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VIII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe Feminismos Plurales |
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- Criterios -
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Fuerza en la diversidad - Nora Castañeda (Venezuela) Barreras derribadas - Francisca Rodríguez (Chile) Desmoronar los mitos: un reto para los feminismos - Vilma Espín (Cuba) Una brújula, por favor - Lucy Garrido (Uruguay) Comunicar, comunicándonos - Xiomara Blanco (Cuba) Trascender espacios alternativos - Sara Lovera (México) Utopías virtuales en los escenarios - Ana Irma Rivera-Lassen (Puerto Rico) Recuperar la propuesta - Gloria Careaga Pérez (México) Pasar a sujetos transformadores - Alejandra Sardá (Argentina) ¿Los simbolismos de la muerte? - Ivone Gebara (Brasil) Derechos sexuales: desafío individual - Magdalena León T. (Ecuador) Los feminismos frente a la violencia - Nelcia Robinson (San Vicente y Granadinas) Articulaciones múltiples - Silvia Solórzano Foppa (Guatemala) Estrategias de unión - Lusitania Martínez (República Dominicana)
Nora Castañeda Venezuela
La experiencia venezolana, de muchos años, muestra un esfuerzo sostenido, por parte de las diferentes expresiones del feminismo, por lograr una articulación con el movimiento amplio de mujeres (gubernamental, no-gubernamental, popular, sindical, académico, gremial, campesino, cooperativista, de partidos, etc.). Así, dado el repunte de los sectores conservadores, en cuanto a nuestros derechos sexuales y reproductivos y nuestro derecho a una vida digna en todas sus dimensiones, incluida la económica, hacia futuro esta unidad en la diversidad se presenta como una de nuestras principales fortalezas.
De allí la necesidad de superar todos los escollos que sea posible superar, en tanto ello no se convierta en un obstáculo para el avance de las mujeres en su conjunto y sobre todo de aquellas que forman parte del 80% de la población en situación de pobreza.
Para nosotras es claro que nos necesitamos unas a otras. Esto quedó demostrado recientemente. Juntas impedimos que el Consejo Nacional de la Mujer (CONAMU) fuera eliminado, al no comprenderse la importancia de este mecanismo gubernamental. Juntas estamos participando, utilizando diversas estrategias, en la elaboración de nuestras propuestas, su debate público y el cabildeo necesario, de cara al Proceso Constituyente.
Nada indica que, en Venezuela, esto conduzca a un proceso de absorción. Por el contrario y no sin contradicciones, ha fomentado, en muchas de nosotras, la capacidad de diálogo y una mayor madurez para la acción política transformadora, respetando las diferencias.
Nora Castañeda, Economista. Coordinadora de la Coalición Política Andina de Mujeres.
Francisca Rodríguez Chile
Durante las últimas décadas el feminismo logra al interior de los movimientos populares derribar las barreras que lo situaban al otro extremo, como un movimiento, una ideología perversa, atentatoria contra las luchas populares.
Su compromiso y su inserción en la lucha liberadora de los pueblos, acerca el feminismo a los sectores populares, generando una nueva cultura de mujer que sin duda es uno de los aportes más importantes de este fin de siglo.
Sin embargo las diferentes vertientes que se han ido expresando dentro del movimiento, que no siempre están claras para el conjunto de las mujeres, nuevamente producen distanciamiento y hasta una cierta desconfianza dentro de los movimientos populares, éstas también tienen un efecto y consecuencia en la desarticulación en el movimiento de mujeres, ya que no podemos hablar de movimientos de mujeres sin las feministas.
Es una de las grandes necesidades y desafíos para la construcción de movimientos de mujeres que las militantes feministas acerquen y flexibilicen posiciones frente a un accionar con objetivos comunes, entendiendo que hay una situación nueva sobre la cual hay que trabajar. Somos muchas más las mujeres que nos asumimos como feministas que las que militan en el movimiento. Las mujeres generamos nuestros espacios propios en función de acortar las distancias ante las desigualdades e iniquidades, y para incidir con mayor conocimiento-propiedad en los cambios que deben producirse en la sociedad en general y entre nuestros pares.
Francisca Rodríguez, Miembra de la Comisión de Mujeres de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo.
Desmoronar los mitos: un reto para los feminismos Vilma Espín Cuba
Sin duda hay que calificar al siglo XX como el del protagonismo social de las mujeres. Así aconteció también en nuestro país. Justamente el 1ro de enero de 1959, en su primera alocución al pueblo de Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro afirmó: "...y la mujer es un sector de nuestro país que necesita también ser redimido, porque es víctima de la discriminación en el trabajo y en otros aspectos de la vida".
Ese mismo año, en diferentes oportunidades, precisó sus conceptos teórico-políticos respecto a la condición y situación de las cubanas enfocando su análisis más allá de la explotación de clases, para incorporar los componentes sexo, raza, basado en su criterio de que conforman tres sistemas de opresión que se articulan e interactúan para ubicar a las mujeres en franca desventaja respecto a los hombres dentro de las relaciones de producción-reproducción de aquel capitalismo periférico, subdesarrollado.
Un hecho singular, que posiblemente no se repita en la historia, fue la decisión de miles de mujeres de muy diversos sectores en los primeros meses de 1959, de unirse en una sola organización, no para pedir nada ni plantear reivindicaciones, sino para, en palabras de ellas: "hacer Revolución".
A partir de estas premisas nuestras políticas públicas promovieron la creación de las condiciones para asegurar el ejercicio de todos los derechos de las cubanas; y al mismo tiempo se inició una masiva labor cultural, educacional, ideológica, política, que la organización creada por las propias mujeres precisó y utilizó desde el principio para propiciar la toma de conciencia acerca de sus derechos, potencialidades y capacidades. Este resulta un proceso insoslayable, inviolable para desmoronar todos los mitos, incluidos los que todavía constituyen un reto para los feminismos, llámense socialistas, o académicos, o populares, o radicales, o como quieran calificarlos.
En Cuba la Revolución hizo posible que desde sus inicios se establecieran como un objetivo inmediato las premisas que hoy se plantean los feminismos; y arremetimos contra los estereotipos sexistas. Así avanzamos y así seguimos impulsando transformaciones revolucionarias en el seno de la familia y en diversos espacios de la sociedad, haciendo vigente el concepto de género con el fin de eliminar los últimos obstáculos que puedan entorpecer la plena promoción de la mujer en proporciones que demuestren la equidad en todos los ámbitos y niveles de la sociedad.
Vilma Espín, Miembra del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas desde su fundación en l960.
Lucy Garrido Uruguay
Después de la Conferencia de Beijing, el tema de la comunicación apareció con más fuerza en las discusiones feministas y empezó a ser claro para el movimiento que ya no puede ser tomada como algo instrumental.
Más que nunca, la comunicación es estratégica y no se puede responder a la globalización con acciones globales, sin fijarse como uno de los objetivos políticos más importantes el incidir en una de las herramientas principales sobre las que la mentada globalización descansa: Internet.
La globalización, con todo lo malo y lo bueno que conlleva, no sería posible sin ella y su crecimiento avasallador.
Por tomar sólo dos casos: en Uruguay de 1.823 "host"1 que había en 1997, se llegó a 16.823 en este 99; en México hace dos años había 9.764 pero en este año ya son 120.967 los host. En el mes de enero, el número total de hosts en Internet fue de 43.230.0002.
Este crecimiento, si bien puede parecer democratizador, al no estar acompañado de una mejoría sustancial en las condiciones de vida de la gente está llevando a que, como dice Nicholas Negroponte, en poco tiempo se trate de "Ser digital o no ser", pero además, como el 71% de los web están en inglés y sólo el 2% en castellano, a que se hable en inglés o no se hable, o no se opine, o no se incida. Por otro lado, las fuentes de información son inagotables, los "buscadores" más usados de Internet no la priorizan (más que cuando hay intereses comerciales o publicitarios) y navegar encontrando la información adecuada es cada vez más difícil.
Parece claro que el único camino posible desde el Sur es ir creando redes alternativas que sirvan como brújulas hacia los temas y las fuentes que prioricemos. Las feministas latinoamericanas deberíamos ser capaces de centralizar (aunque no esté de moda la palabra) las miles de informaciones, debates y directorios que tenemos dispersos y desperdigados. Se trata de guiar a buen puerto a tantos y tantas navegantes. O de ser responsables, por omisión, de su naufragio. Y del nuestro.
-------------- 1 Cualquier equipo conectado a Internet. 2 Datos tomados de "Internet al Sur" de Esteban Valenti.
Lucy Garrido, Periodista. Miembra de la revista Cotidiano Mujer"
Xiomara Blanco Cuba
Abundan los pronósticos que anticipan al próximo siglo como de eclosión de los liderazgos femeninos. No es difícil pensar entonces que podrán las mujeres tener mayor y mejor opción de acceso a los medios y recursos comunicacionales. Pero, ¿será esto cierto? ¿Será posible que estén los medios mayoritariamente en manos de mujeres y que conquistemos en ellos y por ellos la posibilidad de ayudar a que una mayoría de nuestras congéneres (ésas que, quizás, todavía ni saben leer pero cuya riqueza interior habla desde sus honduras con voces superiores) el lugar social, cultural y económico a que tienen derecho?
¿Ganaremos la batalla a la reacción y al Opus Dei para que no sean otros quienes dispongan de nuestros cuerpos y sexualidad, y se acepte universalmente que la única y más importante función de ellas no sólo es ser reproductoras de vida y de bienes de consumo, sino conseguir esto que ha dado en llamarse ahora empowerment, y que el feminismo nominó hace mucho tiempo: autonomía? ¿Podremos, con posiciones ayudadas a cuajar desde la comunicación, como derecho y como necesidad, que se imponga la verdadera equidad de género?
Mi respuesta es afirmativa y se consumará en las dos próximas décadas. Pero me pregunto si están las mujeres que pertenecen a los medios masivos de comunicación, preparadas para cumplir esa función "ampliamente". Creo que es urgente que estas profesionales se capaciten, actualicen y preparen, porque no me caben dudas que son ellas las llamadas a hacer que germinen los enfoques de un futuro signado por novedosas formas y expresiones de la comunicación. Si una tarea prioritaria tienen los movimientos feministas, a mi modo de ver, ésta es de las más importantes.
Xiomara Blanco, Directora de televisión. Escritora. Miembra del ejecutivo de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)
Trascender espacios alternativos Sara Lovera México
Para las mujeres, hoy 33 % de la fuerza laboral y productiva del mundo, rescatar su derecho a la voz y a la opinión es algo fundamental. La libre expresión y circulación de las ideas es un derecho humano básico. No podríamos influir en los cambios del siglo XXI si no alcanzamos voz, en todos los medios y por todos los medios.
La libre expresión incluye en ésta época la necesaria visibilización de la problemática femenina, de las acciones, haceres y propuestas desde las mujeres. Esto es: ocupar profesional y vitalmente los medios de comunicación de masas, cuyos instrumentos tecnológicos abarcan hoy un abanico de posibilidades; capacitarse en el uso de las tecnologías; obtener herramientas para la eficacia competitiva en el mundo globalizado desde una perspectiva profesional; y construir estrategias asertivas: esa es la tarea.
Ello implica un quehacer múltiple como múltiples son las rutas de la comunicación. Recuperar la pluralidad desde y dentro de los medios de comunicación de masas, privados, nacionales e internacionales para hacernos oír y trascender los así llamados espacios alternativos es el gran reto del siglo XXI. Esto significa que, tomando en cuenta que las mujeres en los medios de comunicación, como trabajadoras, creadoras o responsables somos una realidad mundial, el movimiento feminista, sus actoras, estamos obligadas a tender puentes, hacer alianzas y crear nuevas formas de organización e intercambio.
Las redes; la capacitación en género a mujeres y hombres de los medios; la creación de medios competitivos, y espacios dentro de los grandes consorcios, son estrategias que deben ampliarse y desarrollarse.
Es necesario tomar en cuenta que las propuestas del movimiento feminista han rebasado fronteras y áreas de poder. Una acción consecuente desde las comunicadoras, nos permitirá, temprano en el siglo XXI, hacer realidad que nuestras voces lleguen a todas las personas, invadan todos los espacios y compitan profesionalmente con todos los medios. No creo en medios exclusivos, ni en la discriminación o descalificación puesto que existen audiencias segmentadas y grupos de intereses; en todo el orbe, en todos los idiomas y para todas las formas de apropiación.
Un grave error del movimiento es lo que se ha dado en llamar el ghetto, en un sentido, o el lenguaje críptico en otro. En materia de contenido la riqueza de la realidad que hoy viven millones de mujeres nos ofrece la materia prima para incluirnos denodadamente en y por todos los medios. No es suficiente crear los propios, hacer lobby con los dueños o capacitar a sus trabajadoras y trabajadores. Debe crearse un proceso dialéctico de producción continua y de profesionalismo ascendente. Ello nos permitirá, repito, expandir nuestras voces.
Sara Lovera, Periodista. Directora General de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC). Fundadora de Doble Jornada.
Utopías virtuales en los escenarios Ana Irma Rivera-Lassen Puerto Rico
Las mujeres en muchas partes del mundo comenzaron el siglo luchando por ser reconocidas como personas con derechos. Ahora avanzamos hacia un nuevo siglo luchando porque esos derechos se reconozcan como parte de los derechos de la humanidad, y que todos los derechos se vean desde la perspectiva de género. Creo que eso es una de los nudos de la lucha por los derechos de las mujeres. No se trata de semántica sino de un cambio epistemológico profundo en el acercamiento a lo que entendemos por derechos humanos.
Los temas de derechos humanos con perspectiva de género tendrán que enfatizar en asuntos como el ambiente, el desarrollo sustentable, la orientación sexual y los derechos reproductivos, con una mirada que integre la pluralidad y diversidad de los contenidos de género.
Pero el futuro nos convoca a hacer nuestro también el espacio de las comunicaciones como vehículo y como foro de esos cambios que esperamos. La manera en que aprendemos, nos comunicamos y viajamos ha cambiado drásticamente. El derecho a tener acceso a las nuevas tecnologías de comunicación tiene que estar contemplado en el inventario actual y futuro de las feministas. Las posibilidades de acciones conjuntas, nacionales e internacionales se amplían con el uso de las nuevas tecnologías. Igualmente ése es posiblemente el espacio desde el que se proyectarán nuestros nuevos escenarios de lucha.
El sentido de lo inmediato cambia tan rápido como la velocidad en que en otro país reciben un mensaje electrónico que enviamos o en la televisión nos enteramos de los desastres climatológicos. Ese sentido se nos trastoca también ante la realidad de que existen muchos espacios distintos de derechos para las mujeres en el mundo coexistiendo en este fin de siglo.
Sabemos que en alguna parte, o en nuestro país, a las mujeres por ser mujeres se les violenta su cuerpo, ya sea por una violación, por violencia doméstica o por una mutilación genital. Sabemos que alguna mujer o niña no puede salir de su casa, o educarse sólo por ser mujer. Sabemos que alguna mujer o niña es explotada sexualmente. Y esa realidad nos coloca más cerca de las mujeres de comienzos del siglo de lo que quisiéramos reconocer.
Espero que la próxima centuria nos convoque a comunicarnos desde las viejas formas y desde todas las posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías, para poder avanzar hacia nuevas utopías. Algunas puede que aun sean virtuales.
Ana Irma Rivera-Lassen, Abogada. Catedrática de la Interamerican University de Puerto Rico
Gloria Careaga Pérez México
Es un hecho sin discusión que los feminismos de hoy están permeados tanto de fortalezas como de debilidades, y que todavía queda mucho por andar. Entre los logros más importantes del feminismo actual, revelador, por demás, de la trascendencia de sus conquistas, está el reconocimiento internacional que todos los sectores han hecho a la teoría feminista para una mejor comprensión del sistema jerárquico de relaciones sociales. Considero que este reconocimiento le da carácter de problema social a la iniquidad entre los géneros.
Sin embargo, creo que este logro no ha servido al movimiento en particular, ni hemos sabido darle continuidad, lo que ha provocado que el tema de género y de las mujeres se convierta en una moda, en un instrumento político.
En esta lógica, no sé cuáles serán las reivindicaciones que se van a levantar una vez que nos planteemos nuevas dimensiones para nuestras luchas futuras, pero sí estoy clara en que es necesario reflexionar sobre nuestro quehacer y nuestras posibilidades para retomar el rumbo y recuperar la propuesta feminista en toda su amplitud.
Gloria Careaga Pérez, Académica. Encargada del Programa Universitario de Estudios de Género. Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Pasar a sujetos transformadores Alejandra Sardá Argentina
Construir feminismos englobantes que promuevan cambios estructurales se constituye en una urgencia si queremos erradicar las diversas formas de discriminación. Si trazáramos ejes para ir en esa dirección el primero podría ser el cambio de posición de víctimas a agentes; de sujetos sufrientes a sujetos transformadores.
Me parece que resultaría necesario, como segundo eje, sostener la tensión entre la multiplicidad de identidades que nos atraviesan a las mujeres, renunciando a buscar una "esencial" o predominante a través de la cual nos leamos a nosotras mismas y leamos a las otras. Esto llevaría, en el largo plazo, al abandono de las políticas basadas en la identidad y a su sustitución por políticas basadas en los principios, que favorecen lecturas estructurales (antes que sectoriales y coyunturales) de la realidad y un arco de alianzas más amplio.
Los caminos para alcanzar esos propósitos pueden ser muchos pero pienso que avanzaríamos:
a. Reforzando y ampliando la política de alianzas; involucrándonos en forma activa -y visiblemente como feministas, así como desde nuestras otras identidades- en todos los movimientos sociales que buscan una transformación estructural de las sociedades en que vivimos.
b. Profundizando y actualizando nuestro bagaje teórico, permitiéndonos problematizar conceptos fundantes como el de "género" y dialogar con otras perspectivas analíticas y creativas.
c. Privilegiando la formulación de políticas propositivas, que ayuden a gestar la actitud de agencia enunciada al principio, en el primer eje.
Alejandra Sardá, Psicóloga. Secretaria de Mujeres de la Asociación Internacional de Lesbianas y Gays (ILGA)
¿Los simbolismos de la muerte? Ivone Gebara Brasil
La cuestión de lo simbólico en el movimiento feminista me parece sumamente compleja, porque hay que preguntarse por los alcances de este modo de ver lo cultural y de a quiénes se involucra en esa perspectiva.
Soy feminista pero me gustaría, por un momento, hablar mejor desde el movimiento de mujeres y después como feminista, porque pienso que en América Latina el movimiento de mujeres es más amplio de esto que llamamos feminismo. Tengo el temor de que los feminismos estén hoy aprisionados por visiones teóricas limitantes de su acción y viciados por un exceso de clasificaciones consideradas científicas.
Cuando hablo del movimiento de mujeres estoy hablando de un fenómeno social y cultural que marca de modo muy particular la historia de esta segunda mitad del siglo. Estoy refiriéndome a grupos de mujeres que, conscientes de su dignidad, se han organizado reivindicando derechos, exigiendo cambios económicos y luchando contra la pobreza. Estoy aludiendo a las mujeres que en América Latina y en diversas partes del mundo se han levantado contra la violencia doméstica y social y para que el estupro sea considerado crimen y crimen de guerra. Estoy hablando también de las mujeres que se organizan por sus derechos ciudadanos tanto en las zonas rurales como en las ciudades, en los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones populares. A veces para cosas simples como son las meriendas escolares o las cocinas colectivas; las farmacias comunitarias o la medicina alternativa.
Estoy hablando, en fin, de la resistencia de millares de mujeres que están viviendo en situación de guerra y procediendo de mil y una maneras para combatir la muerte. ¿Estarían ellas actuando a nivel simbólico? ¿qué significan sus acciones?
Pienso que no se puede separar ni delimitar lo simbólico cultural de lo político estructural. Los análisis tradicionales han hecho una separación entre la actuación en la cultura y la actuación en la estructura, distinción que se parece a aquella que distingue "naturaleza" de "cultura" y les deja la primera a los hombres y la segunda a las mujeres. Pienso que estamos en el momento de pensar a partir de referentes que evidencian la interconexión e interdependencia de todos los factores y, por tanto, de todos los frentes de lucha.
Los feminismos y sus elaboraciones teóricas deben fusionarse con los movimientos populares de mujeres, basándose en actuaciones a partir de valores capaces, de hecho, de provocar el nacimiento de relaciones diferentes entre los diferentes grupos humanos. Y esto ya está comenzando a producirse.
Ivone Gebara, Teóloga. Líder de las propuestas de las mujeres en la iglesia.
Derechos sexuales: desafío individual Magdalena León T. Ecuador
Recién al concluir el siglo se ha logrado en la región una apertura a las visiones de diversidad y autodeterminación. Así también, solo hace poco los derechos sexuales y reproductivos han sido explicitados y aceptados por la comunidad internacional lo que constituye una esforzada conquista del pensamiento y la acción feministas, entre cuyas tempranas certezas estuvo el reconocimiento de que los poderes que se articulan y ejercen en torno a la sexualidad tienen connotaciones en todos los órdenes de la vida, y deben ser transformados.
Quizás el desafío central en el nuevo siglo, tanto para las feministas como para todas las mujeres, sea apropiarnos de esos derechos y ejercerlos, lo cual sólo será posible en el marco de una profunda transformación cultural. Es preciso cambiar un orden en el que predominan normas e imaginarios sexistas, fálicos, homofóbicos, machistas, maternalistas, que naturalizan distintas manifestaciones de violencia directa y violencia simbólica. Para crear un nuevo entorno hay que vencer todavía arraigadas resistencias - propias y ajenas- a considerar estos asuntos como prioritarios e inseparables de los derechos económicos y sociales.
Es también un desafío a nivel individual, en el plano de nuestras trayectorias vitales, donde debemos confrontar lo que decimos, queremos y sentimos, con experiencias que, en más o en menos, están impregnadas de una realidad que soñamos cambiar.
Magdalena León T., Economista e investigadora feminista.
Los feminismos frente a la violencia Nelcia Robinson San Vicente y Granadinas
El movimiento feminista ha respondido a los reclamos de acuerdo con las condiciones prevalecientes en contextos de creciente reconocimiento de sí mismas, y analizado la opresión de las mujeres, su relación con otras formas de sojuzgamiento en la sociedad mientras trabajan por transformaciones a escala social.
El movimiento feminista también ha denunciado las iniquidades en la sociedad que se expresan en muy variadas manifestaciones de violencia. Pero entre los éxitos mayores ha estado el de conseguir que la violencia doméstica sea considerada un crimen, lo cual se constituye en el paso más importante dado por las mujeres para su autonomía y empoderamiento.
Ningún otro asunto en materia de género ha concitado más acciones de los gobiernos y de las organizaciones no gubernamentales en el Caribe como la violencia contra la mujer. De hecho, la violencia contra la mujer ha sido identificada y reconocida como un área prioritaria para la acción en todos los países caribeños en el período posterior a la Conferencia de Beijing.
El primer país que en la subregión incluyó la violencia contra la mujer en la agenda legislativa fue Puerto Rico donde, en l989, la violencia doméstica fue objeto de una ley. En el resto de las naciones, durante esta década ha habido iniciativas gubernamentales encausadas a extender la legislación disponible a las mujeres en situaciones de violencia doméstica, desarrollando , al mismo tiempo, programas para mejorar la comprensión pública acerca del problema.
En tanto que las prescripciones legales son una precondición necesaria para erradicar la violencia contra las mujeres, ello no es una respuesta suficiente en materia de política. En todo el Caribe el énfasis se ha puesto en producir programas de entrenamiento para la policía y el establecimiento de esquemas de sensibilización del personal policiaco y de los funcionarios judiciales.
A pesar de ello, mientras que las acciones de los gobiernos y las ONGs frente a la violencia de género han alcanzado niveles inéditos, la incidencia de la violencia contra las mujeres parece estar en aumento.
Al feminismo esto impone otro desafío porque son las estructuras masculinas dominantes las que están presentes en el fenómeno y ellas no cederán su poder fácilmente.
Nelcia Robinson, Coordinadora de la Asociación Caribeña para la Acción e Investigación Feministas (CAFRA)
Silvia Solórzano Foppa Guatemala
Vivimos en un período en donde los procesos de globalización profundizan la situación de pobreza de grandes mayorías en nuestros pueblos, y con mayor brutalidad en el caso de las mujeres.
Las mujeres revolucionarias guatemaltecas hemos luchado durante varias décadas para lograr transformaciones estructurales que modificaran la injusta distribución de la riqueza. No lo hemos logrado a pesar de haber utilizado todas las formas de lucha. Llegamos al año 2000 con la decisión de continuar; hay que trabajar, contribuir e intercambiar propuestas y experiencias con las y los luchadores de otras partes, para poder avanzar en la definición de estrategias que frenen el arrollador proceso globalizador; propuestas que humanicen los procesos de integración regional de manera que haya beneficios para los sectores más afectados, entre éstos las mujeres.
Estamos conscientes de que el factor económico determina todos los aspectos de la vida de las mujeres. Sin embargo, ante la imposibilidad de resolverlo definitivamente, vamos avanzando en políticas sociales hacia el ejercicio pleno de los derechos, de la participación ciudadana. Considero que esas son herramientas que las mujeres utilizaremos para la conquista de nuestros derechos económicos.
Pienso que una urgencia y uno de los primeros objetivos es visibilizar dentro de los diferentes sectores de la población las luchas, las acciones, los logros, etc., de las mujeres. Un camino es el de utilizar la amplia diversidad de medios de comunicación, desde los más tradicionales y de repercusión local, hasta la nueva tecnología que permite la comunicación y realización de conferencias internacionales.
Apenas estamos apropiándonos de algunos espacios; no aprovechamos suficientemente los existentes y tenemos grandes limitaciones para acceder a muchos de ellos. Considero que entre las feministas no hay suficiente conciencia y valoración del aprovechamiento de estos recursos. De manera autocrítica debo reconocerlo. Siendo Guatemala un país multilingüe, con grandes sectores de población femenina analfabeta, debo lamentar que no utilicemos más la radio.
En el presente globalizado las articulaciones son múltiples y la problemática económica es también una problemática comunicacional.
Silvia Solórzano Foppa, Miembra de la Comisión de Asuntos Políticos de la Mujer de la Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca (UNRG)
Lusitania Martínez República Dominicana
El VIII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe puede ser la oportunidad de, una vez más, visibilizar nuestras diferencias y encontrar las formas de solucionar esas divergencias. Si esto ocurre de manera organizada, y yo creo que sí, ese será un balance muy positivo.
Llevamos mucho tiempo discutiendo qué movimientos de mujeres queremos. Y aunque hay algunas cansadas, ese tiempo no ha sido en vano porque ha aclarado los nudos principales La entrada del 2000 nos está empujando a buscar la estrategia para unirnos a las autónomas, a las institucionales de Ongs, y a las que consideran lo mejor trabajar por las mujeres desde el Estado.
Creo que volverán a aflorar las posiciones que en Chile produjeron antagonismos; y opino que es bueno que afloren porque son contradicciones básicas para el feminismo actual. En lo que nos ponemos de acuerdo las cosas se van esclareciendo y el movimiento va creciendo. Con toda franqueza debo decir que la polarización entre autónomas e institucionales me parece un disparate .
Hay quienes piensan que las mujeres de las Ongs, acorraladas por el trabajo con proyectos, no laboran políticamente a favor de las mujeres. Yo pienso, sin embargo, que el trabajo de género debe aprovechar todas las posibilidades. Quienes consideran, como lo hacen las autónomas, que no actúan como feministas las que empujan las demandas de género desde el Estado (y obsérvese que no digo el gobierno) porque son trabajos cooptados por el poder, se colocan en una posición, creo, improductiva. El objetivo del relacionamiento con el Estado -a mi modo de ver- es otro.
A veces yo me pregunto si soy expresión de las institucionales . Lo cierto es que considero y respeto a las que trabajan en las ONGs cuando aportan sus experiencias de capacitación, investigación y servicios a los sectores del Estado. Esa imbricación nos permitió conseguir la creación de una Secretaría de Estado de la Mujer en República Dominicana, un mecanismo institucional necesario si se quieren definir políticas públicas. Si no nos relacionamos con ellos el trabajo de género va a ser infinito como el de Penélope. Nunca vamos a conseguir conquistas importantes sin ese relacionamiento que, sí , tiene sus riesgos.
Sin eso - al menos en este país - no habría habido una ley contra la violencia intrafamiliar; ni para la protección de los niños, niñas y adolescentes; ni de derechos para ellas en la reforma agraria; ni de cuotas a cargos electivos. Tenemos, creo yo, que relacionarnos con las mujeres políticas para hacer avanzar las estrategias que nos interesan, que ellas las comprendan y las impulsen. Coincido en que es necesario institucionalizar el género, y librarnos de prejuicios. Lo importante es definir qué queremos desde la sociedad civil. Y, sin dejarnos cooptar, que trabajemos para el Estado en las cuestiones de género. Porque una cosa es empujar los intereses del gobierno y otra empujar los intereses de género dentro del Estado.
Me parece que las feministas y , sobre todo, sus teóricas, tenemos que pensar en las mujeres populares, en la voluntad de ellas para defender su propio empoderamiento y autonomía; y en la urgencia de acortar distancias. Las mujeres de los sectores populares exigen mucha claridad. Sus demandas son otras y hace falta renovar las metodologías de educación popular porque hay nuevos temas que ellas deben conocer. Ellas les están demandando a las feministas que tienen en sus manos el saber y la teoría que les hablemos en un lenguaje que ellas entiendan. Con estas experiencias deberíamos tratar de unificar a estos sectores de las que poseen la teoría con las que están en las bases .
Este Encuentro, creo yo, debe contribuir a eso y a promover los liderazgos políticos futuros de las mujeres, aunque sin ignorar que el movimiento feminista latinoamericano vive un reflujo a pesar de que somos un poder emergente. Pero hemos sido entrenadas durante muchos años en los movimientos barriales y comunitarios. Y creo que sí, que del Encuentro podría salir una estrategia que impulse los liderazgos políticos de las mujeres de cara al 2000.
Lusitania Martínez, Presidenta de la Coordinadora de ONGs del Area de la Mujer .
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