La Riqueza de la Diversidad
http://alainet.org/publica/diversidad/
Nuevo escenario nacional e internacional
Lo más sintomático de la última década es que el escenario nacional e internacional en que se desenvolvían los movimientos sociales cambió por completo.
La caída del socialismo de Europa del Este y la desintegración de la Unión Soviética han tenido un fuerte impacto en el conjunto del movimiento sindical y popular, y en la izquierda que se movía con esquemas teóricos y prácticas inspirados en modelos del exterior. El movimiento sindical y popular se quedó sin piso, sin referentes ideológicos y políticos. Este proceso, a diferencia de otros países, no mereció en el Ecuador un mínimo debate que permitiera situar los alcances del mismo y ubicar los nuevos desafíos.
Por otro lado, el neoliberalismo, no como una mera doctrina económica sino como una estrategia para la renovación del mundo capitalista, se extendió rápidamente en la década del 80 y ganó gran influencia en América Latina y el Ecuador.
Las teorías neoliberales aparecían como las únicas válidas: el "Dios mercado" estaba llamado a reinar por los siglos de los siglos. Más allá del individualismo y del "sálvese quien pueda", no había nada más. Ya no tenían sentido la solidaridad, la esperanza, la justicia social y las utopías.
La aplicación de las recetas neoliberales han producido efectos devastadores en nuestro país. Los ejes que orientan la economía, desde la década del ochenta en adelante, son el pago de la deuda externa y el incremento de las exportaciones. En esa medida, se ha descuidado el mercado interno y se ha reducido el gasto social, afectando a la salud pública, la educación y la seguridad social.
Los programas de ajuste impuestos desde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han empobrecido rápidamente a la población. La extensión del desempleo y subempleo y la agudización de los conflictos sociales como la delincuencia, la violencia, la mendicidad, el trabajo prematuro de los niños, constituyen las manifestaciones más evidentes del "ajuste". Grandes sectores de la población carecen de servicios básicos como agua potable y alcantarillado, no disponen de viviendas adecuadas y sufren los efectos de un medio ambiente cada vez deteriorado.
Del programa de modernización del Estado lo único que ha funcionado son ciertas privatizaciones, con las cuales se ha trasladado el acumulado público a grupos minoritarios y a transnacionales que son cada vez más ricos y poderosos.
La crisis también abarca al sistema político y a los partidos.
La democracia formal excluye y restringe la participación de los ciudadanos y ciudadanas, quienes son convocados, de tiempo en tiempo, a elegir a los gobernantes de turno, sin que tengan capacidad real de incidir en las decisiones económicas, políticas y sociales y menos aún de contar con la capacidad de controlar y revocar a los funcionarios corruptos.
La política se ha mercantilizado y privatizado: quien gana una elección, en la mayoría de casos, es aquel que cuenta con más recursos. En estas condiciones, la fuente del poder ya no reside en el pueblo sino en las sedes de los bancos, los medios de información y las transnacionales.
Los tentáculos de la corrupción alcanzan a las esferas públicas y privadas, a las élites económicas y políticas, convirtiéndose en un monstruo de mil cabezas que se alimenta y se sostiene en el sistema de libre mercado.
El Estado ha reducido su tamaño y sus competencias tanto en el área económica como social, pero ha mantenido su poder coercitivo y de control social. En esta línea, el Estado ha despedido a miles de empleados públicos, pero ha incrementado el número de policías, les ha dotado de mayores recursos y entrenado para controlar la creciente protesta social, mostrándose, al mismo tiempo, incapaz de frenar la delincuencia.
Algunos "éxitos" conseguidos por algunos gobiernos neoliberales en el control de la hiperinflación dieron pautas para pensar que el modelo si funcionaba. El esquema fue trasladado un poco tardíamente al Ecuador por los gobernantes de turno.
Pero la "aplicación del capitalismo salvaje", empieza a mostrar sus límites. La crisis social argentina y peruana, el levantamiento de Chiapas y la crisis económica mexicana están demostrando la fragilidad del modelo neoliberal, el cual comienza a dar señales de agotamiento.
Es tanta la inequidad social que se ha generado, que los propios organismos internacionales que imponían los programas de ajuste ahora hablan de "solidaridad", de "políticas sociales" y de "ajuste con rostro humano".
1. Globalización y comunicación
La desaparición del bloque soviético y el triunfo del modelo neoliberal a nivel mundial, han dado paso a un mundo unipolar (comandado por Estados Unidos), en el que se acrecienta el poder de los países del Norte, haciéndose cada vez más amplia la brecha que los separa de los países del Sur.
La economía se ha globalizado gracias a los acelerados adelantos técnicos y científicos, y al desarrollo de la comunicación. Se ha impuesto la apertura de los mercados y los países han promovido tratados de libre comercio y la conformación de bloques económicos. En este proceso: las empresas han ampliado sus mercados y han introducido nuevas formas de organización de la producción, imponiendo la automatización y la tecnificación. La mano de obra no calificada es arrojada a la desocupación; las empresas ahora requieren de técnicos de alto nivel que manejen el conocimiento el diseño y la información.
"Los saltos tecnológicos (cuyos soportes son la telemática, el audiovisual y las redes de telecomunicación) y los sistemas de comunicación han logrado romper las distancias y anular la velocidad del tiempo, para establecer el criterio de
simultaneidad, en donde se conjugan a la par lo local y lo global. Esto significa que las posibilidades de información se han multiplicado al infinito y a una velocidad desmedida, que cada vez más anulan la capacidad de ponderar los acontecimientos", expresa el comunicador Osvaldo León.
Y agrega: "Una de las características del mundo contemporáneo es la fuerza con que la comunicación -en un sentido amplio- se ha insertado en las diversas esferas de la sociedad, afectando las relaciones sociales existentes. La vida familiar, el uso del tiempo libre, la organización empresarial, la educación, la estructura política y cultural, los procesos productivos, en fin, registran evidentes cambios provocados por este impacto de la comunicación; impacto que ha llevado a que se diga que nuestra era es la era de la comunicación". (1)
Las nuevas tecnologías -entre ellas, los satélites artificiales, la TV, las computadoras, los aviones a reacción y las mega-armas- han convertido a nuestro planeta a un vecindario global, haciendo que los países sean cada vez más interdependientes.
Las redes informativas (autopistas informativas computarizadas y globales) han contribuido a la creación de los actuales mercados mundiales de capitales, pero también han permitido el surgimiento de una sociedad civil a escala planetaria, así como una comunicación más fluida entre las organizaciones civiles.
2. Neoliberalismo y organización social
"El proceso de reajuste del capital transnacional y de los centros económicos y políticos internacionales, ha provocado un proceso de fragmentación y desestructuración de lo popular; junto al proceso de implementación del neoliberalismo se desestructura lo popular; junto al proceso de readecuación de estas nuevas formas de poder internacional, hay un proceso de debilitamiento de la capacidad de acción, de la organización social y popular tradicional", señala el intelectual cubano Felipe Gill. (2)
En relación al movimiento social, el modelo neoliberal ha puesto en marcha una estrategia de desorientación que tiene tres componentes fundamentales:
a) La atomización de la sociedad en grupos con escasa capacidad de poder.
b) La orientación de esos grupos hacia fines exclusivos y parciales, que no susciten adhesión.
c) La anulación de su capacidad negociadora para celebrar pactos.
Las políticas neoliberales han tenido efectos evidentes sobre la organización social y popular, provocando desaliento, desesperanza y división.
La globalización, sin embargo, no ha conseguido su propósito de uniformizar a la población en función del consumo y del individualismo. El mundo sigue siendo heterogéneo y diverso.
Como ya se señaló, el neoliberalismo ha provocado una readecuación de lo popular: las contradicciones y diferencias de clase no se han anulado (los ricos se han vuelto más ricos y los pobres se han convertido en indigentes) pero han surgido nuevas contradicciones sociales que giran en torno a factores culturales, étnicos, de género y de generación.
Así, se han reforzado las identidades nacionales, regionales, étnicas, de género, generacionales y religiosas. "La globalización también permite la particularidad. La recuperación de las identidades se da sobre todo en aquellos factores que fueron causa de su marginación: ser indio era causa de la dominación y ser indio es causa de su identidad, lo mismo el ser mujer o ser afroecuatoriano", señala el sociólogo Napoleón Saltos.
A las organizaciones sociales, ahora, ya no se las define solamente con parámetros de clase sino con parámetros de cultura. El discurso deja de ser clase y pasa a ser un discurso de cultura, de etnia. Vivimos una nueva forma de creación de conciencias colectivas, anota el sociólogo Alexei Páez. (3)
Un sector social se convierte en movimiento social cuando tiene un mínimo de identidad y de propuesta programática, capacidad de acción conjunta y posibilidades de interpelar a la sociedad y al Estado. Lo que caracteriza a un movimiento social es el intento colectivo de introducir cambios en la sociedad y de crear un orden social distinto.
El teólogo brasileño Frei Beto, señala que un movimiento popular, para ser tal, debe reunir cualidades de:
- Representación: el movimiento debe existir realmente.
- Autonomía: es autónomo el movimiento en que todo lo que necesita está dentro de el.
- Laico: reúne en torno a determinados objetivos y aspiraciones a personas de distintas confesiones religiosas.
El sociólogo Alexei Páez anota que los movimientos sociales no son "hechos estructurales dados, son resultado de producciones
discursivas, de creaciones de sentido. El discurso indígena está creando un sentido de lo étnico que puede o no transformarse en un sentido global para la sociedad".
3. Crisis sindical y nuevos actores
En las décadas del 70 y del 80, el movimiento sindical cumplió un papel hegemónico en el movimiento popular.
Las exportaciones petroleras (1972) impulsaron la industrialización, el proceso de urbanización y el crecimiento del aparato estatal, determinando un crecimiento del número de trabajadores y de la organización sindical.
La unidad sindical expresada en el Frente Unitario de Trabajadores -que reúne a las principales centrales de trabajadores- convocó a otros sectores sociales y jugó un papel protagónico en la disputa de la renta petrolera.
De acuerdo a las concepciones predominantes en la época, la vanguardia indiscutible del proceso de cambio era la clase obrera. Todos los demás sectores eran considerados como subordinados y secundarios, cuyas aspiraciones se lograrían luego de que triunfe la revolución y se construya el socialismo.
Los indígenas, campesinos, pobladores, jóvenes y mujeres participaron activamente en los eventos y acciones convocadas por el FUT, buscando que sus demandas particulares sean incorporadas a las "plataformas de lucha", cuyo cumplimiento era exigido al Estado, generalmente mediante las huelgas generales.
El punto más alto del protagonismo del FUT se produjo entre 1982 y 1983, durante el gobierno del demócrata cristiano Osvaldo Hurtado, como respuesta a un paquete de medidas de ajuste. Las movilizaciones fueron tan fuertes que el gobierno quedó prácticamente maniatado.
Pero la acción del FUT, luego de 1983, comenzó a decaer. Las centrales sindicales perdieron espacio en el escenario público. Las acciones convocadas ya no contaban con la amplia adhesión de épocas pasadas.
Como telón de fondo de la crisis sindical se encuentra el cambio en el modelo económico. En efecto, en la últimos quince años, el país ha transitado de un modelo protegido de industrialización sustitutiva de exportaciones hacia un modelo de apertura internacional y fomento de las exportaciones, en donde la orientación central es el pago de la deuda externa.
En este contexto, se han aplicado los programas de ajuste, se ha reducido el tamaño del Estado y ha crecido la informalidad, la industria ha perdido peso y se ha fortalecido el capital financiero y especulativo.
Junto a ello se han presentado otros factores de orden jurídico, ideológico y político (desaparición del bloque socialista, reformas laborales que limitan la organización sindical y la huelga, falta de democracia interna en las centrales, desprestigio de los dirigentes sindicales desde las cúpulas del poder), que han confluido para el declive del FUT.
Ante el debilitamiento y la crisis del movimiento sindical nucleado alrededor del FUT se han gestado nuevos actores sociales que se separan, se autonomizan y buscan espacios propios de acción, reflexión y expresión. Nos referimos a los indígenas, las mujeres, los afroecuatorianos, los ecologistas, los defensores de los derechos humanos y los jóvenes. Los movimientos sociales tienen ritmos y dinámicas propios. Unos ya se han constituido, otros en cambio están en proceso de construcción de sus identidades. En todo caso, hoy el mundo popular es más diverso, complejo y heterogéneo.
Muchos de estos nuevos actores sociales ya existían anteriormente, pero se potencian a raíz de que comienzan a reconocerse como sujetos que tienen problemas comunes no resueltos de discriminación y exclusión.
En la década del 90, el movimiento indio se manifiesta como un actor revitalizado que reactualiza la lucha por la tierra y cuestiona las raíces de la conformación del Estado, presenta propuestas novedosas y polémicas, como el Estado plurinacional, y cuenta con una gran capacidad de movilización y de incidencia social y política. El movimiento indígena opone sus concepciones colectivistas y solidarias al modelo neoliberal individualista y excluyente.
Articulado a través de problemáticas comunes (violencia, subordinación, desigualdad de oportunidades, discriminación) el movimiento de mujeres ha ido avanzando y ganando espacios en la última década. Un primer intento de conformar el movimiento de mujeres se produjo en 1987, pero este sueño empieza a hacerse realidad en este año, con la realización del Primer Congreso de Mujeres en donde se aprobó una agenda política que fue presentada a consideración de todos los candidatos presidenciales de las elecciones de 1996.
En los afroecuatorianos, el proceso de articulación es más lento. Aunque han existido intentos de coordinación entre las organizaciones negras, todavía no llegan a estructurar un movimiento. En todo caso, los negros, en momentos puntuales, se han movilizado para defender sus asentamientos tradicionales y expresar su inconformidad con las manifestaciones de racismo, todavía muy arraigadas en el Ecuador.
Tras el declive del movimiento estudiantil, los grupos juveniles viven un proceso de dispersión y autocentramiento, aunque están en marcha iniciativas para articular a los jóvenes y construir propuestas.
El movimiento barrial actúa más a nivel local, pero se empieza a vislumbar la posibilidad de alcanzar una representación nacional.
Las causas de los derechos humanos y de la defensa del medio ambiente son temas de creciente interés. Los ecologistas y los defensores de los derechos humanos, actúan en el plano de la opinión pública y tienen relación con otros movimientos sociales.
Uno de los méritos de los movimientos sociales, según el historiador Patricio Ycaza, es que no "han aceptado a rajatabla las orientaciones de la modernización reaccionaria" Y agrega: En el Ecuador han habido varios momentos de modernización, pero el de ahora es reaccionario, no solo porque enfatiza la privatización, sino porque no cuenta con los sectores sociales para definir qué hacer con este proceso. Este proceso es impuesto desde arriba, es arbitrario, y paulatinamente va siendo resistido por la sectores populares".
Esta resistencia, sin embargo, según Luis Macas, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, se ha dado desde posiciones defensivas y asiladas.
"Los movimientos sociales, en esta última década, se han caracterizado por vivir una dispersión muy fuerte, y por eso creo que las recetas neoliberales han tenido éxito. Como que cada quien defendemos nuestra parte, y no luchamos por un objetivo mucho más global. No han habido iniciativas, propuestas globales de todos los sectores para detener al modelo neoliberal de una manera más efectiva", dice Macas.