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“Conversaciones entre Gobierno y ELN: se vislumbra cese bilateral del fuego y hostilidades”

17/07/2017
Opinión
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Diálogos de paz en Quito, Ecuador.
Foto: MREME
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La política de conversaciones con grupos insurgentes del actual Gobierno se ha basado en la lógica de ‘dialogar en medio de la confrontación’, y eso tiene sus ventajas pero también sus peros. Se vuelve la operatividad militar de ambos lados una forma de presionar la Mesa de Conversaciones y allí el Gobierno esperaba poner en marcha, a su favor, la ventaja militar estratégica, pero en las guerras irregulares esto no siempre opera de esta manera; adicionalmente y con cierta razón, los Gobiernos sospechan que un cese bilateral mal diseñado es una posibilidad para que el grupo insurgente se fortalezca. Una gran desventaja es que como siguen produciéndose hechos de violencia la ciudadanía tiende a ver con desconfianza las conversaciones y en esa medida no hay el apoyo político deseado.

 

Estas dos situaciones han estado presentes en las conversaciones entre Gobierno y ELN que se desarrollan en Quito (Ecuador). Adicionalmente, como sobre esta Mesa de Diálogo influye el imaginario del proceso concluido, en su fase de negociación y firma de los Acuerdos, con las FARC-EP, hay la sensación que esta Mesa de Conversaciones lleva mucho tiempo y que debe terminar muy pronto, olvidando que este tipo de procesos conlleva sus propias temporalidades.

 

Pero se ha producido un catalizador que esperamos ayude de manera muy positiva a que las cosas den un salto adelante y es la visita a Colombia, el próximo mes de septiembre, del Papa Francisco, quien ha sido un animador de las conversaciones de paz y en el caso del ELN, sin duda tiene una gran influencia. Hay que recordar el peso en el imaginario político del ELN de la figura e influencia del sacerdote Camilo Torres Restrepo y su posterior impacto en la iglesia católica, primero con la creación del Grupo de Golconda, conformado por sacerdotes, entre los que se encontraban españoles como Manuel Pérez -quien fue luego su máximo comandante-, Domingo Lain y una treintena de sacerdotes más -muchos de los cuales se vincularon al ELN posteriormente-, liderados por el en ese entonces obispo de Buenaventura, Gerardo Valencia Cano -quien desafortunadamente pereció en un accidente aéreo-; posteriormente en las denominadas comunidades eclesiales de base o el catolicismo popular. Entonces, la vena de influencia católica al interior del ELN sigue siendo relevante y eso explica lo importante que es para ellos la voz del máximo jerarca de la iglesia católica.

 

Ahora bien, entonces el tema de llegar a un cese bilateral del fuego y de las hostilidades es algo que el ELN ha venido planteando y más bien es el Gobierno quien no estaba muy convencido de la utilidad y oportunidad de la medida. Fue la carta pública de los jerarcas de la iglesia colombiana, dirigida al Presidente Santos y al comandante del ELN Nicolás Rodríguez Bautista, Gabino, solicitándoles acordar un cese bilateral del fuego y de los hechos de violencia, lo que desencadenó la dinámica en que se encuentra la Mesa de Conversaciones de Quito, de buscar fórmulas en ese sentido, una vez las dos partes dieron respuesta positiva.

 

Entonces, ya existe la decisión política, falta llegar a las fórmulas y mecanismos que lo hagan viable y en lo posible irreversible y definitivo -no es muy atractivo un cese bilateral por unas semanas y retornar a los hechos de violencia-. Adicionalmente, porque la posibilidad de que exista una amplia participación social en los territorios, cómo está previsto en el punto uno de la agenda, solo es viable si existe un serio y creíble cese del fuego -terminación de los enfrentamientos entre las fuerzas militares enfrentadas en ambos bandos- y de las hostilidades -terminar todos aquellos hechos de violencia que afectan a la sociedad como extorsiones, secuestros, voladuras de oleoductos o infraestructura energética o vial, asesinatos de líderes sociales y/o defensores de derechos humanos, hostigamiento a las comunidades, etc-.

 

Adicionalmente es una excelente oportunidad para logra aproximaciones, en los hechos no en las declaraciones, entre el proceso con las FARC, que se encuentra en su fase de implementación de los acuerdos y el de ELN, que tiene por delante su parte estratégica en la participación de la sociedad para definir las transformaciones y qué tipo de democracia para la Paz.

 

Lo anterior conlleva acuerdos muy precisos acerca de la ubicación y comportamiento de las fuerzas armada enfrentadas, para que haya posibilidad de verificar si se llegaren a presentar hechos violatorios, quién o quiénes fueron los autores. Las partes no pueden desconocer que se viene de una situación de enfrentamiento entre fuerzas adversarias y por consiguiente lo que no existe es confianza. La confianza es algo que se debe construir y para ello es fundamental un sistema de verificación serio y creíble del cumplimiento del cese bilateral, con participación de un componente internacional y nacional. El tema queda en el buen tacto y creatividad de los equipos negociadores para lograr fórmulas realistas y viables.

 

Si se toma esta posibilidad que se presenta simplemente como una oportunidad para hacer protagonismo político y no una opción de tomar el carril definitivo de darle salida a acuerdos finales para terminar el conflicto armado, habrán desaprovechado las dos partes una posibilidad, quizá la mejor de los últimos tiempos, de encontrar un salida razonable a este largo conflicto armado entre el Gobierno Colombiano y el grupo insurgente Ejército de Liberación Nacional.

 

Confió en la sensatez de los líderes de las dos partes. El Presidente Santos y el jefe de su delegación Juan Camilo Restrepo de un lado y el comandante Gabino y Pablo Beltrán, del otro, para esperar con un razonable optimismo buenas noticias en las próximas semanas y que antes de fin de año la posibilidad de una paz completa para los colombianos, deje de ser un slogan y se convierta progresivamente en la realidad que esperamos.

 

Alejo Vargas Velásquez

Profesor Titular Universidad Nacional

 

http://www.alainet.org/es/articulo/186866

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Guerra y Paz