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Crisis humanitaria: Solidaridad abajo, negocios arriba

11/09/2015
Análisis
  • Refugiados en una estación de trenes en Budapest - Wikimedia
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Pasada la conmoción mediática provocada por la oleada de inmigrantes, comienza a cobrar forma lo que hay detrás del fenómeno: desde las guerras e invasiones desatadas por la OTAN en Medio Oriente hasta el interés del gran empresariado alemán para hacerse con mano de obra barata para impulsar sus exportaciones.

 

La población europea oscila entre dos reacciones extremas: la solidaridad y el rechazo. Fueron muchas las manos tendidas en diversos países hacia los extranjeros que buscan un lugar a la sombra del desarrollo europeo, mostrando un sentimiento internacionalista que se mantiene vivo pese a la criminalización de los medios. Pero los fascistas también mostraron las uñas, dispuestos a saltar a la yugular de los nuevos migrantes, culpables para ellos de todos los males que aquejan al viejo continente.

 

La principal noticia de esta semana fue el anuncio Ángela Merkel de que su país se compromete a recibir a 500.000 refugiados cada año, lo que en su opinión cambiará profundamente el país. Este año aceptará unos  800.000 extranjeros, cuatro veces más que el anterior.  Lejos quedan los demás países europeos. Según el plan del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, todo el continente debería acoger a 120.000 refugiados como “un primer paso”.

 

Por su parte, el presidente de la Unión Europea, Donald Tusk, advirtió que “la ola de migración no es un incidente aislado sino el principio de un éxodo real, lo que significa que tendremos que tratar con este problema en los próximos años” (Pagina 12, 9 de setiembre de 2015).

 

Sin embargo el país donde la llegada masiva de refugiados amenaza profundizar la crisis es Grecia. El ministro de Migraciones dijo que la isla de Lesbos está “a punto de explotar”. Unas 30.000 personas se encuentran en varias islas del mar Egeo, 20.000 de ellas sólo en Lesbos cuya población apenas sobrepasa los 80.000 habitantes.

 

SOLIDARIDAD ABAJO. La iniciativa del papa Francisco de que cada parroquia reciba un refugiado es, apenas, la expresión de un sentimiento fraterno que atraviesa buena parte del continente. Mientras el gobierno español sigue empeñado en reducir la cantidad de refugiados a recibir, “una ola de rebeldía crece tanto en los ayuntamientos como en las calles y pide la apertura de fronteras y la acogida de las personas refugiadas que tratan de buscar asilo en Europa” (Diagonal, 9 de setiembre de 2015).

 

Decenas de ciudades españolas se han sumado a la red impulsada por la alcaldesa Ada Colau desde Barcelona, denominada “ciudades refugio”, donde se “organizan censos de miles de familias dispuestas a ofrecer su casa para la acogida, listados de profesionales que puedan dar apoyo psicosocial, legal, sanitario, lingüístico o de otro tipo, habilitación de espacios municipales”, entre otras.

 

Más allá de la respuesta institucional, han nacido grupos autoorganizados como la iniciativa alemana Refugees Welcome. “El 3 de septiembre, una reunión organizada por la Asociación de Sin Papeles de Madrid para canalizar la frustración e indignación ciudadana en propuestas de acción, acabó desbordando las expectativas y se convirtió en una asamblea multitudinaria que tuvo que ser trasladada a una plaza de la capital y que ha sembrado el germen de un movimiento organizado desde abajo que busca ir más allá del asistencialismo” (Diagonal, 9 de setiembre de 2015).

 

SOS Racisme, Stop Mare Mortum, Refugiados Bienvenidos, la Red Asturiana de Familias de Acogida de Refugiados son algunas de las plataformas que reclaman la apertura de fronteras y la libertad de movimientos. El ayuntamiento de Barcelona anunció que no hará distinción entre refugiados de diversos países ni entre éstos y los migrantes, abriendo un debate que minimiza las diferencias entre guerras y crisis económicas como causantes del traslado masivo de personas hacia Europa.

 

“Ya es hora de empezar a cambiar el concepto de persona refugiada y ampliarlo también a los refugiados por motivos económicos”, señala la portavoz de Stop Mare Mortum. En su opinión, la Unión Europea es responsable por la venta de armas a países en conflicto y el impulso de políticas económicas que están en la base de la migración masiva.

 

Sin embargo, el diario británico Sunday Express alertó que “más de cuatro mil terroristas del Estado Islámico llegaron a Europa haciéndose pasar por refugiados” (Russia Today, 7 de setiembre de 2015). Según el medio, el destino de buena parte de los supuestos terroristas sería Alemania y Suecia, cuestión que al parecer conocen los servicios de seguridad de los países europeos. La ultraderecha encuentra así un punto de apoyo a sus campañas xenófobas que, con toda seguridad, crecerán en los próximos meses.

 

NEGOCIOS ARRIBA. “Si somos capaces de integrarlos rápidamente en el mercado laboral, no sólo estaremos ayudando a los refugiados, sino también a nosotros mismos”, dijo el jefe de la poderosa Federación de la Industria Alemana Ulrich Grillo (Business Insider, 7 de setiembre de 2015). El principal patrón alemán es un fuerte partidario de la inmigración ante el creciente envejecimiento de la población europea.

 

Según un informe de la Unión Europea, citado por el diario italiano La Repubblica, en Europa hay cuatro personas en edad de trabajar por cada jubilado pero en 2050 habrá sólo dos si las cosas no cambian (Pagina 12, 9 de setiembre de 2015). El continente tendrá necesidad de 42 millones de “nuevos ciudadanos que paguen sus impuestos y contribuciones, para que la población anciana pueda seguir cobrando su jubilación y otros beneficios”.

 

Pero los industriales hacen además otros cálculos. El desempleo en Alemania se encuentra actualmente en su nivel más bajo desde la reunificación, pero se estima que faltan 140.000 ingenieros, programadores y técnicos en la industria, mientas en el sector de la salud el faltante de mano de obra calificada es de unas 40.000 plazas sólo para este año. El think tank Prognos anticipa que “la escasez de trabajadores cualificados se elevará a 1,8 millones en 2020, y hasta 3,9 millones en 2040, si no se hace nada” (Business Insider, 7 de setiembre de 2015).

 

Antes de contratar y formar a un inmigrante las empresas deben demostrar que no hay candidatos alemanas para ese puesto. Pero una vez tomada la decisión, “quieren una garantía de que un aprendiz que adquieren no será deportado de un día para otro”. El Estado, por su parte, financia el aprendizaje del idioma alemán.

 

“Las personas que llegan aquí como refugiados deben convertirse rápidamente en nuestros vecinos y nuestros colegas”, dijo el Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales Andrea Nahles, cuyo ministerio flexibilizó las reglas para que los extranjeros puedan trabajar como temporarios en prácticas.

 

Dos tercios de los refugiados son migrantes económicos y sólo el tercio restante provienen de países en guerra: Siria (20 por ciento), Afganistán (7 por ciento) e Iraq (3 por ciento), aunque otras fuentes aseguran que la mitad de los que cruzan el Mediterráneo son sirios (Russia Today, 10 de setiembre de 2015). La inmensa mayoría no son familias sino hombres solos de 18 a 34 años. En ese tramo de edad y género espera reclutar sus nuevos trabajadoras la gran empresa alemana, la más robusta del continente.

 

Grillo lo dice sin vueltas: “Me distancio muy claramente de los neonazis y de los racistas que se reúnen en Dresde”, dijo a fines del año pasado. “Debido a nuestra evolución demográfica, garantizamos el crecimiento y la prosperidad con la inmigración” (AFP, 23 de diciembre de 2014). Lo que no dice es que los salarios que pagan a los inmigrantes son mucho más bajos que los perciben sus conciudadanos.

 

Pero la política alemana está despertando recelos en los demás países de la Unión, que no se muestran entusiasmados con las propuestas de abrirse a los migrantes.

 

La candidata de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen, culpó a Alemania por sus políticas que afectarán al conjunto de la Unión Europea. “Alemania está tratando de bajar los salarios y de reclutar esclavos a través de la inmigración masiva”, dijo en Marsella (Russia Today, 7 de setiembre de 2015). Agregó que el país de Merkel “busca gobernar nuestra economía y quiere obligarnos a aceptar cientos de miles de solicitantes de asilo”, dijo Le Pen, adelantando que Francia no abrirá sus puertas a la “miseria del mundo”.

 

Parece evidente que la cohesión europea será puesta a prueba por la masividad de la inmigración, ya que no todo parecen congeniar con la apuesta alemana y los más siguen temiendo que la fractura social se profundice en la sumatoria de crisis e inmigración.

 

 

http://www.alainet.org/es/articulo/172324

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Crisis Migratoria