La Riqueza de la Diversidad
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Movimiento campesino
La propuesta modernizadora que se va imponiendo en el campo ecuatoriano, intenta reducir a la mínima expresión a la economía campesina y a sus formas de organización.
1. El nuevo contexto agrario
En medio de la globalización y de un esquema aperturista, ciertas tendencias marcan la realidad del campo ecuatoriano:
* Se privilegia el desarrollo del sector empresarial, en detrimento de la economía campesina.
* Paulatinamente se ha transferido al sector privado, los sistemas de comercialización y distribución de productos agrícolas. El mercado regula los precios. (28)
* Se favorece la producción agrícola para la exportación antes que para el consumo interno.
* Se establece el libre mercado de tierras y se intenta privatizar el uso del agua.
* Se trata de imponer esquemas de libre competencia: supresión de las tasas de interés preferente, se intenta gravar con el IVA a los insumos agrícolas, etc.
* La economía campesina pierde terreno. Desde las esferas gubernamentales, no hay interés en apoyar a los medianos y pequeños productores agrícolas, que son los que abastecen el mercado interno. Las políticas de ajuste han deteriorado a la economía campesina, debido a dos factores: el encarecimiento de los insumos agrícolas y el crecimiento menor de los precios de los bienes agrícolas frente a los industriales.
Los campesinos, por lo general, no están en las mejores condiciones para enfrentar la competencia y la apertura a nuevos mercados, pues ello implica fuertes inversiones y paquetes tecnológicos que únicamente pueden ser asumidos por grupos empresariales poderosos.
"Después del agotamiento de las políticas agrarias basadas en la distribución limitada de la tierra y posteriormente de las políticas de Desarrollo Rural Integral, DRI, orientadas a inducir al campesinado viable en una mayor participación en el mercado interno, en la actualidad los resultados parecen apuntar en una sola dirección: al aumento de la pobreza rural en la mayoría de hogares campesinos. Uno de los indicadores más dramáticos es justamente el porcentaje de hogares rurales que actualmente no poseen tierra y que llega al 39% del total, mientras que el porcentaje de hogares con menos de una hectárea llega al 20,3%. En total, el 60% de los hogares rurales se encontraría en situación de pobreza; un dato que señala una situación novedosa en el contexto rural: después de tres décadas no se ha logrado una distribución justa de la tierra y más bien se ha polarizado la estructura social del sector rural". (29)
* En el campo, hay una mayor heterogeneidad social y diversificación ocupacional. Ante la crisis de la producción agrícola, la población rural busca nuevas formas de subsistencia. El 60 % de la PEA rural se ocupa en actividades agropecuarias, mientras el restante 40% se dedica a actividades no agropecuarias, como artesanías, comercio, actividades domésticas, etc. (30)
* El crecimiento poblacional y la escasez creciente de tierra y de fuentes de empleo, obliga al campesino a emigrar a las ciudades en donde engrosa el sector informal y en menor medida, el de la construcción, el cual atraviesa por una prolongada crisis.
* Con la desaparición del Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización, IERAC, en 1994, y la creación del Instituto de Desarrollo Agrario, INDA, se terminó una etapa en la que la reforma agraria y la lucha por la tierra eran las demandas centrales de los campesinos. Ahora, las posibilidades de acceder a la tierra por las vías legales son casi nulas.
* Las políticas neoliberales y privatizadoras se van imponiendo en el campo. Varias instituciones estatales relacionadas con el agro han desaparecido o han sido privatizadas, trasladando sus responsabilidades a manos de fundaciones, ONGs, etc. La excepción ha sido el Seguro Social Campesino, que ha sido defendido por las organizaciones campesinas, negras e indígenas como uno de los pocos instrumentos de redistribución social que quedan.
2. Proceso organizativo
La lucha indígena y campesina por la tierra, contra la opresión y por mejores condiciones de vida se ha desarrollado a lo largo de la dominación colonial y la vida republicana. "Inumerables acciones y levantamientos hacen de la lucha campesina una especie de leyenda que ha sido transmitida oralmente pero que la historia oficial no ha tenido interés de rescatar". (31)
La organización sindical campesina arranca en la década del veinte, intentado frenar los abusos de los terratenientes y exigiendo el cumplimiento de la ley de supresión del concertaje, expedida por Eloy Alfaro.
En el cantón Cayambe, provincia de Pichincha, y en las zonas de Milagro y Naranjal, en el Guayas, surgen los primeros sindicatos campesinos.
"Con el apoyo de los compañeros socialistas, escondidos nos reuníamos en las cuevas, en las quebradas, debajo de las chilcas, así logramos los primeros sindicatos agrícolas: el Inca en Pesillo, Tierra Libre en Muyurcu, Pan y Tierra en la Chimba", cuenta el indígena Floresmilo Tamba. (32)
"Con esta organización -continúa Tamba- presentamos una lista de reclamos a los patrones: que se aumenten los salarios, trabajar solo hasta el día viernes, que la jornada solo sea de ocho horas diarias, que supriman la tarea y faena el mismo día, que devuelvan los huasipungos, que supriman los diezmos y las primicias, que se pague a los ordeñadores, que supriman los servicios y huasicamas, esto era en enero de 1931".
En la década del treinta se producen numerosos levantamientos e intentos de unificación del campesinado indígena de la sierra. En 1931, el ejército impide la realización de un congreso indígena en Cayambe. Tres años después, sin embargo, se reúne la Conferencia de Cabecillas Indígenas. Estas luchas y eventos, preparan el terreno para el surgimiento de la Federación Ecuatoriana de Indios, FEI, que se conformó en agosto de 1944, al calor de la triunfante revolución popular que derrocó al régimen de Carlos Alberto Arroyo del Río.
En la FEI, cuya primera secretaria general fue la indígena Dolores Cacuango, ejerció una fuerte influencia el Partido Comunista del Ecuador, el cual marcaba la línea política y las estrategias a seguir.
Durante la década del cincuenta y comienzos del 60, la FEI junto con la Federación de Trabajadores Agrícolas del Litoral, FTAL, (1954) movilizaron al campesinado por la reforma agraria, mejores condiciones de vida y de trabajo y por la abolición de las formas serviles de producción.
Con los cambios que ocurrieron en el campo y el aparecimiento de nuevas expresiones organizadas del movimiento campesino e indígena y de nuevos ejes movilizadores, la FEI, poco a poco, fue perdiendo espacio.
El movimiento campesino en el país se consolidó en la década del 60, con la expedición de la primera Ley de Reforma Agraria en 1964, cuyos objetivos eran modernizar el campo, abolir las formas de trabajo precario y frenar la presión campesina por la tierra, afectando unas pocas haciendas. A partir de este año, se constituyeron las federaciones campesinas que organizaron a los jornaleros y huasipungueros de la Sierra, así como a los precaristas de la Costa, en su lucha por la adjudicación de las tierras.
De esta forma surgió, en 1965, la Federación Ecuatoriana de Trabajadores Agropecuarios, FETAP, afiliada a la CEDOC. Luego de un intenso trabajo por la eliminación del huasipungo y la abolición del trabajo precario, logró un aumento significativo de sus organizaciones afiliadas. En 1968 se creó la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas, FENOC, con el objetivo de lograr un espacio de participación más amplio de las organizaciones campesinas.
Esta Federación canalizó la movilización campesina por la reforma agraria; se conformaron uniones y federaciones de segundo grado y la estructura organizativa se extendió a casi todo el país. En 1988, las organizaciones indígenas filiales de la FENOC, que constituyen un 40% de su base, pidieron que se la denomine Federación Nacional de Organizaciones Campesino-Indígenas, FENOC-I. Actualmente está afiliada a la CEDOCUT. Agrupa a 22 uniones zonales y provinciales, 989 organizaciones de base (comunas, cooperativas, asociaciones de trabajadores agrícolas, comités pro-mejoras, organizaciones de mujeres y de jóvenes) que abarcan alrededor de 93.000 familias rurales del país.
A finales de la década del 60, el campesinado arrocero de la Costa presionó por la supresión de las formas precarias de producción. En medio de esta lucha, nació, en 1969, la Asociación de Cooperativas Agropecuarias del Ecuador, ACAE, aglutinando a 500 cooperativas dedicadas al cultivo de arroz en las provincias de Guayas y Los Ríos. En los años posteriores, la ACAE extendió su organización a cooperativas de vivienda y asociaciones de pequeños comerciantes.
En este mismo año, se conformó la Federación Nacional de Campesinos Libres del Ecuador (FENACLE), como instancia de la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres. CEOSL, que aglutinó a finqueros, arroceros y sembradores de ciclo permanente. Posteriormente, la FENACLE diversificará su base social, proyectándose a otros sectores del campo.
Con la expedición de la Ley de Abolición del Trabajo Precario (1970) y del decreto 1001 que dispuso la expropiación de las tierras destinadas al cultivo del arroz por sistemas de trabajo precario, se dinamizó la lucha campesina en la Costa. El camino para conseguir la tierra y la aplicación de las leyes agrarias siempre estuvo lleno de obstáculos y sufrimientos, siendo muy frecuentes los desalojos, las prisiones y el asesinato de dirigentes campesinos. (33)
Entre tanto, en la Sierra la "situación clamorosa de falta de tierras, trato inhumano y esclavizante, explotación y dominación permanente", llevaron a la organización del pueblo indígena. Ecuador Runacunápac Riccharimui (ECUARUNARI), Despertar del Hombre Ecuatoriano, nació en 1972, como una organización que reinvidicaba la tierra, pero al mismo tiempo incorporaba las demandas culturales indígenas, como la defensa y respeto de la identidad, la lengua, tradiciones y costumbres indígenas.
Las inspiraciones ideológicas de ECUARUNARI fueron "la revolución cubana y el cristianismo liberador que en 1969 en Medellín, sacudió a toda América Latina cuando Obispos del continente denunciaron al mundo el pecado del capitalismo que oprime a América Latina". (34)
En la década del 70, ECUARUNARI tuvo su primera prueba de fuego cuando dos de sus dirigentes, Cristóbal Pajuña y Lázaro Condo, cayeron asesinados por la dictadura militar. ECUARUNARI ha tenido una participación significativa en la lucha por la tierra, en las movilizaciones y en los levantamientos indígenas. Su presencia fue decisiva para la conformación de la CONAIE en 1986. Actualmente cuenta con 12 organizaciones filiales.
Durante la dictadura militar de Guillermo Rodríguez Lara (1972-1975) se expidió la segunda Ley de Reforma Agraria, que introdujo elementos de modernización en el campo, pero no modificó en forma sustancial la estructura de la tenencia de la tierra, quedando concentrada en pocas manos.
Los terratenientes, para contener la presión campesina, cedieron las tierras de peor calidad, ubicadas en los páramos o sin acceso al riego. El proceso de reforma agraria se aplicó también en las tierras pertenecientes al Estado.
Bajo estas condiciones, los campesinos accedieron en forma limitada a la tierra, en tanto que el Instituto de Reforma Agraria y Colonización, IERAC, incentivó la colonización de la región amazónica.
"La lucha por la aplicación de la reforma agraria fortalece al movimiento campesino que protagoniza importantes acciones entre 1973 y 1975, al calor de las cuales se consolidan nuevas expresiones orgánicas como son la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas (FENOC), el movimiento Ecuador Runacunápac Riccharimui (ECUARUNARI). Por su parte, la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI), al no renovar sus esquemas organizativos, comienza a perder vigencia y representatividad". (35)
En la Costa hizo sentir su fuerza, la Asociación de Cooperativas Agrícolas del Litoral, ACAL, filial de la FENOC, y la Asociación de Cooperativas Agropecuarias del Ecuador, ACAE.
En 1976, con el ascenso al poder del Triunvirato Militar se paralizó la reforma agraria y se endurecieron las posiciones contra el movimiento campesino que sufrió desalojos, persecuciones, cárcel y asesinato de algunos de sus
dirigentes.
En 1979, se expidió la Ley de Fomento y Desarrollo Agropecuario que se superpuso a la Ley de Reforma Agraria, garantizando la propiedad de la tierra y beneficiando a los sectores exportadores. Un año antes, se creó el Fondo de Desarrollo Rural Marginal, FODERUMA, del Banco Central del Ecuador, para conceder créditos y ayudas a los campesinos pobres, buscando frenar la lucha por la tierra y atenuar las situaciones conflictivas. Igualmente, se trató de controlar a la organización a través del decreto 052 que disponía que las cooperativas debían inscribirse en el Ministerio de Agricultura y Ganadería, y del decreto 2969 que determinó que cualquier toma de tierras era invasión y delito que merecía la cárcel.
En la década del 80, se transitó de una política de reforma agraria a una política de desarrollo rural integral y de colonización de la Amazonía, con lo cual, se pretendía atenuar la presión campesina por la tierra en la Sierra. La colonización de la selvas amazónicas fue creando conflictos y enfrentamientos entre los colonos mestizos y los grupos indígenas, que desde tiempos remotos han vivido en la Amazonía.
3. Situación actual
El eje central de las demandas del movimiento campesino, en las décadas del 60 y 70, fue la lucha por la tierra. El auge del movimiento campesino estuvo ligado a la expedición y aplicación de las leyes de reforma agraria. Esto fue desarrollando un espíritu legalista que en determinado momento se constituyó en un freno para sus luchas.
"En la década del 80 cambian los ejes de interés del movimiento campesino, reorientándose hacia los servicios: crédito, asistencia técnica, infraestructura, vías de comunicación, agua potable, luz eléctrica", señala Mario Cadena del Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio, FEPP.
El eje tierra como fuerza motivadora, sin embargo, no desaparece. Pero las demandas de tierra sucumben en los despachos de los abogados y en los interminables trámites burocráticos del IERAC y los tribunales de apelación, que casi siempre fallan a favor de los terratenientes.
Las organizaciones indígenas y campesinas consumen sus pocos recursos en viajes y trámites, y poco o nada consiguen. Durante el gobierno de Febres Cordero se paralizó la reforma agraria y durante el de Borja se extendieron numerosos certificados de inafectabilidad de las haciendas. La acumulación de conflictos de tierra, precisamente es uno de los elementos que encendió la mecha del levantamiento indígena de junio del 90.
Para acceder a la tierra, las organizaciones campesinas, negras e indígenas buscaron salidas prácticas y dirigieron su mirada a las fundaciones que podían ofrecerles créditos. Una de ellas fue el FEPP, que en 1990, con dineros provenientes de la recompra de la deuda externa, abrió líneas para adquirir la tierra y superar los conflictos.
"Nosotros hemos ayudado a que los campesinos puedan acceder a cerca de 400.000 hectáreas de tierra hasta 1944, beneficiando a 18.197 familias que pertenecen a 181 organizaciones indígenas, campesinas y afroecuatorianas. Del total de tierras, 28.677 has. fueron compradas en la Sierra y 338.076 has. corresponden a legalización de posesiones en la Amazonía y en Esmeraldas", señala Mario Cadena.
Las organizaciones que han conseguido tierra, se plantean, en condiciones difíciles, los problemas de la producción y la productividad tanto para pagar los créditos como para sobrevivir.
Este tipo de soluciones, sin embargo, es pequeño en relación a la situación general que se vive en el campo, en donde, como ya señalamos, el 39 % de hogares rurales no tiene tierra y el 20 % tiene menos de una hectárea.
Con la crisis que vive el movimiento sindical y popular, también las tradicionales organizaciones campesinas se debilitan y entran en un proceso de dispersión. En contraste se potencian y ganan espacio aquellas organizaciones que incorporan las demandas étnicas y culturales (Ver Movimiento Indígena).
Al igual que en las centrales sindicales, en algunas federaciones campesinas se han perpetuado dirigentes que han perdido credibilidad. Las federaciones nacionales se han debilitado, pero paradójicamente se han fortalecido y han crecido organizaciones regionales y de base. Ante la falta de respuestas de las federaciones nacionales, las organizaciones regionales y de base optaron por afrontar y resolver directamente sus problemas, especialmente los que se relacionan con la producción.
La desmovilización del campesinado también tiene que ver con situaciones objetivas como la migración campo-ciudad, y la migración del sur del Ecuador (Azuay-Cañar) hacia los Estados Unidos, que ha dejado pueblos desolados y deshabitados.
Ante el achicamiento del Estado y la reducción de sus competencias, los organismos privados (empresas, ONGs, fundaciones, etc.) tienden a sustituirlo en áreas relacionadas con el crédito, la salud, la producción, la comercialización, la forestación, la atención a la mujer y la protección y defensa del medio ambiente. Algunas oganizaciones campesinas asumen la realización de proyectos, aunque tienen limitaciones en cuanto a la gestión y administración de los mismos. Cuando los proyectos están desligados de la organización y son promovidos únicamente por una capa de dirigentes, las bases se desmovilizan y se presentan conflictos internos.
Las organizaciones campesinas no han desarrollado propuestas innovadoras que tomen en cuenta que la tierra no es el único problema del sector campesino sino que hay otros relacionados con el crédito y la tecnología para optimizar la producción.
Las federaciones no han podido plantear alternativas propias para enfrentar el libre mercado, aspecto que es manejado básicamente por las cámaras de agricultura.
El movimiento campesino ha actuado más como un movimiento contestatario que propugna la derogatoria o la reformas de leyes, sin que logre formular propuestas, que contemplen, a corto y mediano plazo, políticas de beneficio al campesinado.
4. El caso de la FENOC-I
El caso de la FENOC-I ilustra, de manera palpable, tanto la crisis de la organización campesina como la aspiración de superarla. A propósito de su VII congreso, realizado en junio de 1995, en Ibarra, esta Federación emprendió en un proceso autocrítico que culminó con el recambio en sus niveles directivos y con la revisión de sus estructuras organizativas.
"En la medida en que la sociedad rural se ha ido modernizando, los ejes centrales de la lucha campesina también han cambiado. Pero además, la implementación de las políticas de ajuste, la privatización y desregulación ya iniciadas en el país, han ido estrechando el campo de acción política de la organización", se señala en el documento básico del VII Congreso de la FENOC.
Y se agrega: "el discurso elaborado en la década del 70 ya no corresponde a la nueva realidad y las bases y organizaciones de segundo grado ya no encuentran direcciones ni demandas claras para sus actuales intereses. Todo ello ha determinado una pérdida progresiva del rol protagónico que tenía esta organización en los años 70, tanto a nivel político como frente a las organizaciones de segundo grado".
Tres elementos caracterizan la situación organizativa de la FENOC-I:
1) Una gran diversidad social y cultural entre sus miembros.
2) Una gran diversidad de las demandas de sus miembros y de las organizaciones de segundo grado y de base.
3) Una crisis organizacional que se refleja en la poca participación de las bases y en las débiles relaciones bases-dirigentes.
En el documento mencionado, se indica que la FENOC-I ha tenido mucha dificultad en considerar la presencia de varios sujetos sociales a su interior (pobres, medios, indígenas comuneros), así como las diversas formas de organización: comunas, cooperativas, asociaciones, grupos de pobladores, de jóvenes, etc. En estas condiciones, también es difícil elaborar propuestas únicas y reivindicaciones globales.
Junto a estos problemas, hay que sumar el hecho de que los dirigentes nacionales y de algunas federaciones provinciales se habían eternizado en sus puestos.
A raíz del VII Congreso en la FENOC-I soplan vientos de renovación. En primer lugar, se consolidan las posiciones indígenas. La elección del indígena Pedro de la Cruz como presidente de la Federación es una constatación de este avance. Pero el dirigente expresa que su presencia en la dirección de la FENOC-I no significa el desplazamiento de las organizaciones campesinas, sino la posibilidad de integración y de respeto mutuo.
Pedro de la Cruz aspira a que haya mayor participación y democracia en la Federación, y que se profundice la pluriculturalidad. "En nuestra organización hay negros, indígenas, campesinos montuvios, campesinos de la Sierra. Queremos a fortalecernos a lo interno, y respetarnos mutuamente entre las organizaciones indígenas, campesinas, negras, y que no haya una superposición de las organizaciones mestizas como hace cierto tiempo fue".
La FENOC-I está cambiando en su organización y métodos de trabajo: "hemos regionalizado la organización, estamos haciendo encuentros regionales, de mujeres y de la juventud, queremos recoger todas las experiencias y propuestas para poder elaborar un plan emergente. Y a nivel de base, estamos haciendo una encuesta para saber si los puntos de vista de los dirigentes nacionales y regionales son compatibles con los de las bases".
Las organizaciones afro-ecuatorianas de la Federación, que hace algún tiempo se mostraban apáticas, han vuelto a participar.
Según Pedro de la Cruz, de las consultas efectuadas a las bases, se desprende que continúa vigente la lucha por la reforma agraria, es necesario impedir la privatización del agua y luchar por reformar la Ley de Desarrollo Agrario, para dar curso a las demandas de los campesinos sin tierra.
Frente a la propuesta neoliberal, la FENOC-I propone revalorizar el campo y fortalecer la economía campesina, que cumple un papel preponderante en la producción de alimentos para el mercado interno.
Así mismo, la Federación plantea el impulso de la agricultura sostenible para disminuir la pobreza, asegurar la alimentación de la población y conservar los recursos naturales.
5. Instancias de coordinación
Las federaciones campesinas nacen ligadas a las centrales sindicales o por iniciativa de los partidos de izquierda e incluso de los sectores de la iglesia. Con el debilitamiento del FUT, también se debilitan las federaciones campesinas.
A menudo, las diversas visiones políticas y formas de actuar de las federaciones, han impedido avanzar en propuestas conjuntas y en procesos organizativos unitarios; sin embargo han habido momentos importantes de confluencia y coodinación.
En 1973, por iniciativa de la FENOC, se conformó el Frente Unitario por la Reforma Agraria (FURA) en el que además participaron la Asociación de Cooperativas Agrícolas del Litoral (ACAL); la Federación de Trabajadores Agrícolas del Litoral, FETAL, y la Federación Ecuatoriana de Indios. El FURA organizó grandes movilizaciones en 1973 en la que participaron miles de campesinos del Guayas, Cañar y Pichincha. Con la paralización de la reforma agraria, el FURA dejó de funcionar.
Posteriormente, en 1978, para luchar contra la Ley de Fomento y Desarrollo Agropecuario se constituyó el Frente Unico de Lucha Campesina, FULC, que más tarde se transformó en el FLUC-I, con la incorporación de las organizaciones indígenas.
En 1980, la FENOC y ECUARUNARI organizaron la marcha nacional campesino-indígena "Mártires de Aztra". Miles de indígenas se tomaron la Plaza de la Independencia en Quito, exigiendo atención del gobierno. Luego de esta movilización, el presidente Jaime Roldós decretó la expulsión del Instituto Lingüístico de Verano, instrumento de penetración cultural de los Estados Unidos y organismo de división de los pueblos indígenas amazónicos.
En la década del ochenta, el movimiento campesino participó en las huelgas nacionales convocadas por el FUT, y luchó -no siempre con suerte- porque sus demandas sean incorporadas a sus plataformas de lucha.
Para enfrentar la política represiva de León Febres Cordero, en 1984 se constituyó la Coordinadora Campesina e Indígena con la participación de la FEI, FENOC-I, ECUARUNARI, ACAE y FTAL.
Durante el régimen de Sixto Durán Ballén apareció la Coordinadora Agraria Nacional, CAN, con la participación de la CONAIE, la FENOC-I, la FENACLE y la FEI, para luchar contra la Ley de Desarrollo Agrario, tema ya analizado en otro capítulo de esta publicación. La CAN convocó a la "movilización por la vida" en 1994, que provocó una fuerte represión gubernamental, que dejó el saldo de dos muertos, detenidos, emisoras clausuradas y casas campesinas incendiadas y destruidas.
La fuerza de la movilización indígena y campesina obligó al gobierno, al Congreso y a los terratenientes a sentarse a discutir y a reformar la Ley de Desarrollo Agrario, reformas que entraron en vigencia el 15 de agosto de 1994. Los movimientos indígena y campesino, y las comunidades negras lograron representación en el Instituto de Desarrollo Agrario, INDA, el que, pese al tiempo transcurrido, se lo mantiene en la acefalía.
Previamente, la CAN había elaborado un proyecto de Ley Agraria Integral que aunque no fue acogido por el Congreso, demostró que en el movimiento indígena y campesino está latente la necesidad de desarrollar la capacidad propositiva.
La lucha por impedir que el Seguro Campesino sea privatizado ha movilizado, en numerosas ocasiones, al movimiento indígena y campesino, aunque no se ha logrado crear un frente común que dé más fuerza y coherencia a las acciones.
A propósito de la declaratoria del Decenio de los Pueblos Indígenas por parte de la Organización de las Naciones Unidas, se conformó un Comité Nacional en el que participan la CONAIE, FEI, la FENOC-I, la FENOC (filial de la CEDOC-CLAT), la Federación Ecuatoriana de Indígenas Evangélicos del Ecuador (FEINE) y la FENACLE.
El dirigente Pedro de la Cruz señala las coincidencias de las organizaciones que conforman el Comité:
En lo cultural, piden que el Estado les reconozca como organizaciones indígenas y campesinas que pertenecen a un mismo país pero que tienen diversidad de lenguas, costumbres, tradiciones e indumentarias.
A nivel económico, solicitan que se respete el desarrollo comunitario y autosustentable, para disminuir la pobreza, asegurar la alimentación e ir avanzando en lo económico a través de la capitalización y la formación de empresas comunitarias.
En el aspecto político, demandan la ratificación del convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, la declaratoria del Estado plurinacional, el reconocimiento de las lenguas originarias y del derecho indígena y el fortalecimiento de los poderes locales.
Y en el área social, expresan que se debe frenar la migración dando mayor atención al campo, y en especial a la educación y a las obras de infraestructura. Para ello hace falta cambiar las concepciones citadinas prevalecientes en la educación y en los medios de comunicación que a menudo desvalorizan al campo.
6. Reorganizarse y avanzar
Para el movimiento campesino es importante reorganizarse y potenciarse en el marco de los procesos de modernización que se producen en el agro, sin descuidar los aspectos socio-políticos. Ello supone avanzar en propuestas de desarrollo sustentable, revalorización del campo y de la economía campesina como proveedora de alimentos. Así mismo, implica desarrollar y procesar conceptos como la plurinacionalidad y pluriculturalidad.
Las federaciones campesinas deben dar cuenta de la diversificación productiva y social del espacio rural. No solo la comuna, la cooperativa o el comité pro-mejoras son los instrumentos de la acción campesina, hay nuevas organizaciones (de jóvenes, mujeres y niños) que deben ser incorporadas al movimiento tomando en cuenta sus propias concepciones e iniciativas.
Por último, para las federaciones indígenas y campesinas, es indispensable fortalecer los espacios de encuentro y tender puentes con los movimientos sociales urbanos.