La Riqueza de la Diversidad
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Movimiento de mujeres
El movimiento de mujeres se ha fortalecido y ha avanzado en la última década. La conformación de la Coordinadora Política Nacional de Mujeres, como un espacio autónomo, pluralista y propositivo, es una muestra de ello.
1. La situación de las mujeres
El movimiento de mujeres, organismos internacionales y ONGs nacionales han desarrollado algunas investigaciones que permiten una aproximación a la situación de las mujeres en el Ecuador. Los estudios abarcan los más variados campos, pero por las limitaciones de esta publicación, abordaremos cuatro temas importantes: la situación económica y social, la participación política, la violencia contra la mujer y los organismos estatales.
A. Pobreza y empleo
Los programas de ajuste aplicados por los distintos gobiernos en la década de la ochenta y lo que va de la del noventa, han empobrecido rápidamente a la población.
Según encuestas realizadas por el Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC) y el Instituto Nacional de Empleos (INEM), el número de hogares pobres bajó de 30,6% en 1988 a 27.7% en 1993. Pero al mismo tiempo, creció el número de hogares indigentes del 29,4% en 1988 a 36,4 % en 1992. Esto quiere decir que los pobres se volvieron indigentes. Un hogar se considera pobre cuando su ingreso es inferior al costo de una canasta básica de consumo y es indigente cuando el ingreso es menor a una canasta básica de alimentos. (62)
Pero la crisis, a la luz de las estadísticas, ha golpeado más a las mujeres que a los hombres. Por ello se habla de la feminización de la pobreza. La participación de las mujeres en la fuerza de trabajo ha crecido en las últimas dos décadas: mientras en 1974, la Población Económicamente Activa Femenina era del 17%, en 1990 fue del 26,4%, según datos censales. Se considera que en 1993, la PEA femenina creció al 43%. (63)
El deterioro de los ingresos familiares que no permiten una subsistencia digna y el aumento del número de jefas de hogar, quienes deben encargarse por si solas del mantenimiento de sus familias, parecen haber propiciado la rápida incorporación de las mujeres y de la niñez al mercado de trabajo. En 1994, el 16,2% de los hogares se encontraba encabezado por una mujer: esta proporción fue mayor en el área urbana (19,7%) que en el área rural (11.2%).
La incursión de la mujer a las actividades remuneradas se ha "producido en el marco de inequidades de género, como son la discriminación salarial (las mujeres perciben menos ingresos por igual trabajo) y la segregación ocupacional (hay ocupaciones feminizadas que son las más precarias y menos valoradas económica y socialmente), y ha estado acompañada de nuevas manifestaciones, como son el mayor desempleo femenino y la informalización de sus ocupaciones". (64)
En la llamada "década perdida", se registra una tendencia al incremento del sector informal femenino, y a una disminución del número de asalariadas. Entre 1982 y 1990, las trabajadoras por cuenta propia, en el que se incluye el sector informal, aumentaron del 24,9% al 32,9%., y al mismo tiempo, disminuyó el número de asalariadas del 59,6% al 49,8 %.
Los problemas de desempleo y subempleo afectan más a las mujeres que a los hombres. En 1989, según la Encuestas del INEC, la tasa de desempleo femenino en las ciudades fue de 11 por cada cien, mientras que la de los hombres fue de 6 por cada 100. Esta tendencia, con la persistencia de la crisis, al parecer se ha agudizado en los últimos años.
Históricamente, los ingresos de las mujeres han estado por debajo de los hombres. Estas diferencias en los últimos años han ido disminuyendo, sin embargo se mantienen: en el sector formal urbano, en 1989, el ingreso promedio de las mujeres era de dos tercios del de los varones. Esta situación es más aguda en el sector informal.
Las desigualdades salariales entre los sexos, tienen que ver con la menor valoración económica y social que se da a las profesiones consideradas "femeninas". Así mismo, la discriminación salarial se relaciona con las limitaciones estructurales que impiden el acceso de las mujeres a puestos directivos mejor remunerados, tanto en el ámbito público como en el privado. En 1990, según datos censales, el porcentaje de gerentas y directoras fue del 26%, en relación al 74% ocupado por hombres.
Una de las consecuencias de la integración de la mujer al mercado de trabajo ha sido que sus tareas y responsabilidades en el hogar no han disminuido, dando lugar a dobles y triples jornadas de trabajo. La división sexual del trabajo permanece casi invariable, en tanto que la cobertura de los servicios públicos (guarderías, comedores, etc.) en lugar de mejorar se ha deteriorado.
El trabajo doméstico, que es la garantía para la reproducción de la fuerza de trabajo de toda la familia al producir gran parte de los bienes necesarios para satisfacer necesidades, ha sido invisibilizado por las cuentas nacionales, señala la economista Zonia Palán. (65)
En el área rural, la multiocupación de las mujeres es lo más frecuente, pues a más del trabajo doméstico y el cuidado de los niños, la mujeres participan en actividades agrícolas, pecuarias, artesanales y comerciales. La migración de los hombres hacia las ciudades y hacia el exterior (en el caso de Azuay y Cañar) han aumentado aún más sus tareas y responsabilidades. Algunas mujeres, tanto de la Sierra como de la Costa, se han incorporado a las plantaciones agroindustriales de exportación. Como un dato revelador, señalamos que las mujeres dedicadas a la agricultura creció del 4.5% en 1974 al 12,7% en 1990.
La política económica de los últimos gobiernos se ha orientado a mejorar los indicadores macro-económicos, dejando en un segundo lugar las políticas sociales. El deterioro de los servicios públicos (salud, educación, redes de atención a la infancia) repercuten directamente en las mujeres.
B. Educación. La cobertura de la educación hacia las mujeres en todos sus niveles ha mejorado en las últimas décadas. Pero todavía se mantienen niveles de analfabetismo que afectan más a las mujeres (13.5%) que a los hombres (9,1%), según datos de 1990. En el sector rural, el analfabetismo femenino es mas agudo que en el sector urbano (23,1% en el campo, frente a un 6.5% de las ciudades).
El porcentaje de mujeres que acceden a la educación media es similar al de los hombres. Sin embargo, debido a la crisis económica, en 1990 unas 300.000 adolescentes entre 12 y 17 años no pudieron ingresar a la secundaria, ya sea porque tuvieron que cuidar a sus hermanos mientras sus madres trabajaban, o se vieron precisadas a buscar empleo como empleadas domésticas, vendedoras, etc.
En el nivel superior, el número de hombres que ingresan y completan sus estudios es mayor que el de mujeres (12,5% frente al 10,8%). Muchas mujeres dejan sus estudios universitarios por asuntos relacionados con la maternidad, el matrimonio, etc.
El sistema educativo tiende a reproducir concepciones y prácticas sexistas, que asignan roles tradicionales a las mujeres (el hogar y la maternidad) y a los hombres (la calle, la vida pública). Esto también se refleja en el momento en que el Ministerio de Educación establece especializaciones para hombres (mecánica, electricidad,etc) y especializaciones para mujeres (secretariado, artes manuales, etc.). Generalmente, esta situación tiene consecuencias negativas para las mujeres en el momento de acceder al mercado de trabajo.
C. Salud
El Ministerio de Salud Pública cubre, teóricamente, al 30% de la población ecuatoriana. Con la reducción del presupuesto de la salud, los programas materno infantiles se han visto severamente afectados. En 1980, el 60% de mujeres tenía asistencia clínica en el parto, mientras en 1988 disminuyó al 56%.
La primera causa de muerte de las mujeres son las enfermedades del corazón y la segunda, los tumores malignos, relacionados con el aparato repoductivo de la mujer.
La primera causa de muerte en las mujeres de 15 a 24 años se debe a complicaciones del embarazo, parto y puerperio. A esto, hay que añadir los altos niveles de desnutrición tanto de las mujeres embarazadas (60% entre las de 18 y 25 años) como en las adultas no embarazadas.
Las deficiencias de los servicios básicos de agua potable y alcantarillado todavía son muy graves en los cinturones pobres de las ciudades y en el campo, debiendo las mujeres hacer esfuerzos extras para compensar esas carencias.
D. Participación política
Con la revolución liberal de 1895 se facultó a la mujer para votar y ocupar cargos públicos. Este derecho recién se concretó en 1929. La Constitución de 1946 consagró el voto obligatorio para los varones y optativo para las mujeres. Solo en 1967 la obligatoridad del voto se extendió a las mujeres.
La Constitución vigente garantiza a la mujer iguales derechos y oportunidades que el hombre en los órdenes de la vida pública, privada y familiar. De la misma forma, la Carta Fundamental señala que mujeres y hombres tienen los mismos derechos para ocupar cargos públicos.
Sin embargo, la participación femenina en puestos de decisión del Estado, así como en los partidos políticos y en los cargos de elección popular es escasa. Esta situación tiene que ver con la concepción predominante que considera que la política es una actividad eminentemente masculina.
Las funciones de Presidente y Vicepresidente de la República, no han sido, hasta ahora, ocupadas por mujeres. En 1979, una mujer fue designada por primera vez como ministra de Bienestar Social.
En 1990, ninguna mujer se desempeñaba como titular de los 12 ministerios, sin embargo, ocupaban algunas subsecretarías y direcciones. En el actual gobierno, el presidente Durán Ballén designó a una mujer como ministra de Bienestar Social, a otra como presidenta de la Junta Monetaria y a una tercera como Intendenta de Policía de Pichincha. Así mismo, este régimen nombró a tres mujeres como subsecretarias.
La participación femenina en el Poder Judicial también es reducida. En 1992, las juezas representaban el 10% de la Función Judicial (53 mujeres frente a 537 hombres). Las juezas de primera instancia totalizaban 49. En los niveles más altos, la presencia femenina tendía a ser menor: había 4 ministras juezas en las cortes superiores. Hasta el momento ninguna mujer se ha desempeñado como ministra juez de la Corte Suprema de Justicia.
El número de mujeres elegidas para los gobiernos seccionales, es pequeña pero la tendencia es a crecer. En 1984, fueron electas 20 concejales y consejeras (3.3% del total de puestos), pero en 1988 aumentaron a 70 (5.1% del total).
En el Congreso, la presencia de las mujeres no ha sobrepasado el 7%. Un logro de las diputadas y del movimiento de mujeres fue la conformación de la Comisión de Asuntos de la Mujer, el Niño y la Familia que está presidida por una mujer.
La mayoría de partidos políticos presta poca atención a la promoción y participación de la mujer. La intervención de la mujer en los partidos se da en los niveles de base, y pocas han ocupado puestos directivos. Con las reformas a la Constitución que permiten la participación de los independientes sin afiliarse a los partidos políticos y con la presencia del movimiento de mujeres, se prevé una mayor intervención política de las mujeres.
C. Violencia contra la mujer.
La violencia contra la mujer es de vieja data y se manifiesta en la relación de pareja, en el ámbito sexual (violaciones, incestos, estupros, acoso sexuales en el trabajo y en los planteles educativos), en la prostitución, en la pornografía, en la persecución a los homosexuales y lesbianas. La violencia produce en la mujer daños físicos, psicológicos y sexuales que afectan a su personalidad e impiden su normal desenvolvimiento.
La magnitud de la violencia contra la mujer se evidencia en los datos de la Comisaría de la Mujer y la Familia de Quito: en 1995, se presentaron 9337 denuncias, y en los primeros 12 días de 1996 se registraron 370, lo que equivale a 31 episodios por día, según datos recogidos en la Agenda Política de la Coordinadora Política Nacional de Mujeres.
La violencia contra la mujer en la relación de pareja es un fenómeno generalizado pues se calcula que un 70 % de mujeres sufre algún grado de maltrato físico o psicológico. Silvia Vega y Rosario Gómez, en su trabajo "La violencia contra la mujer en la relación doméstica de pareja: las mas callada y frecuente violación de los derechos de las humanas", anotan que esta violencia se da como una manifestación de las relaciones asimétricas de poder entre hombres y mujeres, y como una de las expresiones más dolorosas de la subordinación de la mujer.
D. Organismos estatales
El Estado se ha visto precisado a crear ciertas instancias para atender las necesidades de las mujeres, como la Oficina Nacional de la Mujer, fundada en 1980, la misma que fue elevada a la categoría de Dirección Nacional de la Mujer (DINAMU) en 1986, organismo dependiente del Ministerio de Bienestar Social.
"La presencia de mujeres sensibles a las demandas del movimiento de mujeres en la DINAMU en los últimos años ha posibilitado formas de trabajo conjunto que ha dado importantes frutos", señala la Coordinadora de Mujeres en su Agenda Política.
Reafirmando este criterio, Lola Villaquirán, actual directora de la DINAMU, expresa: "Yo he procurado una relación directa porque yo pienso que la DINAMU debe ser el espacio de las mujeres dentro del Estado, debe ser la instancia que recoja las demandas de las mujeres y las presente al Estado para que se las cumpla; la DINAMU juega un papel coordinador en las diferentes áreas: en el área de violencia, por ejemplo, la DINAMU juega un papel muy importante en lo que es coordinación de comisarías y trata de que se formen comisiones de apoyo a las diferentes áreas".
"A más de la violencia, estamos trabajando el proyecto del Instituto de la Mujer para que se lo apruebe, para que sea una instancia con independencia administrativa y financiera, un ente técnico que se encargue de políticas más no de su ejecución", agrega Villaquirán.
2. El contexto internacional
La situación de la mujer ha sido motivo de preocupación mundial en la últimas tres décadas. Desde 1975, se han realizado cuatro conferencias mundiales sobre la mujer, que han introducido algunos avances en la superación de las desigualdades y la violencia de género, la incorporación a la educación, al empleo y al desarrollo, entre otros temas.
La presencia y la lucha del movimiento mundial de mujeres ha sido la clave para conseguir los derechos hasta aquí alcanzados. Las organizaciones de mujeres de la sociedad civil han aportado mucho en la promoción de los derechos de la mujer y han influido en los organismos internacionales y en los gobiernos para que adopten políticas en favor de las mujeres.
Todo esto ha creado un contexto internacional favorable para la lucha y organización de las mujeres en los países de América Latina y, por supuesto, en el nuestro. Además de ello, por presión de los organismos internacionales y de la cooperación internacional se han introducido "los componentes de género" en ciertos proyectos sociales de los estados y de los organismos no gubernamentales.
Revisemos brevemente, el desarrollo de las cumbres mundiales y los temas que se trataron.
1975 fue proclamado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Mujer para promover la igualdad de la mujer y asegurar su integración a los esfuerzos del desarrollo. Al culminar el mismo, se efectuó en México la I Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer que estableció como prioridades: la alfabetización, la capacitación técnica y profesional; las posibilidades de acceso a todos los niveles de enseñanza; las oportunidades de empleo; la legislación acerca del derecho al voto y la elegibilidad en condiciones de igualdad con el hombre.
En diciembre de 1975, la Asamblea de las Naciones Unidas proclamó el Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1976-1985), cuyo logro más importante fue la aprobación de la Convención sobre la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, adoptado en 1979.
En 1980, se realizó, en Copenhague, la Segunda Conferencia Mundial sobre la Mujer en la que se analizó la desigualdad de la mujer desde una perspectiva histórica, señalando como sus causas las condiciones económicas, sociales y culturales.
Este evento impulsó la toma de conciencia sobre la desigual participación de la mujer en el desarrollo como resultado de la división entre los sexos y el limitado acceso de la mujer a la vida pública.
La III Conferencia Mundial de la Mujer se efectuó en 1985, en Nairobi, con el fin de evaluar los logros y fallas del Decenio de la Mujer. 15.000 mujeres participaron tanto en la Cumbre como en el Foro de Organismos No Gubernamentales, que aportó con nuevos enfoques y estrategias. En esta oportunidad, se reconoció que la crisis económica y los programas de ajuste habían agravado la situación de la mujer.
El movimiento mundial de mujeres estuvo presente, planteando sus propias demandas, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992); en la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos de Viena (1993); y en la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (1994) en el Cairo. En la Conferencia de Derechos Humanos, por ejemplo, se amplió el concepto de derechos humanos y se reconoció que la violencia contra la mujer constituía una violación a los derechos humanos. Con este antecedente, las Naciones Unidas, aprobaron, en diciembre de 1993, "La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia a la Mujer".
La IV Conferencia Mundial de la Mujer "Acción por la Igualdad, el Desarrollo y la Paz", llevada a cabo en Beijing, China, del 4 al 15 de septiembre de 1995, se constituyó en el mayor encuentro de mujeres a nivel mundial. En el Foro Alternativo de organizaciones no gubernamentales, reunido del 30 de agosto al 8 de septiembre del mismo año, se dieron cita 30.000 mujeres provenientes de todos los países de la Tierra.
La Plataforma de Acción Mundial de Beijing, aprobada al clausurarse la Cumbre, servirá de referencia para el desarrollo de acciones de igualdad entre los géneros en el mundo entero. (66)
Los principales compromisos adoptados en Beijing se ubican en torno a 12 ejes temáticos:
* Pobreza; igual acceso a la educación; salud; violencia; solución y reducción de conflictos armados; igualdad de acceso y participación de las mujeres en las estructuras políticas y económicas; fortalecimiento de mecanismos que permitan la participación de la mujer en las estructuras de poder y en las decisiones; integración dela igualdad de género en la planificación y ejecución de políticas y programas a todos los niveles y a todos los sectores; aplicación y cumplimiento de la legislación y las normas internacionales; medios de comunicación; recursos naturales y medio ambiente y el tema de las niñas.
3. Procesos organizativos
La mujer ha estado presente en las gestas libertarias y en las principales luchas que ha librado nuestro pueblo a lo largo de su historia. Manuela Sáenz, Manuela León, Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña, Luisa Gómez de la Torre, Nela Martínez, constituyen algunas de las líderes que son reivindicadas no solo por el movimiento de mujeres sino por el conjunto de movimientos sociales.
En la década del 20, los grupos feministas Aurora y Rosa Luxemburgo tuvieron un destacado papel en la huelga del 15 de noviembre de 1922, que concluyó con una masacre en Guayaquil.
En la "Gloriosa", revolución que derrocó en mayo de 1944 al antipopular régimen de Arroyo del Río, las mujeres de Quito y Guayaquil participaron aglutinadas en Acción Femenina de Pichincha. Como un hecho revelador de la presencia femenina, los indígenas de Cayambe, dirigidos por Dolores Cacuango, se tomaron el cuartel de carabineros de esa cabecera cantonal.
En la década del 60, incentivadas por el triunfo de la revolución cubana, las mujeres de izquierda lucharon contra la dictadura militar a través de la Unión Revolucionaria de Mujeres del Ecuador y paticiparon en las luchas del movimientos estudiantil y en los partidos de izquierda. Desde otra tendencia ideológica, también surgió en este período la Unión de Mujeres del Ecuador, de orientación cívica.
En las décadas del 70 y del 80, se abrieron espacios a la participación de la mujer en el movimiento obrero, campesino e indígena, creándose las secretarías de la mujer en las centrales sindicales y federaciones indígenas y campesinas.
En esta línea encontramos:
* A la Unión de Mujeres Trabajadoras y a la Unión de Organizaciones Femeninas de Pichincha vinculadas a la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas, CEDOC;
* A las secretarías femeninas de Ecuador Runacunápac Riccharimui, ECUARUNARI, y de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana, CONFENIAE;
* La dirigencia de la mujer de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE.
* Al Departamento de la Mujer de la Confederación de Trabajadores del Ecuador, CTE.
* Y la secretaría de la mujer de la Central Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres, CEOSL.
Las mujeres de las organizaciones intervinieron en las huelgas obreras, en las tomas de tierras y en las luchas barriales (como la famosa "marcha de la cacerolas", en abril de 1978) así como en las huelgas nacionales organizadas por el Frente Unitario de Trabajadores.
En 1975, mujeres de diferentes sectores e ideologías se organizaron en el "Comité Ecuatoriano pro celebración del Año Internacional de la Mujer".
Con un marco internacional favorable, surgieron, a partir de 1975, organizaciones en los barrios populares de las ciudades y en las áreas rurales, que promovían la incorporación de la mujer al desarrollo, las que fueron impulsadas desde los espacios del Estado, las ONGs y la Iglesia.
En 1979, se creó el Departamento de Promoción y Capacitación de la Mujer, como una sección de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. "La promoción de la población rural marginal a través de la alfabetización, la atención médica, así como la dirección y proyectos productivos constituyen ahora algunas de las actividades sociales más destacadas de la Iglesia", anota Astrid Muller. (67)
El Departamento de la Mujer de la Iglesia mantiene 15 filiales a nivel nacional y coopera con 752 grupos informales de base, en los cuales se encuentran organizadas 27.000 mujeres.
Con la declaratoria del decenio de la Mujer por las Naciones Unidas, las organizaciones internacionales de cooperación técnica y social aumentaron sus presupuestos o crearon fondos destinados a la promoción y apoyo a los centros de mujeres de los países del Tercer Mundo.
En este contexto, en las décadas del setenta y ochenta se fundaron la mayoría de organizaciones no gubernamentales dedicadas al trabajo con mujeres, como el Centro de Promoción y Acción de la Mujer, CEPAM; el Centro de Apoyo e Información de la Mujer, CIAM; el Centro de la Acción de la Mujer, CAM; el Taller de Comunicación Mujer; Mujeres por la Democracia, el Centro de Planificación y Estudios Sociales, CEPLAES, entre otros.
Hasta 1992, se registraron 86 ONGs que trabajaban en los campos de la organización, capacitación, salud, derechos humanos, comunicación, proyectos productivos y promoción de la mujer.
La socióloga María Arboleda sostiene que las ONGs han cumplido un papel positivo en relación al movimiento de mujeres, pues en la última década y media han contribuido a que las mujeres ecuatorianas le vayan perdiendo el miedo al feminismo. Además, han apoyado los encuentros de organizaciones populares de mujeres, de mujeres cristianas y de organizaciones barriales de mujeres a nivel local y regional.
El aporte de las ONGs también se ubica en el campo de las investigaciones sobre la situación de la mujer, cumpliendo también "un rol importantísimo con esta insistencia de mantener una perspectiva de género en los planes y programas de acción política, buscando que la presencia de las mujeres no sea subsumida y se pierda, como ha ocurrido tradicionalmente", escribe Arboleda. (68)
Desde el campo de la comunicación, varias organizaciones han impulsado la lucha, organización y al movimiento de mujeres. Entre otras iniciativas, se puede mencionar a las siguientes:
* La revista Nueva Mujer y Cuadernos de la Revista Nueva;
* "La Mujer", publicación bimensual del CIAM;
* "Chaquiñán", periódico de las Organizaciones de Mujeres del Placer Alto, Toctuico y San Roque de Quito;
* "La Venada", fotonovela editada por el Taller de Comunicación Mujer;
* El Area de Mujeres de la Agencia Latinoamericana de Información, ALAI;
* El suplemento "La Manza-Ana", que circuló con diario Hoy;
* El suplemento Sexto Sentido, que edita la Red de Mujeres en la Comunicación, que en la actualidad también circula con el diario Hoy.
En los barrios populares urbanos, las mujeres se organizan en torno a la lucha por la vivienda, los servicios básicos, la capacitación, la salud, el cuidado de los niños y actividades productivas. En los comités barriales y en las organizaciones de segundo grado las mujeres desempeñan un papel activo y constituyen un factor de permanente movilización.
Raúl Patiño, dirigente del Frente de Usuarios y Consumidores del Guayas, señala que la participación de las mujeres en esta organización es predominante. "Yo diría que la mayoría de dirigentes del frente de usuarios en los barrios son mujeres, el 80% o más de los miembros de los frentes de usuarios son mujeres, y en la directiva del frente de usuarios más del 50 o 60% son mujeres. En los barrios de Guayaquil, los liderazgos son muy sentidos de parte de las mujeres", agrega.
En los barrios de Quito, las mujeres también se organizan en centros femeninos que tienen como eje la capacitación, mejorar los ingresos y fortalecer la autoestima. Un ejemplo de ello, es el Centro Femenino 8 de Marzo, de la parroquia urbana de Chillogallo.
Este Centro se formó en 1986, como una iniciativa de un grupo de madres de familia que se propuso luchar por sus derechos. Poco a poco, el Centro fue ganando espacio tanto en el ámbito barrial como al interior de las familias, logrando cambios de actitud en los maridos y que se las respete como seres humanos.
Una de las iniciativas más relevantes del Centro fue la creación de la Casa de la Mujer del Sur que ofrece servicios médicos a la población del sector. También capacita a sus socias y desarrolla pequeños proyectos productivos. El Centro proyecta ampliar su trabajo de capacitación y promoción de la mujer a dos barrios aledaños a Chillogallo.
Por último, anotemos que las mujeres intervienen activamente en gremios profesionales y en las organizaciones ambientalistas, indígenas, campesinas, negras, de derechos humanos y otras.
4. Las mujeres indígenas
En el movimiento indígena, las mujeres participan desde su propio espacio, denuncian la situación de discriminación de la que son objeto y aspiran a que se amplíe su participación en las organizaciones de base, regionales y nacionales, desterrando criterios y prácticas machistas.
Desde la creación de la Dirigencia de la Mujer en la CONAIE, en 1986, las mujeres indígenas han avanzado en sus procesos de reflexión y organización.
"Hay problemas de salud, de educación y cada vez va aumentando la pobreza y la falta de territorios; eso ha hecho que nosotras comencemos a organizarnos y por medio de la capacitación podamos participar directamente, de manera equitativa, en todas las organizaciones y en los eventos nacionales e internacionales", dice Carmelina Porate, dirigente de la mujer de la CONAIE.
"Nuestro trabajo ha sido para que vayamos discutiendo la cuestión de identidad, el problema cultural, el problema de la discriminación que existe de mujer a mujer, y de hombre hacia la mujer. También la cuestión de violencia que existe por parte de algunos compañeros, porque hay mucho machismo y el problema de la violencia contra las mujeres que trabajan en quehaceres domésticos, en las empresas de flores y en las haciendas", agrega la dirigente.
"Por la situación económica misma, hay cantidad de compañeros, maridos o hijos que salen a Quito, a Guayaquil o Europa y Estados Unidos; a veces van vendiendo sus terrenos, su ganado, sus cosas y vienen sin plata; y sin saber que hacer comienzan a pegar a la mujer, a los hijos; eso es por falta de recursos económicos, por la situación económica que estamos viviendo".
Reunidas en cuatro asambleas regionales y dos nacionales, las mujeres indígenas han abordado los problemas de la familia y la comunidad, la situación económica, la salud, la educación, la cultura y la identidad. Este proceso culminó con la realización del Foro de la Mujer Indígena, efectuado del 7 al 11 de septiembre de 1994, con la participación de 120 mujeres de las diferentes nacionalidades.
En este evento, las mujeres indígenas formularon las siguientes propuestas:
* Apoyan la tesis del Estado plurinacional;
* Exigen que los programas de gobierno dirigidos a la mujer se amplíen a las comunidades indígenas;
* Plantean que el Estado asigne un presupuesto fijo para la capacitación de la mujer indígena;
* Exigen que se sancione a los patrones que maltratan y abusan de las mujeres indígenas, tanto en el campo como en el ciudad;
* En los campos de la salud y de la educación piden que se respete el libre ejercicio de los yachacs, parteras, hierbateras y fregadores; y que se fortalezca la educación intercultural bilingüe.
* En el orden interno, plantean que en las delegaciones a los eventos y reuniones de las organizaciones indígenas se incluya un número igual de hombres y mujeres. (69)
Carmelina Porate expresa que en la CONAIE ha habido cuestionamientos a la dirigencia de la mujer en el sentido de que la organización de mujeres es de tipo sindical o feminista. "Frente a eso hemos dicho que la mujer, aunque seamos parte de una nacionalidad, somos las que conservamos la cuestión cultural, sea en idiomas, en ropa, en formas de organización familiar, y somos las que transmitimos la revalorización y el rescate mismo de lo que es una cultura. En ese sentido, nosotros hemos dicho que si estamos cuestionando que no hay democracia en la sociedad ecuatoriana, también debe existir una democracia dentro de nosotros; aunque si existe mínimamente se tiene que ponerla en práctica haciendo participar a las mujeres, a los jóvenes, a los niños".
Y continúa: "Hasta aquí hemos sido consideradas de que solo servimos para parir, cuidar hijos y trabajar en el campo para el hacendado; y en este sentido hemos considerado importante hacer eventos entre nosotras, para que las compañeras puedan expresarse libremente, abrirse y participar".
En el plano de la actuación internacional, la CONAIE y la Coordinadora de Mujeres Indígenas del Ecuador, CONAMIE, convocaron, en agosto de 1995, al Encuentro de Mujeres Indígenas de las Primeras Naciones Abya Yala", en el que estuvieron presentes 150 mujeres de 24 países.
El evento tuvo como objetivos, la formulación de propuestas y estrategias para participar en el "Decenio Internacional de los Pueblos Indígenas" y en la IV Conferencia Mundial de la Mujer de Beijing. El evento también sirvió para articular un espacio permanente para las mujeres indígenas del continente.
5. Las mujeres negras
Las mujeres negras son objeto de una triple discriminación: por ser mujeres, pobres y negras. Por ello, se organizan y han emprendido la lucha contra la discriminación y el racismo.
"A partir de los años 90, influenciadas por los movimientos sociales y de mujeres, es que nosotras las mujeres negras de este país empezamos a tomar conciencia de nuestra realidad. Comenzamos a defender nuestros derechos como humanas", señala Janeht Preciado Camacho, coordinadora del Comité de Defensa de los Derechos de la Mujer Negra, CODEMUNE, de Esmeraldas.
En marzo de 1990, en Esmeraldas, se realizó el Primer Seminario denominado "La situación de la Mujer Negra en el Ecuador-Winnie Mandela". Este evento estuvo organizado por la Coordinadora Nacional de Grupos Negros del Ecuador y el Centro Cultural Afro-ecuatoriano, y auspiciado por la Dirección Nacional de la Mujer, DINAMU. Los temas que abordaron los diferentes grupos fueron: educación, cultura, prostitución y violencia, migración, organización, trabajo, segregación (raza, clase-género) y tenencia de la tierra.
En 1991 y 1992, en la provincia del Guayas, se efectuaron el primero y segundo encuentro de mujeres negras, proceso que culminó, en 1993, con el reconocimiento jurídico de la Asociación de Mujeres Negras de la Provincia del Guayas, ASOMUNE-G. En esta mismo período, se crearon la Fundación para la Cultura Negra, FCUNE y el CODEMUNE, que promueve la defensa de las empleadas domésticas y lucha por elevar el nivel de autoestima y mejoramiento integral de la mujer negra y su familia.
Por iniciativa de la FCUNE, en febrero de 1995, se reunió en Esmeraldas el "Primer Encuentro Nacional Mujer Negra, Identidad y Derechos Humanos en las Comunidades Afroecuatorianas", que congregó a representantes de más de 30 organizaciones de Esmeraldas, Guayas, Carchi, Imbabura y Quito.
En este evento se discutieron aspectos relacionados con la identidad, la violencia doméstica, la salud y la educación. En una de sus conclusiones, las mujeres expresaron que "en nuestro país siendo libre y democrático, según nuestra carta constitucional, se practica el racismo abierto y solapado contra nuestra etnia y es nuestro deber como mujeres y como negras por que desaparezca en nuestra sociedad ya que el racismo es un obstáculo para el desarrollo sustentable de nuestra comunidad negra".
En el encuentro se ubicó al machismo como un obstáculo para la organización de las mujeres y como causante de la violencia familiar y el maltrato físico y psicólogico que diariamente enfrentan las mujeres negras.
Las mujeres negras demandaron:
* Que el Ministerio de Educación y Cultura incluya en sus planes y programas la historia de la etnia y el aporte que ha dado a la nación;
* Que el Gobierno Nacional y los organismos seccionales den más atención a las comunidades negras, dotándoles de servicios de alcantarillado, agua potable, luz eléctrica, escuelas, colegios, maestros y maestras, caminos vecinales y transportes;
* Que se otorguen títulos de propiedad a los asentamientos tradicionales de los pueblos negros;
* Y que se implementen política adecuadas para la protección del medio ambiente, prohibiendo la tala indiscriminada de manglares y bosques. (70)
Por último, las mujeres negras reclamaron un puesto de igualdad en el contexto del movimiento negro nacional pues "en un sistema profundamente machista, no habíamos descubierto que nos estaban invisibilizando, ya que nosotras trabajamos y nuestros hermanos hombres se llevan las glorias".
6. El movimiento de mujeres
El movimiento de mujeres no es centralizado ni vertical, por el contrario, desde sus inicios, se manifiesta como un movimiento diverso y horizontal, atravesado por múltiples corrientes ideológicas y políticas.
Sin embargo han habido temas de interés general -violencia, reformas legales, participación política- que han permitido una confluencia de esfuerzos y una coordinación de las diversas organizaciones de mujeres.
A principios de la década de los ochenta, "el movimiento de mujeres estaba bastante disperso y era bastante pequeño", dice la comunicadora Magdalena Adoum. "Yo veo la verdadera fuerza del movimiento cuando entra el feminismo, y cuando las mujeres van tomando conciencia real de su situación frente a la sociedad".
Y agrega: "El feminismo es la primera clase que tiene una mujer para saber que es ser humano, es el comprender las diferencias graves a la que ha sido sometida la mujer: a la discriminación, a la violencia familiar".
En 1982, se realizó, en Ballenita, Guayas, el Primer Encuentro de Mujeres Suburbanas en el que se analizó la situación de la mujer suburbana, y se concluyó exigiendo al Estado, atención y cumplimiento de los servicios y obras que demandaban las organizaciones populares.
En la década del 80 comenzó a difundirse en el país la teoría feminista. En esta línea, en 1986 y 1987 se desarrollaron sendos encuentros feministas en Ballenita, Guayas, organizados por el Centro de Acción de la Mujer, CAM, de Guayaquil, centro que mantenía un trabajo de género con organizaciones populares.
En el primero, que contó con la asistencia de 170 mujeres, se analizaron temas como: antecedentes históricos de la opresión de la mujer, la sexualidad, el trabajo y el feminismo ligado a la práctica política y a la lucha social. Como una de las conclusiones de este evento se señaló que el patriarcado es la institución y la ideología básica que sustenta la supremacía del hombre, que se expresa como forma de organización social y como hecho político que implica dominación entre los sexos y en el que confluyen dos procesos: uno de sumisión y otro de dominación. (71)
El encuentro de 1987, fue convocado por el CAM en conjunto con el Centro de Información y Apoyo a la Mujer, CIAM (Quito), institución que promovía la recuperación de la autoestima de las mujeres y la igualdad de derechos.
Tanto en el primero como el segundo encuentro hubo una presencia importante de mujeres de sectores populares, lo que echó por tierra el mito de que el feminismo solo tenía como base social a la clase media.
Todos estos eventos fueron abriendo el camino para la constitución de un incipiente movimiento de mujeres. En 1987 se reunieron una diversidad de organizaciones: feministas y no feministas, cristianas, profesionales, populares, militantes de partidos e integrantes de ONGs para conformar una instancia en donde la "conciencia de género" pudiera expresarse, más allá de las corrientes políticas y los intereses particulares . Así nació Acción por el Movimiento de Mujeres que se extendió a Quito y Guayaquil.
"Es la primera vez en la historia que estábamos tratando de construir un movimiento orgánico, en donde diferentes organizaciones tanto del movimiento popular como de los sectores medios, empezaban a conjugar fuerzas para plantear cuestiones al Estado, para decir aquí estamos y esto es lo queremos", anota Miriam Ernst. (72)
En 1988, Acción por el Movimiento de Mujeres organizó el Foro "Mujer y Participación Política", con el objetivo de que los candidatos presidenciales expusieran sus planes y programas en relación a la mujer. En este año, este Movimiento, luego de un proceso de consulta y discusión tanto en Quito como en Guayaquil, elaboró un Programa Básico de Mujeres que comprendía temas de trabajo, legislación, salud y comunicación.
Las mujeres organizadas empezaron a formular propuestas dirigidas al Estado, a la sociedad, a los partidos políticos y a las propias organizaciones sociales y populares.
Con respecto al Estado, plantearon la transformación de la Dirección Nacional de la Mujer, DINAMU, en un organismo semi-autónomo, no sujeto a las presiones políticas, con un presupuesto y autoridad que le permitiera desarrollar su actividad de manera efectiva. Así mismo, propusieron la creación de la Unidad de Planificación de la Mujer en el Consejo Nacional de Desarrollo, CONADE.
Uno de los logros de Acción por el Movimiento de Mujeres fue la creación de la Comisión Parlamentaria de los Asuntos de la Mujer, el Niño y la Familia. Acción por el Movimiento de Mujeres, posteriormente, propuso las reformas de los códigos Civil y Penal que contenían disposiciones discriminatorias contra la mujer.
7. La lucha contra la violencia
El eje de la violencia contra la mujer ha sido un elemento aglutinador y movilizador y un aspecto estratégico de las organizaciones de mujeres.
Entre 1986 y 1989 se desarrollaron tanto en Quito como en Guayaquil, numerosas iniciativas y actividades promovidas por ONGs y organizaciones de mujeres tendientes a difundir y reflexionar sobre la violencia doméstica. Varias investigaciones, publicaciones y seminarios se dedicaron al tema.
Enriquecidas por estas experiencias, en 1989, mujeres de diversas organizaciones conformaron el Comité No más Violencia a la Mujer, el cual declaró el Año de Prevención de la Violencia de la Mujer (de noviembre de 1989 a noviembre de 1990), bajo el lema "Basta de violencia a la mujer".
Este Comité nucleó a un amplio abanico de organizaciones de mujeres y mixtas, del más variado tipo y orientación, y a grupos de base de los barrios y a mujeres indígenas.
"El Comité trabajó todo el año en prevención de la violencia a la mujer. Se hicieron tres jornadas fuertes: el 8 de marzo, el 22 de julio, día del trabajo doméstico y 25 de noviembre, día de la no violencia a la mujer. Cada organización comenzó a tomar el tema violencia como el eje de su propia actividad. Es una experiencia bastante interesante de cómo en base a temas concretos el movimiento de mujeres puede nuclearse", dice Silvia Vega, investigadora del Centro de Planificación y Estudios Sociales, CEPLAES.
Marchas, actos públicos, foros y mesas redondas, concursos de oratoria y poesía, fueron, entre otros, las actividades desplegadas por el Comité en este año. En ellas no solo se abordó el tema de la violencia doméstica sino otras expresiones de la violencia de género: acoso sexual en el trabajo y en los planteles educativos, prostitución y abuso sexual contra las mujeres presas.
Retomando un planteamiento de Acción por el Movimiento de Mujeres, el Comité planteó la creación de las comisarías de las mujeres. Así mismo propuso reformas a los textos escolares; que el Congreso discuta una ley contra el uso publicitario de la mujer como objeto; que los sindicatos y gremios creen comisiones especiales para receptar denuncias contra el hostigamiento sexual en el trabajo y que la Iglesia incorpore en sus cursos pre- matrimoniales el tema del maltrato a la mujer.
La campaña se cerró con una movilización en la que se entregó al Congreso las observaciones a la propuesta de reformas al Código Penal que se tramitaba en el Parlamento.
"La actividad del Comité fue sobre todo en Quito, aunque se hicieron acciones puntuales en Esmeraldas, Machala y Pastaza. Luego, en 1991, la campaña fue retomada por la DINAMU que contó con el apoyo de los organismos no gubernamentales en las provincias. Se hicieron acciones en Riobamba, Cuenca, Loja y Esmeraldas", señala Silvia Vega.
"Las campañas sirvieron para aprehender el tema en las propias organizaciones de mujeres y también en la sociedad. Lo que se continuó haciendo es la ampliación de los servicios: atención médica, atención jurídica, tratando de incorporar el tema de la violencia como un tema de salud pública, tratando de registrar el número de casos y porque se producen. Todos estos años han sido de una mayor comprensión, de una mayor sistematización", agrega Vega.
En junio de 199O, el CEPAM, en convenio con la DINAMU-Ministerio de Bienestar Social, fundó la casa de refugio para las mujeres y niños/as maltratados/as. Cuando a fines de 1991, con el cambio de autoridades del Ministerio de Bienestar Social, se insinuó que el convenio con el CEPAM no se iba a renovar, las organizaciones de mujeres, las diputadas y los medios de información presionaron para que se revise la decisión, consiguiendo que el convenio se prolongue por dos años más.
Los temas de la violencia de género y los derechos humanos también fueron materia de preocupación del Foro Permanente de la Mujer (convocado por el Centro de Estudios e Investigación sobre el Maltrato a la Mujer Ecuatoriana, CEIMME en enero de 1994) el cual contó con la participación de un amplio espectro de organizaciones de mujeres y mixtas.
Un avance en la lucha para frenar y sancionar los casos de violencia a la mujer se concretó en 1994 con la creación de las comisarías de la mujer y la familia, dependientes del Ministerio de Gobierno y Policía. Las comisarías se constituyeron en Quito, Guayaquil, Esmeraldas, Cuenca y Portoviejo.
Durante su primer año de funcionamiento, la Comisaría de la Mujer de Guayaquil receptó 5.868 denuncias de mujeres agredidas con golpes de puño, golpes de pie, bofetadas, latigazos y otros instrumentos como garrote y revólver. En Quito, en el período comprendido entre noviembre de 1994 y el 30 de junio de 1995, la Comisaría de la Mujer recibió 5.820 denuncias. (73)
Las comisarías, desde sus inicios, se enfrentaron a varias limitaciones legales que impedían cumplir a plenitud sus propósitos: tratándose de comisarías de policía únicamente podían juzgar los casos de violencia de género como una contravención, independientemente de su gravedad. Además de ello, el Código de Procedimiento Penal prohibía la denuncia entre cónyuges.
Todo esto hizo ver la necesidad de la promulgación de una ley que permitiera juzgar, sancionar y prevenir la violencia contra la mujer. La DINAMU tomó la iniciativa de impulsar la aprobación de la anhelada ley. Luego de un proceso de consulta a ONGs, organizaciones de mujeres, abogadas, juezas y diputadas se elaboró un proyecto de Ley contra la Violencia a la Mujer y la Familia, que fue aprobado por el Congreso el 14 de noviembre de 1995 y sancionado por el Ejecutivo el 11 de diciembre del mismo año.
En el Congreso, la DINAMU desarrolló un trabajo de sensibilización entre los diputados para conseguir su aprobación. Las organizaciones de mujeres presionaron con movilizaciones tanto al Congreso como al Ejecutivo para que la ley se aprobara y entrara en vigencia.
Un antecedente favorable para que se apruebe esta ley fue la suscripción y ratificación por parte del Congreso de la Convención Interamericana de Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra la Mujer en junio de 1995. Así mismo, contribuyó la realización de la Conferencia de Beijing, en la cual el gobierno del Ecuador se comprometió a impulsar la ley de defensa de la mujer y la familia. (74)
Esta ley constituye una conquista del movimiento de mujeres pues amplía las posibilidades de acción legal para sancionar la violencia de género, aunque lo fundamental es que no quede como letra muerta en el papel, sino que se difunda y se cumpla.
8. La Coordinadora Política de Mujeres
Teniendo como referentes la experiencia de Acción por el Movimiento de Mujeres y los avances alcanzados por el movimiento de mujeres en los últimos años, Mujeres por la Democracia convocó, en junio de 1995, a un encuentro denominado "Mujeres hacia el ejercicio del poder" en el que unas 50 mujeres discutieron "la forma de volver políticos los temas de las mujeres y la forma de ampliar y abordar los temas centrales del país, desde la perspectiva de las mujeres", según palabras de Silvia Vega.
En ese encuentro, se designó una Coordinadora Política Nacional Provisional, a la que se les encargó las tareas de nuclear al movimiento de mujeres y elaborar una agenda política que sintetice las propuestas de las mujeres en relación a los problemas nacionales como salud, educación, participación política, pobreza, seguridad social, desarrollo local, medio ambiente, violencia y legislación.
La Coodinadora Provisional elaboró un borrador de agenda que fue discutido en encuentros provinciales por mujeres de distinta condición social y política: mujeres trabajadores, campesinas, indígenas, negras, profesionales. En definitiva, se desarrolló un proceso democrático de construcción de una agenda nacional que incluyó diagnóstico, propuestas y estrategias.
Con estos antecedentes, el 8 y 9 de febrero de 1996 se desarrolló en Quito el Primer Congreso Político Nacional de Mujeres, con la participación de 700 delegadas de todo el país.
En el Congreso se nombró, por voto secreto, a siete líderes nacionales (Silvia Vega, Luz Aro, Zonia Palán, Gladis Dután, Lupe Ruiz, Hanne Hoss, Lourdes Rodríguez) que durarán dos años en funciones.
"Construir una coordinadora política no ha sido fácil. Ha sido una tarea fruto de estos últimos años y de esta década y podemos decir que (este proceso) lo hemos llevado con mucho orgullo, con mucha dignidad, sin presiones, porque las presiones que teníamos las hemos venido liquidando una a una. Y desde nuestro espacio hemos podido atender a todas las compañeras con su diversidad de pensamientos y participación ideológica", expresó Patricia León del movimiento de mujeres de Guayaquil, en la clausura del Congreso.
Por su parte Zonia Palán, en el mismo evento, expresó: "Este Congreso es realmente un hecho histórico, un salto cualitativo, porque toda esa organización y esa experiencia acumulada de tantos años, hoy se cristaliza en una organización de carácter político que quiere tener un impacto en el país. Hoy nos constituimos como mujeres políticamente organizadas para poder coordinar nuestras acciones a nivel nacional, para poder dialogar, presionar y exigir a todas las instancias de poder, para que nuestra agenda se haga realidad".
El 9 de febrero de 1996, el movimiento de mujeres presentó la Agenda Política a consideración de los candidatos a la Presidencia de la República (al evento asistieron cuatro candidatos a la Presidencia, tres candidatos a la vicepresidencia y una delegada de otro candidato presidencial) y demandó su respuesta. La Agenda constituye un proyecto político de transformación para el Ecuador visto desde las mujeres: cuestiona la democracia excluyente y plantea la participación de la mujer en todos los niveles.
Para el movimiento de mujeres, representa un instrumento de acción para poder conversar con todos los dirigentes políticos y plantearles los puntos de vista que desean que se incorporen a sus programas de gobierno.
La Coordinadora se mueve por los principios de la democracia participativa: pedirá cuentas a sus dirigentas, es respetuosa de la diferencias, acepta los disensos pero al mismo tiempo actúa sobre objetivos comunes.
En definitiva, la Coodinadora representa un espacio autónomo y pluralista, que demuestra el avance y la fuerza que ha logrado el movimiento de mujeres en la última década.
9. Las propuestas de las mujeres
En la Agenda Política, el movimiento de mujeres formula varias propuestas que tienen que ve con la pobreza y el empleo, la educación, la salud, la participación política y los derechos humanos, entre otros temas.
Empleo y pobreza
La meta prioritaria del país, según el movimiento de mujeres, deber ser la erradicación de la pobreza. En este marco se requiere:
* Un nuevo modelo productivo que evite los monopolios y priorice la producción para el mercado interno, que apoye las actividades generadoras de producción y empleo; que genere nuevas metodologías y estadísticas que posibiliten visibilizar el aporte de las mujeres a la economía nacional tanto en el campo productivo como reproductivo.
* Una nueva división sexual del trabajo que propenda a distribuir familiar y socialmente las tareas productivas y reproductivas.
* Creación de oportunidades de acceso a recursos económicos y productivos para las mujeres.
* Eliminación de las discriminaciones y obstáculos para el trabajo de las mujeres.
Educación
El movimiento de mujeres plantea la universalización, el mejoramiento de la calidad y la superación del sexismo en la educación. Pero además aspira a una transformación profunda del sistema educativo para que sea un instrumento de cambio de las relaciones entre los géneros, y a una reforma administrativa de la escuela a fin de que se adecúe a los ritmos de vida y trabajo de los padres y madres de hoy.
Algunas de las propuestas más específicas tienen que ver con el cumplimiento del mandato constitucional de asignar un 30% del presupuesto del Estado a la educación, la extensión de la jornada escolar a 8 horas y la revisión de los textos y metodologías y prácticas docentes para lograr que se visibilice el aporte de ambos sexos al desarrollo y a la historia del país.
Salud
El problema de la salud no tiene que ver solamente con la atención medicalizada e institucionalizada, sino que se relaciona con el mejoramiento de la calidad de vida de los seres humanos, con el derecho a conocer y decidir sobre sus cuerpos y sus vidas, con el respeto a las prácticas tradicionales y con el respeto de la iniciativas comunitarias y familiares para el cuidado de la salud.
En este marco, el movimiento de mujeres propone la modernización y el mejoramiento de la atención y el aumento del presupuesto para la salud, y la inclusión del enfoque de género en las políticas y programas del Ministerio de Salud Pública.
Así mismo plantea establecer como meta nacional del sector salud la reducción de la mortalidad materna; impulsar campañas para la prevención del cáncer cérvico uterino y de mamas, del SIDA y de las enfermedades de transmisión sexual; combatir la desnutrición materna e infantil; considerar a la violencia doméstica como un problema de salud pública y salvaguardar la salud de las mujeres trabajadoras.
Participación política
Las mujeres apuntan a la reestructuración del sistema político, al fortalecimiento de la democracia participativa y a la superación de la discriminación étnica, de género y generacional.
Asi mismo, aspiran a que se asuma el enfoque de género en las políticas públicas, es decir que las mujeres sean consideradas como sujetos con derechos y necesidades propias.
Para lograr la igualdad, proponen reformas constitucionales y legales que permitan una representación de las mujeres organizadas en el Consejo Nacional de Desarrollo y el Tribunal de Garantías Constitucionales; que establezcan la obligatoriedad de la participación femenina en las elecciones pluripersonales, incluyendo un mínimo del 25% de candidatas en cada lista. Así mismo, plantean la aprobación de una ley de participación ciudadana, como un elemento clave de la descentralización política.
Las mujeres aspiran a que se democratice el ejercicio del poder en los partidos políticos e instancias políticas y sociales. Los partidos deben incorporar la perspectiva de género en sus planes de gobierno y favorecer la capacitación de los cuadros femeninos.
Por último, plantean la creación del Instituto de las Mujer como una entidad autónoma, con mayor peso político y con el carácter de rector y coordinador de políticas y programas con enfoque de género a nivel gubernamental.
Derechos humanos y violencia
Transformar las relaciones humanas discriminatorias y violentas entre los seres humanos y construir un estilo de vida basado en el respeto y la igualdad de derechos, son las metas de las mujeres cuando luchan contra la violencia de género y el respeto a los derechos humanos.
El movimiento de mujeres propone un conjunto de actividades para prevenir y erradicar las distintas formas de violencias contra la mujer. Entre ellas, destacamos las siguientes:
* Que las instituciones educativas y de salud, y los medios de comunicación desarrollen programas que permitan prevenir la violencia de género.
* Que se difunda los contenidos de la ley contra la violencia a la mujer y a la familia.
* Que el Congreso apruebe las reformas al Código Penal presentadas en 1989 y que se hallan para segundo debate.
* Que el Ministerio de Gobierno cree comisarías de la mujer en todas las capitales de provincia y cantones principales y se les dote de los suficientes recursos económicos.
* Que se respeten los derechos a la identidades étnicas de las mujeres indígenas y negras.
* Que se respeten los derechos humanos de las trabajadoras sexuales y de las mujeres presas, y que se despenalice la homosexualidad, salvo en los casos que impliquen agresión contra terceros.
Estas son algunas de las demandas de la mujeres, cuyo cumplimiento depende mucho de lo que haga el movimiento de mujeres. En todo caso, para concluir, se puede afirmar, en palabras de Silvia Vega, que "en la última década el movimiento de mujeres ha ganado espacio en la sociedad, sus discursos han ido prendiendo en muchos sectores no solo como consecuencia del movimiento de mujeres sino como fruto de la presión internacional de las cumbres, del hecho de que el tema de género se ha convertido en un tema clave para las agencias de desarrollo... cada vez hay más mujeres que están asumiendo los planteamientos de género y se están sintiendo más seguras".