Por un Milenio Plural y
Diverso
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EE.UU: Un muro entre Norte y Sur
Irene León
Pocos
meses después de la aprobación en el Estado de
California (Estados Unidos) de la Propuesta 187 que priva a los /as
inmigrantes ilegales del acceso a los servicios sociales, la
iniciativa xenofoba va ganando terreno, pues los Estados de Florida,
Texas y Arizona, están tomando las disposiciones para adoptar
procedimientos similares.
Mientras tanto, constreñidas a
la clandestinidad, las personas ilegales enfrentan una disminución
de sus derechos humanos fundamentales por el solo delito de ser
pobres y vivir en condiciones administrativas irregulares.
La
guerra contra los/las ilegales
La nueva asimilación de la
inmigración como delincuencia ha facilitado la militarización
de los servicios de inmigración. Miles de familias de ilegales
viven en un creciente clima de inseguridad; solicitantes de asilo son
concentrados en campos fuertemente vigilados; refugiados/as en la
ilegalidad son expulsados/as a sus países de origen, aún
cuando sus vidas corren peligro.
Para impedir el ingreso de
los/as llamados/as indeseables a los Estados Unidos, el gobierno de
Bill Clinton está empeñado en la construcción de
un muro que cubrirá, de este a oeste, su frontera con México,
ha multiplicado los presupuestos para robustecer la policía de
inmigración; ha creado cárceles para ilegales y ha
invertido en diversos mecanismos, no tan legales, para detectar las
redes de inmigración clandestina.
También ha
desarrollado métodos para eliminar la inmigración
ilegal desde su origen. La obtención de una visa para viajar a
Estados Unidos se ha convertido en una empresa imposible, las
restricciones y las condiciones impuestas son múltiples, y el
trato displicente predomina sobre las consideraciones diplomáticas
y de derecho internacional.
La disuación empieza por
tratar de sospechosas a todas las personas y la más mínima
irregularidad burocrática acarrea el rechazo sin derecho a
apelación. Por eso, quienes tienen la intención de
convertirse en trabajadores/as ilegales ni siquiera llegan a conocer
las embajadas y optan, cada vez más, por recurrir a las redes
clandestinas de inmigración y emprender periplos cuyos
altibajos dejarían cortas a las más dramáticas
películas holiwoodianas.
Delación: deber cívico
A quienes logran entrar, a pesar de todo, se les hace la vida
tan imposible que tarde o temprano contemplarán la posibilidad
de volver a sus países. Las autoridades de policía y
administrativas se encargan activamente de organizar virtuales
cacerías de trabajadores/as clandestinos/as, que involucran
cada vez más abiertamente a miembros de la sociedad civil.
Se
ha erigido a la delación como un deber cívico, el
personal de las compañías de aviación se ha
convertido en una suerte de auxiliar de la policía de
inmigración; los/as trabajadores/as de los servicios públicos
están llamados a verificar, aún sin necesidad, los
documentos y denunciar a la policía toda sospecha de
ilegalidad.
En los centros de trabajo se asiste al resurgimiento
de toda clase de luchas viscerales que se fundamentan,
principalmente, en razones étnicas y xenófobas. El
contexto de criminalización de la inmigración ilegal
permite el incremento de la explotación de los/as
trabajadores/as clandestinos/as, pues los patronos, pretextando el
acecho de la policía de inmigración, mantienen un
estado de miedo permanente, aumentan las horas de trabajo y
disminuyen los salarios.
En California, por ejemplo, el
surgimiento de organizaciones de defensa de los "derechos de los
blancos" tales como Stop-it y FAIR (Federation for American
Immigration Reform), crea una coyuntura social donde el racismo se
manifiesta cada vez más abiertamente. Como justificación,
se habla del peligro de desaparición de la etnia blanca
acosada por la invasión de etnias del Sur. Pero en 1990 la
cantidad de personas nacidas en el extranjero ascendía a unos
7 millones de personas, es decir más o menos una quinta parte
de la población de California, el doble de lo que era en 1980,
pero mucho menos que durante la primera guerra mundial, cuando el 60%
de obreros/as eran extranjeros/as.
Sin embargo, el mismo
gobernador republicano Pete Wilson, se dedicó todo el año
1994 a incentivar la xenofobia de amplios sectores de la población
blanca al establecer una amalgama entre inmigración y crisis,
ilegalidad y delincuencia.
La exacerbación del sentimiento
anti-inmigrante y las propuestas encaminadas a frenar la inmigración
ilegal se han convertido en un producto publicitario omniprescente
para ganar simpatías electorales.
Mas dan que reciben
Muchos políticos culpan directamente a la inmigración
por la existencia de la crisis económica. Pero la relación
entre la inmigración ilegal y la crisis económica está
llena de contradicciones puesto que no solamente los/as inmigrantes
ilegales contribuyen a la economía de ese país
ofreciendo una mano de obra extremadamente barata sino que los
impuestos que pagan son mucho más elevados que los servicios
que reciben.
Así por ejemplo, se estima que las arcas de la
administración federal estadounidense se benefician del aporte
de jubilación y desempleo de unos 4 millones de inmigrantes, a
quienes automáticamente se les deduce de sus salarios
cantidades que oscilan entre los 15.000 y 20.000 dólares
anuales por persona, y no podrán beneficiarse de este derecho
puesto que, en la mayoría de los casos, no tienen padres en
ese país. Este "donativo" constituye una
contribución hecha por los/as inmigrantes para la jubilación
de la creciente población blanca de la tercera edad.
Solo
en Los Angeles los/as trabajadores/as clandestinos/as habrían
aportado con 3 mil millones de dólares en contribuciones
fiscales durante el año 91-92, mayoritariamente encajados por
el presupuesto federal, el cual inversamente ha reducido en un 90% su
programa de ayuda a los/as refugiados/as.
El senador demócrata
de California, Art Torres, estima en 5 mil millones de dólares
el beneficio aportado por los 2 millones de trabajadores inmigrantes
que viven en ese Estado, sin embargo, solo en 1993 una docena de
proyectos de ley, la mayoría inconstitucionales, tales como el
de suprimir las obligaciones patronales de los/as trabajadores/as
clandestinos/as o negar la ciudadanía estadounidense a la
descendencia de inmigrantes clandestinos/as nacida de ese país,
fueron presentados en el parlamento del Estado.
Poco a poco, se
restringen derechos como el de la unificación familiar y se
limita el acceso a los servicios básicos (educación,
salud, etc.). Para paliar esas carencias los/as inmigrantes ilegales
se ven en la obligación de desarrollar redes informales hasta
para poder retirar una carta certificada.
La xenofobia se
mundializa
Existe un estrecho vínculo entre la
consolidación de la mundialización neoliberal de la
economía y la polarización de las desigualdades y los
procesos de exclusión social. En América Latina y el
Caribe la mayoría de personas son afectadas por el incremento
del desempleo, el empobrecimiento, la atomización social, las
crisis urbanas y rurales, y el agotamiento de las estrategias de
supervivencia en sus propios contextos, por lo que se ven obligadas a
desplazarse hacia los países más prósperos,
principalmente del Norte.
Pero, mientras la mundialización
neoliberal impone la libre circulación de bienes, al mismo
tiempo restringe la libre circulación de personas y de mano de
obra, sobre todo cuando éstas son pobres y/o de etnias
discriminadas.
Asimismo, en Norteamérica y Europa, las
ideologías fundadas en principios de igualdad y las
perspectivas internacionalistas han perdido credibilidad e inclusive
están en vías de desaparición; ello facilita el
surgimiento de organizaciones que, justificándose en la
persistencia de la crisis económica, promueven la xenofobia y
el racismo.
Frente a esta situación de proporciones
inéditas, el atrincheramiento en el pasado y la reivindicación
de particularismos han vuelto a la moda. La cultura, la etnia y la
religión están en vías de convertirse en
pretextos para desatar impunemente ajustes de cuentas históricos.
Los "peligros" del melting pot
Entre los
años 60 y 80 la afirmación de las reivindicaciones
étnicas, culturales y de identidad generaron mejoras para las
etnias discriminadas, las minorías e inmigrantes. En el caso
de los Estados Unidos se llegó a integrar "la mezcla de
culturas" (melting pot) y una cierta mentalidad cosmopolita como
un principio de la identidad colectiva.
Sin embargo, en la
práctica, el multiculturalismo estadounidense se ha
caracterizado por ser una suma de culturas replegadas en sí
mismas, una yuxtaposición de diversas identidades con un
fuerte referente en la cultura de origen, pues se concibió el
multiculturalismo como una "tolerancia" relativa, mientras
los valores dominantes siempre fueron considerados como superiores a
los de cualquier recién llegado/a y por lo tanto universales.
La visión multicultural ha venido palideciendo con los
años, el peligro de los ghettos culturales es cada vez más
señalado y el bio o multilingüismo son presentados como
peligrosos. La cultura racista avanza mientras se afirman los
mecanismos de desigualdad social y exclusión.
La
multiculturalidad latinoamericana
El enfoque unificador
"hispánico", generado por la creación de una
suerte de frente común contra la Propuesta 187, es inédito
y, probablemente se constituirá en un espacio colectivo
innovador, pues no solamente ha surgido en respuesta a una realidad
nueva, los desplazamientos masivos de poblaciones del Sur hacia el
Norte, sino que tiene el desafío de formular propuestas de
formas de organización social, cosmopolitas y heterogéneas.
La cultura latinoamericana, en Norteamérica es una suma de
diversidades, donde se expresan múltiples orígenes
étnicos y nacionales, diversas prácticas religiosas y
cosmovisiones, y relaciones socioeconómicas desiguales. Los
esfuerzos de adaptación individual y colectiva a la cultura
dominante estadounidense son complejos y la adhesión a ésta
tiene modelos múltiples que tienen que ver con una diversidad
de valores y referentes culturales de origen, que se mantienen de
generación en generación.
Los modelos de inserción
y de integración "hispánica" en Estados
Unidos se fundamentan, en buena parte, en la irreversabilidad de la
inmigración teñidos de la afirmación lingüística
y cultural, la consolidación de ciertas bases comunitarias y
la promoción del derecho a la diversidad.
Sin duda, el
estrecho vínculo entre la agravación de las
desigualdades y exclusiones acarreadas por el neoliberalismo
ideológico y la afirmación de las reivindicaciones de
identidad, abre un campo de debate político y de reformulación
de conceptos tales como la asimilación, la inserción y
la integración, a la luz de una realidad nueva como es la
migración masiva de poblaciones del Sur hacia el Norte, en un
contexto de polarizaciones diversas.