ALAI, América Latina en Movimiento
2009-09-29
Honduras
Los resabios de Larach
Ronnie Huete
Tegucigalpa.- En recientes declaraciones el empresario Emilio Larach expone como solución a la “crisis” un dialogo entre las dos partes en disputa, es decir Roberto Micheletti y el presidente de Honduras Manuel Zelaya.
Sus pensamientos vertidos ante un medio televisivo que apoya el régimen de facto de Micheltti, evidencia que los empresarios están tratando de que su nombre no se mezcle con el golpe de Estado.
Será que Larach ya está presentando síntomas de amnesia debido a su avanzada edad o aun visualiza a la población hondureña como un minúsculo grupo de consumidores.
El error de este empresario de ascendencia árabe es pensar que los hondureños no han madurado políticamente.
Gracias a la asonada castrense perpetuada después del 28 de junio, cada ciudadano de Honduras conoce que la dilatoria que actualmente impide que el presidente legítimo Manuel Zelaya tome el poder se debe a Larach y a sus allegados.
Uno de los principales promotores para que se instaurara el régimen fascista de Micheletti, fue Larach quien junto a sus “amigos” empresariales confabularon este plan de asesinato, tortura y odio hacia los más desposeídos.
En todo caso el conflicto se resolverá entre la resistencia que el pueblo ha mantenido por más de 90 días y el Presidente constitucional Manuel Zelaya contra la burguesía del país, si esas 10 familias sociópatas.
Este enfrentamiento que ya ha cobrado la vida de valientes ciudadanos que hacen honra a la patria, es una clara lucha de clases que Larach desea descartar mediante la guerra mediática que se desata en la prensa de la burguesía.
Seguramente la preocupación que produce el desvelo de Larach, es la acusación ante la Corte internacional de Justicia que se le hace a Jorge Canahuati Larach, quien es uno de sus más cercanos familiares y dueño del diario fascista, El heraldo.
La comparecencia de este enemigo de la patria ante la prensa mediática demuestra que el reducido grupo de la burguesía ya comienza a lavarse las manos y aflojar el fuerte apoyo económico que le han brindado a este régimen.
Acostumbrado a ser un hombre homenajeado por quienes adulen su falso interés por la naturaleza y su monopolio, teme por su desprestigio. Aunque la población lo caracteriza como un vetusto arrogante, cuya importancia en la vida es seguir llenando su ambición hasta su muerte.
Larach al igual que sus cercanos “amigos” saben del error que cometieron y del poder que despertaron en las calles, sin embargo siguen esperando lineamientos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para dar el siguiente paso.
Frente a estos enemigos de clase los hondureños están alerta, esperando el declive del régimen puesto que los próximos días ya pronostican su fin.
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