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¿De cual Mandela estamos hablando?

05/12/2013

 

MADIBA, el “padre”, en lengua xoxa, es como hoy a sus 93 años se conoce popularmente a Nelson Rolihlahla Mandela, quien nació un 18 de julio de 1917. Hoy Mandela es un símbolo de la convicción de los más altos ideales de la humanidad que lo llevaron a prisión en 1962, donde pasó 27 años humillantes aislado en una celda sin comunicación con el mundo.
 
En esa época de combate de constante lucha contra el Apartheid, nadie daba apoyo a ese antiguo militante y solo Cuba contribuyó a formar el Wunkhoto We Sizwe (La Lanza de la Nación) que era el brazo armado del Congreso Nacional Africano. Para esa época no existían quienes hoy le rinden homenaje, quienes lo buscan para los flashes de los periódicos y medios de difusión o aquellos que buscan parecidos forzados con frases y oraciones bien escritas y estructuradas de sensibilidades falsas.
 
El actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hizo al libro de Nelson Mandela “Conversaciones sobre mi mismo”, un prologo bien escrito obedeciendo a una estrategia de venta de los editores, pero también es una búsqueda forzosa para compararse con Mandela. No por casualidad la primera dama de USA, Michel Obama estuvo en el mes de junio en Sudáfrica y hacerse una publicidad anticipando el aniversario de Mandela quien es abatido de un cáncer de próstata desde el año 2001.
 
Cuando Obama dice en el prólogo al libro de Mandela que “es un ser humano que eligió la esperanza sobre el miedo, y el progreso en vez de prisión del pasado”, pretende interpretar al estilo muy romántico hollywoodense de que Mandela no tuvo “temor” a morir. Todos tenemos temor, miedo, pero Mandela no tuvo pánico, que es distinto, pues como dice Pablo Freire, todos en algún momento de nuestras vidas tenemos miedo, pero lo que no debe es envolvernos el pánico y Mandela no lo tuvo. Se armó con su una fortaleza interna que desde afuera se le daba con las luchas de los movimientos de liberación de África, América Latina, el Caribe y el heroico Vietnam, el estimulo de la creación de la Organización de Estados Africanos, con la fuerza de Jomo Kenyata, Kwame Kruma, Sekou Toure, la solidaridad activa cubana. Este proceso culminó con la derrota de la invasión Sudafricana a Angola en 1988 con la Batalla de Kuito Kuanavale donde se selló la independencia total de Angola, Namibia y la desestructuración del régimen del Apartheid que conduciría a la libertad de Nelson Mandela en febrero de 1990, contando con la fuerza militar cubana, la Swapo donde destacan los nombres del angolano General Luis Faceira (con quien hemos conversado sobre estos temas) al igual con el General Cinta Frías (de Cuba), leyendas vivientes que lograron derrotar la “operación del desierto” sudafricana constituida por mas de cien mil hombres contra 40 mil entre angolanos, namibianos y cubanos. Y eso no lo reconocen ni lo reconocerán jamás Estado Unidos ni el actual inquilino de la Casa Blanca. Hablar de esperanza para el caso de Nelson Mandela es hablar de la esperanza redimida que ese hombre sintió con la derrota del apartheid y la liberación de Namibia, como el mismo lo dijo en unos de sus discursos.
 
NO me atrevo a encasillar a Mandela entre la izquierda y la derecha, lo considero un hombre que luchó contra el peor régimen racista que haya conocido la historia colonial y contemporánea en África como lo fue el Apartheid. El es consciente de que la mayoría del apoyo que recibió en los tiempos más difíciles procedió de la izquierda planetaria, no fue del imperialismo norteamericano, inglés, francés o israelí, pues todos ellos fueron cómplices de sus 27 años de prisión. Es un hombre que se ubicó en el contexto sudafricano donde 4 millones de blancos por la vía de la fuerza y la represión dominaban 18 millones de Xoxa, Zuluz, Koishan entre otros pueblos originarios sudafricanos, más los migrantes hindúes como Mahatma Ghandi quien sufrió el racismo en Sudáfrica. Si eso es ser de izquierda, Mandela es de izquierda. Se opuso a la guerra de Irak cuando acusó sarcásticamente al presidente de Inglaterra, Tony Blair, como una especie de Ministro de Relaciones exteriores de Estados Unidos cuando ese expresidente justificó, al lado de la ONU, Colin Powell y George Bush las falsedades de la posesión de armas nucleares que supuestamente tenia Sadan Hussein para justificar la invasión de parte de la OTAN.
 
La lucha de Mandela dio sus frutos políticos, en primer lugar derribó todas aquellas teorías falsamente científicas y moralmente injustificables de la incapacidad del africano para dirigir su propio país, teorías inventadas por el régimen del Apartheid. En segundo lugar, dejó un camino abierto en el poco tiempo que estuvo en la presidencia (1994-1999), para la reconciliación nacional, avanzar en la derrota contra la discriminación, el racismo, y eso no es nada fácil pues hay que tomar en cuenta que en solo 17 años que lleva el Congreso Nacional Africano en el poder, partido donde milita Mandela, no es posible acabar con la aberración social y psicológica acumulada por más de 400 años, pero se hace el esfuerzo y creemos que Sudáfrica avanzara hacia una sociedad más justa y equilibrada. Esos avances lo vimos cuando visitamos ese país hace justamente una década en el marco de la conferencia mundial contra el racismo celebrada en la ciudad de Durban en el año 2001.
 
Hoy Mandela es un símbolo para los pueblos del sur, aunque los occidentales lo han querido momificar y convertir en un objeto de consumo y de moda como hicieron con el Che Guevara. Hoy mas que nunca debemos revisar los discursos de Mandela y su agradecimiento a Fidel Castro, su condena a la Guerra de Irak, no podemos dejar que lo pongan en el sueño eterno de Martín Lutherr King con aquel famoso discurso de “Tengo un sueño”. Hoy Mandela junto con Graza Machel, ex esposa del lidere Mozambicano Samora Machel también asesinado por los sudafricanos, son referentes para la reconciliación planetaria.

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