ALAI, América Latina en Movimiento
2003-10-02
La deuda odiosa de Irak
Eric Toussaint
LA …DE IRAK
LA
DEUDA ODIOSA DE IRAK
Eric
Toussaint (CADTM)
En
20 años, en los que los gobiernos de los países
deudores no han librado batalla sobre la cuestión de la deuda
odiosa, las grandes potencias (que al mismo tiempo son los
acreedores) han evitado cuidadosamente sacarla a relucir.
Súbitamente,
el 10 y el 11 de Abril del 2003, la deuda odiosa aparece en el
discurso de la administración Bush. Esta última
solicita a Francia, Alemania y Rusia (que se habían opuesto a
la guerra contra Irak) que renuncien al reintegro de la deuda que
Irak tiene con ellos. Toda la prensa internacional se hace eco de la
noticia. La deuda odiosa es explícita y correctamente
mencionada. Después de algunos días, ya no se habla más
de ello que en el Financial Times,
el diario financiero inglés, y en otros pocos órganos
de la prensa internacional (International Herald Tribune,
Wall Street Journal). Los
editoralistas del Financial Times
reclaman firmemente la retirada de esta propuesta. Para el FT, si se
rescata esta proposición, ésta es válida para
muchos países del Tercer Mundo y del antiguo bloque soviético.
Lo que puede dar ideas a los gobiernos de los países
endeudados, que terminarán exigiendo la aplicación de
esta doctrina y, si no son los gobiernos, serán los
movimientos sociales de estos países quienes lo harán
(en Brasil, o en Sudáfrica, por ejemplo, donde la deuda del
régimen Apartheid alcanzó los 24 mil millones de
dólares). El FT explica que la administración Bush
juega con fuego y que pone en peligro a los acreedores.
¿Qué
es una deuda odiosa?
“Si
un poder despótico (=régimen de Saddam Hussein, NLDR)
contrae una deuda, no para sus necesidades o las necesidades del
Estado, sino para fortalecer su régimen despótico, para
reprimir a la población que le combate, esta deuda es odiosa
para la población del Estado entero. Esta deuda no es
obligatoria para la nación: es una deuda de régimen,
deuda personal del poder que la contrajo; en consecuencia, desaparece
con la caída de ese poder” (Alexander Sack, Les effets
des transformations des Etats sur leurs dettes publiques et autres
obligations financières, Recueil Sirey, 1927). La doctrina de
la deuda “odiosa” se aplica perfectamente al caso de
Irak.
Esta
doctrina data del siglo XIX. Fue utilizada durante el conflicto entre
España y Estados Unidos, en 1898. Cuando Cuba, colonia
española, pasa a estar bajo el control (protectorado) de
Estados Unidos, España le exige a este último el pago
de la deuda de Cuba. Estados Unidos se niega declarando que es una
deuda odiosa, es decir, contraída por un régimen
despótico para llevar a cabo políticas contrarias a los
intereses de los ciudadanos. Lo importante es que esta declaración,
finalmente reconocida por España, desembocó en un
tratado internacional, el Tratado de París 10 de Diciembre
1898). Este último sienta, en consecuencia, jurisprudencia.
Otros
casos: las deudas de Bonaparte se rechazan bajo la Restauración
en calidad de deudas odiosas, contrarias a los intereses de los
franceses. Tras la guerra de Secesión los nordistas,
vencedores, se niegan a asumir la deuda sudista contraída para
defender un sistema basado en la esclavitud. Después de la
Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versailles declara que las
deudas contraídas por el régimen del Kaiser para
colonizar Polonia son nulas, y que no pueden correr a cargo de la
nueva Polonia reconstituida. El régimen dictatorial de Tinoco
en Costa Rica se endeudó con la corona británica. El
juez Taft, presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos,
designado como árbitro por los dos países en litigio
(Gran Bretaña contra Costa Rica, 1923) declara que la deuda es
una deuda personal del déspota. Los banqueros acreedores son
los primeros responsables ya que conocían la naturaleza
despótica del régimen anterior, por lo que no deben
acometer contra el régimen democrático que sucede a
Tinoco. El juez Taft añade que los acreedores no han sido
capaces de demostrar su buena fe.
La
doctrina de la deuda odiosa fue formulada por Alexander Sack (antiguo
ministro del Zar, emigrado en Francia después de la revolución
de 1917, profesor de derecho en París) en 1927, en su libro
sobre el traspaso de deuda en caso de cambio de régimen.
Que
sepamos, en los últimos treinta años, ninguno de los
deudores ha invocado esta doctrina, bien con la intención de
repudiar de forma unilateral las deudas, bien para recurrir a un
arbitraje. El CADTM y diferentes autores (principalmente Jean Claude
Willame, 1986. Patricia Adams, 1991) y movimientos (Jubilé
Afrique du Sud, Jubileo Sur…) han analizado desde hace tiempo
las deudas del Tercer Mundo bajo este punto de vista jurídico:
las deudas de Mobutu (Zaire-República democrática del
Congo), de Habyarimana (Ruanda), de Marcos (Filipinas), de Suharto
(Indonesia), de los generales de la dictadura argentina, de Pinochet
en Chile, de la dictadura uruguaya, de la dictadura brasileña
(entre 1964 y 1985, periodo correspondiente al régimen
militar, la deuda brasileña pasó de 2,5 a 100 mil
millones de dólares; es decir, se multiplicó por 40),
de Nigeria, de Togo, de la República de Sudáfrica…
Fenómeno
cuya trascendencia llega hasta nuestros días puesto que los
pueblos de estos países reembolsan las deudas odiosas con
nuevos préstamos.
El
caso de la República democrática del Congo es muy
claro: en el 2003, la deuda de cerca de 13 mil millones de dólares
que se le reclama, corresponde grosso modo a la totalidad de la deuda
contraída por Mobutu; ya que después de la caída
del régimen en 1997 apenas ha habido nuevos préstamos.
Lo que supone que la totalidad de la deuda de la RDC debería
ser anulada.
¿Por
qué la Administración Bush ha sacado a relucir la deuda
odiosa?
El
10 y el 11 de Abril del 2003 los ministros de Finanzas del G8 se
reúnen en Washington. John Snow, el secretario de Estado del
Tesoro de Estados Unidos, solicita, especialmente a Rusia, Francia y
Alemania, la anulación de la deuda odiosa de Irak. Los Estados
Unidos lanzan esta exigencia no con la intención de que se
satisfaga íntegramente, sino a modo de regateo. Una forma de
chantaje que persigue aumentar la puja con los países que se
habían opuesto a la guerra. Se trata de convencer a Francia,
Alemania y Rusia de cambiar su posición y de legitimar la
guerra. Se trata además, de que los países que
asumieron los gastos de las operaciones militares, puedan comenzar la
reconstrucción utilizando lo antes posible los recursos
petrolíferos iraquíes. Cuanto mayor sea la deuda
anterior a la guerra del 2003, mayor será el tiempo que los
Estados Unidos y sus aliados deberán esperar para cobrar los
gastos que la reconstrucción les ha acarreado. Alemania
reacciona enseguida durante la reunión del 10 y el 11 de
Abril: en lo que la atañe, no discutirá acerca de la
anulación, aunque la deuda iraquí será
reprogramada. Estados Unidos continúa la negociación
persiguiendo convencer a Francia, Rusia y Alemania de realizar un
serio esfuerzo en lo que a la anulación se refiere. A cambio
de su buena voluntad, las empresas de estos países podrán
beneficiarse de contratos ligados a la reconstrucción.
Al
parecer, Estados Unidos obtuvo más tarde concesiones por parte
de Francia y Rusia. De hecho, el 22 de mayo del 2003, el Consejo de
Seguridad de la ONU levanta las sanciones contra Irak y confía
la gestión del petróleo (hasta ese momento bajo su
control)
a Paul Bremer, el administrador civil de Irak nombrado por Estados
Unidos.
El
Consejo de Seguridad de la ONU (comprendidos pues países como
Francia, Rusia y China, que se habían opuesto a la guerra)
legitima la ocupación y concede la gestión del petróleo
a Estados Unidos por 14 votos a favor y cero en contra (Siria sale en
el momento de la votación para no tener que tomar una
posición).
La
ONU nombra a Sergio Vieira de Mello como representante in situ
(morirá en agosto del 2003, en un atentado contra la sede de
la ONU en Bagdad que causó 24 muertos) con un status
completamente inferior a Paul Bremer.
Levantar
las sanciones contra Irak significa que en lo sucesivo, las empresas,
empezando por las estadounidenses, pueden recomenzar a hacer business
en Irak (el Financial Times titula
el 23 de mayo del 2003: “UN removal of sanctions
clears way for business”). También
significa que todos los activos de Saddam Hussein y de Irak, que
durante más de doce años habían sido congelados
en el extranjero (entre ellos Estados Unidos) son “descongelados”.
Lo que permite que Estados Unidos los emplee como reembolso de los
gastos de la guerra y de la reconstrucción: luego estos
activos no volverán a manos del pueblo iraquí. Según
el Financial Times, “It (la
suspensión de la sanción contra Irak por el Consejo de
Seguridad, NLDR) will free billions of dollars in frozen
assets and future oil revenues from de UN’control and place it
at the disposal of coalition forces and interim iraqi leaders to pay
for reconstruction” (FT, 23 de mayo del
2003).
Algunos puntos de
referencia históricos de la Guerra contra Irak
En los años
80, Estados Unidos y sus aliados apoyaron a Saddam Hussein en la
guerra contra Irán, que provocó un millón de
muertos. Irak se endeuda con Estados Unidos y sus países
aliados.
En
1990, Irak invade Kuwait. Circulan varias tesis referentes a este
suceso, y no es imposible que la Administración de Bush padre
diese a entender a Saddam Hussein que esta agresión no
conllevaría reacciones, atrayéndolo de alguna manera a
una trampa. Cuando termina la Guerra del Golfo, llamada Tormenta del
Desierto por los vencedores, Estados Unidos deja a Saddam Hussein en
el poder deliberadamente ya que teme que el país (y sus
reservas petrolíferas) caiga en manos de una rebelión
incontrolable en la proximidad de Irán, este mismo
incontrolable. Las tropas aliadas dejan a Saddam Hussein reprimir la
ciudad de Basora, que se había sublevado. Esta guerra se llevó
a cabo con un mandato de la ONU que decretaba la congelación
de los activos iraquíes en el exterior y que proclamaba el
embargo. Más tarde se lanzará el programa “Petróleo
contra comida”. 50% de las ganancias del petróleo iraquí
se utilizan para la compra de alimentos y de medicamentos. Lo que era
completamente insuficiente para las necesidades de la población
iraquí, ya que se estima que al menos 500.000 niños
murieron a consecuencia del embargo. La existencia de este programa
era ampliamente conocido por la opinión pública
internacional, hasta fue objeto de una importante propaganda. En
cambio, no se ha oído apenas que el 25% de las ganancias
petrolíferas fuesen a parar a los países vecinos en
concepto de reparaciones. La Comisión de las Naciones Unidas
para las Compensaciones (CNUC – en inglés UNCC United
Nations Compensation Comisión, página web:
www.uncc.ch),
reconoció, a partir de 1991, la validez de las solicitudes de
reparación estimando el importe total en 44 mil millones de
dólares. Lo que solamente cubría de forma parcial las
solicitudes. Estas últimas introducidas por particulares,
empresas y gobiernos. Hasta el comienzo de la guerra en marzo del
2003, y con un cuarto de las ganancias procedentes del petróleo
a su disposición, la CNUC había pagado a los
solicitantes – a los particulares y a las familias
prioritariamente - 17,6 mil millones de dólares en concepto
de reparaciones. De las solicitudes de reparación en espera
faltaban pues 26 mil millones de dólares por pagar y por
determinar (Financial Times, 24 de
junio del 2003). A pesar de ello, no se daba prioridad absoluta a las
necesidades de alimentos y de medicinas de la población iraquí
en el empleo de las ganancias petrolíferas.
En el 2003, la
guerra fue llevada a cabo por una coalición dirigida por
Estados Unidos. Coalición compuesta por Gran Bretaña,
Australia, Países Bajos y Dinamarca (cuyas tropas participaron
directamente en las operaciones militares) y otros países que
prestaron su apoyo bajo otras formas. Esta coalición actúa
violando la Carta de las Naciones Unidas. Según esta última,
la coalición ha cometido un crimen de agresión.
La
deuda impagable de Irak
¿A
cuánto asciende la deuda iraquí? Según un
estudio realizado en el 2002 por el departamento de energía de
la Administración Bush, ésta alcanzaría los 62
mil millones de dólares.
Según un estudio conjunto del Banco Mundial y del Banco de
pagos internacionales, ascendería a 127 mil millones de
dólares, de los cuales 47 de intereses de retraso..
Según un despacho privado basado en Washington, el conjunto de
obligaciones financieras iraquíes (deudas, reparaciones y
contratos en curso) ascendía a comienzos del 2003 a 383 mil
millones de dólares de los cuales 127 mil millones en deudas.
Los
Estados acreedores se reparten en dos grandes categorías en
función de su pertenencia al Club de París. Este último
reagrupa a 19 de los Estados acreedores a los que, si se les antoja,
se suman algunos invitados (Brasil, Corea). Declaran poder reclamar a
Irak 21 mil millones de deudas, a los que añaden la misma
cantidad en calidad de intereses de retraso, es decir 42 mil millones
(fuente: FT, 12-13 de julio del 2003).
La
segunda categoría comprende los países árabes
(Emiratos Árabes Unidos – en inglés Gulf States,
Kuwait, Egipto, Jordania, Marruecos, Arabia Saudita), Turquía
y algunos países del antiguo bloque soviético (Polonia,
Bulgaria, Hungría) convertidos hoy en fieles aliados de
Estados Unidos. Reclaman a Irak cerca de 55 mil millones de deudas.
Los Emiratos del Golfo (sin incluir a Kuwait) reclaman más de
la mitad de esta cantidad (30 mil millones) en virtud de un antiguo
litigio entre Irak y los acreedores en cuestión. Por su parte,
Irak pretende que esos 30 mil millones eran una donación para
llevar adelante la guerra contra Irán. Mientras que los
Estados afectados afirman que se trataba de préstamos. Las dos
categorías de deudas citadas previamente (97 mil millones de
dólares) son deudas bilaterales.
En
lo que se refiere a los bancos privados se impone la discreción.
Reclaman cerca de 2 mil millones de dólares (Bank of New Cork
y JP Morgan figuran entre los principales acreedores).
Respecto
al Banco Mundial y al FMI, las deudas que Irak tiene con ellos no
sobrepasan los doscientos millones de dólares.
En
resumen, en concepto de deudas propiamente dichas, se puede
considerar que la negociación entre Irak y los acreedores se
refiere a una cantidad inicial de en torno a 100 mil millones de
dólares: 42 (Club de París) + 55 (otros acreedores
bilaterales) + (bancos) + (Bm y FMI) = cerca de 100. Esta cantidad no
incluye ni las solicitudes de reparación no satisfechas (en
torno a los 160 mil millones de dólares que remontan a
1990-1991), ni los contratos que estaban en curso justo antes del
desencadenamiento de la guerra; ni, sobre todo, las recientes deudas
contraídas desde marzo-abril del 2003.
En
realidad, la principal negociación tendrá lugar entre
los acreedores, y no entre éstos y las supuestas autoridades
iraquíes que Estados Unidos ha colocado en el poder. La
cuestión en torno a la que girará el debate será:
¿quién será quien se esfuerce renunciando a una
parte de sus pretensiones con el objeto de hacer sostenible el pago
de la deuda a Irak? Sostenible quiere decir, para los acreedores,
que la deuda sea pagada en los plazos previstos. Sin importarles que
el sostenimiento del pago de la deuda se haga sin tener en cuenta las
necesidades de la población iraquí. Estados Unidos
solicitará a sus colegas en el Club de París, así
como a los países árabes, a Turquía, a Polonia,
a Bulgaria y a Hungría que realicen un esfuerzo conjunto para
reducir un tercio o dos tercios de sus pretensiones. En ese caso, en
lugar de cerca de 97 mil millones (véase más arriba),
las deudas bilaterales se quedarían en 65 mil millones (1/3 de
reducción) o en 32 mil millones (2/3 de reducción).
Estados Unidos desearía obtener tal reducción, ya que
podría añadir las deudas resultantes de la
reconstrucción a las ya existentes. Debemos esperarnos pues a
largos meses de regateo.
A
este respecto conviene analizar las cantidades reclamadas por los
integrantes del Club de París, en el seno del cual se
encuentran los principales protagonistas de los dos bandos que se
formaron en los meses anteriores a la guerra. Es apropiado tener
presente que en el momento en que tiene lugar la famosa reunión
entre los ministros de finanzas del G7, el 10 y el 11 de abril del
2003 en Washington,
los medios de comunicación afirmaron que Rusia, Francia y
Alemania eran los principales acreedores de la deuda odiosa de Irak.
La realidad, como lo muestra la siguiente tabla, está más
matizada.. Veamos el reparto de la deuda entre los países
belicistas y los países del “bando de la paz”.
Deuda de Irak con respecto al Club de París (en
millones de dólares)
-
|
“Bando
de la paz”
|
Belicistas
|
|
Rusia
: 3.450
|
Japón
: 4.100
|
|
Francia
: 3.000
|
Estados
Unidos : 2.200
|
|
Alemania
: 2.400
|
Italia
: 1.720
|
|
Canadá
: 560
|
Gran
Bretaña : 930
|
|
Brasil
: 200
|
Australia:
500
|
|
Bélgica
: 180
|
España
: 320
|
|
|
Países
Bajos : 100
|
|
|
Dinamarca
: 30
|
|
Total
: 9.790
|
Total
: 9.900
|
Esta
tabla permite observar que Irak posee una deuda odiosa más
importante con los países belicistas, algo que no dio a
entender el discurso de la administración de Georges W. Bush
al lanzar su chantaje en abril del 2003.
Recordemos
que previo inicio de la negociación los importes de la deuda
fueron exagerados y falseados deliberadamente.
De
esta manera, el Club de París reivindica el doble de la deuda
que se le debe: reclama 42 mil millones de dólares y no 21
mil. ¿Por qué? Porque el Club de París suma los
intereses de retraso desde 1991. Es absurdo, ya que como consecuencia
de las sanciones Irak no disponía de su petróleo: era
la ONU quien administraba las ganancias que procedían de este
último. Por otro lado, los activos de Irak en el exterior
estaban bloqueados. Por lo tanto a Irak le era imposible rembolsar su
deuda. A pesar de ello, el Club de París ha contabilizado los
intereses (de la misma forma que la mayoría de los demás
países acreedores bilaterales), y la deuda se encuentra
duplicada. Si, en el curso de la negociación, el Club de París
renunciara al reembolso de los 21 mil millones de intereses de
retraso, podría presentarlo a la opinión pública
internacional y a los iraquíes como una prueba de generosidad.
Irak
y la amenaza del círculo vicioso de la deuda
Ya
se trate de 50, de 100 o de 200 mil millones, las cargas financieras
iraquíes arrastrarán al país a un círculo
vicioso de endeudamiento y, en consecuencia, a una relación de
subordinación con los acreedores, quienes le despojarán
de sus reservas petrolíferas. Estados Unidos el primero en
aprovecharse.
Para
verificar el valor de esta afirmación, intentemos calcular lo
que implicaría el reembolso de la deuda en el futuro.
Imaginemos
el ejemplo siguiente: los acreedores se ponen de acuerdo para reducir
sus exigencias y estiman en 62 mil millones (1/3 de reducción
ver más arriba)
el total de las antiguas deudas heredadas del período previo a
la guerra de marzo-abril del 2003. A los que se suman 50 mil millones
de reparaciones. Habría además que añadir sin
ninguna duda, varias decenas de miles de millones de nuevas deudas
ligadas a la reconstrucción (digamos 38 mil millones para el
período 2003-2005). Admitamos que los acreedores aplazan hasta
el 2005 el inicio de los reembolsos. La suma total de deudas y
reparaciones a cargo de Irak ascendería, en este caso, a 150
mil millones de dólares.
¿Cómo
definirían los acreedores el plan de reembolso? Una hipótesis
admisible es la siguiente: solicitarían a las autoridades
iraquíes, que no tienen ni un duro, la utilización de
las ganancias petrolíferas para el pago. Aquí se
plantean varios problemas.
Primera
incógnita: ¿habrá en Bagdad, en el 2005,
autoridades iraquíes con legitimidad para actuar en nombre del
Estado iraquí (pueblo iraquí)? No está del todo
garantizado.
Segunda
incógnita: ¿estará reestablecida plenamente la
capacidad de producción del petróleo?
En
agosto del 2003 la producción de petróleo apenas
llegaba a 300.000 barriles al día, frente a 1.700.000 antes de
la guerra del 2003 y a 2.700.000 antes de la guerra de 1991. El gasto
de la puesta a punto del aparato productivo petrolífero se
estima entre 30 y 40 mil millones de dólares. ¿Quién
lo va a pagar? ¿Cómo garantizar la seguridad de las
empresas que se encargan en un primer momento de la puesta a punto y,
posteriormente, de la explotación? Según el Financial
Times (25 de julio del 2003), las grandes
empresas petrolíferas se han entrevistado en varias ocasiones
con los representantes de la Administración Bush. Les han
informado de que hasta el momento en el que la seguridad esté
garantizada, no piensan discutir sobre ningún gasto de
reconstrucción del aparato productivo y de la producción
en sí. Las firmas petrolíferas multinacionales han
añadido, a través de Sir Philip Watts, presidente de
Royal Dutch/Shell, que ellas mismas determinarán el momento en
que el futuro régimen iraquí cumple las condiciones de
legitimidad: “Cuando estén presentes las autoridades
consideradas como legítimas por los iraquíes, las
conoceremos y las reconoceremos” (FT, el 25 de julio del 2003).
Una forma de decir a la Administración Bush que las
autoridades iraquíes que las tropas de ocupación han
colocado en el poder no cumplen los requisitos. La otra parte del
mensaje: consideran que el coste de la puesta a punto del aparato
productivo destruido por la coalición debe correr a cargo de
los poderes públicos. Lo que fue como una bofetada para G. W.
Bush.
Tercera
incógnita: ¿cuál será en el 2005 el
precio del barril de petróleo?
Cuarta
incógnita: ¿la industria petrolífera será
pública? Si es así, gran parte de las ganancias
ingresarán en las arcas del Estado, y podrán utilizarse
(para satisfacción de los acreedores) para el reembolso de la
deuda. Lo que plantea un problema con respecto a la voluntad de la
Administración Bush de privatizar el máximo de
empresas. Si se privatiza la industria petrolífera, el Estado
solamente recaudará tasas e impuestos. Ahora bien, es el
Estado el que deberá que rembolsar los 150.000 mil millones de
deudas.
Según
diferentes fuentes, en el mejor de los casos (muy poco probable), los
ingresos petrolíferos podrían oscilar entre 10 y 20 mil
millones en el 2005.
Veamos
cuánto costaría al año el reembolso de 150 mil
millones de dólares. Estimemos que los acreedores “conceden”
un plan de reembolso a interés fijo preferente (concesivo)
–digamos un 7%
de tipo de interés- durante un período de veinte años.
150.000 mil millones a devolver en 20 años a un 7% de interés,
representa una carga anual de en torno a 18 mil millones de dólares
(reembolso del interés y amortización del
capital).Total, es la cuadratura del círculo. A partir de unos
ingresos procedentes de la exportación que oscilan, como ya se
ha señalado, entre los 10 y 20 mil millones es estrictamente
imposible.
¿Dónde
estaban los Estados Unidos al respecto a mediados del 2003?
Algunos
días después de que Estados Unidos, Gran Bretaña
y Australia iniciaran la invasión de Irak, el 20 de marzo del
2003, George W. Bush estimó, ante el Congreso, en 80 mil
millones de dólares el coste de la guerra para el Tesoro
estadounidense. El 7 de septiembre del 2003, George W. Bush anunciaba
al Congreso la solicitud de 87 mil millones suplementarios. Según
el PNUD y UNICEF, 80 mil millones de dólares es, precisamente,
la suma suplementaria necesaria cada año durante una década
a escala del planeta para garantizar el acceso universal al agua
potable, a la educación básica, a la asistencia
sanitaria primara (incluyendo la nutrición) y a los cuidados
ginecológicos y obstétricos (para todas las mujeres).
Esta suma, que ninguna cumbre mundial de los últimos años
ha conseguido reunir (en Génova, en el 2001, el G7 solamente
logró reunir algo menos de mil millones de dólares para
los fondos de la lucha contra el sida, la malaria y la tuberculosis),
el gobierno de Estados Unidos realizó la hazaña de
reunirla y de gastarla en unos cuantos meses. Los 80 mil millones de
dólares obtenidos por G. W. Bush en el Congreso (a los que en
adelante se añaden 87 mil millones suplementarios) constituyen
los fondos necesarios para destruir un cierto número de
infraestructuras y de vidas humanas en Irak, y asegurar la ocupación
del territorio hasta el 31 de diciembre del 2003.
Al
enfrentarse a una resistencia que no había previsto, el
gobierno estadounidense pasa grandes dificultades. Por supuesto,
domina ampliamente la escena internacional. Sin dudarlo ocupa el
país. Pero una gran parte de la población les aborrece.
Sus tropas son objeto de un hostigamiento permanente. El coste de la
ocupación es mucho más elevado que lo previsto:
asciende a cerca de 4 mil millones de dólares al mes (48 mil
millones al año) para más de 130.000 soldados
presentes. En efecto los británicos están allí
con 11.000 hombres, pero los 30.000 soldados que debían ser
procurados por los otros miembros de la alianza tardan en llegar.
Lo
que no les impide a algunas firmas estadounidenses y de otros lugares
hacer negocios.
La
firma Halliburton (Texas) estaba en el lugar desde el segundo
trimestre del 2003 para las reparaciones de urgencia del aparato
productivo petrolífero con un contrato de 7 mil millones de
dólares. Richard Cheney, vicepresidente estadounidense, era
hasta agosto del 2002, el director general de esta empresa. La firma
rival Bechtel (responsable de los conflictos de agua en Cochabamba,
Bolivia), que obtuvo un contrato de 680 millones de dólares
para reparar la distribución del agua y de la electricidad así
como de ciertas vías de comunicación, convocó
una reunión en Washington en mayo del 2003 acerca del tema
“Cómo puede una empresa participar a la
reconstrucción”.. Las 1800 PYMES que estaban presentes
se enfriaron cuando se les precisó que eran ellas mismas las
que debían garantizar la seguridad de sus bienes y de sus
hombres. Bechtel llevó a cabo el mismo tipo de reuniones en
Londres y en Kuwait capital. Las grandes firmas agro-químicas
(en particular la multinacional anglo-suiza Syngenta) también
están interesadas en un porvenir en Irak, ya que
tradicionalmente es un gran exportador de cereales. No obstante,
Monsanto dio a conocer que no estaba interesada (sin duda, otros
problemas que resolver en otra parte…)
El
administrador, Paul Bremer, propaga, desde el lugar, todas las
señales neoliberales para atraer las inversiones: declaró
que todo debía ser privatizado, que había que suprimir
las subvenciones y reforzar los derechos de la propiedad privada. En
contra partida, concede redes de seguridad social. Podemos hacernos
una idea de lo que éstas representan sabiendo que en mayo del
2003, Estados Unidos pagó un sueldo de 20 dólares
mensuales a 400.000 obreros y funcionarios iraquíes, lo que
supone 8 millones de dólares, es decir, 500 veces menos de lo
que se gasta al mes para mantener a las tropas de ocupación en
Irak.
Para
la anulación de la deuda odiosa de Irak, para el pago de las
reparaciones
No
porque Estados Unidos haya utilizado de manera oportunista la noción
de “deuda odiosa” debemos rehusar la exigencia de su
aplicación, y garantizar la justicia y los derechos
fundamentales del pueblo iraquí. En consecuencia, se debe
apoyar la perspectiva de un poder legítimo en Irak que repudie
la deuda. De la misma forma, se debe ampliar el derecho a reparación:
se mencionaron cantidades económicas por el coste de la
agresión pero no por el de las reparaciones. Este coste deberá
tener en cuenta los daños que Estados Unidos y otros agresores
tendrán que asumir: daños individuales, saqueos
culturales, etc., de los que son responsables, ya que deben
garantizar la seguridad de bienes y personas en tanto que fuerzas de
ocupación. La aplicación de la doctrina de la deuda
odiosa a Irak sería de máxima importancia para el
futuro de la población iraquí y más allá,
para la mayor parte de las poblaciones de los países
endeudados llamados en vías de desarrollo. Los ciudadanos de
estos países están en su perfecto derecho de exigir que
una parte importante de la deuda de su país sea declarada nula
en aplicación de la doctrina de la deuda odiosa.
Le
toca al movimiento para otra globalización reivindicar la
anulación de la deuda pública exterior iraquí
combinada con otras reivindicaciones tales como la retirada de las
tropas de ocupación, el pleno y completo ejercicio de la
soberanía para los iraquíes (lo que incluye el goce de
sus recursos naturales), o el pago a los iraquíes de
reparaciones por destrucciones y saqueos cometidos en el transcurso
de la guerra desencadenada por la coalición Estados
Unidos/Gran Bretaña/Australia violando la Carta de la ONU.
Del
mismo modo es necesario perseguir ante la justicia y condenar a G.W.
Bush, a T. Blair, a J. Howard (primer ministro de Australia), a los
jefes del gobierno danés y holandés (dos países
que participaron directamente en la invasión) en calidad de
responsables directos de crímenes de agresión (según
la definición dada por la Carta de la ONU) y de crimen de
guerra.
En
lo que respecta a la deuda iraquí, las propuestas deberían
orientarse hacia los puntos siguientes:
-
La deuda contraída bajo el régimen de Saddam Hussein es
una deuda odiosa, luego es nula;
-
Un régimen democrático que suceda a este régimen
debe negarse a asumirla, estará en su derecho de rehusar estas
deudas.
-
Las nuevas deudas procedentes de la agresión y del coste de
reconstrucción son igualmente odiosas, luego son nulas;
-
Las víctimas de Saddam Hussein, las de la agresión
estadounidense, las de los saqueos y de la actual ocupación
(individuos, grupos…) tienen derecho a reparaciones;
-
En lo que respecta a la acción ciudadana y a la acción
de los poderes públicos: se necesitaría participar en
las movilizaciones conjuntas, en las peticiones como la del CADTM
(véase el texto de la petición al final del artículo),
pero además, hay que exigir que los poderes públicos
(los ciudadanos deberían organizarse sin esperarlos) lleven a
cabo auditorias de las deudas que los acreedores reclaman a Irak. ¿De
qué se trata? Cada acreedor que reclama a Irak el pago de
deudas debe responder a las preguntas de los ciudadanos acerca de la
naturaleza de las deudas: ¿En qué contrato están
definidas?. ¿Quiénes fueron las partes contratantes?.
¿De qué se trataba? ¿ de armamento? ¿de
equipamiento civil?. ¿Cuáles fueron los términos
del contrato?. ¿Qué cantidades han sido ya
reembolsadas?. Realizar el trabajo de investigación puede
contribuir a demostrar el carácter odioso de las deudas a las
que nos referimos.
Marco:
Petición para la anulación de la deuda en Irak y para
la exigencia del pago de reparaciones
Nosotros,
ciudadanos de numerosos países, nos unimos para declarar que
el pueblo iraquí no puede ser considerado responsable de las
deudas contraídas y de los gastos realizados por Saddam
Hussein y su régimen despótico. Según la
doctrina de la deuda odiosa, estas deudas desaparecen junto con el
régimen que las contrajo. Lo que también es válido
para los gastos de la ocupación de Irak por las tropas de la
coalición de Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia.
Pedimos
a todos los acreedores la anulación de la deuda odiosa
contraída por Saddam Hussein. Llamamos que los gastos
derivados de la guerra y de la ocupación actual no pueden
convertirse en una nueva deuda. Consideramos que las destrucciones y
saqueos provocados por la guerra otorgan al pueblo iraquí el
derecho a las reparaciones.
Llamamos
a la Asamblea General de la ONU a que apoye al pueblo iraquí
para conseguir la anulación de la deuda y la concesión
de reparaciones por los daños provocados por la guerra
dirigida por la coalición violando la Carta de las Naciones
Unidas. Se debe permitir al pueblo iraquí y a sus
representantes libremente elegidos iniciar una nueva etapa de su
historia en plena independencia. En el futuro, los recursos de Irak
deben poder ser utilizados íntegramente por y para el pueblo,
a fin de que pueda reconstruir su país.
Llamamos
a todos los países, a todas las organizaciones y a todos los
ciudadanos a respaldar esta declaración.
Primeros
firmantes: Acosta Alberto (profesor en la
Univ. De Cuenca, Ecuador), Albala Nuri (abogado, París),
Badrul Alam (secretario general Bangladesh Krishok Federation,
Bangladesh), Boudjenah Yasmine (diputada europea GUE/NGL, Francia),
Burra Ayse (profesor en la Univ. Bebek de Estambul, Turquía),
Chomsky Noam (Estados Unidos), Cirera Daniel (relaciones
internacionales del Partido Comunista Francés), Cockroft James
(autor, Estados Unidos), Comanne Denise (CADTM, Bélgica),
Eliecer Mejía Diaz Jorge (abogado, especialista en derecho
penal, Francia), Gazi Carmen (arquitecta, presidente CADTM Suiza),
Gillardi Paolo (Coalition anti-guerre, Mouvement por le Socialismo,
Suiza), Gottschalk Janet (Medical Mission Sister’s Alliance for
Justice), Hediger André (alcalde de Ginebra, Suiza), Hussen
Michel (economista, Francia), Khiari Sadri (artista-pintor, CNLT,
Raid Attac, Túnez), Kitazawa Yoko (Japan Network on Debt and
Poverty, Peace Studies Association of Japan), Krivine Alain (diputado
europeo GUE/NGL, Francia), Künzi Daniel (cineasta, consejero
municipal de la Ciudad de Ginebra, Suiza), Lambert Jean-Marie
(profesor de derecho internacional en la Univ. Catól. de
Goiäs, Brasil), Magniadas Jean (doct. en Ciencias Económ.,
miembro honorario del Consejo Económico y Social, Francia),
Martinez Cruz José (comis. indep. de Derechos Humanos,
Morelos, Méjico), Maystre Nicolas (estudiante, secretario del
CADTM Suiza), Mendés France Mireille (jurista, París),
Millet Damián (secretario general del CADTM Francia), Nieto
Pereira Luis (Asociación Paz con Dignidad, España),
Nzuzi Mbembe Victor (campesino, GRAPR, República democrática
del Congo), Pazmiño Freire Patricio (abogado, coordinador
general CDES, Ecuador), Pérez Casas Luis Guillermo (col. de
abogados José Alvear Restrepo ante la UE y las Naciones
Unidas, Colombia), Pérez Vega Ana (profesora en la Univ. de
Sevilla, España), Piningre Denis (cineasta), Ptefferkorn
Roland (sociólogo, Francia), Said Alli Abd Rahman (Perak
Consumer’s Association, Malasia), Saumon Alain (presidente del
CADTM-Francia), Soueissi Ahmad (Nord-Sud XXI), Theodoris Nassos
(jurista, Grecia), Toussaint Eric (CADTM, Bélgica), Verschave
François-Xavier (autor, Francia), Yacouba Ibrahim (Réseau
nacional Dette et Développement, Nigeria), Ziegler Jean
(escritor, Fondation Nord-Sud pour le dialogue, Suiza).
Enviad
las firmas a través de: www.cadtm.org
o hugo.cadtm@skynet.be.
Por envío postal a la dirección del CADTM.
(*)
Para mayor información: www.cadtm.org
(2
de Octubre del 2003)
http://www.alainet.org/active/4685&lang=es
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