La Organización de Cooperación de Shanghái:
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Rusia y China rediseñado la nueva «ruta de la seda»

25/11/2015
Opinión
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El modelo unipolar no sólo es inadmisible para el mundo contemporáneo sino que es imposible… porque se trata de un modelo que no puede funcionar por estar carente de la base moral propia de nuestra civilización.


Vladimir Putin

Conferencia de Seguridad de Múnich, 2007
 

 

Introducción

 

Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, surgieron cinco nuevas repúblicas independientes en Asia Central[1]. En medio de este caos y desconcierto, la recién establecida Federación de Rusia, como heredera del desaparecido campo soviético, se enfrenta a una serie de graves problemas que comprometen su estabilidad (profunda crisis social, económica y política) y seguridad  nacional (problemas de fronteras con la mayor parte de sus países vecinos e incluso con los países recién desmembrados de la URSS; unas fuerzas armadas descompuestas que ponían en duda la defensa del nuevo estado y la seguridad del arsenal nuclear; y un aumento de la criminalidad y el surgimiento de mafias).

 

En ese momento los gobiernos de las recién creadas repúblicas independientes son demasiado débiles para enfrentar los serios desafíos de gobernabilidad, economía y seguridad que afloraron en el interior de sus fronteras. Carecían de la experiencia de gobernabilidad como estados independientes y de los recursos económicos necesarios para afrontar las nuevas circunstancias tras la disolución de la URSS. A esto, se agrega la irrupción desestabilizadora en la región de poderes extranjeros que buscan imponer su influencia para hacerse con el control de esta rica y geoestratégica región. Los nuevos gobernantes, ante esta difícil situación, se ven abocados a buscar apoyo y unir esfuerzos para enfrentar la nueva realidad.

 

La solución y delimitación de las fronteras comunes entre Rusia, los países centroasiáticos y China se facilitó por el inicio de una nueva era en las relaciones relaciones sino-rusas tras el fin de la Guerra Fría (Garver, 1989: 1136-1152; Wilches, 2005). Esto da origen a distintos mecanismos de relaciones y de cooperación regional, que culminan en una de las organizaciones de cooperación de seguridad regional más importantes del siglo XXI: la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Establecida el 15 de junio de 2001 en la ciudad de Shanghái (China) por Rusia, China, Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán.

 

Este agrupamiento centroasiático para la cooperación de seguridad ha recibido, en especial, por parte de «occidente» críticas, escepticismo y recelos llegándose a plantear que con el arribo a la arena internacional de importantes y nuevos actores como Rusia, China e India, la OCS puede acarrear un desafío al sistema internacional en el futuro inmediato y en especial a las ansias de dominio hegemónico y unipolar de Estados Unidos en el mundo. Incluso, pronostican que esta rivalidad puede dar comienzo a un Nuevo Gran Juego[2] (Edwards, 2003: 83-102) en Asia Central.

 

Para comprender cómo se desenvuelve la OCS en el contexto internacional, es indispensable analizar los factores que han permitido que Rusia y China actúen de manera cooperada en esta región. Para ello, se comparan las políticas desarrolladas por Rusia y China con relación a Asia Central desde el colapso de la URSS hasta nuestros días a través de: los intereses basados en la identidad de estos dos Estados con relación a Asia Central; la percepción de amenazas comunes en la región e internacionales; intereses económicos y de seguridad regional. Por lo tanto, el análisis se centra en cómo Rusia y China consideran sus propios y particulares intereses en Asia Central, antes que analizar su visión sobre la misma OCS, lo que nos ayudará a comprender sus puntos de vista de Asia Central como región y de la OCS como organización de cooperación de seguridad regional.

 

En la OCS Convergen y se conjugan varios y disímiles tipos de cooperación. La mayoría de los estudios y análisis de seguridad realizados especialmente en Occidente han estado en desacuerdo frente a la caracterización, tipificación y clasificación de esta organización. Con el fin de explicar la OCS de la manera más acertada se recurre, como instrumento de análisis, a los aportes conceptuales que brindan cinco diferentes enfoques teóricos de la ciencia política, en relación con las relaciones internacionales y los estudios de seguridad orientados a los procesos de cooperación regional: complejo de seguridad regional, interdependencia, omnibalancing, balance de la amenaza y constructivismo social.

 

1. Perspectiva rusa de la OCS

 

Para entender las razones que motivaron a Rusia a involucrarse en el proceso de la OCS, y qué intereses existen detrás, se analiza el momento histórico de Rusia, una vez desaparecida la Unión Soviética en 1991; y luego las distintas políticas rusas hacia Asia Central que surgen el periodo de transición del «comunismo» al capitalismo.

 

Para evitar que el caos y las consecuencias tras el desmembramiento de la URSS fueran peores, Moscú abordó diligentemente los acercamientos y acuerdos en curso entre Unión Soviética-China. Una solución definitiva de las fronteras y una colaboración estratégica con China se convierte en un interés básico que le impulsa a promover el «Grupo Shanghái Cinco», la cooperación antiterrorista y las posibilidades de ampliar el crecimiento económico.

 

Los primeros años postsoviéticos además del abandono ruso a Asia Central, la región se distanciamiento de la antigua metrópoli. Rusia creía que «la cercanía geográfica, común historia, sistemas de producción, instituciones e infraestructura comunes, y la vieja dependencia de los subsidios financieros y del mercado ruso» (Johanson, 2001: 96) le bastaban para mantener a las naciones centroasiáticas interesadas en preservar lazos estrechos con Moscú. Pero esta errada percepción mostró muy pronto su realidad y derrotero.

 

Rusia, igualmente, enfrenta otros serios desafíos, por ejemplo, la guerra civil de Tayikistán (1992-1997); el movimiento de los Talibán en Afganistán y la irrupción grupos islamistas violentos en  Asia Central (Wilches, 2007) y el Cáucaso, la «crisis del rublo», la guerra de los Balcanes, la expansión de la OTAN, las guerras de Chechenia; a esto se añade, entre otros, el retiro unilateral de EE.UU. del Tratado Anti-Misiles Balísticos, el 12 de diciembre de 2001. Esto conduce a que Moscú despliegue una política exterior que enfrente los desarrollos regionales de Asia Central en relación con la política global y el orden mundial unipolar que se había impuesto, y que le evite a toda costa enfrentamientos.

 

Si las políticas rusas son vistas desde esta óptica, y de ser así, la OCS sería, por lo tanto, un medio que le brindó a Rusia las herramientas para navegar por la difícil transición, y que le ha permitido pasar de ser una desmembrada, débil y derrumbada superpotencia, y en una profunda crisis, a establecerse nuevamente en el tablero geopolítico mundial como potencia.

 

1.1. Rusia: consolidando su relación ancestral con Asia Central

 

Se puede decir de manera sintetizada que existen tres escuelas de pensamiento que influencian la política rusa hacia Asia Central. La primera es el eurasianismo, que (re)presenta una mezcla de ideas promulgadas por la «escuela occidentalista» y la «escuela oriental» o «asiática». El eurasianismo enfatiza la singular posición geopolítica, histórica y cultural de Rusia como «puente» entre Europa y Asia. Para estos, Rusia debe sacar partido de ello y enriquecer lazos tanto con Occidente como con Oriente. Resaltan la necesidad de afirmar los valores rusos y no subyugarlos a los intereses de otros. Al mismo tiempo, aboga porque Rusia pueda desempeñar una excepcional función para Europa y Asia, incluyendo a Asia Central y extendiendo la cooperación con China y con ciertos Estados de Oriente Medio, como intermediario en lo económico, político, militar, entre otros (Kortunov, 1998: 7).

 

En las políticas de Vladimir Putin existe «eurasianismo». Esta favorece la economía de mercado, y promueve las potencialidades estatales de los valores liberales. Putin está además influenciado por las políticas del «neoeurasianismo», por ello ha sido etiquetado como «la personificación del modelo “eurasianista capitalista” del desarrollo estatista» (Kipp, 2002: 91-125). En política exterior incluye algunos elementos neoeurasianistas, como el de «restablecer el país a su posición de gran Estado», o lo planteado en el «Concepto de Política Exterior de 2000» de enfrentar la emergencia de una estructura de un mundo unipolar dominada por Estados Unidos, adoptando frente a esto el «multipolarismo» de Primakov.

 

La escuela «occidentalista», considera que la solución a los graves problemas, heredados del anterior sistema, está íntimamente relacionada con Occidente, y pone mínima atención a Oriente, incluyendo Asia Central, a la que ven irrelevante para los intereses de Rusia (Kortunov, 1998: 6). En ésta confluyeron tres tendencias que existieron hasta antes de la primera reunión del «Shanghái Cinco»: Los liberales occidentalistas que promueven una sociedad democrática de mercado tipo Occidente y desean unas buenas relaciones con éste. Los nacionalistas pragmáticos igualmente apoyan la democracia y desean buenas relaciones con Occidente, pero ponen los intereses nacionales rusos en primer lugar, y la economía de mercado tiene que ser adaptada a las condiciones específicas de Rusia. Y los nacionalistas fundamentalistas que mantienen que Rusia puede fraguar su camino de desarrollo propio y específico, ven a Occidente como hostil y son nostálgicos del pasado soviético (también de la Rusia imperial) (Light et al., 2000: 77-88).

 

La intervención militar de la OTAN en los Balcanes en 1999, será el verdadero estimulante para que emerja un consenso en la política exterior rusa con relación a Occidente. Incluso los «occidentalistas» levantaron duras críticas frente a la decisión de Occidente de intervenir, lo cual condujo a Rusia a abrazar una nueva orientación y a mirar cada vez más hacia China para apoyarse en sus asuntos de común interés. A propiciar que la ONU sea la única institución para solucionar los asuntos vitales de la paz y de la estabilidad mundial, y que ninguna otra organización o país debe tener derecho a actuar sin la sanción de la ONU.

 

La tercera escuela es la «oriental» o «asiática» (Kortunov, 1998: 7; Yongjin y Rouben, 1998: 239), con puntos de vista totalmente diferentes y reclama que Rusia debe reconocer y reafirmar sus raíces en los valores de la cultura asiática y la experiencia histórica. Prioriza estrechas relaciones con los países asiáticos, en especial con las naciones adyacentes a Asia Central. Abandona la búsqueda de conexiones con Occidente.

 

Según el análisis de la identidad se podrá responder si Rusia, de acuerdo con sus intereses, al percibir la política extranjera de otros poderes como agresiva y los intentos hegemónicos de EE. UU. como una amenaza para su seguridad en Asia Central, concibe a la OCS como una alianza defensiva. El debate suscitado sobre la identidad también proporcionará las pruebas necesarias para considerar si la agenda económica o los asuntos de seguridad regional centroasiática son los principales factores que impulsan los intereses de Rusia en la OCS.

 

Las escuelas rusas liberal y realista coinciden en que la naturaleza del orden internacional a finales del siglo XX era unipolar, pero lo ven de diferente modo. Los liberales evidencian las instituciones y normas democráticas; y, enfatizaban en aspectos relacionados con las formas del mejoramiento y regulación del orden mundial. Enfatizan en el pluralismo de los actores en su visión y relación con el orden mundial, y resaltan una variedad de actores no-estatales, movimientos y redes. Los realistas dan preferencia a los centros de poder. Para ellos el orden mundial es, el actual sistema de relaciones internacionales, que es más o menos estable; y se remiten principalmente a las relaciones internacionales e intraestatales. Es decir, el orden mundial se refiere al sistema ya establecido (Tsygankov y Tsygankov, 2004: 53-70).

A partir del año 2000, tras la intervención militar de la OTAN en Yugoslavia, en la política exterior rusa emerge con fuerza la idea y el apoyo a un mundo multipolar, que se define más claramente en la búsqueda de un balance de poder multipolar en el orden internacional. Gran parte de los realistas rusos consideran la unipolaridad del sistema internacional como problemática y perjudicial. E insisten que Rusia tiene que convertirse en parte del orden mundial emergente en términos más favorables favorables a los intereses de Rusia a nivel regional y mundial. Cambio que debe ser visto como una victoria del realismo en los debates rusos en las relaciones internacionales (Shakleyina y Bogaturov, 2004: 37-51).

 

Existen, asimismo, discrepancias entre los realistas en la percepción de las amenazas exteriores. Están quienes centran sus esfuerzos en la Comunidad de Estados Independientes. Otros se decantan a favor de un eje Rusia-China en contra de Estados Unidos y abogan por una cooperación más profunda con los demás países asiáticos en respuesta a los desafíos globales. Y los que apoyan alianzas con los países occidentales, incluyendo relaciones con EE. UU. y la Unión Europea, pero solamente en condiciones aceptables para Rusia.

 

En el caso de que la escuela realista, que domina la escena política rusa, sustente una posición central en el debate de la política exterior en los círculos de poder de Moscú, se puede esperar que las motivaciones políticas rusas en política exterior, economía y seguridad hacia la OCS contribuyan, en buena medida, a solucionar los graves problemas que tiene Asia Central. Lo cual le permitirá, en la medida en que tenga éxito, alcanzar y consolidar un estatus de potencia mundial. Se podría argüir, de ser así, que Rusia está utilizando la OCS como plataforma estratégica para que le posibilite, a mediano o largo plazo, retomar su capacidad y su posición de gran potencia, de tal manera que le permita ejercer a plenitud su influencia y control sobre Asia Central y en otras zonas de vital importancia para su seguridad.

 

1.2. Política y estrategia de Rusia en Asia Central

 

La política exterior de Rusia en los primeros años de la transición centró la atención en la CEI, en los países eslavos y el Cáucaso, ignorando a Asia Central. Moscú mira de nuevo la región cuando estalla la guerra civil en Tayikistán y se da el auge del talibán en Afganistán. Es entonces que reconoce que Asia Central hace parte integral de sus intereses estratégicos.

 

A su «regreso» Rusia encuentra en Asia central un fuerte acento pro-occidental; recelos de algunos países frente Moscú; terrorismo internacional que amenaza la seguridad y estabilidad de sus fronteras meridionales; el arribo de otros poderes competidores en la región. Ante este nuevo escenario geopolítico el nuevo presidente ruso, Vladimir Putin, realiza cambios específicos en el rumbo de las estrategias políticas para estrechar los lazos con Asia Central.

 

Esto lo recoge documentos como el «Manifiesto del Milenio, 1999» de Putin, publicado el 29 de diciembre de 1999, (Slade, 2006, 4) en el que enfatiza los valores tradicionales rusos: patriotismo (orgullo en Rusia, su historia y sus logros), con el cual se da por finalizada la idea del proyecto de una nueva Rusia de Boris Yeltsin; convicción en la Gran Rusia; estatismo o «el Estado como fuente y protector del orden y motor de cambio; y la solidaridad social. Y, en «Tendencias Mayores de las Relaciones entre Rusia y los Miembros de la CEI en la Actual Etapa» (Trofimov, 2003: 72-83) de 2000, que sería el fundamento para la nueva concepción de la política exterior de Putin. Las líneas políticas centrales de estos son: a) la CEI se convierte en una prioridad de la política exterior; b) la seguridad nacional pasa a ser prioridad; c) los socios deben ser tratados de acuerdo a su disposición, tomando en cuenta los intereses de Rusia, es decir, de manera pragmática y diferenciada; d) la integración económica  incluye la promoción de los negocios rusos; y, e) dar prioridad al desarrollo de la cooperación bilateral y una revisión de todos los niveles de integración como la CEI, la EurAsEC y el Tratado de Seguridad Colectiva.

 

Estos cambios buscan rectificar la década de pasividad, desorientación y ambigüedad en la política exterior rusa en Asia Central, y establecer los intereses nacionales (Trofimov, 2003: 72-83). En primer lugar, basa la estabilidad en la región en estrecha colaboración con los Estados centroasiáticos, evitando algún escenario de desprendimiento o de desestabilización en Asia Central que puede asestar un duro golpe a Rusia. En segundo lugar, uso sin restricciones del potencial tránsito de Asia Central para afirmar relaciones de colaboración con China, India e Irán. La OCS debe jugar un rol especial en el caso de China. En tercer lugar, asegurar la existencia de un espacio económico común con Asia Central que funcione y contribuya al logro de la modernización económica de Rusia. En cuarto lugar, uso del potencial geoestratégico de la región para dirigir los cometidos prácticos de Rusia y preservar su estatus de poder regional y mundial. Y, por último, reconocimiento internacional del rol principal de Rusia en la región.

 

Vista de esta forma la OCS le brindaría una excelente oportunidad ya que es el mecanismo idóneo para tratar importantes desafíos como las disputas territoriales (Como la demarcación unilateral por parte de Uzbekistán de límites con Tayikistán en 1998 y el posterior emplazamiento de minas antipersonal, generando graves conflictos estatales, o el fin de la delimitación y demarcación de la frontera común oriental ruso-china, el 21 de julio de 2008), el incremento del islam radical, y la suerte de la población de habla rusa. A la vez que le permite el acceso fluido a los mercados locales y a materias primas; profundizar en un nuevo contexto la unidad eurasiática con las nuevas repúblicas para recuperar el predominio en su tradicional esfera de influencia; y, garantizar la seguridad estratégica nacional de sus flancos meridionales.

 

El gobierno de Putin establece de tres ejes de acción inmediata para Asia Central: la afluencia de narcóticos y de inmigrantes laborales a Rusia; la seguridad regional e intereses económicos en Asia Central (energía, islamismo, posibilidad de revueltas en Afganistán, etc.); y, las relaciones internacionales alrededor de la región, tales como el incremento del rol de China y la competencia geopolítica con Occidente. Estas relaciones internacionales van asociados con la doctrina Primakov. Yevgeny Primakov -Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia desde 1996 hasta 1998-, quien fuera el arquitecto de esta doctrina,  puso todo su empeño en hacer que Rusia adoptara una política estratégica de multilateralismo global y la idea de formular una estrategia eurasianista. Bajo la Doctrina Primakov los líderes del Kremlin comienzan a dar los primeros pasos hacia el este para establecer una alianza estratégica entre Moscú, Pekín y Nueva Delhi. Rusia ve también pertinente a Teherán como un cuarto miembro adicional en esa alianza euroasiática, y así lograr que Moscú sea uno de los centros de poder mundial en un nuevo orden internacional multipolar.

 

Para ello, se fomentan y priorizan la implementación mecanismos de cooperación y se acomete la integración en una serie de instituciones internacionales en las que prevalece la flexibilidad[3]: la Comunidad Económica de Eurasia (EurAsEC o CEEA), el Espacio Económico Unificado (UES), la Organización de Cooperación de Asia Central (CACO), la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). E igualmente, la Unión Estatal de Rusia-Bielorrusia.

 

El acercamiento pragmático iniciado en la era Putin en las relaciones con Asia Central, acompañado con la creación de la OCS ha fortalecido efectivamente la influencia de Rusia en la región. Estas políticas le han brindado a Rusia la posibilidad de ejercer nuevamente una gran influencia en la zona; y pueden, igualmente, proporcionarle dos de sus antiguas metas en la región: «integrar los Estados centroasiáticos en la esfera de la CEI y convertirlos en estrechos aliados, y denegar el acceso estratégico a poderes externos a Asia Central» (Berlin Information-Center for Transatlantic Security, 2005).

 

1.3. Política económica y energética rusa en Asia Central

 

La política económica rusa en Asia Central está orientada hacia los energéticos, área en la que ha ejecutando un gran «juego de hidrocarburos» con acertada precisión y excelentes dividendos. Este juego incluye garantizar que las compañías rusas participen en el desarrollo de los recursos petrolíferos y gasíferos de la región y que los exportadores centroasiáticos continúen utilizando la red de oleoductos y gasoductos rusos.

 

Con el establecimiento de la OCS estas políticas se han visto reforzadas. La OCS le viene brindando a Moscú una favorable oportunidad de retornar a la región, y de obtener nuevamente el estatus de gran poder mundial. Estas estrategias económicas ven reforzados sus objetivos en Asia Central recurriendo a su condición privilegiada de puente y de tránsito para abastecer a Europa y al resto del continente asiático de hidrocarburos.

 

Por medio de acuerdos bilaterales o multilaterales y con la creación de empresas mixtas para la participación conjunta en proyectos de desarrollo, prospección, explotación, comercialización de hidrocarburos y su transporte a través de su red de ductos, las empresas rusas especializadas en energéticos (Gazprom, Transneft, Rosneft, Lukoil) han venido incrementando aceleradamente su actividad en la región.

 

Rusia ha entendido que los recursos energéticos juegan un doble papel: son una ventaja y un instrumento geoestratégico. La conexión entre recursos energéticos, relaciones exteriores y seguridad nacional están cada vez más en estrecha relación. Asegurar la influencia en la región centroasiática dependiente de inversiones y de capital extranjero, lleva a rivalizar con otros poderes que buscan hacerse con el control y sus recursos. Por esta razón los objetivos rusos buscan: a) priorizar que estos Estados utilicen las infraestructuras de exportación de que dispone Rusia; b) promover las compañías rusas de gas y petróleo y ayudarles a obtener la máxima participación posible en proyectos disponibles; y, c) utilizar una variedad de instrumentos para bloquear aquellos proyectos que no promueven los intereses de Rusia (Trofimov, 2003: 76).

 

Estas políticas han fortalecido la cooperación regional desde 2002, como el acuerdo entre Rusia, Kazajstán y Turkmenistán para cooperar en el sector energético, sobre todo en la esfera del gas, que concuerda con el llamado de Putin a la creación de una «Alianza Eurasiática de Productores de Gas» —que agruparía a Rusia, Turkmenistán, Kazajstán y Uzbekistán— para coordinar las exportaciones a través del sistema de gasoductos gestionados por Gazprom (Burke, 2002). Pese a no materializarse aún, Rusia/Gazprom ha venido efectuando una serie de acuerdos exitosos a largo plazo con los gobiernos de la región, y mejorando el sistema de gasoductos para unificar los sistemas de gas centroasiático y ruso, de tal forma que le permita un posible control de la producción y las exportaciones de Asia Central.

 

En 2003, Rusia/Gazprom suscribió con Turkmenistán un contrato para el suministro de gas a Rusia, con ello la mayoría del gas turkmeno va a través de las rutas rusas de exportación. Y logró lo mismo con Kirguizistán y Tayikistán.

 

La cooperación rusa-turkmena en la esfera gasífera fue ampliada en 2007. Así como la modernización del gasoducto Asia Central-Centro, y la construcción de un nuevo ramal en la costa oriental del mar Caspio vía Kazajstán. El cual el año anterior, proyectó incrementar su capacidad de 44 a 80 billones de metros cúbicos (bmc) de gas por año (OGU, 2006). Gazprom es el operador de tránsito del gas turkmeno vía Uzbekistán y Kazajstán a la frontera rusa, que ya a su vez en 2006 importaba, 9 bmc de Uzbekistán y 7,5 bmc de gas de Kazajstán.

 

Rusia/Gazprom acordó con Turkmenistánen 2008 los principios guía para la fijación de precios del gas turkmeno durante los próximos veinte años (Bhadrakumar, 2008). Bajo la nueva fórmula Rusia paga a Turkmenistán entre 225 y 295 dólares por mil metros cúbicos de gas, más una paga adicional entre 9,4 y 12,4 miles de millones de dólares. Otro acuerdo convierte a Gazprom en donante para los proyectos energéticos turkmenos locales, que hace que Moscú mantenga el cuasi-monopolio y que garantice el control sobre las exportaciones de gas de Turkmenistán. Además, Moscú le ha ofrecido a Azerbaiyán un acuerdo parecido al de Turkmenistán —es de esperarse lo mismo con Kazajstán y Uzbekistán—. Las implicaciones que estos movimientos traerán a los intereses de EE. UU. y la Unión Europea con el proyectado gasoducto Nabucco, fundado en el gas de Turkmenistán y Azerbaiyán a través del mar Caspio, pronto se podrán apreciar. Denegado el acceso al gas turcomano, la viabilidad de Nabucco se ve ante serios desafíos, que no es otra cosa que su fracaso. Reafirmando así Rusia «su predominante posición el zona caspiana» (Bhadrakumar, 2007).

 

Estos acuerdos energéticos que consolidan el control de Rusia sobre las exportaciones de gas de Asia Central se han convertido en un punto clave en su geopolítica energética, y responden a tres cometidos: 1) Gestionar las exportaciones de gas regionales a través del territorio ruso, con lo cual de hecho socaba tanto el posible potencial del gasoducto transafgano como el proyecto Nabucco. 2) Continuar con las políticas de inversión a largo plazo en la región para desarrollar nuevos yacimientos. Y, 3) modernizar, mejor y ampliar el sistema local de gasoductos, que necesariamente deben estar conectados con la red del sistema ruso.

 

Esta política exterior, de «suave» diplomacia económica, seguramente posibilitará un avance lento pero seguro para las relaciones y la participación más activa de Rusia en Asia Central. Moscú no está tras grandes y rentables acuerdos ceñidos estrictamente a lo económico sino que se orienta a la política geoestratégica, en la que el «juego de hidrocarburos» del Kremlin cuenta con una gran estrategia, aplicada hasta el momento con grandes beneficios a su favor.

 

Y obviamente que la OCS pueda jugar en el futuro un importante rol geopolítico en el control, tránsito y seguridad de los recursos energéticos de Asia Central, y puede desempeñar el eje central de garantía y seguridad del «club energético» propuesto.

 

1.4. Rusia: interés securitario en Asia Central

 

Finalizada la Guerra Fría, Moscú acometió una serie de proyectos para que Asia Central fuera zona de seguridad y le sirviera de tapón para disuadir las posibles amenazas procedentes de o a través de ésta. Durante este primer periodo, se otorgó una mayor prioridad a las amenazas de naturaleza externa; se establecieron acuerdos militares y de seguridad en la región, y el acceso a infraestructuras militares locales. Esto termina por convertir a Moscú en el principal gestor securitario de Asia Central. Pero tras el 11-S se produce un importante giro en la seguridad regional, y un nuevo dilema para la política exterior rusa. La Operación Libertad Duradera y el despliegue militar de EE.UU. en Afganistán y en Asia Central, chocan directamente con sus intereses de seguridad y de relaciones privilegiadas con países de la región centroasiática. A pesar de que el despliegue militar avasallador de Washington en Asia Central pone en cuestión el predominio e influencia de Moscú en la región y la capacidad de garantizar seguridad, Rusia acepta la realidad, con la esperanza de que EE.UU. acuda en su ayuda para coordinar las medidas antiterroristas en Asia Central a través de las instituciones de seguridad que lidera. En lugar de aquello, Washington de manera clara desconoce la influencia rusa en la región, y establece acuerdos directos con los Gobiernos de Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán.

 

Frente a la avasalladora presencia militar de EE. UU. en la región, Rusia implementa denodados esfuerzos para ampliar la cooperación multilateral en asuntos antiterroristas con la Organización del Tratado de seguridad Colectiva (OTSC) y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Configura una política regional para recuperar el espacio y la influencia perdida. A partir de 2002 Moscú implementa en Asia Central una política de seguridad regional que pone en práctica fórmulas multilaterales y bilaterales con los líderes de la región, para que revigoricen su influencia militar-securitaria, y que contrarresten el avance de otros poderes en la región, para lo que acude a la lucha contraterrorista como razón fundamental (Allison, 2004: 277-283).

 

Un paso importante en este sentido es la creación y establecimiento de la Estructura Regional Antiterrorista de la OCS en concordancia con la Carta de la OCS y de la Convención de Shanghái para Combatir el Terrorismo, el Separatismo y el Extremismo.

 

Kazajstán, Kirguizistán y Tayikistán acuerdan en 2004, modernizar sus fuerzas de defensa aérea con la asistencia de Rusia, y le conceden, además, el derecho a usar las infraestructuras militares estratégicas en sus territorios: en Kazajstán, el cosmódromo de Baikonur y el campo de prueba de antimisiles (Sary-Shagan); en Tayikistán, el centro de comunicaciones del espacio (Okno); y en Kirguizistán, el campo de prueba de armas navales (Lake Ysyk-Kol) (Paramonov y Stolpovski, 2008: 17) y la base aérea de Kant. Uzbekistán otorga a Rusia el acceso al aeródromo uzbeko en Navoi en 2007. Y posibilidad de una base permanente en las infraestructuras de la base en Karshi-Khanabad (K2) (Blank, 2007) cerca de Taskent. Esto le brinda a las fuerzas militares rusas un rápido desplazamiento en la región para el desarrollo de operaciones defensivas y de seguridad.

 

Con el pedido de los países centroasiáticos a EE. UU., tras los acontecimientos de 2005 en Kirguizistán y Uzbekistán, del establecimiento de un calendario de retirada militar de la zona, se da un cambio decisivo a favor de los intereses y la política de seguridad rusa en la región. Esto es reforzado y fortalecido con el acercamiento de Uzbekistán a Rusia mediante la firma del «Tratado sobre Relaciones Aliadas», que compromete la asistencia militar mutua en el caso de que cualquiera de las partes sufra agresión; y con la integración de Uzbekistán en la OTSC en junio de 2006. Realzando esto significativamente la influencia rusa en Asia Central.

 

1.4.1. Rusia: la OCS y la seguridad regional

 

Con la creación de la OCS Rusia ha afianzado en efecto su influencia con las repúblicas centroasiáticas. Junto con los otros miembros de la organización, ha ido sin duda convirtiendo la OCS en un mecanismo de contención a los intentos hegemónicos de EE. UU. en Asia central; y ha logrado que China sea un aliado estratégico en el tablero geopolítico mundial.

 

La estrategia de seguridad centroasiática rusa se apuntala sobre dos pilares. 1) la CEI y el fortalecimiento de la OTSC sigue siendo la prioridad. 2) el fortalecimiento de la cooperación y desarrollo de la OCS. Objetivos que se pueden resumir en: a) mantenimiento de la seguridad de las fronteras meridionales centroasiáticas para eliminar el tráfico de estupefacientes, armas, e infiltración terrorista; b) conservar y reconstruir mecanismos para continuar con su influencia en la región; c) proteger sus intereses económicos en la región, y lograr el control y dominio de las rutas de tránsito de los hidrocarburos; Y, d) cooperar con la CEI-OTSC y la OCS para evitar que otras potencias ajenas a la región le despojen su predominio.

 

La OCS ha coadyuvado al Kremlin a restablecer y ejercer su influencia en la región, y a obtener dos de más sus anhelados objetivos geopolíticos: hacer a los Estados centroasiáticos sus estrechos aliados e integrarlos en la esfera de la CEI; y, vedar a los poderes externos el acceso a Asia Central. Igualmente, le ha servido para: impulsar la necesidad de establecer un sistema internacional basado en la «multipolaridad»; estrechar las relaciones con Pekín y para compartir juntos un espacio contra el unilateralismo de Washington; y para oponerse manifiestamente a las políticas hegemónicas del mundo unipolar impuesto por EE. UU.

 

2. Perspectiva china de la OCS

 

Comprender las motivaciones e intereses de China en el proceso de organización, creación y participación en la OCS obliga a examinar los factores internos y regionales de seguridad que influyeron para asumiera políticas de cooperación en Asia en el siglo XXI. Y, en segundo lugar, la importancia estratégica que representan las relaciones de cooperación regional y continental iniciada a partir de 1990 con Rusia y las nuevas repúblicas de Asia Central.

 

La participación de China en la OCS, desde luego, estaría animada por: 1) que ésta sea una importante herramienta para combatir a los grupos separatistas uyghures en el Xinjiang, y le garantice los intereses securitarios en sus fronteras occidentales. 2) fomentar y fortalecer entre los Estados miembros lazos económicos y comerciales, especialmente de recursos energéticos de Asia Central. Y, 3) poder ventilar sus preocupaciones frente a la creciente influencia política hegemónica de EE. UU. y su intensa presencia militar en Asia Central, lo cual puede llegar a amenazar sus intereses nacionales de seguridad y a la seguridad regional.

 

2.1. China consolidando su ancestral relación con Asia Central

 

La década de los noventa es un periodo clave para poder comprender cómo la identidad nacional china ha impulsado y direccionado sus intereses en la participación activa en varias organizaciones internacionales, y en la creación de una institución internacional de carácter regional como la OCS. Durante esta década se produjeron cinco eventos que en gran medida configuraron las percepciones tanto de su postura regional como internacional.

 

Una primera circunstancia que configuró la política internacional china fue la reacción asumida por varios países ante el desenlace violento a las protestas de la Plaza de Tiananmen de Pekín, en junio 4 de 1989. Aunque muchos países occidentales optaron por las sanciones y el ostracismo, a nivel asiático China encuentra respuestas inesperadas. Sólo Japón condenó el uso de la fuerza, mientras que los países del Sureste Asiático guardaron silencio, o manifestaron que un era asunto interno de China. Así que, mientras «Occidente» buscaba aislar a Pekín, la ASEAN optaba por atraerla.

 

El rápido crecimiento económico de China durante los años noventa contribuye a romper el bloqueo de «Occidente», especialmente porque los países industrializados necesitaban de la participación de China en la economía mundial. Ante esta nueva realidad, Pekín cambia radicalmente el centro de su política diplomática internacional hacia relaciones estratégicas con los grandes poderes económicos de occidente, como EE.UU. y países de Europa.

 

Un segundo acontecimiento es la crisis financiera asiática de 1997-1998. La conmoción que produjo la crisis en ese momento y el alcance desestabilizador en toda la región hicieron que Pekín se preocupara. Temía que el desbordamiento y contagio pudiera desestabilizar su vulnerable sistema bancario.

 

Si China no cayó profundamente dentro de esta crisis financiera se debe a que desde 1993 había comenzado a tomar medidas para que el Banco del Pueblo de China se convirtiera en un auténtico banco central, para «mantener la estabilidad de la divisa y fomentar el crecimiento económico» (Huang, 1998: 9). No devaluaron su divisa, ofrecieron ayuda a varios países vecinos, y préstamos a bajos intereses, política diametralmente contraria a las duras políticas de austeridad asumidas por EE. UU. y el FMI contra los países asiáticos en graves problemas económicos. Lo cual contribuyó a cambiar su imagen en la región, y le permitió promocionar políticas a nivel internacional, entre las que se incluía mantener a Taiwán aislado políticamente y firmemente circunscrito a un asunto interno de China; y al mismo tiempo, sutilmente lograba con ello marginar a Japón (Frost, 2008: 7).

 

El tercer factor, la política exterior de China presenta una reconsideración de las instituciones multilaterales regionales e internacionales. China inicia entre 1997 y 2001 una nueva fase en la que orienta sus esfuerzos de acercamiento a varios procesos regionales de cooperación, especialmente los relacionados con la seguridad. El multilateralismo no aparecía en su visión.

 

Los primeros cambios se presentan en los años noventa, cuando China interpretó que el Nye Report de 1995 sobre la alianza EE. UU.-Japón (Sakaeda, 2007: 43-56) albergaba el intento de contenerla. Tokio y Washington cuanto más se acercaban iban dejando un vacío en Asia, esto motivó a Pekín a cambiar su postura negativa hacia el multilateralismo. Los primeros pasos se dan con la participación en las reuniones del Fórum Regional ASEAN como observador, y en la Security Cooperation in the Asia-Pacific. En ese momento China comprende que EE.UU. además de no controlar esas organizaciones, se inclina más bien por desestimarlas o ignorarlas.

 

China encuentra que la cooperación de seguridad asociada con las distintas organizaciones regionales coincidía con su propio «Nuevo Concepto de Seguridad» (NCS), que habían comenzado a discutir en los años 90. Que además el multilateralismo es un espacio para el fortalecimiento del diálogo y la integración, y que sirve para reestructurar y darle una orientación diferente al orden internacional surgido tras el fin de la Guerra Fría.

 

Un cuarto factor que contribuyó a un nuevo enfoque regional de China es la reacción de los Estados asiáticos ante el llamado de Pekín en 1997 a la supresión de las distintas alianzas heredadas de la Guerra Fría y a la abolición de los vestigios. Las alianzas que fueron forjadas contra la Unión Soviética son innecesarias porque la Unión Soviética ha dejado de existir como tal, y la guerra que sustentó esta confrontación también. En vez de medidas militares, China recomienda confianza mutua, diálogo entre Estados soberanos como iguales, cooperación económica de beneficios mutuos y evitar la amenaza militar (Godwin, 2002: 95).

 

Estos postulados planteados en el NCS en 1997 continúan ocupando un importante lugar en los «Libros Blancos de Defensa Nacional de China» de 1998, 2000, 2002, 2004, 2006 y 2008, y un prominente rol como propuesta alternativa para el sistema de seguridad post-Guerra Fría.

 

Un quinto factor que configura la actuación de China en la región es la confirmación de la teoría de Deng Xiaoping de paz y desarrollo. Estos principios tomaron una inusitada vigencia tras el bombardeo por parte de EE. UU. a la embajada de China en Belgrado en 1999. El debate suscitado en China puso de manifiesto «si los principios de Deng deberían seguir siendo la paz y el desarrollo a nivel internacional y doméstico» (Shambaugh, 2004/05: 71). Producto de esta valoración del contexto de la seguridad regional e internacional, se presentan los primeros cambios en la política exterior china conocidos como los «Tres No Cambios y los Tres Nuevos Cambios»[4] (Scobell, et al., 2002: 40).

 

Partiendo de estos nuevos elementos, a comienzos del siglo XXI, Pekín sugiere un concepto para los próximos veinte años. Centra sus metas en las oportunidades y desafíos a nivel internacional. Esta tendencia en las relaciones internacionales se ve reforzada con el llamado del presidente de China, Hu Jintao, en la Asamblea de la ONU en 2005, sobre la necesidad de «construir un mundo armonioso, los países alrededor del mundo deberían seguir el espíritu de la inclusión. La diversidad de las civilizaciones es un rasgo característico de la humanidad y una importante motivación detrás del progreso humano» (Jiang, 2005).

 

Estos cinco factores, y las diversas respuestas dadas, ponen de manifiesto las enseñanzas que ha sacado China en lo relacionado con la toma de decisiones en sus políticas de relaciones exteriores. Asimismo, observamos que las respuestas a estos cinco eventos no están, en realidad, relacionadas directamente a Asia Central. De hecho (re)presentan una nueva valoración, revisión y reafirmación de los principios de la política exterior china, desde las cuales puede actuar a nivel regional e internacional. Un resultado central de esos nuevos ajustes en la política internacional es la participación y el impulso a instituciones de carácter multilateral. Mientras las relaciones de carácter bilateral por las que China ha abogado en sus relaciones con otros países, ahora pueden ser impulsadas bajo el paraguas de las relaciones multilaterales. Esto se puede observar en las relaciones con Asia Central y la OCS, donde China ha obtenido buenos resultados al perseguir muchos de sus objetivos mediante relaciones bilaterales con los Estados miembros de la organización.

 

 

2.2. Política y estrategia de China en Asia Central

 

La política exterior de China en Asia Central —y a través de la OCS— se caracteriza por: Primero, el desarrollo de relaciones diplomáticas estratégicas con los grandes poderes influyentes en la región, especialmente con Rusia. Las relaciones con Moscú, con quien comparte enfoques estratégicos similares y al que considera como el principal gestor de seguridad y de estabilidad regional, priorizan el campo de la cooperación de seguridad regional y mundial, la cual es «una apuesta estratégica de asociación» (Paramonov y Stolpovski, 2008: 11). Aunque ambos apoyaron a las operaciones militares lideradas por Washington en Afganistán, se oponen a una presencia militar de EE. UU. a largo plazo en Asia Central. Por ello, Pekín implementa políticas y relaciones para que la región no sea controlada por poderes extra-regionales e impedir que EE. UU. la utilice como plataforma de cercamiento estratégico a sus intereses.

 

Segundo, implementación de políticas y relaciones para resolver los asuntos que amenazan su seguridad en su frontera occidental. La meta es privar que el separatismo uyghur del Xinjiang utilice a Asia Central como base; cortar todo tipo de apoyo a los separatistas; y, facilitar toda la ayuda posible para que las fuerzas radicales no desestabilicen a los países de la región.

 

Tercero, demarcación y desmilitarización de las fronteras, así como la estabilidad en las zonas contiguas. La prioridad de China en Asia Central post-sovética ha sido la seguridad y estabilidad de sus fronteras con las nuevas repúblicas. La OCS ha sido un valioso mecanismo para resolver y poner en marcha convenios fronterizos con Kazajstán, Kirguizistán y Tayikistán. Esto le ha proporcionado en cierta medida paz y seguridad, permitiéndole emplear sus energías en asuntos más críticos e inquietantes a nivel interno (conflictos separatistas en la Región Autónoma de Xinjiang y en la Región Autónoma del Tíbet) y externo (disputa por las islas Senkaku (en japonés) o Dai You (en China); conflictos en el Mar de China Meridional; conflicto entre China y Taiwán).

 

Cuarto, políticas económicas y comerciales con la región que priorizan en el desarrollo de los energéticos, para que le permitan el acceso a estos recursos, y en «la construcción de una “Ruta de la Seda” en la próxima centuria» (Peyrouse, 2007: 49), que conecte a Asia Central con China y que actúe como un canal comercial entre Asia, Oriente Medio y Europa.

 

Los movimientos realizados por China post/11-S en Asia Central han sorprendido, pues la seguridad de ésta es hoy mucho más compleja que durante el periodo del «Gran Juego». Asia Central ha resultado ser un ingrediente unificador de las relaciones de China y Rusia y no objeto de rivalidad. A través de la OCS Rusia reconoce los intereses de China en la región, mientras que China tiene mecanismos institucionales para fomentar sus objetivos regionales. Pekín no desea poner en peligro los lazos en asuntos de seguridad, ni «desafiar a las políticas rusas en la región, que a pesar de todo, es una región de limitada influencia para Pekín» (Weitz, 2006: 159).

 

La arriesgada posición sino-rusa de apoyo a la “guerra contra el terrorismo” de EE.UU. en Asia Central se les constituye de inmediato en un grave problema de seguridad. Muy pronto quedan desvelados los verdaderos propósitos de Washington para controlar la región, reducir la influencia de Moscú y contener a Pekín. Esto ha contribuido a una alianza estratégica entre China y Rusia dirigida a contener el poder estadounidense en la región y en otros escenarios.

 

China además de afianzar su posición en Asia Central por medio de acuerdos bilaterales, de cooperación multilateral regional y reforzar el rol de la OCS, evita a toda costa irritar a sus contrapartes. Las relaciones con los países de la región y en especial con la OCS están basadas sobre la “no-interferencia” en los asuntos internos de los otros Estados, lo cual le permite aparecer como un socio fiable para los gobernantes de la región, asimismo garantiza que no interfieran en Xinjiang. Estos objetivos los refuerza con políticas de inversión que apuntan al desarrollo de modernas infraestructuras y enlaces entre la región de Xinjiang y Asia Central, y reducción de las barreras arancelarias. Este reforzamiento se ven reflejado en el «Gran Desarrollo Occidental» para facilitar el desarrollo económico en Xinjiang.

 

2.3. Política económica y enérgica china en Asia Central

 

Los asuntos de la seguridad económica y energética son de vital importancia y están configurando la política exterior china, que se ve reflejada en las políticas de cooperación y de relación en el desarrollo con la OCS y Asia Central. La agenda económica, a su vez, le garantiza neutralizar y restringir la presencia e influencia de otros poderes que puedan desafiar su seguridad y consolidación como poder regional.

 

El interés de China en potenciar los lazos económicos con Asia Central se manifiesta en dos propósitos que se compaginan mutuamente: cooperación en áreas económicas estratégicas a sus intereses, y limitación al máximo de la presencia e influencia de EE. UU. en la región centroasiática. Esto va acompañado de un acelerado desarrollo y crecimiento de sus regiones occidentales, para convertirlas en un «puente eurasiático».

 

La política de cooperación china ha contribuido al incremento de la cooperación económica, comercial y energética con los países de Asia Central, porque estos han estado, en primer lugar, experimentando un periodo de transición económica y sus metas les exigen interactuar en el mercado global. En segundo lugar, los factores geográficos son favorables para el comercio económico y el desarrollo entre estas naciones. En tercer lugar, sus estructuras económicas son complementarias. Y, finalmente, los Estados de la región pueden brindar un «segundo puente eurasiático», que al mejorar las infraestructuras de transporte de energéticos puede brindar una sólida base material para los contactos (Xing, 2001: 156 en Allison), y para que los ductos de gas y petróleo lleven los hidrocarburos de Asia Central a aquellos que lo requieren.

 

El radicalismo religioso islamista y el separatismo que se manifiestan como violencia armada en Xinjiang son una amenaza para la seguridad interna de China y un desafío al desarrollo económico para la región. Para Pekín la prioridad es la implementación de medidas y el desarrollo de acuerdos con los países centroasiáticos para combatir y contener el separatismo uyghur y el islamismo radical a ambos lados de las fronteras.

 

Xinjiang tiene un valor estratégico militar y de seguridad para China. Allí está localizado el emplazamiento para las pruebas nucleares, y es la principal productora de energéticos. Se espera que la producción en Xinjiang, que corresponde a las importaciones de Asia Central, se incremente a más de 100 millones de toneladas anualmente, lo cual equivale casi al 60 por ciento del total de la producción doméstica china de 2004 (China Reform Monitor, 2005). En 2007, se produjeron 26,4 millones de toneladas de petróleo crudo y 21,2 mil millones de metros cúbicos de gas. Y se estiman unas reservas de 20,8 mil millones de toneladas de petróleo y 10,8 billones de metros cúbicos de gas, convirtiéndose en el área estratégica petrolera que reemplaza a Heilongjiang.

 

Además, Xinjiang es un área clave para los oleoductos estratégicos que se están construyendo desde Asia Central hacia China. Uno de estos es el oleoducto de Atasu, en Kazajstán, a Alashankou, en Xinjiang, que tiene 1204 kilómetros, transporta 400.000 b/d para atender sus necesidades energéticas. Estos proyectos trasnacionales aparte de ser un fuerte símbolo de integración regional (Gosset, 2007), son de una importancia capital para la diversificación energética de China, ya que reducen su dependencia del controlado tráfico por el estrecho de Malacca.

 

China necesita desarrollar y ampliar los mercados para sus mercancías, lo que a su vez, ha incrementado la demanda de hidrocarburos y le ha forzado a diversificar y buscar nuevas fuentes de suministros energéticos. Garantizar el acceso seguro a las reservas de Asia Central y del Mar Caspio, ante la carencia de una blue water navy que proteja el transporte de sus energéticos procedentes de África y Oriente Medio, es más que sensato y de vital importancia para su crecimiento y seguridad. La construcción de infraestructuras y el establecimiento de un clima favorable para los negocios han ido convirtiendo a Xinjiang en corredor para el comercio con los Estados vecinos, en la búsqueda de ser canal y punto enlace importante en la Ruta de la Seda contemporánea (Xing,, 2001: 165 en Allison) entre el Este asiático y Eurasia. Lo cual no es otra cosa que la adaptación de la política exterior y doméstica china emprendida en la región de Xinjiang.

 

Para los países centroasiáticos la presencia de China en la región resulta beneficiosa para sus intereses (Liao, 2006: 63): primero, por la necesidad de abrir rutas al mar y ganar acceso a los puertos de China; segundo, porque el dominio de Rusia en la región les limita las opciones; tercero, incremento de la cooperación en asuntos de seguridad con China y Rusia, por temor a que el radicalismo islamista se extienda a través de la región. Esto se ha visto reforzado con el desarrollo de cientos de proyectos de colaboración, préstamos en términos favorables, y asistencia gratuita que les ha proveído Pekín.

 

Esta «ruptura» del estatus de dominio de los lazos energéticos con Moscú en la región, visto desde otra angúlo, puede vehicular otras vías para la cooperación de Rusia y China con Asia Central para establecer el club energético de la OCS que desea el Kremlin. China puede, a la vez, expandir su cooperación con estos países dentro de la OCS, para reducir al mínimo cualquier amenaza a su seguridad energética de parte de Washington. Esto convierte los energéticos centroasiáticos en un campo de batalla no oficial entre EE. UU. y China (Esimova, 2005: 146-152).

 

2.4. China: interés securitario en Asia Central

 

Las políticas de seguridad de China en Asia Central están orientadas a contener las amenazas de los agentes no-estatales —terrorismo, extremismo religioso y separatismo uyghur[5]—, y a contrarrestar los poderes extra-regionales que amenazan su seguridad e intereses en la región. Por ello, la OCS resulta ser para China la institución y un mecanismo idóneo regional para mantener la estabilidad, la seguridad y para la promoción de sus intereses securitarios.

 

Pekín comparte el interés común con los países centroasiáticas de preservar la estabilidad regional, lo que le permite jugar un rol importante en la OCS. El asunto es si estos acuerdos posibilitan la seguridad colectiva regional y la lucha contra las amenazas domésticas y no-tradicionales, y su securitización; o si la atención china se dirige especialmente a neutralizar amenazas y poderes de naturaleza externa que compiten por ganar influencia en Asia Central.

 

China necesita que Asia Central sea una región estable para asegurar sus fronteras, y que no se vea envuelta en conflictos armados e inestabilidad. Las autoridades chinas «están trabajando con la convicción de que la seguridad de los Estados centroasiáticos se correlaciona con la seguridad de Xinjiang, es decir que cualquier tipo de inestabilidad en Asia Central afectará la seguridad de la región noroccidental» (Huasheng, 2004: 116-125) y de China. La integridad territorial china está por encima de cualquier duda o pretensión separatista.

 

El gobierno chino de Hu Jintao sabe los desafíos y peligros que conllevan el menor desarrollo de su región noroccidental. Esto no sólo significaba estancamiento, sino también la posible incentivación del extremismo islámico y del separatismo étnico uyghur. Para enfrentarlas China ha puesto en marcha la estrategia nacional para el desarrollo del noroccidente, con una inversión de 125 mil millones de dólares en la construcción de infraestructuras (CHINA.ORG, 2006).

 

Los intereses de China en Asia Central y la OCS se pueden definir en tres ejes básicos: en primer lugar, lucha contra las amenazas a la seguridad regional y contener las fuerzas desestabilizadoras separatistas, el extremismo religioso y el terrorismo que hace presencia en Xinjiang; en segundo lugar, tratar de conservar a Asia Central como región estratégica estable; en tercer lugar, garantizar que los países de la región se conviertan en surtidores de recursos energéticos y en socios económicos para sus proyectos y el desarrollo de Xinjiang.

 

Estos intereses de seguridad regional de China al confluir, en gran medida, con los intereses de los países centroasiáticos le ha incentivado a participar activamente en la OCS. Pues ésta le brinda herramientas para combatir el islamismo extremista y el separatismo uyghur, y a que estos Estados no apoyen ni permitan espacio de actuación a estas amenazas, lo que contribuye a la seguridad de las zonas de fronteras noroccidentales del país. Además, a través de la OCS impulsa sus políticas de seguridad para contener los intentos hegemónicos de Washington en la región. Y también, afianza y fortalece los lazos económicos y comerciales con la región para garantizar fuentes nuevas y seguras de recursos energéticos de Asia Central y del Caspio.

 

Una clara señal de la importancia que China ha depositado en el desarrollo de la OCS como un mecanismo de seguridad para Asia Central ha sido la participación sin precedentes en los ejercicios militares con tropas de países extranjeros fuera de sus fronteras, entre los que se cuentan: «Interacción 2003», Tianshan 2006, Issyk Kul Antiterrorista 2007,  e igualmente, la OCS ha llevado a cabo a partir ejercicios militares conjuntos anti-terroristas Misión Paz por más de una década (2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014), con estos ejercicios militares la OCS ha logrado realzar sus capacidades de fuerza, y la coordinación en la lucha antiterrorista; así mismo fue  puesta en marcha de la ERAT. Un elemento a resaltar es que en este año, en mayo de 2014 en Dushanbe, en una conferencia organizada por la OCS en preparación de la cumbre anual de presidentes del OCS, titulada "OCS y la provisión de seguridad regional: problemas y perspectivas", estuvo centrada y dedicada a ampliar la capacidad de la OCS para proporcionar la seguridad regional y la viabilidad de la fusión de la OCS y la Organización del Tratado de Seguridad colectiva (OTSC), tema que ha venido siendo debatido ampliamente por los miembros de las dos organizaciones internacionales.

 

Además, a través de la OCS, Pekín y Moscú han venido implementando una línea política coherente orientada a expresar su oposición a las políticas emprendidas por Washington, a nivel global y en Asia Central. Claros ejemplos de esto son la Declaración de Dushanbe, Tayikistán, del año 2000, que abierta y enfáticamente manifiesta su oposición al programa de misiles de defensa y apoya la posición de China en contra de los planes de incluir a Taiwán en el sistema ABM. Y la declaración de la Cumbre de San Petersburgo de 2002 en la que la OCS manifiesta su rechazo al «uso de “dobles estándares” en asuntos de derechos humanos y la interferencia en asuntos internos de los Estados bajo el pretexto de defenderlos» (SCO, 2002).

 

Las realidades políticas en Asia Central han cambiando notablemente. China y Rusia han demostrado que no están dispuestos a permitir que EE. UU. siga acrecentando su influencia y mucho menos su presencia militar en la región. La declaración de jefes de Estado de la OCS en la Cumbre de Astana de 2005 (SCO, 2005), llama a que EE.UU. establezca una fecha límite final para la permanencia de sus contingentes militares en los territorios de los Estados miembros de la OCS. Esto llevó a que Washington desalojara las instalaciones de la base aérea en Uzbekistán (Wright y Scott Tyson, 2005: A01), y a que Kirguizistán continúe presionando para que desaloje la base de Manas (Radyuhin, 2008). Finalmente, en 2013, el parlamento kirguizo rechazó prolongar el contrato de alquiler de la base, obligando a que EE.UU. retirara su personal y todo su material militar a más tardar el 10 de julio de 2014.

 

El desarrollo de estas distintas agendas políticas, posiciones y declaraciones conjuntas ha sido interpretado como una clara señal del incremento de la inquietud de China por la presencia de EE. UU. en Asia Central y el deseo de reafirmar su posición (Ersoy, 2008). Esto, de cualquier forma, pone de manifiesto que la situación de las relaciones a nivel internacional está cambiando aceleradamente. E igualmente, demuestra el inevitable ascenso de Rusia y China como nuevas potencias en el escenario internacional y el camino al establecimiento de un nuevo orden internacional caracterizado por la multipolaridad.

 

3. Conclusiones

 

3.1. ¿Responde la OCS a una «asociación de cooperación de identidades»?

 

Los países miembros de la OCS además de responder favorablemente al llamado de EE. UU. para combatir el terrorismo internacional en Afganistán tras el 11-S, Estados miembros incluso permitieron bases militares en sus territorios, y establecieron relaciones especiales con Washington casi en abierta oposición a los propósitos de cooperación de la OCS, y de los intereses de Rusia y China. Esto ha estado demostrando, no otra cosa que, la carencia de una de conciencia de grupo y de identidad de intereses regionales; esto  permitió que algunos analistas, expertos en política internacional llegaran a plantear el fracaso de la OCS como organización de cooperación para Asia Central.

 

Si bien es cierto que la actitud pro-Washington de estos países cambia substancialmente a partir de 2005 tras los «golpes de Estado blandos» en Uzbekistán y Kirguizistán; y de que además, existen otros factores de afinidad de identidad regional de intereses como es el llamado «Grupo de Contacto de Afganistán» de la OCS, que desarrolla y mejora las políticas de securitización regional, y de que acerca y compromete a países vecinos —caso India— en las políticas de cooperación de seguridad para Asia Central. En el caso de Afganistán, a través del Grupo de Contacto de Afganistán-OCS creado para promover la estabilidad e impulsar la reconstrucción de ese país castigado por la guerra y el terrorismo, además de mejorar y aumentar los mecanismos de cooperación y perfeccionar su eficiencia, la OCS decidió elevar la representación del Grupo de Contacto Afganistán- OCS a nivel ministerial de los estados miembros de la OCS y Afganistán; de igual manera aprovecharon para urgir y demandar el repliegue de las tropas occidentales de Afganistán y abogan por aunar esfuerzos para combatir el extremismo islámico y el narcotráfico procedentes de ese territorio. A tal punto han llegado los logros del Grupo que Afganistán obtiene el status de país observador de la OCS en la cumbre de Pekín de junio de 2012.

 

No por ello, y a pesar de los distintos avances de carácter identitario que se han dando en la OCS, se le puede considerar o clasificar como organización cuyo interés está impulsado por la identidad, ni tampoco como una organización que se enmarca como un grupo de cooperación regional de identidad; puesto que cada uno de sus miembros tiene una forma diferente de actuar y responder a los acontecimientos geopolíticos que se presentan a nivel regional e internacional.

 

3.2.  ¿Responde la OCS a un «régimen internacional»?

 

En la búsqueda de la solución a los problemas domésticos y regionales los países que conforman la OCS evidencian cada vez más interdependencia para la acción conjunta económica y de seguridad. La OCS ha venido mejorando y profundizando la cooperación en los canales de información recíproca en relación con los asuntos de interés común, pero no por ello, se le puede presentar como una organización que responde a un típico régimen económico internacional. Ni tampoco, se puede argüir que actualmente la OCS actúa o se presenta como un régimen económico internacional, a pesar de que haya conseguido grandes avances en cooperación económica y comercial, y haya logrado forjar un marco de cooperación más estable de referencia en el ámbito regional e internacional y una solidez más perdurable dentro de su marco institucional.

 

Por lo tanto, y aunque sean importantes los progresos en la cooperación regional, a la OCS no se le puede enmarcar como una organización que responde a un régimen internacional; pues las relaciones entre los Estados miembros aún continúan siendo relaciones de carácter bilateral como mecanismo principal de interrelación en asuntos de cooperación económica, y en cuanto lo relacionado con el multilateralismo, la OCS todavía aún, a pesar de los grandes logros conjuntos a nivel regional,  mantiene rasgos que la sitúan en un estadio de coordinación en temas económicos, comerciales y de seguridad.

 

3.3. ¿Responde la OCS a un «concierto»?

 

En cierta medida, se podría inferir que la OCS es actualmente una organización internacional que manifiesta ciertos rasgos de «concierto», por el hecho de preservar en cierta forma el statu quo de los regímenes de las nuevas repúblicas centroasiáticas. Esta postura institucional está basada en una percepción de amenaza compartida frente a la seguridad doméstica y regional, resultante de la actividad de agentes no-estatales desestabilizadores, o de ideas «democratizadoras» gestadas desde dentro o desde fuera de la región, por potencias extranjeras interesadas en acceder y ejercer dominio sobre la región. Por tal motivo, los países de la OCS tienen un interés creado para buscar, por un lado, el mantenimiento del statu quo, y por el otro, enfrentar las amenazas domésticas y externas percibidas en la región. Ante tales circunstancias, los países pequeños y débiles se aprovechan de la ocasión (bandwagon) para colgarse de las preocupaciones de Rusia y China, así como también para balancear contra las amenazas que perciben.

 

La OCS presenta avances en la cooperación e institucionalización de mecanismos de seguridad, pero esto no significa que se le pueda asimilar con una típica organización que coopera en todos los asuntos y escalas regionales para la solución de los problemas de seguridad. Por ende, esto nos permite afirmar que la OCS no puede ser considerada como un «concierto» en el estricto rigor del concepto, aunque pueda contemplar algunos elementos de «concierto». Pero si Rusia y China continúan profundizando sus relaciones y acercamiento estratégico, esto indudablemente repercutirá en la mejora de la coordinación y en las políticas de cooperación para hacerles frente a las amenazas en Asia Central junto con los demás Estados de la región. De ser así, la OCS podría en algún momento entrar en el camino de convertirse en una organización tipo «concierto».

 

3.4.  ¿Responde la OCS a una «alianza»?

 

El hecho de que Rusia y China perciban a Estados Unidos como una amenaza sería, en gran medida, la razón que lleva a que los dos países coincidan e impulsen su política exterior y sus iniciativas estratégicas para Asia Central a través de la OCS. Mientras que a los otros miembros esta situación les permite aprovecharse de la ocasión (bandwagoning) para exteriorizar su desconfianza y rechazo a Washington como en el caso generado tras los acontecimientos de 2005 en Kirguizistán y Uzbekistán.

 

También, a su vez, se puede evidenciar que la OCS se ha convertido en una tribuna multilateral que ha venido retomando una serie de políticas que permite a Rusia y China impulsar sus intereses nacionales y geopolíticos en la región. Este tipo de comportamientos se pueden enmarcar, sin duda, dentro de la categoría de ser anti-EE.UU. Pero pese a esta posición asumida, la OCS no refleja, ni tampoco se podría catalogar como una típica alianza defensiva de carácter militar, sino que debe ser vista de la forma y desde la óptica las alianzas que define Walt. En consecuencia, encontramos que la OCS es una alianza atípica, ya que su rasgo cohesionador y cuya característica principal en la que priorizan es la cooperación para la securitización regional. Este tipo de cooperación que se produce en la OCS no impide que al mismo tiempo en su interior converjan y se conjuguen otros tipos de cooperación, pero lo que prevalece son aquellos modelos de cooperación que le permiten a la OCS por un lado, la securitización a nivel doméstico y regional, y por otro, implementar las políticas para contener y contrabalancear el intento de hegemonía y de control de EE.UU. —y sus aliados de la OTAN— de Asia Central y en cierta medida global.

3.5. La OCS y la «securitización regional»

 

Una vez resueltos, en gran parte, los conflictos de las fronteras y logrado su desmilitarización. Identificadas las amenazas y definidos los mecanismos de cooperación institucional, la OCS puso en marcha el proceso de securitización para gestionar las distintas amenazas en el complejo de seguridad regional.

 

Además de haber securitizado los «tres males» (Terrorismo, el Separatismo y el Extremismo) y otros aspectos relacionados con la seguridad regional, la OCS ha identificado en cierta medida la penetración y presencia militar de potencias externas a la región como una amenaza que debe ser securitizada.

 

La OCS se ha ido, igualmente, convirtiendo en una tribuna multilateral que le permite a Rusia y China impulsar sus políticas e intereses nacionales, regionales y geopolíticos, al mismo tiempo que los otros países de la organización implementan sus políticas de balance para mantener el statu quo. Aunque la OCS ha venido asumiendo un comportamiento cada vez más contrario a las políticas e intereses de EE. UU. en Asia Central, no por ello, se le puede catalogar como una típica alianza defensiva de carácter militar, sino como una alianza de naturaleza atípica, cuya característica principal que predomina es la cooperación para la securitización regional de las amenazas internas y externas de la región. Por esta razón, la manera más acertada de clasificar a la Organización de Cooperación de Shanghái es el de definirla como una alianza de securitización regional, que le permite, por un lado, la securitización doméstica y regional, y por otro, la implementación de políticas para contener y contrabalancear el intento de hegemonía y control de Asia Central y global que EE. UU. y sus aliados (OTAN) han desplegado.

 

El carácter de la cooperación de la OCS puede cambiar o adecuarse a nuevas condiciones y situaciones regionales y mundiales en un futuro no lejano. Las rápidas transformaciones que se están presentando en el tablero geopolítico internacional son de una gran dimensión histórica que están cambiando su fisonomía. A la par que fracasa el orden mundial unipolar que EE. UU. pretendió imponer unilateralmente, surgen nuevas potencias regionales y mundiales que demandan la necesidad del establecimiento de un nuevo orden internacional multipolar. Este momento histórico que se presenta en el contexto internacional, al comenzar la segunda década del siglo XXI, es de gran trascendencia para el inmediato futuro. Es una época de especiales definiciones, las cuales están configurando nuevas relaciones entre Estados, fuerzas y alianzas a nivel regional y global. Pero también es un momento de expectativa y de reacomodo de intereses, lleno de amenazas y peligros para la estabilidad, la seguridad y la paz mundial.

 

 

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[1] El término Asia Central es normalmente usado para describir región que se encuentran al sur de la actual Federación de Rusia y al Este del mar Caspio, es decir, las cinco nuevas repúblicas post-soviéticas que surgieron en esta zona: Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

[2] Nota: El Nuevo Gran Juego es una moderna conceptualización geopolítica en Oriente Medio como competencia entre EE.UU., el Reino Unido y otros miembros de la OTAN contra Rusia y China por la “influencia, poder, hegemonía y ventajas en Asia Central y en Transcaucasia o Cáucaso Sur”. Y el cual a su vez hace referencia a “El Gran Juego”, relacionada con la rivalidad política entre el imperio británico y el imperio ruso en Asia Central durante el siglo XIX.

  1. La Comunidad Económica Eurasiática (EurAsEC o CEEA) se puso en marcha el 10 de octubre de 2000 cuando Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Rusia y Tayikistán firmaron el tratado. La EurAsEC fue creada cuando el tratado fue finalmente ratificado por los cinco Estados miembros en mayo de 2001.

- Espacio Económico Unificado (UES siglas en inglés), en la cumbre de los Estados miembros de la Comunidad de Estados Independientes (CIS) de Yalta, Ucranio, del 20 de septiembre de 2003, los presidentes de Bielorrusia, Kazakstán, Ucrania y Rusia, firmaron el acuerdo para constituir el Espacio Económico Unificado.

- Organización de Cooperación de Asia Central (CACO), entidad creada el 28 de febrero de 2002 e integrada hasta hoy por Tayikistán, Uzbekistán, Kirguistán, Kazajstán. Rusia ingresa en 2004.

- Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), El Tratado de Seguridad Colectiva fue firmado el 15 de mayo de 1992. Y en 2009 los países miembros de la OTSC firmaron un documento por el que se aprueba la creación de la Fuerza Colectiva de Reacción Rápida.

- La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) es una organización intergubernamental fundada el 15 de junio de 2001por los líderes de China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.

- Estado de la Unión de Bielorrusia y Rusia o Unión de Bielorrusia y Rusia fue firmado el 2 de abril de 1997 sobre la base de la Comunidad de Bielorrusia y Rusia.

[4] Los "Tres Cambios Nuevos y los Tres No cambios":

Los "Tres No cambios" son esencialmente una reafirmación de la restauración capitalista de Deng Xiaoping en la década de 1980 que proporciona la justificación continua de la reforma de los programas nacionales de China; particularmente la reforma económica. Los "Tres No cambios" son:

  • La paz y el desarrollo siguen siendo la tendencia en las relaciones internacionales y el movimiento hacia un mundo multipolar continúa,
  • La globalización económica sigue aumentando, y
  • La tendencia principal es hacia la disminución de las tensiones internacionales.

La cuenta de "Tres Cambios Nuevos" representa un consenso general resultante del debate que las evaluaciones anteriores de China en el entorno de la seguridad internacional, y en particular la situación de seguridad de China, tal como se refleja en el Libro Blanco de Defensa de julio 1998, eran demasiado optimistas.

Los "Tres nuevos cambios" son:

  • La política del poder hegemonismo y van en aumento,
  • La tendencia hacia el intervencionismo militar va en aumento, y
  • La brecha entre los países desarrollados y en desarrollo es cada vez mayor.

[5] Los Uyghures nacionalistas ven la región del Xinjiang como un estado-nación distinta que está sufriendo actualmente una ocupación por una potencia colonial. El patrimonio islámico, la lengua uigur y un fuerte apego a la tierra han contribuido a solidificar la identidad uigur y el nacionalismo Uyghur. En las últimas décadas hay un resurgimiento del nacionalismo que ahora llama a una demanda más vigorosa y la afirmación de la independencia y separación de China. El surgimiento de movimientos y grupos uyghures violentes se ha convertido en una amenaza para la seguridad y la integridad territorial de China.

 

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