Por un Milenio Plural y
Diverso
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El Norte envenenado por el dardo de la xenofobia
Irene León
La
masividad sin precedentes de la migración de poblaciones del
Sur hacia el Norte, pone en perspectiva un conjunto de problemáticas
globales que incumben al Norte y al Sur, pues existe un estrecho
vínculo entre la "mundialización" de la
economía, la polarización de las desigualdades y el
avance de los fenómenos de exclusión social,
principales generadores de la masividad del proceso migratorio, en
muchos casos encabezados por mujeres.
Así, mientras las
cúpulas de las transnacionales absorben el 25% del producto
interno bruto mundial, apenas dan trabajo a menos del 1% de la
población económicamente activa en los países
del Sur. No obstante, los gobiernos del Sur cegados por la creencia
de que sólo el mercado conducirá a la humanidad hacia
un mundo de bonanza, hacen desaparecer día a día las
legislaciones laborales y sociales para dar paso a las condiciones
impuestas por las transnacionales y las elites locales.
Pero, los
beneficios de la "modernización" neoliberal tardan
en llegar o no llegarán nunca al Sur, un índice de ello
es la previa desigualdad existente entre los roles económicos
que asigna el mercado a cada región, país y grupo
social; y más que nada la desigualdad histórica de
oportunidades constitutiva de la lógica mercantil.
Con la
deslocalización industrial, por ejemplo, en muchos casos
restringida apenas a la maquila y a las zonas francas, las mujeres
del Sur se ven involucradas en engranajes laborales donde se
manifiestan índices de explotación similares a los
vigentes durante la esclavitud, sin respeto del tiempo límite
de trabajo ni estabilidad laboral, sin ventajas sociales ni
condiciones espaciales salubres, sin salarios adecuados, entre otros.
La mundialización de las desigualdades, y su neta
polarización, es el principal efecto perverso del dominio del
mercado a escala planetaria. Más aún, si las
contradicciones son palpables en todos los campos, es en la
restricción a la libre circulación de la mano de obra,
mientras hay libertad de circulación para mercancías y
capitales, que se expresa, de manera tangible, que según la
lógica mercantil la humanidad está al servicio de la
producción de bienes y del lucro, y no el contrario.
Según
la misma lógica, en América Latina y el Caribe, en
flagrante contradicción con el pretendido modernismo
consumista liberal, la mayoría de personas son afectadas por
la disminución cotidiana de su poder adquisitivo, el
incremento del desempleo, el empobrecimiento, la atomización
social, las crisis urbanas y rurales, y el agotamiento de las
estrategias de supervivencia en sus propios contextos, por lo que se
ven obligadas a emprender las famosas migraciones masivas, llamadas
salvajes, de trabajadoras/es hacia el Norte, pero también
entre y al interior de los países del Sur.
Para las
mujeres, principales presas de la pauperización, la emigración
aparece como una posibilidad de mejorar su suerte, la de sus familias
y de sus comunidades, o de liberarse de contextos opresivos, pero,
paradójicamente la discriminación de género
constituye, cada vez más, una desventaja suplementaria para
enfrentar la inmigración.
La inmigración una
nueva forma de apartheid
Las cúpulas mundiales
concentradas en los países del Norte, y sus respectivos
poderes nacionales, ven la inmigración como una especie de
fatalidad a la que hay que poner fin, privilegiando las medidas
excluyentes.
En todos los países, sin excepción, la
cuestión de la inmigración ha pasado a generar los más
vehementes debates y polarizaciones, que oscilan entre la vulgaridad
xenofóbica y racista de la extrema derecha, la complicidad
condescendiente -y a veces más que eso- de sectores del centro
y de la izquierda ligados al poder, hasta las posturas de quienes
defienden incondicionalmente la igualdad de derechos y dignidad
humana.
La inmigración, principalmente la clandestina, se
ha convertido en el chivo expiatorio de todos los males que aquejan a
esos países y en un anzuelo infalible para pescar votos. Así,
con el pretexto de "controlar los flujos migratorios", se
están adoptando una avalancha de medidas técnicas y
proyectos de ley xenofóbicos. De la "lucha" contra
la inmigración clandestina se está pasando al intento
de erradicación de la inmigración en general; la idea
de que toda/o inmigrante es clandestina/o y culpable hasta que haya
probado lo contrario, está generando comportamientos civiles
de persecución, espionaje y delación, que llegan a
poner en peligro no sólo la seguridad de las/os inmigrantes
sino la vigencia de la democracia en esos países.
"Si
el enemigo es el inmigrante clandestino y si éste pone en
peligro nuestras sociedades, por qué no recurrir al ejército
para defender a la patria"1,
sugirió en 1980 el número dos del partido socialista
italiano y vice-presidente del Consejo Claudio Martelli; desde
entonces, aunque indudablemente ese no fue propósito, las
Ligas fascistas, de fundamento racista y xenofóbico, han
ganado expansión en Italia, principalmente en el norte. Luego,
bajo el gobierno de Berlusconi, se dio carta blanca a los servicios
de inmigración para evitar el ingreso a "los perezosos
del sur", según palabras del jefe de las ligas en
Lombardía Umberto Bassi.
Con matices parecidos, el popular
diputado belga Philipe Dewinter (VB) enfatiza que la única
solución al problema de su país es consolidar la
identidad nacional y, según él, para lograrlo "hay
que tomar medidas enérgicas para arreglar la situación
de los extranjeros... Suspender el flujo, cerrando herméticamente
las fronteras, y preveer el regreso de todos los inmigrantes, sin
excepción, hacia sus países de origen". Mientras
tanto, su formación política propone además: la
expulsión inmediata de todo inmigrante que cometa algún
delito, la privación de medidas sociales y, hasta, la
implantación de ghettos para obtener un mayor control2.
En Francia, el partido socialista archivó en 1991 el
proyecto de ley que pretendía conceder el derecho al voto a
las/os residentes extranjeras/os y, en 1992, en neta contradicción
con la Constitución francesa, autorizó el secuestro de
extranjeras/os en la zona internacional durante veinte días
sin ningún control judicial.
En 1993 el Presidente
socialista François Mitterand luego de afirmar que "el
nivel de tolerancia se había colmado desde los años 70"
adoptó un conjunto de medidas que implican la presunción
de culpa a todos los extranjeros, al tiempo que anunció "una
mayor firmeza" frente a la inmigración clandestina, pues
como añadió su Primer ministro, también
socialista, "Francia no puede recibir toda la miseria del
mundo"; bajo esos criterios, las modificaciones del código
de la nacionalidad limitan el principio de la unificación
familiar y subordinan el permiso de estadía a la regularidad
de la entrada; así la maternidad, paternidad o matrimonio
dejan de ser criterios de admisibilidad para la residencia.
Para
evitar el "cohecho", en 1992 el gobierno francés
implantó sanciones para las compañías
transportadoras que lleven hacia ese país viajeras/os sin
pasaporte o sin visa, grupo constituido en general por solicitantes
de asilo o refugio, y en diciembre de 1994 puso en vigencia una ley
que amenaza con 5 años de cárcel a toda persona que
hubiera ayudado directa o indirectamente a facilitar o intentar
facilitar la entrada, circulación o estadía irregular
de extranjeras/os a ese país.
A nivel de la Comunidad
Europea, la Convención de Schengen, firmada por Alemania,
Bélgica, España, Francia, Italia, Luxemburgo, Holanda y
Portugal, en vigencia desde marzo 1995, que establece reglas
conjuntas de entrada para "no comunitarios", así
como condiciones de su circulación al interior del "gran
espacio europeo", cimienta sus acciones comunes en la
elaboración de un banco de datos policial de "indeseables".
Bajo esta convención quienes han sido objeto de rechazo por
uno de esos países lo son automáticamente por los
otros, principio que vulnera el derecho a circular libremente, parte
de los derechos y garantías fundamentales del ser humano.
La
Unión Europea, sobre una población global de 343
millones de habitantes, abriga a 6.4 millones de extranjeras/os,
apenas el 2.74% de la población, sin embargo, bajo el
argumento de una sobrepoblación de extranjeras/os se está
justificando la creación de los campos para inmigrantes
ilegales, sobre todo en la Europa mediterránea, rubro en el
que se incluye también a solicitantes de refugio. Mencionamos
a título de ejemplo la precaridad de los campos de Vintimille
y Lyon en Francia, casos que han salido a la luz pública.
Pero,
la expresión racista y xenofóbica en Europa no es una
novedad, en la historia contemporánea ella estuvo al origen
del triunfo del nacional socialismo alemán (1938-42). De la
misma manera, la creencia de la supremacía de la etnia blanca
sirvió de justificativo para el mayor genocidio conocido por
la humanidad: el de las "gestas coloniales" europeas en
América (despuntadas en 1492) y, más recientemente del
apartheid sudafricano. Las lógicas de exclusión,
principalmente contra la inmigración del Sur, han vuelto a
inflamar en Europa la antorcha de la extrema derecha ¿hasta
donde irán sus consecuencias?.
Ofensiva
unilateral
Contrariamente a la voluntad expansionista que
motivó las "migraciones" colonizadoras cometidas por
Europa en el Sur, las migraciones de sureñas/os hacia el Norte
se realizan individualmente y en situaciones de desventaja de poder.
Pero en Europa la palabra "invasión" se ha puesto de
moda y con ello la figura del inmigrante=invasor=agresor, que sirve
de trama para defender las políticas de exclusión, las
expulsiones masivas y hasta los asesinatos.
Cientos de
maghrebinas/os han sido víctimas de crímenes racistas
en Francia, de turcas/os en Alemania, de latinoamericanas/os en
España, entre otras/os, pero la impunidad que caracteriza a
esos crímenes no sólo permite que algunos poderes
locales se atribuyan mandatos que corresponden a las autoridades
migratorias sino que ciertos sectores políticos o la población
en general se otorguen el poder de perseguir y sancionar a las/os
inmigrantes, ilegales o no.
El activismo xenofóbico ha
vuelto y con él la visión que convierte a toda/o
inmigrante en sospechosa/o. No obstante, como lo señala el
analista Samir Naïr, en el caso de la inmigración, "la
víctima no representa una amenaza real y el agresor lo sabe.
Ella está vencida de antemano porque no dispone ni de la
posibilidad de regresar a su país de origen ni la posibilidad
de defenderse apoyándose en el derecho"3,
y cada vez menos si se contempla la ofensiva de medidas técnicas
y modificaciones legales vigentes en todos los países.
Así,
las lógicas que fundamentan la ofensiva contra la inmigración
son parte del remozamiento de las viejas formas de segregación,
existentes desde la época colonial, que delinean un mundo a la
imagen de una pirámide, en cuya cúspide se encuentra la
minúscula elite transnacional, el poder tecnológico,
industrial y, sobre todo, financiero y en la base inferior una masa
conformada por la mayoría de la población mundial,
principalmente del Sur, lo que, como lo visualiza la economista Susan
Georges4,
configura las estructuras de un apartheid planetario.
Según
esa estructura, mientras las elites mercantiles lo computan todo a
escala mundial, los principios de una ciudadanía planetaria
están muy lejos de ser aplicados, más bien para las
poblaciones pobres, ya discriminadas en sus países, se ha
abierto un mundo en el que se multiplican los actores y los factores
de relegamiento.
Una inmigración con "clase"
El sesgo segregacionista de la lucha contra la inmigración
se expresa también en las políticas de selectividad,
pues cuando de inversiones se trata no sólo las fronteras
permanecen abiertas sino que según sus necesidades los países
del Norte incentivan la llegada de inmigrantes del Sur con capitales
o formación profesional en las áreas requeridas por
ellos. En los Estados Unidos, por ejemplo, en 1991, al mismo tiempo
que se vedaba el ingreso terrestre a través de sus fronteras
con México, el Senado propuso la atribución anual de
150.000 visas de inmigración suplementarias a extranjeros que,
sin tener familias en ese país, estarían dotados de
sólidos diplomas o cuentas bancarias.
Otro proyecto
depositado en la Cámara de Representantes, incrementó a
630.000 las visas anuales para los extranjeros instruidos,
inversionistas del Sur y sus familias. Por su parte los gobiernos del
Sur, a pesar de que la fuga de cerebros y de capitales afectan
directamente sus propios intereses internos, permanecen demasiando
vulnerables a las presiones políticas del Norte y de las
transnacionales para actuar como Estados de derecho y reclamar una
mejor suerte para ellos mismos, menos aún para sus emigrantes;
en consecuencia se han mantenido tan distantes de la defensa de sus
emigrantes que tener la calidad de inmigrante, sobretodo ilegal,
suena casi a adquirir la calidad de apátrida.
Mientras
tanto, la defensa asumida por las organizaciones de las/os propias/os
interesadas/os, las/os inmigrantes, son recientes y en muchos casos
aún frágiles, su carácter es en general
humanitario o social, de ayuda a compatriotas o coterráneas/os,
de carácter deportivo o cívico; en general, las
acciones públicas o políticas han sido defensivas y los
espacios de definición de una participación directa a
la formulación de políticas son aún aislados o
embrionarios.
Tanto tienes, tanto vales...
Siguiendo
la lógica mercantil dominante se han creado compañías,
redes comerciales y corporaciones, muchas veces legales, de
importación de inmigrantes clandestinas/os. El negocio es
prometedor ya que sólo en Estados Unidos el 50% de inmigrantes
ilegales (1,5 millones) lo han hecho gracias a una "asistencia
remunerada", cuyos costos individuales varían entre los
100 y 40.000 dólares, según la solvencia económica,
la distancia y el origen del/la solicitante.
Se estima que las
mujeres son las principales usuarias de estos servicios, pues además
de quienes buscan directamente asistencia para emigrar están
aquellas que son solicitadas por los promotores de estos servicios y,
en algunos casos, enroladas en sendos mecanismos de tráfico y
comercio con mujeres.
En estas redes de "inmigración",
siguiendo "pautas de segregación étnica y
socio-económica, las mujeres pasan a ser comercializadas al
igual que cualquier producto, se seleccionan, se exportan, se
alquilan, se venden mujeres y niñas según criterios
definidos en el juego de la oferta y la demanda. Este mercado tiene
principalmente dos vertientes:
"-La exportación y
venta de mujeres y niñas para el trabajo doméstico
privado y sus derivados -que por lo general incluye también
servicios sexuales-.
"- El trabajo sexual propiamente dicho,
que incluye la exportación, tráfico, venta, alquiler de
mujeres y niñas para efectuar trabajos sexuales de diversa
índole.
"Además, en muchos casos las funciones
domésticas y sexuales son indisociables, tal es el caso de la
venta de novias por catálogo, donde se venden mujeres
caribeñas y latinoamericanas para casarse con hombres
-particularmente agricultores- europeos y asumir las
responsabilidades productivas y sexuales consideradas como inherentes
a dicha función... El costo aproximativo de la venta de novias
es de $5.000 dólares, de los cuales, las mujeres reciben
raramente un porcentaje mínimo que sirve para reembolsar los
gastos del viaje. Ellas terminan frecuentemente secuestradas y
abusadas en tierra extranjera, muchas veces sin entender el idioma y
creyéndose culpables de su suerte"5.
Pero, además del carácter ignominioso de esos
tráficos, una cuestión se plantea: los atributos
laborales de las mujeres del Sur se circuscriben cada vez más
a sus atributos físicos. En Japón, por ejemplo, el 80%
de las mujeres inmigrantes trabajan en los bares y clubes privados,
independientemente de su calificación profesional o aptitud
para ejercer otras profesiones.
Asimismo, los índices
japoneses muestran una significativa modificación de la
relación laboral de hombres y mujeres clandestinos/as, pues si
hasta 1.987 los sectores laborales marginales estaban copados por
mujeres, ahora son los hombres inmigrantes quienes trabajan en las
áreas desertadas por los/as nacionales. Y, aunque no existe un
registro oficial de la movilidad laboral de género en el
mercado informal, sobre todo en el mercado del sexo y el
entretenimiento, se estima que esos índices son también
aplicables para Europa.
Sin duda, hay mujeres para quienes la
emigración ha significado una posibilidad real de sacar
adelante, sobre todo materialmente, a sus familias y/o adquirir los
bienes soñados en sus países de origen, también
hay algunas que excepcionalmente han logrado alguna promoción
profesional, pero la mayoría no. Casi todas las mujeres
inmigrantes en el Norte viven para trabajar y no el contrario y se
gastan los días añorando un retorno que casi nunca
llega.
Las incertidumbres del refugio y el asilo
Las
restricciones impuestas a la inmigración han conducido
directamente a la disminución de admisiones por asilo o
refugio, pues los servicios de frontera, según las nuevas
medidas técnicas adoptadas por los países, tienen el
mandato de hacer extensiva la sospecha de ilegalidad a esta categoría
de personas y de reducir la demanda de inmigración reduciendo
las admisiones de asilo.
Según la Convención de
Ginebra (1961) el asilo esta restringido a la persecución
personal o riesgo para la vida suscitado por la violencia de Estado
-las situaciones de guerra no justifican por si solas un pedido de
asilo-, siempre y cuando se pueda sustentarlas con pruebas "validas",
las mismas que en la mayoría de los casos son imposibles de
obtener pues ¿cómo conseguir un certificado de arresto
arbitrario o de tortura?.
Y, aún con pruebas de
persecución, en casos de represión comprobados por la
comunidad internacional, los trámites para la obtención
de refugio duran en promedio por lo menos 1 año.
Pero,
independientemente del tiempo que tome el trámite, las/os
solicitantes tienen que, además de entregar las pruebas
requeridas, expresarse rápido, claro, por escrito y oralmente,
lo que en el caso de las mujeres, muchas veces iletradas, dificulta
hasta el examen de los casos, pues la mayoría de ellas vienen
huyendo de situaciones traumáticas de violencia armada o de
represión, donde la violación es invariablemente un
componente, cuyas secuelas no son consideradas como argumentos
validos para extender el tiempo de la dotación de pruebas y
menos aún para la atribución de refugio.
En
Francia, por ejemplo, apenas 25% de solicitantes de asilo logran
obtener una cita para explicar su caso ante un funcionario y más
o menos el 90% de casos obtienen respuesta negativa. En 1994 de 2.385
argelinas/os que solicitaron asilo político sólo lo
obtuvieron 18. En términos generales 8 de cada 10 casos son
rechazados.
En la mayoría de países las personas
refugiadas reciben un subsidio insignificante y la prohibición
de trabajar, y aunque en algunos casos, mientras se realizan los
trámites, tienen permisos provisionales de trabajo, la
suspensión de dicho permiso y hasta la deportación
puede llegar en cualquier momento.
El derecho de asilo fue
concebido en los años cincuenta, con ocasión de la
guerra fría, a la atención de los/as disidentes del
este europeo, en 1961 su aplicación se amplió según
la Convención de Ginebra, pero no contempló, y aún
no contempla, las diversas circunstancias provocadas por la
multiplicación de conflictos armados o por las consecuencias
de la guerra de baja intensidad que han provocado el desplazamiento
de millones de personas e incrementado las demandas de refugio y
asilo.
Tampoco contempló la posibilidad de que las
víctimas de los desequilibrios Norte/Sur, que huyen de la
pobreza podrían reclamar el refugio, pero "los pobres se
han autorizado el derecho de acudir al derecho de asilo, porque
sufren de la miseria y no pueden, salvo excepción, pretender
al reconocimiento de esta forma de persecución"6,
pero el momento es desfavorable para ellas/os y el recurso al refugio
ya ni siquiera alcanza para las víctimas de persecución
política o de represión.
Notas:
1 Avenimenti, Roma, 18 de abril 1980.
2 Frederic Larsen, "En Belgique l'extrême droite s'installe dans les coulisses du pouvoir" Le Monde Diplomatique, Paris, fev. 92.
3 Samir Naïr, Le regard des vainqueurs: essai sur l'usage de l'immigration en temps de crise, Grasset, Paris, 1992.
4 Susan George, L'effet boomerang, La Découverte, Paris, 1992.
5 Irene León, "Comercialización y venta de mujeres, SE Mujeres ALAI No. 2, Quito, Septiembre 1994.
6 Jean Pierre Alaux, "Plus d'asile pour ceux qui fuient guerres et miséres" Le Monde diplomatique, Paris, agosto 91.