La Riqueza de la Diversidad
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Movimiento sindical

El Frente Unitario de Trabajadores ha perdido protagonismo. De dirigente del movimiento popular y principal interlocutor de los gobiernos, ha pasado a convertirse en un actor más que lucha por sobrevivir a la ofensiva neoliberal. En el declive de esta instancia de unidad sindical, han confluido numerosos factores que tienen que ver con aspectos estructurales e internos de las centrales sindicales.

1. Guerra al sindicalismo

Las políticas de ajuste y reducción del tamaño del Estado, el proceso de desindustrialización, la automatización de la producción y el crecimiento de la informalidad, han impactado en el movimiento sindical.

A estos factores estructurales, hay que sumar otros de orden ideológico y político (caída del Muro de Berlín, desprestigio a los dirigentes sindicales, falta de democracia interna en centrales sindicales) para entender el panorama que determina el debilitamiento de las principales expresiones organizativas del movimiento sindical.

Estos aspectos serán profundizados más adelante. Pero en estas líneas comencemos analizando la conducta que han seguido los tres últimos gobiernos (Febres Cordero, Borja y Durán Ballén) y los gremios empresariales con respecto al sindicalismo.

La participación de los salarios en el Producto Interno Bruto disminuyó del 33.3 % en 1980 al 12.2 % en 1991 y a igual ritmo se deterioró el poder adquisitivo de las remuneraciones, según datos del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos, INEC. Pese a ello, los industriales consideran que los sindicatos públicos son fuente de privilegios, que se han convertido en un poder paralelo al Estado y son causa de la crisis económica del mismo pues "absorben un alto porcentaje del presupuesto nacional, y no dan lugar a obras de beneficio social". (4)

Los gremios empresariales y los gobiernos -que actúan en su representación- han insistido en la "flexibilización laboral" para hacer atractivo el país a la inversión extranjera. La "flexibilización" no significa otra cosa que acabar con los derechos de organización, reclamación, huelga y estabilidad alcanzados por los trabajadores a través de duras luchas, para que las relaciones laborales se regulen por la ley de la oferta y la demanda.

Identificado el enemigo, el paso siguiente es su destrucción. En esta línea, el régimen del socialcristiano Febres Cordero (1984-1988) trató de reformar el Código del Trabajo, pero lo que no logró la derecha lo consiguió la socialdemocracia, durante el gobierno de Rodrigo Borja (1988-1992).

"Borja declaró a los sindicatos, particularmente del sector público, enemigos del Estado; los acusó de ser los responsables de la crisis y tipificó a la dirigencia como pancista y absorbente de los fondos del Estado, creando un ambiente negativo para volcar a trabajadores y sectores sociales en contra del sector público", dice Francisco Celi, dirigente de la Unión General de Trabajadores del Ecuador, UGTE.

"Con esta campaña, desmantelaron la organización sindical y en ese marco impusieron las denominadas reformas laborales que no significaron otra cosa que la aplicación de las orientaciones emanadas desde el Fondo Monetario Internacional y de las transnacionales", agrega Celi.

Y continúa: "La aplicación de las reformas laborales ha generado un clima de estancamiento de las luchas no porque los trabajadores no estemos peleando, sino porque el andamiaje jurídico se presta para maniobrar aún más que antes de las reformas laborales".

El régimen del conservador Sixto Durán Ballén (1992-1996) impulsó una reforma constitucional para suprimir el derecho de organización y huelga de los empleados públicos, pero su tesis fue ampliamente derrotada en la consulta popular del 26 de noviembre de 1995. Sin embargo, el gobierno no ha vacilado en movilizar a las Fuerzas Armadas para contrarrestar la acción sindical, como sucedió con el paro del sector eléctrico en enero de 1996.

Pero los verdaderos motivos de la guerra a muerte contra el sindicalismo tienen que ver con causas más profundas: "El sistema neoliberal, aparte de sus concepciones económicas, tiene concepciones políticas para afirmar ese modelo y eso supone un sistema vertical que concentra el poder en el Ejecutivo, supone disolver y controlar cualquier posibilidad de organización que pueda oponerse a un modelo que arroja pobreza, desempleo y desnutrición", señala Roberto Proaño, dirigente de la Asociación de Empleados y Obreros de Instituto Ecuatoriano de Electrificación, AEOI.

"El ataque a los sindicatos públicos es porque nosotros estamos en el manejo de las áreas estratégicas, como el petróleo, la electrificación, las telecomunicaciones y la seguridad social, que son los sectores más apetecidos por los neoliberales, porque precisamente ahí están los grandes recursos financieros y de inversión que tiene nuestro país. Y los trabajadores, en su gran mayoría, nos hemos opuesto a este modelo que supone el traslado de la explotación de los recursos naturales al sector privado. El sindicalismo es, entonces, una piedra en el zapato del modelo neoliberal", agrega el dirigente.

2. Proceso organizativo

Las organizaciones mutuales y artesanales constituyen el antecedente del movimiento obrero moderno que se desarrolla en este siglo con la instalación de fábricas, agro-industrias, servicios públicos, etc.

En las primeras décadas de este siglo, los trabajadores desarrollaron numerosas luchas por conseguir mejoras en sus condiciones de vida y de trabajo, y lograr una legislación que regule, proteja y garantice sus derechos. La más representativa de ellas -y que constituye el "bautizo de sangre" del naciente movimiento obrero- es la insurrección del 15 de noviembre de 1922, en la que el pueblo guayaquileño fue masacrado por el gobierno oligárquico de José Luis Tamayo.

A lo largo del siglo XX, encontramos algunas iniciativas tendientes a conformar un movimiento de carácter clasista y unitario, entre las que se puede mencionar: el primer congreso obrero (1909), el segundo (1920) y el tercero (1938), en el que se crea la Confederación de Obreros del Ecuador, COE. (5)

Aunque mantuvieron sus diferencias, los partidos socialista (1926) y comunista (1931) influyeron de manera decisiva en la organización y conducción del naciente movimiento sindical, que se rige por los principios de la lucha de clases, la alianza obrero-campesina, el internacionalismo proletario, la toma del poder y la construcción de la sociedad socialista.

En el proceso organizativo del movimiento sindical, encontramos varios hitos, representados por la fundación de las centrales de trabajadores:

A) La Confederación Ecuatoriana de Obreros Católicos, CEDOC, se creó en 1938, con una fuerte influencia de la Iglesia Católica y del Partido Conservador Ecuatoriano (PCE). Constituida sobre una base de gremios artesanales, mutualidades, centros católicos, hermandades, corporaciones y sociedades culturales, la CEDOC pregonó la colaboración entre obreros y patronos y condenó a la revolución social a la que calificó de "criminal e inútil".

El propósito de la central era hacer contrapeso al sindicalismo clasista y revolucionario de la COE. En la década del 60, en la CEDOC "se advierte una rápida influencia de la Democracia Cristiana (DC) que sustituirá sin mayores contratiempos el predominio del PCE y de los sectores más retardatarios de la jerarquía eclesiástica" (6)

Los demócratacristianos promueven una tercera posición en el sindicalismo latinoamericano, alejado de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, CIOSL, pro-norteamericana y del Congreso Permanente de Unidad Sindical de los Trabajadores de América Latina, CPUSTAL, pro-soviético.

En su VII Congreso, realizado en 1965, esta confederación cambió su nombre pasando a denominarse Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Cristianas. En 1972, a su vez, se sustituyó esta denominación por Central Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas, CEDOC.

En estos años, la CEDOC amplió su base social: se integraron organizaciones obreras, indígenas y campesinas, en las que ganaron terreno posturas clasistas. A mediados del 70 se produjo un fuerte remezón y enfrentamiento entre una línea influenciada por la Democracia Cristiana y una línea sindical de izquierda, inclinada hacia el socialismo. En estas circunstancias, la CEDOC se dividió en dos vertientes: la CEDOC-CLAT, de tendencia demócrata cristiana, que fue reconocida por la dictadura militar, y la CEDOC-socialista, que fue inscrita legalmente como CEDOCUT el 18 de octubre de 1988, durante el gobierno de Rodrigo Borja. (7)

B) La Confederación de Trabajadores del Ecuador, CTE, surgió en julio de 1944, en medio de la efervescencia revolucionaria que derrocó al régimen de Arroyo del Río. La CTE en su nacimiento agrupó a artesanos, maestros, periodistas, estudiantes, vendedores, campesinos y a los nacientes sindicatos fabriles y comités de empresa, que se habían desarrollado a partir de la expedición del Código del Trabajo, en 1938, durante el gobierno de Alberto Enríquez Gallo.

En los estatutos, la CTE señaló que trabajará por el "mejoramiento económico y social de los trabajadores y la defensa de los intereses de clase", promoviendo la reducción de la jornada de trabajo, el derecho de huelga, asociación y manifestación para los trabajadores.

La CTE se afilió a la Confederación de Trabajadores de América Latina, CTAL, que posteriormente se transformó en la CPUSTAL. La CTAL seguía las directrices de los partidos comunistas pro-soviéticos que en esta época adoptaron la táctica de suspender las luchas obreras y establecer una amplia política de alianzas con sectores de la burguesía a fin de derrotar el nazi-fascismo. El presidente de la CTAL, el mexicano Lombardo Toledano, visitó el Ecuador en octubre de 1942, estimulando la unidad y la organización del movimiento obrero.

"En su fructífera historia, la CTE se ha caracterizado por la defensa, la conservación y la ampliación de la democracia y ha luchado por el desarrollo de la vida nacional". (8)

El Partido Comunista del Ecuador y en menor medida, el Partido Socialista Ecuatoriano, han ejercido una fuerte influencia sobre esta central sindical.

C) La Central Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres, CEOSL, se fundó en 1962, bajo los auspicios de la Organización Regional Interamericana del Trabajo, ORIT, y la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, CIOLS, (1949) dominadas por el sindicalismo norteamericano, de corte anti-comunista, que promovía la conciliación con los patronos en función de mantener la estabilidad en los puestos de trabajo.

En sus inicios, en la CEOSL predominaban las organizaciones artesanales, empleados públicos y de servicios. Inclinada hacia un "sindicalismo libre, democrático y apolítico", se constituyó en una vertiente sindical, que disputaba este espacio al sindicalismo controlado por la Iglesia o el Partido Comunista.

"Desde sus inicios, los dirigentes de la CEOSL hicieron pública su posición de rechazo al comunismo y a la Revolución Cubana, llegando incluso a mantener vinculaciones con sectores de exiliados cubanos a los cuales se les brindó respaldo a sus tareas de descrédito al nuevo régimen de la Isla". (9)

Los dirigentes de la CEOSL apoyaron a la dictadura anti-comunista del 60, que reprimió duramente al movimiento sindical y popular, y a la izquierda.

En la década del 70, se produjeron cambios importantes en la escenario nacional e internacional, que determinaron también transformaciones profundas en la CEOSL. La socialdemocracia europea desplazó a las corrientes pro-norteamericanas en la CIOSL. En la Central hubo un crecimiento de los sindicatos industriales, de empresas públicas y de servicios.

"Se aprecia, de este modo, el cambio vivido por las clases trabajadoras. Los obreros de fábricas adquieren una importancia nunca antes vista. Es también en este contexto que se da una clara oposición entre patronos y trabajadores que en el ámbito artesanal". (10)

En medio de esta situación se desarrolló una posición clasista dirigida por José Chávez, que en el VI Congreso, realizado en octubre de 1974 en Manta, desplazó a la dirección anti-comunista, apolítica y pro-patronal encabezada por Luis Villacrés Arandi.

La CEOSL, desde entonces, buscó la unidad con las otras centrales (CEDOC y CTE) y comenzó a intervenir en la escena política con un perfil propio. En 1977, el sindicato de trabajadores azucareros del Ingenio Aztra, afiliado a la CEOSL, declaró una huelga que fue duramente reprimida por el triunvirato militar, siendo asesinados por la fuerza pública decenas de zafreros. Luego de este hecho, José Chávez fue encarcelado, sin embargo, al final de la dictadura, el dirigente participó en las comisiones encargadas de elaborar los proyectos de Constitución que fueron sometidos a referéndum en 1978.

La CEOSL, basada en una resolución de crear "un partido laborista", conformó el Partido Ecuatoriano del Pueblo, que en las elecciones de 1979 apoyó al liberal Raúl Clemente Huerta. En la década del 80, la CEOSL adhirió a la "posibilidad de construir en el país una corriente socialista criolla y adecuada a las necesidades del país, que respete a los trabajadores". En estas condiciones, buscó un acercamiento y participó electoralmente con el Partido Socialista Ecuatoriano.

3. El Frente Unitario de Trabajadores

Pese a las diferencias ideológicas y políticas de las centrales sindicales, en el movimiento sindical siempre ha habido una tendencia permanente a la unidad en función de canalizar conjuntamente las reivindicaciones frente a los gobiernos y los gremios empresariales.

Un primer intento de coordinación entre la CTE, la CEDOC y la CEOSL se produjo en 1971 para hacer frente al gobierno de José María Velasco Ibarra, quien el 21 de junio de 1970 se había declarado dictador disponiendo la clausura de la Universidad Central, la devaluación del sucre y la ilegalización de las organizaciones sindicales del Instituto Ecuartoriano de Seguridad Social (IESS), Banco Ecuatoriano de la Vivienda, (BEV), Instituto Ecuatoriano de Electrificación, INECEL, Instituto Ecuatoriano de Obras Sanitarias (IEOS), entre otros.

En esta oportunidad, las tres centrales conformaron la Fuerza Laboral Ecuatoriana, FLE, que elaboró una plataforma conjunta de lucha, siendo su principal meta el derrocamiento de la dictadura velasquista y la instauración de un gobierno "nacionalista". Sin embargo, este frente sindical no duró mucho, pues aparecieron divergencias entre la CTE y la CEOSL, fracasando las acciones conjuntas que tenían programado, como la realización de un desfile unitario el primero de mayo. La CEOSL, como ya señalamos, en esos años estaba dominada por un sector anti-comunista y pro-patronal al cual no les interesaba impulsar un proceso unitario con principios clasistas.

Un segundo momento unitario está representado por el nacimiento del Frente Unitario de Trabajadores, el 16 de junio de 1971, con la participación de la CTE, la CEDOC, la Confederación Ecuatoriana de Empleados de las Entidades Semipúblicas y Bancarias (CESBANDOR), y la Fuerza Pública Pasiva (militares retirados). El FUT, en su acta constitutiva, señaló que encuadra su acción "en función del rescate de la dignidad del hombre y la sociedad" y declaró su "independencia absoluta de todo partido político".

El FUT, conjuntamente con la Federación de Trabajadores Eléctricos del Ecuador, FEDELEC, organizó la primera huelga nacional unitaria el 28 y 29 de junio de 1971, que fue calificada como "subversiva" por la dictadura velasquista. "Si bien la plataforma de la lucha es básicamente agraria, lo que refleja el carácter de la formación social ecuatoriana, la importancia de la huelga de 1971, que tuvo un transfondo político: derrocar a Velasco Ibarra y gestar un gobierno civil-militar, progresista y nacionalista, está dada por cuanto el movimiento sindical comienza a desprenderse de sus viejos usos de organización artesanal, para dar paso a un movimiento obrero más plenamente asentado en los trabajadores de la industria y los servicios". (11)

A raíz del ascenso al poder de las Fuerzas Armadas, en febrero de 1972, con su programa "nacionalista y revolucionario", se produjeron algunas modificaciones en lo económico, lo político y lo social.

Las rentas petroleras permitieron el crecimiento de las obras públicas y de la industria, que se desarrolló cobijada por el manto estatal, y una ampliación del aparato del Estado, que con sus empresas incursionó en los campos del petróleo, la electricidad, la comercialización de productos agrícolas, etc.

Al mismo tiempo, la dictadura militar expidió la segunda ley de reforma agraria cuyo propósito era modernizar la estructura agraria, extendiendo al campo las relaciones capitalistas, sin afectar la propiedad fundamental de los terratenientes. Atraídos por la creación de empleo en las ciudades, muchos campesinos abandonaron sus tierras en busca de nuevas oportunidades, engrosando los cordones de miseria en las urbes.

Todos estos fenómenos determinaron un aumento cuantitativo de los trabajadores, tanto del sector privado como del público, y un incremento de las tasas de sindicalización.

La sociedad funcionaba en torno a la industria y al Estado. Las centrales sindicales y las cámaras de industriales pasaron a constituirse en actores sociales importantes.

Según las concepciones prevalecientes en los sectores tecnocráticos de la FF.AA., la industrialización implicaba orden, estabilidad y contener las demandas del movimiento sindical. En función de ello, se dictaron los llamados decretos anti-obreros y anti-sindicales que permitieron el archivo de los pliegos de peticiones y la represión a los dirigentes sindicales.

Para luchar contra esta política de la dictadura, en 1975, el FUT (al que ya se había sumado la CEOSL, que tenía una nueva orientación) organizó la huelga nacional de 13 de noviembre de 1975, con la que presionó al régimen de Rodríguez Lara a que cumpiera su "filosofía y plan de acción" y rechazó la intentona golpista "fascistoide" del general González Alvear, efectuada el primero de septiembre de 1975.

El FUT, junto con la Unión Nacional de Educadores y el movimiento barrial, campesino y estudiantil, jugaron un papel protagónico en la lucha anti-dictatorial, contribuyendo a la reinstauración del régimen democrático en 1979.

4. A la cabeza del movimiento popular

A partir del reestreno democrático en el país, las principales formas de lucha que adoptó el FUT son las huelgas nacionales -21 en total, desde 1975 a 1995- y las movilizaciones masivas del primero de mayo.

Los partidos de izquierda tuvieron una gran incidencia en las centrales sindicales que conformaban el FUT. A menudo, los dirigentes cumplían directrices de las cúpulas partidistas. En este período, predominaban las concepciones obreristas que consideran que la clase obrera era la clase de vanguardia y que todos los demás sectores eran secundarios, subordinados y auxiliares, que "tenían que aceptar las órdenes infalibles de la dirigencia sindical", según el sociólogo Napoleón Saltos.

"Las viejas lecturas de la alianza obrero-campesina se convirtieron en una hegemonía, no de la clase obrera sino de una dirección que se va burocratizando", agrega Saltos.

La conformación de nuestras centrales sindicales era peculiar, pues en ellas confluían una variedad de sectores sociales: desde los sindicatos fabriles hasta las federaciones campesinas (en las que se incluía a las organizaciones indígenas), las federaciones barriales, las organizaciones de pequeños comerciantes, los empleados públicos y los frentes de mujeres.

El FUT se convirtió en el "tribunal de la presencia social". Indígenas, campesinos, estudiantes y pobladores pugnaban por ser tomados en cuenta en los eventos del FUT y en sus "plataformas de lucha" para ser negociadas con el Estado, que era el principal interlocutor.

Los indígenas, por ejemplo, eran considerados por los dirigentes sindicales como simples campesinos, cuyo principal problema era el de la tierra. Pese a que las organizaciones indígenas como Ecuador Runacunápac Riccharimui, ECUARUNARI, aspiraban a que se tomara en cuenta su cultura propia "hay quienes nos dicen que debemos dejar de lado nuestros planteamientos propios de indígenas para favorecer la unidad", señalaba Manuel Imbaquingo, ex-secretario general de ECUARUNARI. (12)

En el momento en que los indígenas reclamaban participación en la dirección del FUT, se les contestaba que ellos ya se encontraban representados en las centrales campesinas afiliadas a las centrales de trabajadores. ? Para qué querían, entonces, representación propia si el problema no consistía en ser indio sino en ser explotado?

Pese a que las centrales sindicales representaban solo un 10 por ciento de la población económicamente activa del país, la "unidad sindical" tuvo una gran capacidad de convocatoria social. Y esto se dio precisamente porque el FUT adoptó un programa político de estatizaciones, nacionalización de los recursos naturales y de ampliación de la democracia, que rebasaba las aspiraciones meramente gremiales. En el horizonte estratégico del movimiento sindical estaba la lucha por el socialismo, sistema en el que se resolverían la "cuestión indígena" y las demandas de campesinos, mujeres, pobladores y jóvenes.

El punto más alto del protagonismo del FUT se produjo en los años 1982-1983, en el gobierno demócrata cristiano de Osvaldo Hurtado, como respuesta a un paquete de medidas de ajuste. Las movilizaciones fueron tan fuertes que el régimen quedó prácticamente maniatado.

En este momento, el FUT "tuvo capacidad de incidir políticamente, de interpelar al Estado, de modificar sus prácticas. Estaba en capacidad de inmovilizar a un gobierno, y por lo tanto también de tomar resoluciones en el plano del poder, no de tomarse el poder, pero sí de incidir en el plano del poder. Esto hizo que el FUT entre en el panorama nacional como convocante, como cabeza del movimiento popular, dado que las huelgas nacionales no eran huelgas de los trabajadores, sino de los campesinos, de los sectores barriales. Entonces ejercía, llamémosla, una conducción de hegemonía de los sectores sociales", señala Napoleón Saltos.

Esto le permitió convertirse al FUT, en relación al bloque dominante, en una organización con capacidad de plantear propuestas, ya no solo en el plano social sino en el político.

5. El declive del FUT

"Cuando el movimiento popular -continúa Saltos- fue convocado bajo un programa de estatizaciones y ampliación de la democracia, participaba en las más grandes movilizaciones; los sectores populares veían que tenían capacidad de incidir en el Estado, pero cuando sentían que la conducción, en lugar de receptar y proyectar ese poder hacia el desarrollo de un proyecto propio, entraba en alianza con uno u otro sector del bloque dominante hubo una ruptura entre la conducción del FUT, que era gremial y sindical, y la representatividad que ejercía a nombre de otros sectores populares".

A partir de 1983, el FUT perdió la iniciativa política y se conviertió en un movimiento gremial contestatario a las políticas de ajuste, que bajo formas graduales o de shock, comenzaron a aplicar los gobiernos de turno, que se diferenciaban en el estilo y el discurso, pero que coincidían en la aplicación de los recetas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en lo relacionado a dirigir ingentes recursos al pago de la deuda externa, incrementar las exportaciones, reducir el gasto social, eliminar los subsidios, aumentar los precios de los combustibles y de las tarifas de los servicios públicos.

La pérdida de protagonismo del FUT tiene que ver con causas estructurales y también con problemas internos de las centrales sindicales. Veamos algunas de ellas.

Primera. En las décadas del 80 y del 90, la industria pierde peso y la economía comienza a girar en torno al capital financiero. Las acciones de las centrales sindicales, al no haber establecido estrategias para extender la sindicalización al sector bancario y financiero, ya no son relevantes pues no afectan a los centros del poder económico.

Segunda. La globalización impone la automatización y nuevas formas de organización industrial y empresarial. Las fábricas ya no requieren gran cantidad de trabajadores, sino menos empleados cada vez más tecnificados. Al mismo tiempo, crece la informalidad y disminuyen los trabajadores estables. Según datos de los censos, en 1982 los asalariados eran el 49,3% de la Población Económicamente Activa y en 1990 esa cifra decayó al 42,5%. Los trabajadores por cuenta propia (en el se incluye al sector informal) aumentó del 35,1 %, al 39,2 %, en el mismo período.

El dirigente de la CEDOCUT, Fausto Dután, señala que "esto ha significado un desplazamiento de la fuerza de trabajo, y un debilitamiento de las centrales sindicales".

Dután, para ilustrar este fenómeno, presenta el siguiente ejemplo: "En la fábrica textil La Internacional, hace unos cinco años, se producía con alrededor de 3000 obreros. Hoy ha quedado reducida a 300 obreros y la empresa no ha disminuido la producción, más bien la ha incrementado para la exportación. En esa fábrica hay una forma de trabajo distinta a la anterior: hoy es cada vez más individualizada y no se permite que el obrero tenga relación con sus compañeros".

Los empresarios de La Internacional procedieron a despedir a todos los trabajadores, desarticulando uno de los sindicatos más antiguos y activos de Quito. Ahora la empresa se subdivide en varias razones sociales; en ninguna se permite la formación de sindicatos.

El mismo camino de La Internacional siguieron la Cervecería Nacional y otras empresas. La CEOSL reporta que en el período comprendido entre noviembre de 1990 y noviembre de 1993, habían desaparecido 56 organizaciones: 23 en Pichincha, 20 en Guayas, 6 a nivel de municipios, 3 en el sector rural, 1 en la industria azucarera, 2 en Chimborazo y 1 en Cotopaxi. La CEOSL atribuye esta situación a una estrategia económica encaminada a debilitar al movimiento sindical a través de "renuncias voluntarias", despidos intempestivos y liquidación de empresas. (13)

Tercera. La política neoliberal de reducción del tamaño del Estado ha determinado que en los últimos cuatro años sean despedidos alrededor de 45.000 empleados públicos, a través de los mecanismos de compra de renuncias, supresión de partidas y jubilaciones anticipadas. Varios sindicatos y federaciones de trabajadores, que constituían una base importante de las centrales sindicales, han desaparecido. Esta política ha afectado sobre todo a la CTE, aunque también ha impactado a la CEDOC-CLAT y a la CEDOCUT, y en menor medida a la CEOSL.

"En el caso de la CEDOC-CLAT nosotros teníamos las organizaciones del sector portuario del país; y en Guayaquil, de tres mil trabajadores nos han dejado en treinta. Y prácticamente en la desocupación, trabajadores que tenían 20, 30 años hoy están deambulando en las calles sin saber que hacer", señala Ramiro Veloz, presidente de la CEDOC-CLAT. "En el Instituto Ecuatoriano de Obras Sanitarias, IEOS, se liquidó una organización nuestra con más de mil trabajadores", agrega.

Por su lado, Juan Andrago, secretario general de la CEOSL, expresa que las políticas de achicamiento del Estado no han afectado en forma considerable a la CEOSL, puesto que su fuerza radica en el sector privado. En todo caso, acota, en la Empresa Nacional de Correos y en la Empresa Nacional de Productos Vitales, (ENPROVIT), sí ha habido una reducción considerable de personal.

Cuarta. Se ha puesto en vigencia una política de Estado -en la que han coincidido los tres últimos gobiernos- de deslegitimación de los dirigentes sindicales y de identificación del sindicalismo como un "sector privilegiado" de la sociedad y causante de la crisis. Las baterías se han enfilado sobre todo contra el sindicalismo público que creció en la década del 80, luego de que en la Constitución aprobada en referéndum en 1978 se ratificó el derecho de sindicalización de los empleados públicos.

Quinta. Las reformas al Código del Trabajo, aprobadas en 1991, eliminaron la huelga solidaria y aumentaron de 15 a 30 el número de trabajadores requeridos para conformar una organización laboral. Los efectos de las reformas laborales, no se hicieron esperar: el número de organizaciones constituidas bajó de 194 en 1990, a 50 en 1992. Los conflictos colectivos bajaron de 386, en 1988, a 109 en 1994, y en el mismo período las huelgas disminuyeron de 181 a 17. (14)

Durante "el gobierno de Rodrigo Borja algunos asesores del Frente Unitario fueron a trabajar o fueron parte de dicho gobierno, es decir que sabían nuestras virtudes, nuestros errores y nuestros problemas; de alguna manera no hemos podido recomponernos de esto. Y no se olvide que en ese gobierno se golpeó más a la clase obrera, se establecieron la reformas laborales, la ley 133 en donde se perdió el derecho a la organización, sindicalización, petición y huelga", señala Juan Andrango.

"Es más fácil enfrentar a un gobierno con las características del gobierno de Febres Cordero y de Durán Ballén que sabemos exactamente lo que está haciendo y pensando, que combatir a un gobierno que hace lo mismo pero con mucha más ductibilidad, habilidad y cinismo; y eso afectó duramente a los trabajadores ecuatorianos y debilitó al FUT", añade Andrango.

Sexta. Tras la caída del Muro de Berlín -proceso que en el país no mereció ningún tipo de reflexión y análisis- se acentuó la crisis ideológica y política; el movimiento sindical adoptó posiciones defensivas y perdió su capacidad crítica; su preocupación central era la sobrevivencia. El movimiento sindical comenzó a pagar los errores del pasado y sobre todo del tipo de conducción que impusieron los partidos de izquierda.

"Antes se señalaba que el movimiento de masas no podía generar política, sino que la política y el pensamiento tenían que ser introducidos desde afuera del movimiento sindical. Así se convirtió al movimiento sindical en una correa de transmisión de los partidos políticos, y degeneró en una suerte de economicismo para el movimiento gremial y de política para el movimiento político. Esto desarrolló una conciencia apoliticista y de apéndice de las organizaciones políticas", argumenta Fausto Dután.

Adicionalmente habría que señalar que los partidos de izquierda legales convirtieron al movimiento sindical y popular en un espacio de disputa electoral, lo que degeneró en enfrentamientos, divisiones e inmovilización. Cuando los dirigentes sindicales eran candidatizados para cargos de elección popular, los resultados eran muy modestos, produciendo un efecto contrario al perseguido.

Séptima. Varios factores internos han contribuido a la crisis del movimiento sindical. Entre ellos podemos mencionar: el sectarismo, el burocratismo, los personalismos, las prácticas de control patrimonial y la ausencia de un funcionamiento democrático. No ha existido un proceso permanente de formación de nuevos cuadros, lo que ha impedido la renovación de las dirigencias sindicales. Sin embargo, se debe anotar que en la CEDOC-CLAT, en la CTE y en la Federación Nacional de Organización Campesinas Indígenas, FENOC-I, filial del CEDOCUT, se puede percibir la presencia de nuevos dirigentes que han sustituido a quienes se mantuvieron por muchos años en las directivas.

Octava. Por último, señalemos que cuando aumenta el desempleo y se reducen, al mismo tiempo, las fuentes de trabajo, la preocupacion central de los trabajadores pasa a ser la defensa de su estabilidad antes que la de conseguir mejoras salariales y otras reivindicaciones. Esto ha desmovilizado al movimiento sindical del sector privado, a tal punto que en 1995 el número huelgas bajó a cinco.

6. Las respuestas sindicales

Pese a los elementos señalados, el FUT continúa manteniendo una presencia pública y no deja de ser tomado en cuenta y consultado en momentos determinados.

En las centrales sindicales se han puesto en marcha algunas estrategias para hacer frente a las políticas neoliberales. La CEDOC-CLAT, por ejemplo, ingresó al FUT considerando que "nos estaban golpeando, dividiendo y atomizando" y que "en las centrales sindicales que integran el FUT han habido cambios democráticos, una nueva generación de líderes", según señala Ramiro Veloz. "Esto hizo ver que la CEDOC, en este momento, no puede estar fuera del contexto de un proceso de unidad seria".

"Nosotros estamos planteando que el FUT no debe quedarse en las cuatro centrales sindicales, sino ir a otro campo de unidad; al sector petrolero, al sector indígena, al sector poblacional, las universidades, debemos abrirnos mucho más".

Para hacer frente a la disminución de organizaciones sindicales, la CEDOC-CLAT plantea cambiar de política e ir a organizar "al sector informal, al sector poblacional, a los vecinos, a los jubilados, a los niños, porque no nos queda otra alternativa".

Asimismo, Veloz plantea que es imperativo replantear la orientación de la educación sindical. "La formación que dábamos era para discutir contratos colectivos, para realizar acciones y huelgas. Hoy la formación debe ser técnica, en proyectos socio-económicos para que el trabajador pueda producir y generar alternativas de sobrevivencia".

La CEOSL, por su lado, está empeñada en profundizar la democracia y descentralizar la actividad administrativa. "Hasta el momento, hemos concluido con el trabajo de hacer cuatro regionales que están divididas por sector, por afinidad política, etc.", señala Juan Andrango.

Así mismo, esta Central, de acuerdo a una resolución de su último congreso, impulsa la política de llegar a la concertación social con el sector empresarial y con el Estado. En esta línea, la Federación de Trabajadores Libres del Guayas, FETLIG, filial de la CEOSL, suscribió, en octubre de 1995, un acuerdo con las cámaras de comercio e industrias de la misma provincia, en las que las dos partes se comprometieron a "buscar mejoras salariales y por ende aumento de la productividad, siempre y cuando exista de por medio el diálogo en vez de la confrontación". (15)

Juan Andrango señala que esta decisión de la FETLIG causó "algunos problemas alrededor de nuestra central", pero acota que esta resolución forma parte de las políticas de la Central.

"El sindicalismo para la CEOSL es que la clase obrera tiene que estar inmersa en la solución de los grandes problemas nacionales, cualquiera sean estos. Este concepto de carácter general, aplicado al quehacer práctico, encuentra, por ejemplo, que la política de confrontación, la política de enfrentamiento y luego de diálogo, es algo que en los actuales momentos no tiene mucha cabida, y hemos preferido decir busquemos la forma de conversar y resolver los problemas. Y en esta búsqueda, hemos encontrado que es fundamental llegar a acuerdos y consensos con el sector empresarial", expresa Andrango.

"Pero un acuerdo social de trabajadores, empresarios y gobierno en función de obtener bienestar para nuestro pueblo debe darse al inicio de un gobierno, porque este gobierno se va y el próximo no asumirá una situación de esta naturaleza", concluye.

7. El Frente Energético

Ante el debilitamiento y la pérdida de protagonismo del FUT, han surgido otros polos de acción sindical como el Frente Energético, que reúne a los sindicatos públicos ligados al petróleo y a la electricidad, los que se han mostrado muy activos en la lucha contra la privatización del área estatal de la economía.

El Frente Energético surgió hace 10 años para realizar planteamientos en el sector energético, que es estratégico y básico en la economía del país, pues el petróleo financia más del 50 % del presupuesto estatal y las ventas de energía eléctrica generan al Estado más de 40.000 millones de sucres mensuales (trece millones de dólares), según fuentes sindicales.

"Nosotros, responsables con ello, asumimos la defensa de lo estatal en términos de la moralidad, nos convertimos en denunciantes de las incorrecciones en el manejo de los contratos petroleros y eléctricos, denunciamos que las instituciones se convierten en botines políticos de los gobiernos de turno", señala Roberto Proaño.

"Hace unos cinco años, con la implementación del modelo neoliberal, la unidad del Frente Energético se consolida aún más, porque hemos comprendido la voracidad de este modelo y los efectos sociales que trae, y porque nos duele que a corto plazo nuestro país pueda quedarse sin recursos petroleros y eléctricos", acota Proaño.

Los sindicatos energéticos, desde diciembre de 1992 hasta enero de 1996, efectuaron 10 huelgas de tipo administrativo para protestar contra la Ley de Modernización, las reformas a la Ley de Hidrocarburos y el intento de derogar el artículo 128 de la Constitución referente a la sindicalización pública. (16)

En octubre de 1995, una huelga de hambre de 14 trabajadores petroleros logró la salida del ministro de Energía, Galo Abril, y consiguió que se postergue la ampliación del oleoducto, proyecto que beneficiaba a las transnacionales y perjudicaba al Estado. En diciembre del 95 y enero del 96, los eléctricos se movilizaron para impedir que los sectores de derecha del Congreso aprueben una ley eléctrica que entregaba los activos del área eléctrica a empresas nacionales y extranjeras.

"Frente al desgaste ideológico de las fuerzas tradicionales de la izquierda y de los gremios a las cuales representan, nosotros hemos ensayado formas de lucha que tratan de llegar a la conciencia ciudadanía con un nuevo mensaje, con alternativas de salida a la crisis. Y en eso nos ha ido bien, creo que se tiene frente a la sociedad una suerte de reconocimiento importante", subraya Roberto Proaño.

"En primer lugar hay que partir del criterio de que a la ciudadanía hay que ganarla para esta lucha, no hay que ahuyentarla. Con los métodos tradicionales consistentes en tirar piedras a los carros, poner llantas en las esquinas o cortar la energía, se causan efectos contraproducentes. Para vencer una posición del gobierno, hay que hacer que la ciudadanía esté de nuestro lado. Entonces hay que cambiar de esquema para llegar a la ciudadanía con un mensaje", agrega Proaño.

"Es importante usar elementos simbólicos trascendentes que son parte de nuestra tradición cultural. Por ejemplo, nosotros hicimos, simbólicamente, un entierro a este gobierno, a finales de julio del 95; con un féretro, con carroza, con capilla ardiente, nos dimos la vuelta por las calles de Quito, simbolizando que enterrábamos a este gobierno por lo nefasto de su política; fuimos al Congreso, abrimos un hueco, con todo lo que significa una pompa fúnebre, entonces el pueblo quedó maravillado con esa nueva forma de expresión. No necesitábamos lanzar piedras, sino atravesar las calles de Quito y entregar una hoja con ese mensaje", expresa el dirigente eléctrico.

"Los compañeros petroleros, primero con un encadenamiento simbólico, y luego con una huelga de hambre, han logrado llegar a la ciudadanía, incluso sin paralizar ese sector.

"Cuando estuvimos por la defensa del sindicalismo, también se construyó un oleoducto enorme y fuimos por las calles de Quito; estas cosas llamativas y simbólicas causan un efecto increíble, aparte de que siempre nos hemos ayudado con elementos de la cultura nacional, como bandas de pueblo, la clásica banda mocha, zanqueros, voladores", finaliza Proaño.

En la defensa del patrimonio nacional, los sindicatos energéticos han coincidido con otros sectores sociales como los indígenas, los militares retirados e incluso con las propias Fuerzas Armadas. Por su lado, los sindicatos del Seguro Social han luchado conjuntamente con los afiliados del Seguro Campesino para impedir su privatización.

8. El Frente Popular

Otro sector que se ha manifestado muy activo y con una radical oposición al régimen neoliberal, es el Frente Popular -frente de masas del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador, PCMLE.

Este frente está integrado por la Unión Nacional de Educadores, UNE, la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador, FEUE, la Federación de Estudiantes Secundarios, FESE, la Unión General de Trabajadores del Ecuador, UGTE, la Unión de Campesinos y Asalariados Agrícolas del Ecuador, ACAE, y otras organizaciones.

El Frente Popular ha coincidido, especialmente en algunas huelgas generales, con el Frente Unitario de Trabajadores, FUT, pero en otras ha desplegado acciones propias, criticando las "posiciones conciliatorias de la burocracia sindical".

El movimiento estudiantil universitario, en el que el PCMLE aún mantiene la mayor influencia, ha decaído en sus posibilidades de acción y movilización como fruto de un cúmulo de factores que tienen que ver con la crisis económica y académica de las universidades estatales, los métodos de la izquierda, y el repunte de posiciones apolíticas y de derecha.

El movimiento estudiantil secundario, aunque también se ha debilitado, continúa expresándose en las calles como un movimiento contestatario a las políticas neoliberales, sufriendo los embates de la política represiva (Ver Movimiento de Derechos Humanos y Movimiento Juvenil, en esta misma edición).

Del Frente Popular, se destacan dos organizaciones:

A) La UNE, fundada en 1944, agrupa a más de 120.000 maestros estatales, quienes se movilizan permanentemente reclamando mejoras en su situación económica que ha experimentado un rápido deterioro. El gremio de los profesores ha logrado representación política: varios dirigentes del magisterio, afiliados al Movimiento Popular Democrático, MPD, han sido electos diputados con el voto de los profesores.

La UNE, junto con la FESE y las iglesias anglicana y evangélica, ha desplegado acciones y ha llamado a la desobediencia civil para impedir la aplicación de la Ley de Libertad Religiosa, que introdujo la asignatura de religión en los programas de estudio de los planteles laicos. Su principal argumento es que esta Ley generará enfrentamientos inútiles entre ecuatorianos por motivos religiosos, problema que fue superado hace 100 años con la revolución liberal que estableció la libertad de culto y enseñanza. (17)

B) La UGTE - fundada en 1982 y registrada legalmente en 1994- agrupa a 140 sindicatos y cuenta con unos 20.000 afiliados, según fuentes de esta central sindical.

"Nosotros hemos tenido una lucha de 12 años para llegar a ser legalmente reconocidos, presentamos más de 5 veces los requisitos y no se lo hizo. La respuesta es que se oponían los principales dirigentes del FUT, los dirigentes de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, y las cámaras de la producción. Este problema lo enfrentamos con tomas del Ministerio de Trabajo, que la gran prensa no las publicó jamás, porque no les interesaba que el movimiento obrero conozca nuestras acciones. A cada uno de los gobiernos de turno lo enfrentamos exigiendo este derecho hasta que lo logramos el 6 de octubre de 1994", dice Francisco Celi, presidente de la UGTE.

"Este reconocimiento ha costado vidas humanas; han muerto el compañero David Guevara, Kléber Palma y la compañera Zoila Martínez, de nuestra principal central campesina, la UCAE", agrega Celi.

Enmarcada en los principios del sindicalismo clasista y vanguardista, la UGTE señala que la clase obrera debe jugar un papel fundamental en la sociedad pero debe buscar aliados en la lucha por "eliminar el sistema de propiedad privada y reemplazarlo por un sistema de participación social de la gente".

"Nosotros estamos convencidos de que el socialismo es el único mundo donde alcanzaremos la felicidad... Creemos además que por la vía electoral, solo tendremos un avance significativo. Participamos en elecciones en función de entender que es un escenario que tenemos que disputarlo con quienes hoy gobiernan el país, con la burguesía. Pero nuestro propósito es la vía de la revolución que es el camino de salida a la crisis y a la solución de los problemas", agrega Celi.

Como métodos de trabajo, la UGTE práctica la democracia sindical, la permanente consulta a la bases, el autosostenimiento económico y la crítica y la autocrítica.

"Las debilidades que tenemos es que nos hace falta mejorar nuestra calidad dirigencial, calificar mejor nuestro trabajo. Adolecemos de una dosis de dispersión, nuestra debilidad se expresa en que no contamos con una planta de dirigentes a tiempo completo para atender las demandas del movimiento", sostiene el dirigente de la UGTE.

"Tenemos como cuestión negativa que no contamos con un gran fondo económico, pero esa limitación la suplimos con la voluntad de nuestra militancia y de nuestra dirigencia".

"Como parte de las fortalezas creemos que somos insobornables, inclaudicables, incorrompibles, hablamos con lealtad a la gente, no mentimos, le decimos la verdad de los hechos. Si en una lucha no vamos a sacar mayores resultados, nunca creamos ilusiones en la gente. Esta práctica de actuar nos ha permitido llegar con profundidad y penetrar a donde vamos, dejando un verdadero tatuaje, una huella que luego los trabajadores la toman como parte de su vida, y eso también ha sido el sustento para el crecimiento de nuestra central", concluye Celi.

9. La Coordinadora de Movimientos Sociales

La Coordinadora de Movimientos Sociales se fundó con la participación de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, la Federación de Trabajadores Petroleros del Ecuador, la Asociación Sindical de Empleados de Petroecudor, ASPEC, AEOI, Coordinadora Campesina, Sindicato Nacional del Seguro Social, Coordinadora Política de Mujeres, Coordinadora Popular, entre otras.

"En esta Coordinadora estamos precisamente todas las organizaciones que hemos estado en estos tres años en el proceso contra las privatizaciones", señala Roberto Proaño.

En efecto, instancias unitarias como la Coordinadora por la Vida y la Soberanía, el Frente de Defensa de la Soberanía y el Foro Democrático que presentó un proyecto alternativo de reformas constitucionales en 1994, constituyen los antecedentes de la Coordinadora.

Desde la Coordinadora, se han hecho esfuerzos para pasar de "la protesta a la propuesta". La Coordinadora Nacional Campesina y los trabajadores eléctricos han elaborado proyectos de ley agraria y eléctrica, respectivamente, a través de las cuales han presentado alternativas de solución de los problemas nacionales.

Además de ello, en sectores de la Coordinadora se ha venido reflexionando sobre el carácter del neoliberalismo y la globalización, y se ha trabajado en una propuesta de modelo alternativo de desarrollo que contemple la satisfacción de las necesidades básicas de la población ecuatoriana, preserve el medio ambiente, revalorice la "capacidad nacional" y establezca una nueva forma de integración de nuestro país en la economía latinoamericana y mundial. (18)

La Coordinadora, desde el espacio de la sociedad civil, cuestiona el sistema político formal y sus organismos de representación (Congreso, Ejecutivo, Poder Judicial) que acusan un fuerte desgaste y desprestigio. Plantea la realización de una Asamblea Nacional Constituyente que reforme la organización política del país, desde una perspectiva democrática y participativa. La descentralización, las iniciativas ciudadanas y la plurinacionalidad, constituyen elementos de la propuesta.

La Coordinadora de Movimientos Sociales se fortalece a raíz del triunfo del NO en la consulta del 26 de noviembrede 1995, tesis de la cual fue su principal mentalizadora. Del triunfo del NO, los movimientos sociales sacaron las siguientes lecciones:

* El futuro de la nación no está predeterminado a caer fatalmente en modelos de sociedad neoliberales y privatizadoras. En el país estamos a tiempo de ofrecer un futuro cierto a las nuevas generaciones.

* Las estrategias del NO giran en torno a los siguientes ejes: unidad del movimiento popular, lograda mediante el consenso y sin hegemonismos ni paternalismos; movilización y presión populares; utilización de nuevas formas de comunicación, como personajes auténticamente populares ( el artista de la calle Carlos Michelana en los spots de televisión), mensajes sencillos y directos, comunicación directa y personal; renovada mística de trabajo, poniendo todos los recursos materiales y humanos al servicio de la campaña.

* Independencia de los partidos y movimientos políticos que han acumulado un creciente desprestigio. (19)

La Coordinadora de Movimientos Sociales decidió participar, sin mediación de los partidos políticos, en el proceso electoral de 1996. (Ver movimiento indígena).

10. Preservar la organización sindical

El movimiento sindical atraviesa un momento difícil, a tal punto que hoy se plantea una política de "resistencia como forma organizativa", pues el neoliberalismo pretende su destrucción a través de reformas legales y políticas, elaboradas en las cúpulas del Estado.

"Nosotros creemos que se debe preservar la organización sindical, en las nuevas estructuras de la economía y las áreas que se vayan dando: empresas mixtas, sociedades anónimas, lo que fuere", sostiene Roberto Proaño.

El desafío para el movimiento sindical es ubicarse en la realidad y definir su papel de cara a las nuevas circunstancias. "Lo que se ha dado en el 70 y el 80, cuando los trabajadores nos hemos sentido con el derecho de plantear las reivindicaciones del sector campesino o de los indígenas, es una cuestión injusta porque cada quien debe reclamar sus propios derechos, hacer valer sus propios valores, reconociendo sus propias necesidades", expresa Juan Andrango.

El gran reto del movimiento sindical es lograr una alianza social con otros movimientos populares, para juntos proponer alternativas a la sociedad. "Así como hay una pluralidad de actores sociales, de protagonistas, y como hay una sociedad tan compleja y diversa como la ecuatoriana, ahora ya no es posible llegar al criterio de la centralidad de un solo actor social", manifiesta el historiador Patricio Ycaza.

"La época de oro del FUT terminó, ya no existe, no va mas. Han aparecido nuevas organizaciones y nuevos entes de lucha; tenemos a la CONAIE, la Coordinadora de Movimientos Sociales... creo que hay que conversar con ellos, y con aquellos que se quieren convertir en la única vanguardia de este país que es la UGTE, que es el Movimiento Popular Democrático, MPD, que de una u otra forma también tienen planteamientos similares a los nuestros. Creo que en un momento determinado habrá que dejar de lado el tema político-partidista para abordar el problema de carácter social que se está dejando de lado en estos momentos", agrega Andrango.

En la necesidad de tender puentes y estructurar un gran frente con otros sectores sociales organizados coinciden la UGTE, la CEOSL, la CEDOCUT y CEDOC-CLAT, pero hasta el momento nadie se decide a dar los primeros pasos.

Una vieja aspiración latente en todas las centrales sindicales es la conformación de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT. "Un gobierno como este no puede ser enfrentado sino bajo una cohesión única, o por lo menos unitaria, grandemente conformada y estructurada que se exprese a través de la CUT. Los movimientos aislados generan efectos, pero no los suficientes como para enfrentar un proyecto como el que estamos viviendo en el Ecuador y en el mundo", señala Francisco Celi.

El movimiento sindical debe adquirir un pensamiento innovador respecto a los procesos de negociación, tanto sindicales como políticos. "Debemos plantear negociaciones colectivas por ramas de trabajo y no por cada fábrica; si hay una transnacionalización de la economía, es justo que busquemos una negociación transnacional y acciones conjuntas con centrales de otros países que están enfrentando al mismo patrono", afirma Fausto Dután .

Otro reto es el fortalecimiento político para lo cual juega un rol fundamental la capacitación y educación a los trabajadores. El sindicalismo tiene que capacitar técnicamente a los trabajadores, calificar su fuerza de trabajo desde los intereses de las centrales sindicales. "Si tenemos un sector sindical culto, educado, formado, tendríamos una capacidad de lucha distinta, un nivel de fortalecimiento ideológico distinto", manifiesta Dután.

Además, las centrales deben buscar soluciones cotidianas al problema del trabajador, entendido éste no como un factor productivo sino como un hombre con problemas en su barrio y en su casa. "Hasta hace poco tiempo, el sindicalismo no dio cuenta con esta situació. El obrero debe ser entendido como un hombre, durante las 24 horas de su vida diaria. Si logramos organizar en el barrio a los consumidores, si logramos buscar solución a los problemas de la vivienda, del agua potable, de la canalización, de la luz, de la calle, de la delincuencia, el sindicalismo va a jugar un papel determinante en la sociedad ecuatoriana, y no únicamente en la fábrica", acota Fausto Dután.

La reconstrucción del sindicalismo pasa por superar el tipo de conducción burocrático y verticalista que ha prevalecido por mucho tiempo en las centrales sindicales. Esto implica asumir concepciones y prácticas democráticas y pluralistas, de respeto a los demás, para que puedan converger, en un solo proyecto de dignidad y justicia, todos los pensamientos y todas las fuerzas.

"Hay que pensar en los problemas y en soluciones nacionales. Eso significa ceder posiciones pequeñas, minúsculas, en función de intereses generales, nacionales del sindicalismo público. De no actuar así, de mantenerse ese mismo esquema, ese mismo discurso, esa ambición hasta personal, va a ser gravísimo, vamos a desaparecer totalmente, vamos a regresar a convertinos en organizadores del santo del gerente de turno, vamos a dedicarnos a hacer la ginkana y realmente dejaremos de ser elementos concretos en la constitución de un nuevo país", concluye Roberto Proaño.


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