ALAI, América Latina en Movimiento
2009-06-24
Peru
Evo, Alan y la masacre de Bagua
Grover Cardozo
La masacre, genocidio o exterminio de Bagua afectó como remezón de medianoche los pilares de la democracia peruana. Esos pilares parecían inamovibles y contenían el asedio del proceso de cambio que sopla desde sus vecinas Bolivia y Ecuador y Venezuela. ¿Es un problema importado desde Bolivia o Venezuela o el modelo democrático peruano tiene debilidades propias?
Después de la dura noche del senderismo y de los sórdidos golpes de Fujimori al MRTA, el Perú se estaba acostumbrando a una quietud casi monástica que incluso daba señales de haber alejado por tiempo el ruido de sables y metrallas.
Pero Perú es Latinoamérica y como parte de ese “realismo” mágico latinoamericano incuba aún hechos poco predecibles. Aquí la estabilidad y lo lineal del tiempo y los sucesos, no forman parte de su cotidianidad ni sus más arraigados valores.
El presidente Alan García en un abrir y cerrar de ojos, pasó de un buen sueño a una fatídica pesadilla. Meses atrás se enorgullecía de tener al Perú con el mayor crecimiento de toda Sudamérica (8% anual) y ahora casi desesperado está moviendo todo su poder para que no se complique la situación.
La pesadilla de Alan proviene del remezón político que produjo la masacre de indígenas y policías del 5 de junio, evidente. Sin embargo esas aguas pueden calmarse y volver a su cauce, así solo sea en términos relativos. La preocupación central de Alan se incuba por lo que puede venir en tiempo futuro para la gobernabilidad del Perú, mejor digamos para su gobierno.
Está preocupado no por el cruce verbal que tiene con el presidente boliviano Morales o con Ollanta Humana, sino de lo que pueda ocurrir con los movimientos sociales y campesinos, que con Bagua parecen despertar de cierta letanía.
“400,000 nativos no pueden afectar el interés de 24 millones de peruanos”, dijo el mandatario peruano, en el mismo tono con que Sánchez Berzaín minimizaba las protestas de los movimientos sociales de El Alto en octubre del 2003 “las movilizaciones de El Alto están impulsadas por minorías radicales que no representan al país”.
EL Perú -como Bolivia hace algunos años- adolece de un problema que es íntimamente consubstancial a las democracias liberales: exclusión o déficit de participación social. Las decisiones que asumen las elites no son alimentadas o retroalimentadas por la ciudadanía de los sectores periféricos y menos rurales.
Un segundo error cometió el gobierno peruano al atribuir al presidente boliviano la responsabilidad de lo sucedido en Bagua. Si la carta del presidente de un país puede provocar semejante desmadre en otro país, deberíamos preocuparnos todos por el vigor de la democracia peruana.
Estamos de acuerdo en que el presidente Morales no siempre acierta en sus declaraciones sobre asuntos de otros países, pero de ahí a cargarle la factura por los muertos es un exceso. El presidente Morales mandó un saludo a un encuentro de organizaciones campesinas del Perú y censurar eso, equivale a pedirle a Alan García que no mande nunca más saludos a los eventos que la socialdemocracia organiza en otros países.
Lo que sucedió es que García con el fin de cumplir con el TLC firmado con EEUU creyó que daba un paso en verdadero abriendo los recursos forestales de la amazonía peruana a las grandes inversiones extranjeras.
Hizo lo que ni los propios asesores del Banco Mundial ya aconsejan hoy. Disponer recursos sin consultar a los dueños naturales de esos recursos, cuando menos es una provocación.
¿Cuántos octubres de 2003 o junios de 2009 más necesitamos para que las democracias latinoamericanas sean más democráticas?
- Grover Cardozo, abogado, periodista, ex director de ABI
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