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Camilo Torres recordado en vísperas del cincuenta aniversario de su muerte

13/11/2015
Opinión
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Un acto de alto valor simbólico tuvo lugar en Cali el 7 de noviembre pasado por iniciativa de Monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, arzobispo de esa ciudad, la tercera de Colombia: El recuerdo de Camilo Torres Restrepo como cristiano y como sacerdote. Para preparar el evento, el arzobispo había escrito en una revista de la Arquidiócesis titulada: Camilo ayer y hoy, signo de reconciliación (Cuadernos ciudadanos – Observatorio de realidades sociales, número 5, noviembre 2015, p. 8): “El sacerdote Camilo Torres Restrepo, sometido hasta en sus despojos mortales al secreto de Estado, en la influencia de su pensamiento cristiano, al silencio de la Iglesia y al estigma guerrillero sobre su nombre, tiene mucho que dar y enseñar a una Colombia que se proyecta hacia la reconciliación, la verdad, la justicia transicional y la paz.”

 

Este día, se trataba de celebrar la memoria de un sacerdote que el 15 de febrero de 1986 murió en la guerrilla, compromiso que, según sus propias palabras, asumió como cristiano, como sacerdote y como sociólogo, en una sociedad profundamente injusta y cruel. Solamente en los últimos 50 años, hubo casi medio millón de muertos; seis millones de desplazados, cuatro de ellos en Venezuela; miles de desaparecidos, innumerables despojos de tierras a los campesinos por terratenientes y empresas multinacionales (especialmente del petróleo, de minas y de agro-combustibles) a menudo con la ayuda de paramilitares. Acuerdos de paz se negocian en La Habana y en Quito, para poner fin al conflicto armado que se reveló demasiado costoso para las clases dominantes y que para los más pobres y explotados, constituye un proceso de lucha que se ha agotado físicamente y moralmente.  

 

Los testimonios

 

El arzobispo empezó el acto diciendo que había llegado el tiempo para desarrollar otra mirada sobre Camilo y reconocer lo que su pensamiento y su compromiso podrían significar hoy para la reconciliación en base a la justicia. Siguieron dos ponencias de testigos de la vida de Camilo, la que yo expuse reflexionando desde el tiempo que lo invité, en 1954, a ir a Lovaina para estudiar sociología; y, la del padre Javier Giraldo, s.j. colombiano. En mi intervención, recordé la trayectoria de Camilo y su último compromiso que lo llevó hasta la muerte. Siempre había pensado que un Camilo vivo habría sido mejor que un Camilo muerto, pero el símbolo de su sacrificio sobrepasó los límites del tiempo y del espacio. En Kerala, en el sur de la India, un joven pescador católico, que había leído un texto mío sobre Camilo, le puso a su primer hijo el nombre de Camilo Torres.  

 

Camilo eligió la resistencia armada, lo que puede parecer contradictorio con un mensaje cristiano de paz y de amor al prójimo y más aún con la función sacerdotal. Sin embargo, vivimos en un mundo violento y no se puede negar a los oprimidos el derecho a la resistencia, que puede desembocar en una revuelta armada, cuando se trata de optar por ésta, como último recurso, con posibilidad de éxito y en el proceso de lucha rechazar el uso de medios éticamente inaceptables, como el terrorismo, la tortura o los secuestros. En la época de Camilo sucedía esto. Cincuenta años después, las circunstancias han cambiado y sin duda él apoyaría las negociaciones de paz. Sin embargo, de la experiencia de Camilo como analista y líder social, se puede inferir que el fin del conflicto armado no significa el fin de las luchas sociales. La burguesía colombiana, una de las más cultas del continente pero también una de las más cínicas, no abandonará sin más su hegemonía económica, política y social. Camilo, que pertenecía a esta clase, lo sabía muy bien.  

 

El padre Javier Giraldo, s.j.  insistió en la posición de Camilo cuando oficiaba como capellán de la Universidad Central de Bogotá, donde descubrió la necesidad de otra concepción de la pastoral: no partir de una doctrina para insertarla en la vida, sino del descubrimiento de la realidad para dar una respuesta inspirada por los valores de paz y de amor del Reino de Dios. En este aspecto, Camilo estuvo inspirado por sus contactos en Europa con la juventud obrera católica (JOC) y el método desarrollado por su fundador Joseph Cardijn: ver, juzgar, actuar.

 

El acto litúrgico

 

El acto litúrgico que se desarrolló a continuación, tuvo lugar en la iglesia la Ermita, en el centro de la ciudad, sitio religioso donde se ofician los matrimonios y bautizos de la "alta sociedad" local. La ceremonia empezó con una parte ecuménica. El coro de la Iglesia bautista cantó acompañado por una música de campanitas. Representantes de diversas iglesias y religiones estaban alrededor del altar. Pastores de las iglesias protestantes históricas, episcopales, luteranas, bautistas, y de los Viejos Católicos, tomaron la palabra. Todos insistieron sobre la dimensión social del mensaje cristiano y uno de ellos habló de Camilo como un mártir. Una pastora, la presidenta del Movimiento Ecuménico de Mujeres para la Paz, describió los sufrimientos de las mujeres en situación de guerra. Cada testimonio se terminaba encendiendo un cirio y con un abrazo con el arzobispo, seguido por el aplauso de la asamblea.

 

Un representante de la comunidad judía intervino, profundizando en  la noción de Shalom, ese deseo de paz y amor, que no se puede desvincular de la justicia, palabra con la que homenajeó a Camilo. Una dama afrodescendiente, toda vestida de blanco y con un turbante que daba una especial dimensión de elegancia a su gran talla, tomó la palabra. Venía de la tradición Yoruba. Ella describió las injusticias cometidas contra los descendientes de los esclavos africanos: despojo de sus tierras por las empresas multinacionales de agro-combustibles; destrucción de pueblos y comunidades; asesinatos de mujeres y niños por paramilitares. Ella acompañó su descripción, sobria pero terrible, con un canto de inspiración africana. Cuando lo entonó, el arzobispo se puso de pie y también lo hicimos todos los participantes de este acto ecuménico, que llenaban la iglesia. Fue un momento de gran emoción, seguido de un aplauso prolongado cuando la dama y el arzobispo se dieron el abrazo.

 

Un chamán indígena tomó la palabra en nombre de los numerosos pueblos originarios de Colombia y agradeció a la madre tierra por este encuentro en memoria de Camilo. Él se refirió a los miles de víctimas indígenas, desplazados de sus tierras por las empresas petroleras y mineras y a las numerosas personas asesinadas. Recordó que al lado de Camilo hubo  también otros sacerdotes que habían dado sus vidas.  

 

A continuación tuvo lugar la eucaristía. La primera lectura tomada de San Pablo sobre Cristo que murió para dar la vida y la del evangelio tomada de Mateo sobre el último juicio, donde Dios recompensa a los que habían dado de comer a los hambrientos, vestido a los desnudos y visitado a los presos. La homilía del arzobispo fue precedida por la lectura del mensaje de Camilo a los cristianos cuando se fue a la montaña. En su sermón, el arzobispo abordó tres temas: Camilo ofreció su vida; su mensaje ha sido siempre una palabra de unidad, lo cual nos indica la vía a seguir para el futuro; y, el año de la misericordia, decidido por el Papa Francisco y que corresponde con el cincuenta aniversario de la muerte de Camilo, que daría sus frutos si se incluye la dimensión de justicia.

 

En el ofertorio se cantó el de la Misa Campesina de Nicaragua que merece la pena citar a continuación:  “Obreros y campesinos con el pan y el vino te ofrecemos hoy, los chilincocos y almendros que montaña adentro nuestra tierra dio. Los caimitos bien morados los mangos pintados de luna y de sol los pipianes, los ayotes la miel de jicote la chiche-coyol. Yo te ofrezco Señor en esta misa el trajín de cada día, toda la energía da mi sudor yo te ofrezco señor mi trabajo entero, los bejucos de mis brazos y el vino entusiasmo de mi corazón. La clase trabajadora que desde la aurora busca su labor, desde el arado te canta, desde cada andamio y hasta del tractor albañiles, carpinteros sastres, jornaleros todos por igual herreros y estibadores y los lustradores del Parque Central“.

 

El abrazo de paz fue compartido por todos los participantes y el último canto de la misa fue seguido por el largo aplauso de una asamblea alegre de haber podido participar en este reconocimiento a Camilo como cristiano y como sacerdote.  

 

Presentación de libros

 

En la tarde, se presentaron dos libros sobre Camilo y una serie de testimonios. Se anunciaron también dos películas, una titulada “El evangelio de Camilo” que se estrenarán en febrero de 2016, en la celebración del cincuenta aniversario de su muerte. Durante el acto, se agradeció a la Universidad Católica de Lovaina por su contribución en la formación de Camilo.  

 

Intervine también diciendo: “Para mí Camilo está vivo, porque su pensamiento y su ejemplo son muy importantes en la expresión de la fe cristiana hoy. Se necesita una transformación de las estructuras de la sociedad, porque predicar el amor sin transformarla para permitir que este amor sea eficaz, es pura ideología. Si se toma en serio el mensaje de Jesús, la manera cómo él actuó en su propia sociedad, no podemos pensar que el mensaje cristiano es “opio para el pueblo”, al contrario, es una base de emancipación y de libertad”.

 

Monseñor Darío Monsalve concluyó la jornada expresando: “La lucha que Camilo libró es la de un cristiano para transformar las injusticias sociales. Camilo veía esa desproporción tan enorme entre la gran mayoría de excluidos, y la minoría privilegiada. Y, cuando él mismo fue cayendo entre los excluidos de la Iglesia Católica y estigmatizado por sus ideas, que le impidieron vivir y expresarse en la sociedad de todos los días, fue empujado a la clandestinidad, y a unirse con quienes lo acogieron”. Tal rehabilitación de Camilo Torres no habría sido posible, sin la apertura de nuevos espacios realizados por el papa Francisco.

 

Quito, 13 de noviembre del 2015

Para el Telégrafo

http://www.alainet.org/es/articulo/173609

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