La Riqueza de la
Diversidad
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Movimiento juvenil
En el país se están desarrollando espacios de coordinación y de intercambio de experiencias entre las organizaciones juveniles, aunque todavía no se puede hablar de un movimiento juvenil con un perfil, un discurso y una propuesta propios.
1. La realidad de los jóvenes
El Ecuador es un país en el que predomina la población joven. Según el censo de 1990, el 59% de la población era menor de 24 años. En 1994, de una población estimada de 11'221.070 habitantes, los menores de 25 años sumaban 6'620.390. Los jóvenes comprendidos entre los 15 y 24 años constituían el 20% de la población, alcanzando las 2'227.877 personas. (56)
La juventud enfrenta varias dificultades derivadas de la profundización de la crisis económica, política, social y ética de la sociedad. Veamos algunas de ellas:
A. Empleo juvenil. - La crisis económica obliga a los niños y jóvenes a incorporarse tempranamente al mercado de trabajo para buscar ingresos. En el país trabajan 900.000 niños y jóvenes entre los 8 y 24 años, representando el 27% de la población económicamente activa de 3'359.767 ecuatorianos, según datos del Instituto Ecuatoriano de Estadísticos y Censos, INEC. Los empleos de los jóvenes generalmente no ofrecen estabilidad, seguridad social, protección legal ni otros beneficios legales. Los ingresos que reciben, la mayoría de veces, no llegan al mínimo vital y el trato que se les da es discriminatorio.
El desempleo juvenil es del 34%, comparado con la tasa global del país del 15%. Sin trabajo, los jóvenes emigran del campo o los pueblos hacia las ciudades más grandes. En el campo trabajan mayoritariamente en la agricultura en calidad de familiares sin sueldo. En la ciudad, se los encuentra en los empleos menos remunerados, principalmente en el sector informal: albañiles, betuneros (limpiabotas), vendedores ambulantes, empleadas domésticas, empleados en almacenes, mensajeros, entre otros.
B. Educación.- El número de estudiantes secundarios ha crecido aceleradamente. En 1970 eran un poco más de los 200 mil y en 1990 superaban los 800 mil. El número de estudiante universitarios, igualmente, aumentó de 20 mil en 1970 a 157.000 en 1988. Sin embargo, la formación que reciben los jóvenes es incoherente con la realidad del país y no responde a las demandas del desarrollo nacional. La Constitución determina que el 30 % del presupuesto estatal debe dedicarse a educación, pero éste en 1995 alcanzó apenas el 17 %, según la Comisión por la Defensa de los Derechos Humanos, CDDH. Este recorte de los fondos para la educación, afecta directamente a los jóvenes, porque:
- La cobertura de la educación tiende a disminuir y se limitan los cupos en los colegios.
- No se mejoran los locales escolares ni se equipan adecuadamente los planteles educativos.
- Los profesores ganan sueldos bajos, que les impide actualizarse a través de cursos o lecturas de nuevos libros. (57)
Por la situación económica difícil o por la falta de cupos, muchos jóvenes no pueden estudiar. En 1990, 260.431 jóvenes comprendidos entre los 12 y los 14 años, no estudiaron en los primeros cursos de secundaria. Se registran, además, altos niveles de deserción y repetición escolar.
Los métodos verticalistas, autoritarios y memorísticos todavía continúan muy arraigados en el sistema educativo. Los jóvenes, por lo general, son considerados como elementos pasivos y se coartan sus posibilidades de participar y desarrollar sus inquietudes y facultades creadoras.
C. Desatención estatal.- Frecuentemente se dice que la "juventud es el futuro de la Patria". Este no pasa de ser una frase lírica que está lejos de hacerse realidad. La juventud es un sector olvidado por el Estado y la sociedad. "No hay políticas públicas en el país para los jóvenes. No hay una preocupación nacional y no les ofrecemos nada", dice Manuel Martínez, coordinador del Foro Permanente de ONGs y Organizaciones Populares por y con la Infancia y Adolescencia. (58)
Los jóvenes están excluidos de los espacios de decisión del Estado, la escuela, el colegio, la familia. No hay políticas públicas que atiendan la salud, el trabajo, la recreación y la participación de los jóvenes.
En salud pública, por ejemplo, la atención se ha enfocado en la niñez y la mujer embarazada, pero para los jóvenes no se han previsto sistemas específicos de prevención, control y tratamiento de sus problemas de salud.
En el caso de los y las adolescentes, la falta de educación y orientación sexual ha provocado el aumento de embarazos precoces.
Según el último censo de población, el 12% de las adolescentes entre 15 y 19 años de edad declara haber tenido entre 1 y 4 hijos nacidos vivos. En la maternidad Isidro Ayora de Quito, el 20% de los partos atendidos anualmente corresponde a menores de 18 años.
D. Desestructuración familiar.- El cambio de la estructura familiar también ha afectado decisivamente en los jóvenes, pues muchos de ellos carecen de espacios de afecto y comunicación. El padre no está, la madre trabaja y el joven se encuentra solo. A veces la radio y televisión, con sus programas que estimulan la violencia, el consumismo y el individualismo, se convierten en sus principales compañeras.
Los jóvenes del nor-occidente de Quito, en un evento realizado en septiembre de 1995, señalan que hay discriminación y maltrato de los adultos hacia los jóvenes y niños. En los hogares se evidencian relaciones de desconfianza entre padres e hijos y se recurre mucho a la mentira para quedar bien con ellos o evitar ser castigados, anotan.
"La incomunicación que existe entre padres e hijos hace que los padres conozcan muy poco de sus hijos, por otro lado los jóvenes y los padres ven de diferente manera el mundo, lo que está bien para uno está mal para otro". (59)
Muchos jóvenes recurren al alcoholismo o a las drogas, como una forma de evadirse de la realidad o por influencia de la propia sociedad. En los últimos años, aparecen distintas formas de delincuencia juvenil que se desarrollan en medio de una sociedad excluyente que rinde culto al dinero y promueve el consumismo como vía de felicidad y realización personal.
2. Futuro incierto
La juventud en nuestro país es muy heterogénea: jóvenes urbanos, rurales, indígenas, costeños, serranos, negros, trabajadores, estudiantes. "No se puede decir que la juventud es solo una etapa social en la cual la sociedad como sistema la domestica para la vida adulta productiva. Las inseguridades (de los jóvenes) están determinadas social, económica y culturalmente. Es distinta la situación del joven de clase media y alta que tiene posibilidades económicas y cierta seguridad en el futuro, que del joven hijo de una familia de los sectores populares, donde las expectativas de futuro son muy distintas", señala Mario Unda, investigador del Centro de Investigaciones CIUDAD.
Los cambios producidos en el entorno influyen en la cohesión de la juventud y en su perspectiva de futuro. Por ejemplo, la educación ya no conduce automáticamente a un mejor futuro, disminuyendo la valoración social de la misma. Difícilmente, los jóvenes encuentran empleo estable y no cuentan con suficiente dinero para emprender en un negocio propio, lo cual los desestabiliza.
"Hay una serie de elementos que están perdiendo capacidad de cohesión social hacia el conjunto de la sociedad y hacia los jóvenes en particular. Ellos desarrollan inseguridad hacia el futuro y pérdida de horizontes. No perciben en el futuro una meta en la cual pueden centrarse positivamente. Esa pérdida de perspectiva lleva a actitudes y conductas que están limitadas a lo inmediato y lo cotidiano", señala Mario Unda.
3. Auge del movimiento estudiantil
Para entender a la juventud actual, conviene revisar algunos antecedentes. En las décadas del 60 y del 70, el eje de la acción juvenil fue el movimiento estudiantil que carecía de autonomía y actuaba en función de las orientaciones y requerimientos de los partidos y movimientos políticos.
Los primeros intentos de organización de los estudiantes universitarios comenzaron en 1919, cuando se fundó la Federación de Estudiantes Universitarios, FEU. Posteriormente, en 1942, delegados de las universidades de Quito, Guayaquil, Cuenca y Loja crearon la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador, FEUE, que propuso la primera reforma universitaria y tuvo una destacada participación en la revolución de mayo de 1944, que derrocó al régimen represivo y entreguista de Carlos Arroyo del Río.
En la década del 60, la revolución cubana radicalizó a los estudiantes que ingresaron a los partidos existentes o crearon nuevos movimientos políticos, como la Unión Revolucionaria de Juventudes Ecuatorianas, URJE, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, Vencer o Morir, entre otros.
Los estudiantes de los colegios se organizaron, en 1966, en la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador, FESE. En ese mismo año nació la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, FEUCE y tres años después surgió la Federación de Estudiantes de la Escuela Politécnica Nacional, FEPON.
Para los jóvenes de la década del 60, las condiciones objetivas para la revolución estaban dadas y lo que había que hacer para que triunfe el proceso era desarrollar las condiciones subjetivas, la conciencia de las clases desposeídas y oprimidas. Bajo esta óptica, la juventud recurrió a prácticas inmediatistas y radicales que no prosperaron como la experiencia guerrillera del Toachi.
El movimiento estudiantil se destacó en la lucha contra la dictadura militar del 60, de corte anti-comunista, que intervino las universidades y reprimió fuertemente a la izquierda y al movimiento popular. En esta lucha, perdieron la vida Isidro Guerrero, estudiante del colegio Juan Montalvo de Quito; mientras fue apresado Fausto Vargas Cortez, primer presidente de la FESE.
A finales de la década del 60, la lucha por el libre ingreso a las universidades convocó a los bachilleres del país, logrando alcanzar esta aspiración, luego de duras jornadas como la de 1969.
Durante el último gobierno de Velasco Ibarra (1968-1971), el movimiento estudiantil fue fuertemente reprimido; la consecuencia inmediata fue el declive de su accionar. En 1969, se produjo la masacre de decenas de bachilleres en Guayaquil y posteriormente se clausuró la Universidad Central y fueron asesinados los dirigentes estudiantiles René Pinto, Milton Reyes y Rafael Brito Mendoza.
En 1972, la FF.AA. nuevamente asumieron las riendas del poder estatal, poniendo en marcha su programa "nacionalista y revolucionario". Las clases medias fueron incorporadas al aparato del Estado. Las rentas petroleras, permitieron ampliar el sistema educativo, con lo que se incrementó el número de estudiantes en todos los niveles.
Durante la década del 70, se produjo un lento proceso de reagrupamiento de los sectores estudiantiles de secundaria, en torno a dos ejes: el Frente Revolucionario Estudiantil, FRE, y la FESE, controlada por el PCMLE. En las universidades, disputaron el control del movimiento estudiantil "chinos", "cabezones" y socialistas revolucionarios, aunque también incursionaron bandas armadas que respondían a las cúpulas del poder, como los "atalas" que sembraron el terror y la violencia en los centros de educación superior.
En esta misma década, también se desarrolló un proceso de organización de los jóvenes cristianos, que seguían las orientacioes de la Teología de la Liberación, los cuales conformaron el Movimiento Revolucionario de Izquierda Cristiana, MRIC. Otros jóvenes ligados al trabajo sindical y campesino fundaron el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores, MRT.
Uno de los momentos más altos de la lucha estudiantil, se produjo en abril de 1978, durante las denominadas "jornadas de abril". El alza de cuarenta centavos en el transporte público, encendió los ánimos de estudiantes, obreros y pobladores. Los jóvenes del FRE jugaron un papel protagónico en la movilización de los barrios de Quito. Las acciones se prolongaron durante tres semanas. El gobierno recurrió a las Fuerzas Armadas para "restablecer el orden". Durante estas jornadas, también conocidas como la "guerra de los cuatro reales", los estudiantes organizaron en los barrios, los Comités de Defensa Popular, los cuales, sin embargo, no llegaron a consolidarse. Esta lucha, en todo caso, despejó el camino para la terminación de la dictadura.
La reinstauración de la democracia formal en el país coincidió con el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua y con el auge de la lucha armada en El Salvador, Guatemala y Colombia. En la década del ochenta, grupos de jóvenes radicalizados trataron de desarrollar experiencias insurgentes en el Ecuador, las que fueron duramente reprimidas por el régimen de Febres Cordero.
En el marco de la lucha anti-subversiva, el régimen de Febres Cordero permitió la actuación impune de los cuerpos represivos. Ser joven se convirtió en sinónimo de delincuente o subversivo. Las muertes de los estudiantes Boris Chiriboga, Víctor Alvarado Morales, José Morillo, Luis Jara, John León, Fernando Aragón, Carlos Castro y Eddy Dután así lo confirman.
Durante el gobierno de Rodrigo Borja, los jóvenes desempeñaron un papel activo, aunque no masivo, en la defensa de los derechos humanos, exigiendo el esclarecimiento del caso de los hermanos Restrepo, desaparecidos por la policía ecuatoriana en 1988.
4. Nuevos ejes articuladores
Ahora, el movimiento juvenil atraviesa por un período de dispersión, por la propia dispersión evidenciada en los movimientos sociales, la crisis de los partidos de izquierda, la pérdida de referentes y por la realidad actual, marcada por la vigencia de un neoliberalismo que promueve las soluciones individuales y el "sálvese quien pueda".
Según un estudio del Centro de Estudios y Datos, CEDATOS, realizado en 1992, el joven de ahora es pragmático, espectador, tradicional y conservador, aunque es partidario del cambio social. Rubén Pérez, coordinador de la Asamblea Nacional por los Derechos de los Jóvenes, discrepa con las apreciaciones de CEDATOS, señalando que estas valoraciones toman como referencia las décadas del 60 y 70 y no la situación actual en la que se desenvuelven los jóvenes.
"Si tomamos como referencia el contexto en que estamos viviendo, diría que es una juventud que ha buscado niveles de rebeldía diferentes a los que se buscaba en el 60 y 70, en la que la gente que estaba caliente se metía en las filas de un partido o de una estructura política y ese era un nivel de rechazo (al sistema). Ahora la mayoría va a parar a bandas, patas o jorgas, pero que responden al contexto actual que se está viviendo: hay una crisis política, hay una crisis ideológica, hay una crisis de tendencias políticas y de planteamientos. Entonces si hay una crisis global, también hay una crisis a nivel juvenil y de sus comportamientos", señala Pérez.
Al no haber una oferta de sociedad a la cual adherirse, la juventud se quedó sin referentes. "No hay una propuesta de cambio, que era uno de los ejes articuladores del período pasado", señala el sociólogo Pablo Suárez.
Luego del muro de Berlín, la actitud de búsqueda es lo que define a los jóvenes. Las causas políticas ya no los motiva y moviliza con la fuerza que lo hacía en décadas anteriores. Y esta pérdida de interés quizá se deba a la crisis de los partidos y de sus formas de actuación. Han surgido otros campos de interés: para unos es el fútbol y la música; para otros: la ecología, la defensa de los derechos humanos, el servicio a la comunidad. Para Rubén Pérez, la juventud mantiene los valores positivos de la rebeldía y la solidaridad que es el elemento que se manifiesta en escuelas y colegios y que incluso cohesiona a las jorgas o a las pandillas.
Los jóvenes están organizados en clubes deportivos, en sus espacios educativos, o alrededor de otras expresiones como la ecología, los derechos humanos, manifestándose en su diversidad.
El movimiento estudiantil ya no constituye el eje del movimiento juvenil, como lo fue en las décadas del 60 y del 70. Las organizaciones estudiantiles nacionales, como la FESE y la FEUE atraviesan por un proceso de estancamiento, derivado de un control partidario que impide la divergencia.
La FESE, sin embargo, se ha mantenido activa. En los últimos años, esta organización ha movilizado a los estudiantes de los colegios en rechazo a las políticas y las medidas económicas neoliberales. En estas acciones han sido asesinados los estudiantes Juan Carlos Luna, Freddy Arias, Verónica Burbano. Una de las leyes más combatidas por los estudiantes, ha sido la Ley de Libertad Religiosa, que impone dos horas semanales de religión semanal en todos los centros educativos.
Los criterios y las prácticas que consideran a los estudiantes como elementos que solo sirven para la movilización y agitación callejera, sin atender sus problemas particulares, van perdido piso. Ahora los estudiantes no desean solo protestar sino hacer propuestas, y ser reconocidos como sujetos activos. Ya no quieren movilizarse solo en apoyo a otras causas sino pelear por sus propios derechos.
5. Los jóvenes de los barrios
Las organizaciones juveniles se están fortaleciendo actualmente en el ámbito barrial, generando espacios propios, distintos a los de los adultos. Se agrupan en las esquinas, en jorgas, en grupos eventuales o consolidados, formales o informales, que desarrollan ciertos lazos que les plantea una identidad aglutinadora.
"En los barrios, la única actividad de los jóvenes ya no es la deportiva. Generalmente a partir de inquietudes artísticas, los jóvenes se juntan, se identifican como tales, se organizan, disputan espacios de representación, se informan, se comunican con el vecindario. Por lo común tienen estructuras organizativas más horizontales y democráticas". (60)
Los jóvenes, sin embargo, tienden a ser excluidos de las directivas de los comités barriales que representan el mundo de los adultos. Comúnmente, los jóvenes son convocados para acciones puntuales y concretas, en un sentido utilitarista, pero sin que se haga esfuerzos para generar espacios de participación y decisión para ellos.
En los sectores barriales también se desarrollan las comunidades cristianas de base, constituidas principalmente por jóvenes que se identifican en una relación ética con su comunidad. Allí se revalorizan los principios de solidaridad popular y compromiso con los pobres.
En un estudio realizado por la Asociación Cristiana de Jóvenes, ACJ, que desarrolla programas de gestión urbana en cuatro ciudades del país, se determina que en el sur de Quito, los grupos juveniles se dinamizan a partir de iniciativas externas, aún cuando su constitución responda a necesidades propias del sector.
Generalmente tienen una cobertura social reducida, pues en cada barrio hay varios grupos con pocos jóvenes (entre 3 y 20 miembros, con un promedio de 10). Son jóvenes entre los 13 y 25 años y el liderazgo generalmente lo mantienen los de más edad.
Los grupos, según el estudio mencionado, se organizan en base a relaciones pre-existentes, de amistad, parentesco o vecindad. Tienen momentos altos y bajos. Cuando hay fiestas o la organización de campamentos vacacionales para niños, la participación es muy activa.
En los barrios, constituyen grupos culturales, ecológicos, cristianos o de promoción de la salud; se organizan por la necesidad vital de relacionarse, para dar respuestas concretas a sus reivindicaciones y demostrar que son sujetos que pueden crear y transformar.
Sin embargo, no hay propuestas que cohesionen en forma más permanente a los grupos. A veces, su trabajo está dirigido a otros sujetos, al servicio del barrio. Se aglutinan con otros espacios barriales en función de reivindicaciones como el agua o el transporte. No siempre tienen planteamientos como jóvenes per sé, ni se reconocen explícitamente como movimiento juvenil. "Incluso, muchos dirigentes juveniles aspiran a llegar a ser dirigentes de las federaciones barriales", señala Henry Betancourt, de la Asociación Cristiana de Jóvenes.
6. Procesos juveniles
Desde diversas ópticas e intereses, lo juvenil ha comenzado a ser asumido tanto desde la sociedad civil como desde instancias del Estado, como las Fuerzas Armadas, la Policía, la Dirección Nacional de la Juventud, dependiente del Ministerio de Bienestar Social y el Programa del Muchacho Trabajador, PMT, auspiciado por el Banco Central.
Organismos no gubernamentales, la Iglesia y universidades desarrollan proyectos de investigación, formación y promoción de los derechos de los jóvenes. Otras instancias de coordinación como el Foro Permanente de ONGs y Organizaciones Populares por y con la Infancia y la Adolescencia se han sumado a estos esfuerzos.
Varios iniciativas y procesos juveniles se han puesto en marcha desde instituciones que trabajan con jóvenes y desde las propias organizaciones juveniles. Veamos algunos de ellos:
1) La Dirección Nacional de la Juventud, del Ministerio de Bienestar Social, impulsa el Foro Nacional de la Juventud como un espacio de interlocución y debate entre el Estado, las ONGs y las organizaciones juveniles. En este marco, delegaciones de nueve provincias se reunieron el 23 y 24 de noviembre de 1995, para debatir sobre las propuestas que hacen los jóvenes al Estado en relación a la educación, salud, desempleo y recreación.
2) La Fundación Esquel y el Programa del Muchacho Trabajador, PMT, también impulsan un trabajo con jóvenes desde la perspectiva del Foro de la Ciudadanía. En enero de 1996, se realizó la Cumbre Juvenil con una gran cobertura de los medios de información.
3) La Asamblea Nacional por los Derechos de los Jóvenes en el que participan, entre otros, sectores cristianos, la Red Juvenil Nacional, la FEUE, la FESE, jóvenes urbanos organizados con relación con la ACJ y organizaciones barriales locales. Este espacio nacional de jóvenes es una iniciativa de grupos y organizaciones juveniles vinculadas al trabajo popular.
"La Asamblea es un espacio autónomo con respecto a instituciones y a partidos. Es un espacio plural, entendemos que los desacuerdos son una parte de la construcción, incluso las posiciones minoritarias son parte de la complementación de una propuesta global. Una propuesta juvenil no puede ser fragmentada, urbana o campesina", señala Rubén Pérez.
Este proceso se inicia a fines de 1994 cuando estudiantes de los colegios del sur Quito se reúnen para reflexionar sobre las reformas constitucionales que se tramitaban en el Congreso. El evento fue convocado por la Coordinadora Juvenil del Sur, con el auspicio de la ACJ y del Foro Ecuatoriano Permanente por y con la Infancia, Niñez y Adolescencia.
Sobre este mismo tema, se realizó en Guayaquil, en diciembre de 1994, un Encuentro Nacional de Jóvenes convocado por la Casa de la Juventud y el Foro por y con la Infancia de Guayaquil. En este evento, jóvenes de diversas provincias, plantearon "la necesidad de construir una alternativa desde los jóvenes sobre políticas y derechos juveniles" y decidieron "avanzar en la construcción de un espacio a nivel nacional de referencia político organizativo de los jóvenes". (61)
En el encuentro de Guayaquil se nombró una comisión, que trazó un plan de trabajo para 1995, "en donde nos planteamos que la tarea de la Asamblea Nacional era construir un referente juvenil en el país, lo cual pasa por construir una propuesta, que contempla cuatro ejes temáticos: salud, educación, trabajo y participación", señala Rubén Pérez.
Sobre estos ejes, en 1995 se realizaron talleres con organizaciones de Chone, Machala, Riobamba, Guayaquil, Quito e Ibarra. "En estos talleres, empezamos a toparnos con varios límites presentes en las organizaciones locales e incluso nacionales: Tenemos un nivel de autocentramiento, que es uno de los elementos que no permite trabajar más ampliamente y generar un referente juvenil. Por el mismo patrón cultural en el cual estamos inmersos, en las organizaciones se piensa que es mejor que alguien les dé pensando, que alguien les dé haciendo", acota Pérez.
En diciembre de 1995, se efectuó un taller juvenil nacional con cerca de 100 representantes de jóvenes campesinos, indígenas, jóvenes urbanos, organizaciones cristianas y organizaciones políticas. En este evento se aumentó tres ejes temáticos más a la propuesta inicial: recreación, identidad y ecología. Para noviembre de 1996, está prevista la realización de la Asamblea Juvenil, de la que saldrá una propuesta más acabada.
"El proceso de la Asamblea demuestra que a pesar de lo caminado en los talleres locales y en el evento nacional, las organizaciones juveniles se encuentran debilitadas, develándose que se hace necesario potenciar procesos formativos, comunicacionales y organizativos para seguir aportando a construir un referente juvenil a nivel nacional", señala Henry Betancourt.
4) La Asociación Cristiana de Jóvenes desarrolla un trabajo de promoción y formación de líderes y grupos juveniles en los barrios del sur de Quito, Santo Domingo de los Colorados, Chone y Machala, al mismo tiempo que busca dar cuenta de la nueva realidad y de la identidad de los jóvenes de la década del 90 con proyectos de investigación y comunicación.
Como resultado de un proceso de talleres de formación y encuentros nacionales, efectuados en las ciudades mencionadas, el Proyecto Identidad Juvenil de la ACJ esbozó los siguientes derechos juveniles:
* Derecho a ser protagonista.
* Derecho a la autonomía económica.
* Derecho a estudiar.
* Derecho a expresar nuestra sexualidad.
* Derecho a vivir con buena salud.
* Derecho a organizarse.
* Derecho a la recreación.
* Derecho a un medio ambiente bueno, bonito y chévere.
Los jóvenes de las organizaciones barriales ligadas a la ACJ también participan en el proceso de la Asamblea Nacional por los Derechos de los Jóvenes.
Como conclusiones, podríamos señalar que en el país se están desarrollando espacios de coordinación y de intercambio de experiencias entre las organizaciones juveniles, aunque todavía no se puede hablar de un movimiento juvenil con un perfil, un discurso y una propuesta propios. Al irse constituyendo el movimiento juvenil, se afirmará su identidad y perspectivas.
Todavía están en vías de conformación ejes motivadores y articuladores más amplios. Los espacios organizativos de los jóvenes no tienen elementos cohesionadores y se presentan de manera dispersa. Las organizaciones juveniles se refugian en las particularidades, con visiones cerradas de los grupos. Tienen visiones segmentadas de la realidad e intentan dar respuestas a intereses concretos y particulares.
La identidad del movimiento juvenil está en construcción. Es difícil identificar manifestaciones culturales precisas. "Hay una imbricación que muchas veces es una sumatoria o superposición de elementos culturales que no llegan a dar una identidad definida", señala Mario Unda.
La formación y capacidad propositiva de los dirigentes y miembros de las organizaciones juveniles es aún limitada. No hay canales adecuados para que los jóvenes se expresen, y quizás, entre los movimientos sociales, son los que menos posibilidades tienen de hacer escuchar su voz.
Entre los puntos fuertes de las organizaciones juveniles, se pueden mencionar los siguientes:
* Demuestran creatividad y capacidad en sus metodologías de formación y capacitación. En los talleres, a través de canciones, sociodramas, dibujos y dinámicas, expresan sus inquietudes y propuestas.
* Las organizaciones juveniles reconocen la importancia de la comunicación para expresarse y desarrollan algunos espacios mediante bocinas populares, periódicos murales, reporteros populares y programas radiales. Reconocen la importancia del aprendizaje de técnicas en radio, video e impresos.
* Revalorizan el potencial creativo, la expresión humana y la solidaridad, antes que simplemente el discurso político. Dan importancia al proceso y no sólo a los resultados. Se mueven en espacios más libres, democráticos y horizontales, desechando la rigidez, la formalidad y la verticalidad de las organizaciones tradicionales de los adultos.
7. Relación con otros movimientos
La relación de las organizaciones juveniles con otros sectores es diversa y se da en función de la participación de los jóvenes en determinados espacios ecológicos, barriales, de derechos humanos, sindicales. Un referente interesante para los jóvenes es la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), por su capacidad de convocatoria y algutinamiento de su sector.
"Algunas organizaciones ya tienen puentes con diferentes movimientos sociales. Pero creo que estamos en una primera fase donde es importante el crecimiento cualitativo de las organizaciones juveniles. Primero debe afirmarse el movimiento juvenil como tal, para luego irse vinculando con otros sectores", señala Henry Betancourt.
8. Del reclamo a las soluciones
Señalemos, por último, algunos desafíos de las organizaciones juveniles:
* Impulsar la construcción del movimiento juvenil de carácter propositivo que se convierta en un referente nacional, desarrollando puntos de encuentro y confluencia en función de articular procesos y propuestas.
* Impulsar el crecimiento cualitativo de las organizaciones juveniles, mediante su fortalecimiento y capacitación, dinamizando la participación de los jóvenes. Crear un estilo propio de capacitación y trabajo, innovador y autocrítico, con el apoyo de las ciencias sociales, no sólo desde el ámbito del reclamo, sino desde las soluciones.
* Construir la identidad o identidades del movimiento juvenil, ejerciendo una visión de integralidad del ser humano joven, sin anular al individuo.
* Potenciar la construcción de un joven consciente de su realidad y sus potencialidades, en base a la formación y capacitación, para desarrollar la ciudadanía juvenil que incida en la formulación de políticas públicas frente a la juventud.
* Propiciar la gestión juvenil para que los jóvenes contribuyan a resolver sus necesidades (educación, salud, empleo), las de la comunidad y definir un programa de acción de los jóvenes en los niveles del poder local y/o central. Desarrollar iniciativas autogestionarias en los ámbitos del empleo, ecología, cultura, salud y medio ambiente.