Los beneficiarios del terremoto - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2010-01-20

Haiti

Los beneficiarios del terremoto

Antonio Peredo Leigue
Clasificado en:   Social: Social, |
Disponible en:   Español       
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Durante una semana, una anciana resistió bajo los escombros de Puerto Príncipe. Fue rescatada por un equipo mexicano de auxilios pocas horas antes de una réplica sísmica que acabó con los pocos edificios que resistieron el primer movimiento. Quienes no sufrieron ninguna consecuencia, fueron los soldados que se han apoderado del aeropuerto. Estadounidenses, por supuesto.
 
Ellos se quedan en el aeropuerto, allí donde no llega el tufo de la muerte. Recorren las calles que han sido apresuradamente limpiadas para que paseen los visitantes distinguidos que, dizque, llegaron a este país para expresar su solidaridad. Pero nadie aparece por Cité Soleil, el barrio de los pobres entre los más pobres. Allí no llegan ni los soldados de la MINUSTAH, la misión militar supuestamente pacificadora de Naciones Unidas. Pero, además de ellos, llegaron soldados norteamericanos que, por sí y ante sí, se apoderaron del aeropuerto y dispusieron de la ayuda que llegaba, dando permisos de arribo, recibiendo la ayuda y disponiendo cuándo y a quiénes entregarla. El resultado es que aumentaron la sed y el hambre; a la tragedia del terremoto, se sumó el vandalismo en las calles, ante la mirada impasible de los soldados.
 
Hasta aquí, el panorama. Las quejas y las acusaciones no resuelven la situación. Haití, la próspera nación que se liberó de Francia, fue empobrecida hasta vaciarla de sus recursos, Ahora, un terremoto, convirtió a esa nación en cementerio en que las ruinas y los cadáveres se amontonan. Es nuestra obligación, ahora, emprender su reconstrucción. La ayuda de emergencia es bienvenida, pero la ayuda para la reconstrucción, la ayuda a largo plazo, es lo importante. Así lo dijo acertadamente el presidente Preval, aunque es incapaz de disponer, organizar, ordenar, como le obliga la función que ejerce.
 
Los gobiernos de Nuestra América, deben crear un fondo común y propiciar, en Naciones Unidas, la aprobación de un fondo mundial con el propósito de la reconstrucción de ese país. Una comisión internacional debe estar encargada de esta inmensa tarea, fijando metas, implementando acciones y ejecutando obras hasta concluirlas.
 
Si en lo inmediato se precisan médicos, técnicos que instalen sistemas de agua potable, desagües, que levanten construcciones de emergencia. En el mediano plazo debe diseñarse un plan general de reconstrucción. Nadie puede evadir esta tarea. Sabemos que muchos se sustraerán a esta tarea que atañe a la sociedad mundial. Pero es absurdo que así sea. Para recordar un ejemplo, UNESCO logró, en poco tiempo, reunir los fondos suficientes y reunir el equipo mejor calificado, para salvar el Templo de Ramsés. Las enormes estatuas del faraón, las columnas, los frisos y muros decorados, fueron cuidadosamente divididos y llevados a una meseta alta donde estuvieron a salvo de las aguas del Nilo, cuando éste fue represado en 1956. No es coherente que todos los países hayan dispuesto fondos suficientes para salvar un monumento histórico y no estén dispuestos a contribuir al salvamento de un país destruido y millones de personas con hambre y sed, que sólo tienen enfermedades.
La construcción de la unidad es un proceso lento, lleno de dificultades y que puede zozobrar frente a las primeras pruebas. Pero es evidente, a la vez, que esa unidad sólo se consolida venciendo tales pruebas. Esta es la situación, precisamente. Si hay la capacidad de destinar 20 mil millones de dólares para la creación del Banco Sudamericano, no podemos negar dinero para un fondo destinado a la reconstrucción de Haití. Porque la solidaridad no es la dádiva de nuestros sobrantes, sino la disposición de una parte de nuestro propio sustento para paliar la tragedia del otro. Tenemos urgencia de concretar nuestra estructura, capaz de enfrentar el mundo dominado por los países enriquecidos. Pero es obvio que no avanzaremos en ese sentido haciendo caso omiso de lo que le ocurre a nuestro vecino. Haití, por supuesto, es mucho más que un vecino.
 
Mil, dos mil o cinco mil millones deben alimentar el fondo que debe crear UNASUR. Sobre esa base, instar a la asamblea de la ONU a formar un fondo mundial que supere las posibilidades de Nuestra América. Al mismo tiempo aquí, entre los gobiernos de Nuestra América, habrá que lanzar una convocatoria para que, los profesionales más calificados se dispongan a ir a Haití, para contribuir a su reconstrucción.
 
De esa forma, no permitiremos que, los oportunistas de siempre, se aprovechen de la miseria y el hambre de los pueblos castigados por la pobreza. De hecho, esta es una guerra contra quienes se preparan para beneficiarse con el terremoto de Haití. Ya están allí las tropas norteamericanas que llegaron a ayudar sino a controlar, que no están a disposición de los necesitados sino para disponer de ellos. Han llegado para garantizar que los negocios de las empresas de USA no sufran pérdidas sino que ganen más. No nos olvidemos que uno de sus buenos negocios es la compra de sangre.
 
- Antonio Peredo Leigue es periodista, senador del Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia.
 


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