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China: Esperando a los bárbaros

06/01/2016
Opinión
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Desde hace más de 10 años, y cada vez con más intensidad, China sufre los ataques del Movimiento Islámico del Turkestán Oriental (MITO), vinculado a al-Qaeda global y cuyo centro de operaciones es la provincia de Xinjiang, ex Turkestán Oriental, una región autónoma a 4.000 kilómetros de Beijing. A pesar de ser la provincia más extensa de China, 1.600.000 kilómetros cuadrados de superficie, casi la mitad de la Argentina, con “solo” 20 millones de habitantes, que para cánones chinos, es considerada muy poco poblada.

 

El MITO, organización calificada por los Estados Unidos en 2002 como terrorista,  pretende la escisión de Xinjiang para fundar un Estado Islámico. En 2003, con la incorporación de una parte del Movimiento Islámico de Uzbekistán, se enmascaran en el Partido Islámico del Turkestán, para operar con más independencia frente a las autoridades. En 2007, fue descubierto un campo de entrenamiento, junto a una fábrica de armas y explosivos en el Pamir chino.

 

 En 2008, coincidiendo con los Juegos Olímpicos, una cadena de atentados causó en Xinjiang una treintena de muertos, entre ellos 16 policías en ciudad de Kashgar. En julio de 2009, se producen los hechos más sangrientos de los últimos veinte años una oleada de violencia, enmascarada en reclamos de la etnia uigur, la originaria de la región, estallan en Urumqi, capital de Xinjiang, lo que produjo un número nunca determinado de muertos, aunque según la fuente calculan entre 150 y 800.

 

Miembros de MITO han participado en  la guerra de Siria de donde retornaron en 2013 y desde entonces sus operaciones se han hecho más letales y arriesgada llegando a atentar en octubre de 2013 a la entrada a la Ciudad Prohibida en pleno centro de Beijing, donde 5 personas murieron y 40 resultaron heridas, tras la explosión de un coche bomba que se estrelló contra una valla bajo el retrato de Mao Zedong que preside la legendaria entrada. El autobomba estaba ocupado por tres personas de la etnia uigur.

 

 A lo largo de todo 2015, los ataques de todo tipo se han repetido llegando a atacar a cuchilladas a simples ciudadanos que esperaban en el andén de una estación.

 

Un policía chino

 

Una vez más China debe enfrentar una invasión de las muchas que sufrió en su historia, como todas las naciones que cuentan movimientos extremistas musulmanes, saben que   a medida que en Siria se continúe profundizando la guerra contra Estados Islámico y el Frente al-Nusra, (al-Qaeda sirio), sus miembros comenzaran un inevitable repliegue hacia un frente menos activos y donde las condiciones no sean tan adversas como parece ser hoy Siria, desde que Moscú tomó la decisión de socorrer y sostener al presidente Bashar al-Assad.

 

China,  conociendo muy bien las consecuencias de tener un movimiento integrista en su territorio,  está generando una batería de anticuerpos para combatirlos no solo dentro de sus fronteras sino también en países que soliciten su colaboración, como bien podría ser el caso Siria.

 

Beijing ha acompañado discretamente la intervención rusa en Siria, hasta ahora solo se puede confirmar la presencia del portaaviones Liaoning con mil infantes de marina y un crucero lanzamisiles en la base naval siria de Tartus, primera acción fuera de sus fronteras en los últimos 70 años

 

Se ha mencionado,  en estos últimos sesenta días, el envió de grupos de comandos tácticos chinos a territorio sirio, para enfrentar directamente a las tropas del Estado Islámico y otros grupos menos que desde 2011 intentan derrocar al presidente Bashar al-Assad.

 

Aunque la información no está confirmada, podría llegar a confirmarse si se entiende dentro del nuevo plan antiterrorista. 

 

El paquete de lucha contra el extremismo y las mafias que operan en el país cuenta con una nueva ley, con especial énfasis en la coordinación nacional e inter-gubernamental de operaciones de contraterrorismo y una mayor vigilancia electrónica, por lo que serán controladas  ciertas comunicaciones por celulares y el acceso  a Internet, estas medidas ya habían sido puestas en funcionamiento en la provincia de Xinjiang y ahora se extienden  al resto de la nación. Algunos analistas señalan que las medidas aplicadas en Xinjiang, han generado más inestabilidad en la región.

 

Por ese motivo es que el gobierno chino ha decidido replantear su guerra contra el extremismo islámico, y ha empezado una modernización de su armamento además de generar nuevas estrategias.

 

Para el manejo de las operaciones antiterroristas se ha buscado un hombre clave en la seguridad interna: Liu Yuejin, exviceministro de Seguridad Pública y temible director de la lucha contra el narcotráfico, un verdadero flagelo para China, que Yuejin, ha conseguido meter en caja.  Entre sus antecedentes cuenta con la detención y exterminio del poderoso cartel de Naw Kham, que controló durante años el Triángulo de Oro del opio ubicado entre Birmania, Tailandia y Laos. En 2011 el cartel de Kham asesinó a 13 marineros chinos en el delta del Mekong, lo que llevó a Yuejin a la selva birmana, donde consiguió detener a Kham en una compleja operación de largos meses. El jefe narco, finalmente fue condenado a muerte en 2012 por un tribunal de la provincia de Yunnan.

 

Yuejin, ahora tendrá a cargo las operaciones tanto contra el MITO como los independentistas uigures. Liu,  que ha sido también subdirector de seguridad pública de Tianjin, director de la Oficina de Asuntos Generales de la Secretaría de Seguridad Pública y director de la Academia de la Policía Armada del Pueblo Chino, se enfrenta sin ahora al gran reto de su exitosa carrera.

 

Guadi Calvo

Escritor y periodista argentino. Analista internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

 

 

 

 

http://www.alainet.org/es/articulo/174578

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