellas reconocen que el problema de fondo reside en la carencia de políticas, como también en la falta de mecanismos para convertir la propia experiencia y accionar de la organización en información. No faltan, desde luego, notables casos de sitios web que han logrado establecer una regularidad de actualización y una audiencia apreciable.
Las ventajas de la Internet para el funcionamiento en red son percibidas tempranamente por las organizaciones, gracias a su participación en coordinaciones internacionales. Muchas tienen presente que cuando fluye información, se facilitan los procesos de consulta, formación de opiniones, construcción de consensos y toma de decisiones colectivas. Es en este sentido que aspiran extender su uso a nivel interno, cuestión que no necesariamente resulta fácil por los obstáculos que se interponen: no sólo por los costos y los problemas de infraestructura entre las afiliadas, sino también por las carencias de formación y el poco hábito del uso de Internet entre la dirigencia.
En la práctica, se constata que el funcionamiento en red es más fluido a nivel de las coordinaciones internacionales que a lo interno de las organizaciones nacionales. Aun allí, el hecho de estar interconectadas en red no basta en sí para asegurar la participación y las decisiones tienden a ser asumidas por las organizaciones más dinámicas.
Un número creciente de organizaciones sociales asume que un reto pendiente es el desarrollo de políticas y estrategias de comunicación, como condición para poder afirmar su visibilidad e incidir con mayor fuerza en el debate público, como también para fortalecer internamente a la organización. De hecho, es en razón de esta doble preocupación que las actividades de comunicación son encaradas básicamente en dos niveles: las que se dirigen hacia las bases y las que se orientan hacia la opinión pública, nacional o internacional.
Entendiendo que la comunicación no se limita al ámbito de la producción mediática, sino que es consustantiva a las relaciones humanas, algunas organizaciones lo han asumido como un eje transversal del conjunto de sus actividades, de manera que cada acción integra un componente comunicacional.
Con relación a los medios masivos de difusión, el criterio general es que en éstos prevalece una concepción elitista que sistemáticamente ignora a las expresiones sociales organizadas. Cuando se rompe esta regla, suele ser en momentos de conflicto, mas no para hacerse eco de los logros y propuestas que ellas anteponen. La novedad, en todo caso, radica en el hecho de que varias organizaciones han asumido que no basta con la queja ni la condena, sino que el desafío pasa por definir políticas para gravitar en los espacios mediáticos, sin perder de vista la enorme desventaja que tienen en este plano.
Es en este marco que se viene procesando una valoración de Internet, en tanto ofrece posibilidades para comunicar hacia la sociedad, sin depender únicamente de la buena voluntad de los medios masivos de difusión. Es más, que la Red permite llegar a una audiencia internacional, cuyo eco, en determinadas circunstancias, como los casos de represión o las luchas sociales, ayuda a ejercer presiones hacia las instancias nacionales. Incluso cuando una organización o lucha se vuelve noticia internacional, los propios medios nacionales a veces se sienten presionados a tomarla en cuenta.
De manera apretada, estos son algunos puntos relevantes que este estudio logró recoger y que han servido de insumos para dilucidar colectivamente sobre las posibles pistas de salida a los obstáculos y carencias identificados, en la perspectiva de capitalizar de la mejor manera las "virtudes" de Internet en función del sentido de cambio que mueve a las organizaciones sociales. De hecho, este estudio, pautado por diálogos e intercambios, ha sido parte de un proceso de aprendizaje continuo, de compartir experiencias, conocimientos, aciertos y errores, que básicamente ha buscado colocar interrogantes, asumiendo esa máxima que dice: "nadie busca respuestas a preguntas que no se plantea"
Es decir, no ha pretendido encontrar "buenas prácticas" ni identificar modelos a seguir, pues con la velocidad de los cambios que se registra en el ámbito de esta tecnología y la complejidad creciente del mundo de la comunicación, cualquier modelo queda rápidamente desfasado, y pretender aplicarlo en otro contexto cuando más puede ser una operación de buenas intenciones, pero, de seguro, inútil. Y es que el reto pasa por descifrar las lógicas e identificar las grandes tendencias, para elaborar estrategias acertadas.
En efecto, en la actualidad, el espacio público se ha transformado en un espacio donde los diversos actores que aspiran gravitar en él, precisamente, tratan de hacerlo al amparo de estrategias comunicacionales, para lo cual buscan dotarse de mecanismos y estructuras propias: departamentos de relaciones públicas o comunicación, sondeos, campañas, materiales informativos o publicitarios... y, por supuesto, espacios en la Internet, la cual ha multiplicado las voces que pugnan por hacerse oír en el ágora pública. La cuestión es saber quién escucha.
Ante esta situación, las organizaciones se encuentran en una encrucijada: sienten la necesidad de comunicar sus puntos de vista y propuestas, pero a la vez encuentran que invertir tiempo y recursos en una serie de intervenciones puntuales y operativas conlleva fácilmente al desgaste, con un impacto a veces apenas mayor que el mismo silencio. Es por ello que hay un reconocimiento cada vez mayor de la importancia de definir políticas y estrategias, destinadas a lograr un efecto mayor con el mínimo de desgaste y permitir que puedan moverse con solvencia y de manera sostenible en este mundo complejo.
Otro aspecto, concomitante, tiene que ver con los acelerados cambios que se vienen operando en diversos ámbitos del convivir social, de modo que los conocimientos de ayer ya no son necesariamente suficientes para responder a las nuevas realidades. Actuar en un mundo cada vez más interconectado requiere de nuevos conocimientos que difícilmente se los puede adquirir sólo a partir de la experiencia local. La presión para mantenerse al corriente de lo que acontece más allá de los círculos inmediatos se torna, por tanto, mucho mayor que en épocas anteriores. Y es en este sentido que Internet aparece como un recurso excepcional por su capacidad para ampliar y acelerar los intercambios y flujos de información. Pero una cosa es la abundancia de información y otra, la capacidad de recuperar aquella que es pertinente, lo cual implica no sólo destrezas de búsqueda en esa masa informativa que crece exponencialmente, sino también claridad de propósitos. Esto es, estrategias para lograr el aprovechamiento óptimo del potencial que ofrece tal recurso.
Estas problemáticas están presentes en muchas organizaciones sociales de la región, pero se dan cuenta que las respuestas no pueden ser instantáneas, sino que exigen de un proceso que, entre otras, incluye una revalorización de la comunicación dentro de su quehacer. Las que han avanzado más en este proceso también han entendido que la creatividad es fundamental, pues saben que una acción exitosa, reproducida ad infinitum, termina desgastándose con el uso.
En esta línea, los actores sociales que están empeñados en encontrar pistas de más largo aliento frente a la complejidad de esta nueva realidad comunicacional, encuentran que el hecho de abordarlas en el marco de las coordinaciones y redes en las que ellos participan favorece el refuerzo mutuo, el aprendizaje de experiencias afines, ahorro de recursos y esfuerzos y una proyección mayor. Es el caso, por ejemplo, de la CLOC, para la cual la comunicación ha sido un elemento presente en sus definiciones y programas de formación, con un enfoque hacia las estrategias, desde sus inicios.
La participación en dinámicas colectivas se presenta como uno de los factores más importantes para la asimilación y el desarrollo conjunto de nuevos conocimientos, que están permitiendo a las organizaciones sociales actuar con mayor solvencia en el mundo actual. Los intercambios que se implementan en las redes de organizaciones afines no solo propician la apertura a enfoques y problemáticas nuevas, sino que también contribuyen a consolidar la comprensión que cada integrante había elaborado a partir de su propia realidad.
Es así como, temas que una organización inicialmente no había contemplado o no les había asignado la debida importancia desde su propia dinámica interna, con su participación en espacios de coordinación terminan siendo asumidos en razón de la valoración que les otorga el conjunto. En el marco de la CLOC, por ejemplo, es lo que ha pasado respecto a los peligros de los plaguicidas y de las semillas transgénicas. Pero asimismo, en estos procesos de intercambio cada organización encuentra que sus problemáticas son comunes a las demás, se enriquece con otros abordamientos y experiencias, de modo tal que esos conocimientos extraídos a partir de su realidad inmediata se consolidan con una visión más universal. Lo cual, a la postre, coadyuva a que sus actuaciones en la esfera pública adquieran mayor contundencia.
A los intercambios vivenciales entre organizaciones, cuya frecuencia es más bien esporádica, se añaden ahora flujos de información más frecuentes entre ellas a través de Internet, complementados por otros aportes, por ejemplo de listas temáticas donde participan otros actores. De esta manera se ha venido consolidando un proceso de enriquecimiento mutuo, tanto en aspectos teóricos como prácticos.
Para tales organizaciones, no cuenta tanto la existencia de una masa de información de fuentes desconocidas e indistinguibles, accesible por Internet, cuanto que la confianza en fuentes conocidas. Por ello son claves los espacios de intercambio en línea que se crean en el marco de las coordinaciones. En algunas coordinaciones se está buscando, justamente, la manera de dar mayor consistencia y regularidad a los flujos de intercambio interno. Una opción que ha demostrado su efectividad es asignar a una instancia la responsabilidad de facilitar las listas y alimentarlas con insumos pertinentes. Esta solución ofrece, además, la posibilidad de ahorrar esfuerzos, pues buena parte del trabajo de rastreo y selección de información se hace de manera compartida.
A nivel de cada organización, para que estos flujos de información puedan efectivamente convertirse en conocimientos útiles para el desarrollo de la organización, se ha visto que, más que conseguir expertos, lo que cuenta es capacitar a personas que tienen claro los propósitos de ésta, para que monitoreen e identifiquen la información útil y la canalicen oportunamente hacia quienes corresponde.
La participación en redes de intercambio es para muchas organizaciones lo que las motiva a compartir su información y experiencia con otras. Asimismo, cuando deciden establecer un área específica de comunicación, en el marco de la búsqueda de una mayor incidencia social, se registra una nueva valoración del conocimiento propio en tanto motivo e insumo para las actividades comunicacionales hacia la sociedad.
Este proceso de revalorización es particularmente evidente entre las organizaciones indígenas, quienes, ante el gran interés que ha suscitado mundialmente la cosmovisión indígena como respuesta a la depredación ambiental, se plantean sistematizar y difundir la esencia de sus culturas, y contribuir así al enriquecimiento del conocimiento global con su propio valor agregado.
No obstante, desbloquear y dar sostenibilidad a su capacidad de sistematizar y compartir sus propuestas, logros, conocimientos y experiencias es uno de los pasos que las organizaciones sociales han encontrado más difíciles de franquear. Los obstáculos son varios: carencias de tiempo, personal o recursos, falta de definición de objetivos y de mecanismos adecuados, o incluso la insuficiente valoración de la riqueza de la experiencia propia y de su posible aporte para otros.
A menudo, producir información exige un esfuerzo especial que luego no se puede sostener. Por ello es frecuente, por ejemplo, que si se llega a crear un sitio web, éste no se actualiza. Por lo general, las organizaciones que han logrado niveles de superación en este plano son las que han asumido que la comunicación es un elemento programático de todo el quehacer de la organización.
En los últimos años se ha registrado un cambio significativo entre las organizaciones sociales de la región, en cuanto a su percepción de la comunicación y de la importancia que se le da al interior de ellas. De una visión inicialmente instrumental (o sea, restringida al aspecto de los medios, en tanto instrumentos), no pocas organizaciones han comenzado a visualizar las múltiples dimensiones de la comunicación: entre ellas, su papel en las relaciones humanas, en las dinámicas organizativas internas y externas, los nuevos espacios comunicacionales.
Sin embargo, para que esta sensibilidad se traduzca en la concreción de condiciones y recursos reales para la implementación de políticas y estrategias, hay todavía un camino por recorrer. Por ello, una de las enseñanzas que deja esta experiencia es que será un proceso largo y gradual. Por lo general, lo que más demora es la fase de arranque, pues también queda en evidencia que una vez que las organizaciones tienen un cierto camino recorrido, mejores son las condiciones para asimilar nuevos aprendizajes e implementarlos.
Por supuesto, la elaboración de una política de comunicación tendrá en cuenta otros aspectos, dependiendo del carácter de la organización, su trayectoria, sus propósitos y agenda, la situación de su entorno, y muchos más. Después de todo, a cada cual, desde su realidad específica, le compete articular debidamente estrategia, proceso y recursos humanos y técnicos, para que la política trazada pueda alcanzar los objetivos propuestos.
Políticas
de comunicación y las NTIC
En
los intercambios realizados en el marco de este estudio, se han
podido identificar ciertos aspectos a tener en cuenta en el momento
de elaborar políticas de comunicación, con el apoyo de
las NTIC. Ellos incluyen entre otros:
La identificación de las distintas necesidades de comunicación
de la organización, tanto a lo interno, como hacia fuera;
fijación de prioridades; asignación de
responsabilidades y búsqueda de soluciones a las necesidades
de equipamiento de las diferentes áreas de trabajo.
La definición de criterios y mecanismos para el monitoreo,
selección y redistribución de información dentro
de la organización; la definición de políticas y
mecanismos para compartir información entre departamentos.
La identificación de los destinatarios estratégicos en
la sociedad, tanto a nivel nacional como internacional; de medios,
periodistas y formadores de opinión democráticos; la
definición de la información a ser enviada a los
diversos destinatarios.
El fortalecimiento de los vehículos y productos para la
difusión informativa; la regularización de los medios
internos en respuesta a las necesidades de fortalecimiento
organizativo; la integración o complementaridad de los
recursos de Internet con los otros medios de difusión. En este
marco, está la producción y renovación de los
sitios web, y la integración de esta actividad al
funcionamiento cotidiano, a fin de darle sostenibilidad.
La capacitación y formación permanente de recursos
humanos, a todos los niveles, como parte de la programación
regular, que contempla desde las destrezas y manejo de los recursos
técnicos, hasta una formación específica para
quienes administran la información, comunicadores y
dirigencias. Aspectos prioritarios identificados para la capacitación
incluyen: criterios, mecanismos y técnicas para responder a la
sobreabundancia de información; criterios de manejo para tener
una presencia en los espacios electrónicos, conservando la
credibilidad como fuente; criterios para elaborar políticas y
estrategias de comunicación, incluyendo una comprensión
más a fondo de las NTIC.
En el marco de las coordinaciones y redes, la definición de
políticas y mecanismos para la dinamización y la
facilitación de las listas de intercambio, el establecimiento
de mecanismos de consulta y toma de decisión colectiva, y el
perfil que proyectará la coordinación en Internet.
Una de las motivaciones que ha animado los procesos de articulación social en la región, es la posibilidad de buscar respuestas conjuntas a problemas comunes, como alternativa para congregar y multiplicar más allá de la simple suma las energías dispersas. La comunicación y las nuevas tecnologías, por sus cualidades particulares (interactividad, redes, proyección pública, etc.), conforman una área especialmente apta para tender puentes, compartir, cooperar, intercambiar y desarrollar nuevos conocimientos, propuestas y perspectivas.
La Comunidad Web de Movimientos Sociales constituye una respuesta práctica en este sentido. Con el portal en la Web, las coordinadoras participantes y sus integrantes cuentan con un espacio para la difusión internacional de sus problemáticas, trayectorias, acciones y propuestas.
En el desarrollo concreto, ha sido una oportunidad para explorar respuestas prácticas a muchos de los retos y problemas que surgen al ingresar a este nuevo medio: establecimiento de espacios comunes para afirmar el sentido colectivo e incrementar la visibilidad; creación de bases de datos e interfaces para facilitar el manejo técnico; combinación de web con listas de correo electrónico, para ampliar la difusión; diseño de sistemas de clasificación y búsqueda; complementación de los ritmos diferenciados de producción de las organizaciones; difusión de información de aquellas que aún no tienen sitio propio; superación de problemas de las listas de intercambio, entre otros.
Pero además, esta vitrina pública está sustentada en un espacio colectivo de intercambio, reflexión, formación y construcción, cuyo propósito es el fortalecimiento de la capacidad de las diversas organizaciones para intervenir en Internet y en el mundo de la comunicación en general, en función de sus propias metas. Es así que, en esta primera fase, ha permitido aprender a aprender mutuamente de las experiencias de cada una, reforzar las respectivas fortalezas y suplir las debilidades, alentar la superación de la lógica instrumental de la comunicación, y, en general, entender mejor la problemática reflexionando colectivamente sobre las implicaciones de la comunicación y las nuevas tecnologías en la sociedad actual. En suma, una iniciativa de actores sociales que se enmarca en la afirmación del derecho a la comunicación, propiciando la construcción de propuestas y alianzas para el recambio social.
Aunque el discurso celebratorio se empeñe en hacernos creer que con el espectacular desarrollo tecnológico registrado en el campo de las comunicaciones, la humanidad ha entrado en una fase promisoria de futuro feliz, cualquier observación atenta de lo que está pasando en el mundo no puede dejar escapar que los desequilibrios y desigualdades se han incrementado, a medida que se intensifica la concentración del control y propiedad de tales recursos en pocas manos. Contando para ello con el respaldo de reformas políticas y legales que los centros de poder tratan, por todos los medios, de imponer al conjunto de países del planeta.
Lo que la realidad nos muestra es que, como señala la Carta de Cuscatlán, emitida al término del Foro Internacional "Comunicación y Ciudadanía" (1998), "las tendencias dominantes en curso subordinan el carácter social de la comunicación al poder económico y avanzan en contrasentido a una de las conquistas más importantes de la humanidad: el derecho a la información y a la libertad de expresión cuyo ejercicio pleno requiere una pluralidad de fuentes, una pluralidad de medios de información y su gestión democrática y transparente".
Como no se trata de tendencias inexorables, aunque sí muy poderosas, de a poco, desde los movimientos sociales y ciudadanos se ha venido conformando una corriente que busca revitalizar la lucha por la democratización de la comunicación de cara a las nuevas realidades. Ya no es cuestión de solamente buscar formas alternativas para "dar voz a los sin voz", en contraposición a la lógica excluyente de los sistemas comunicacionales del establecimiento, sino de disputar sentidos y proyectos con propuestas alternativas respecto al marco de normas legales, las condiciones y reglamentos en la esfera económica, los derechos y garantías ciudadanas, los programas de desarrollo, los códigos de ética de los medios, entre otros aspectos.
Asistimos, pues, a una búsqueda para elaborar una agenda social en materia de comunicación, que en las circunstancias implica abordar de manera crítica a las nuevas tecnologías de información y comunicación, no sólo en el sentido de desmistificar la retórica seductora del discurso promocional que se ha ocupado de ellas, sino para profundizar en la comprensión de su naturaleza y de las implicaciones de la llamada sociedad de información.
Es una corriente que se encadena críticamente con iniciativas pasadas que enarbolaron esta causa, por tanto, estableciendo rupturas y reformulaciones. La novedad mayor, sin duda, radica en que busca articularse como parte de un movimiento social que pugna por reconstituir el espacio público rescatando su autonomía ante el tradicional tutelaje del Estado, sobre la base del reconocimiento de los diversos y diferentes actores sociales, sin exclusión alguna, y, por tanto, del ejercicio pleno de ciudadanía. Lo cual implica rescatar el sentido de la comunicación como un proceso interactivo abierto, reiterando sin exclusiones, para la construcción de los consensos sociales.
Como telón de fondo de este movimiento social emergente se encuentra un cambio importante en el seno de un creciente número de organizaciones con base social: la incorporación de las demandas en torno a la comunicación en sus plataformas de lucha, cuando hasta no hace mucho era visto como un problema ajeno, reservado a los especialistas y actores vinculados directamente al sector. Enfoque, por lo demás, reforzado por el énfasis en el carácter de grupo de presión que éstos habían imprimido a su accionar.
Debido a estas circunstancias, importantes esfuerzos propositivos de cara a la democratización de la comunicación, impulsados por una variedad de instancias desde los medios de comunicación alternativos y comunitarios, pasando por las preocupadas por la apropiación social de las NTIC, hasta las asociaciones y gremios del sector, difícilmente habían logrado trascender sus círculos inmediatos.
La convergencia que ha comenzado a gestarse entre organizaciones sociales y las instancias vinculadas directamente al quehacer de la comunicación, sin embargo, abre nuevas perspectivas en la defensa del derecho a la comunicación. No sólo en el sentido de que para las primeras significa la posibilidad de enriquecer su quehacer y planteamientos en este ámbito, y para las segundas, ampliar su radio de interlocución, sino que establece una dinámica para avanzar en la formulación de una agenda social de la comunicación, volcada a construir otro mundo posible.
Puntos de
agenda
Entre
los puntos de agenda señalados en dos eventos sobre
comunicación y ciudadanía realizados en la región1,
que constituyeron un punto de encuentro y diálogo entre ambos
sectores, podemos destacar:
el reconocimiento del derecho a la comunicación como elemento
fundamental de la vigencia democrática y necesario al
ejercicio de los demás derechos humanos;
la necesidad de abrir un debate público sobre el impacto y
consecuencia de la concentración monopólica en el campo
de la comunicación y las prioridades del desarrollo de las
NTIC;
el desarrollo de acciones para frenar el proceso de monopolización
de los medios y sistemas de comunicación y la mercantilización
de la información;
el desarrollo de una información diversa, plural y con
perspectiva de género;
el apoyo a la creación de medios de comunicación
públicos de carácter ciudadano: bajo control de la
sociedad civil y financiados según el principio de la economía
solidaria.
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APC - Asociación para el Progreso de las Comunicaciones
ATC - Asociación de Trabajadores del Campo (Nicaragua)
CLOC - Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo
CEPAL - Comisión Económica para América Latina y el Caribe (de Naciones Unidas)
COCOCH - Consejo Coordinador de Organizaciones Campesinas de Honduras
CONAIE - Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador
CONIC - Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (Guatemala)
CWMS - Comunidad Web de Movimientos Sociales
FCOC - Frente Continental de Organizaciones Comunales
FMI - Fondo Monetario Internacional
MST - Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (Brasil)
NTIC - Nuevas tecnologías de información y comunicación
OIT - Organización Internacional del Trabajo
OMC - Organización Mundial del Comercio
ONU - Organización de las Naciones Unidas
PNUD - Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
REMTE - Red de Mujeres Transformando la Economía
RMAA - Red de Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrocaribeñas
TIC - Tecnologías de información y comunicación
UIT - Unión Internacional de Telecomunicaciones
Notas:
1 Se trata del Foro Internacional Comunicación y Ciudadanía (San Salvador, septiembre de 1998) y del Taller Comunicación y Ciudadanía (en el marco del Foro Social Mundial, Porto Alegre, enero 2001). En ambos eventos participaron tanto representantes de organizaciones sociales como del sector de la comunicación, principalmente de América Latina.