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La escuela de Bigott

29/02/2016
Opinión
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El viernes 26 de febrero de 2016 estaba solo en el aula 545 del Pedagógico de Caracas. Releí algunas páginas al azar de algunos libros del maestro Luis Antonio Bigott que sustraje de mi biblioteca. Cada lectura resultaba una lección. El prólogo que Goyo Pérez Almeida hace de “El educador neocolonizado” en la edición del Fondo Editorial Ipasme que dirigía José Gregorio Linares es una oda irreverente a la libertad. A las 8 y 20 llegó Daniela, una de las estudiantes de Juegos y Recursos Matemáticos de la mención Educación Integral. Le dije que me sentía muy abatido por la prematura muerte de mi maestro. Le pedí que leyera una página al azar. Escogió la que empieza así: “Venezuela no es ‘un país bellísimo de personas buenas que gracias a su bondad se han dado a conocer en todo el mundo’ (maestra graduada, 36 años, 11 años en la docencia, 4to grado, san Cristóbal, estado Táchira); Venezuela es más que ‘un país humillado, violado, subdesarrollado, superexplotado, escopetado y masoquista’ (grafito, facultad de Ingeniería, Universidad Central de Venezuela, 5 de agosto de 1971)”. “Primera vez que oigo hablar de ese profesor”, me dijo sincera. ¿En qué semestre estás?, “en el sexto”. Me quedé pensativo. “Fíjese profesor, el único que me ha enseñado quién fue Simón Rodríguez es usted. Acá no nos hablan de esos educadores”.

 

Tomé el libro y leí lo siguiente: “En las escuelas de Educación todos son conservadores definidos o conservadores potenciales, reaccionarios activos o reaccionarios latentes que, en política doméstica, suspiran impotentes y nostálgicamente por el viejo orden de cosas. Como bien lo apuntaba José Carlos Mariátegui, o como gritábamos en el ayer cercano, la casi totalidad del profesorado universitario es reaccionaria por pecado original y vaya usted a buscar el agua mágica que lo redima definitivamente y logre transformar al profesorado-amalgama, al profesor-gramófono y al profesor-lector, en sencillamente hombres que estén más al lado del crear que del creer”.

 

Bigott es el más importante pedagogo de su tiempo. La universidad queda huérfana porque se fue un bastión ético que combatió la mediocridad académica, esa que se debate entre la mera consigna fatua y el monólogo eunuco. La misma que prefiere un chisme a un libro. Simón Rodríguez creó la Escuela contra la colonización, y al morir pocos trabajaron en ella. Ya Bigott creó la escuela desneocolonizadora. Hay vacantes. ¿Quiénes desean inscribirse?

 

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Alí Ramón Rojas Olaya

Gerente General del Fondo Cultural del Alba

http://www.alainet.org/es/articulo/175705

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