Capitalismo global y desarrollo sostenible: analogía de un nuevo oxímoron - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2009-01-18

Capitalismo global y desarrollo sostenible: analogía de un nuevo oxímoron

Walter Chamochumbi
Clasificado en: Internacional, Globalizacion, Economia, Paradigmas,
Disponible en:   Español       


En este artículo usamos la figura analógica del oxímoron(1) para explicar que el paradigma del desarrollo sostenible, en el contexto y dinámica del capitalismo global, será una propuesta inviable de alcanzar -excepto como construcción metafórica- en tanto no se apliquen cambios sustantivos en las estructuras sistémicas del modelo económico hegemónico y en materia institucional multilateral y en políticas regionales y nacionales innovadoras e inclusivas a nivel social, ambiental y de los derechos humanos, así como en la transición hacia un nuevo orden entre los países del centro y la periferia.

Crisis del capitalismo global y libre mercado: ¿más de lo mismo?

Al entender la lógica y dinámica del capitalismo global como un gran sistema económico, un modo de producción, distribución y consumo, una relación social, un mecanismo de organización de las relaciones entre sociedades y clases sociales, se puede explicar su evolución de hace más de doscientos años y en especial analizar los cambios ocurridos en las últimas décadas, ante la pérdida de liderazgo de la economía estadounidense y del grupo de países del denominado G-8, y la emergencia de nuevos liderazgos y bloques económicos por los países que hoy integran el G-21.

Es por eso que en torno a la crisis del capitalismo global, se analiza que sus impactos -al norte y al sur- ocurren en función de
la prioridad que los gobiernos de los países aplican en sus políticas relativas a mercado, estado y sociedad. Es la situación que puede describirse para al menos tres de sus principales formas o modelos de entender su lógica de funcionamiento: 1) el modelo norteamericano, que responde a la fórmula de mercado máximo y estado mínimo (modelo de mayor influencia en Latinoamérica y considerado hoy el más crítico ante la crisis); 2) El modelo asiático, caracterizado por un mercado regulado mayormente por el estado (cuyo extremo se puede analizar en el caso chino);y 3) El modelo europeo, donde la sociedad del bienestar trata de establecer la relación entre mercado y estado.

Son modelos con particulares políticas de gobierno y por ende diferentes grados de vulnerabilidad ante la crisis financiera, pero de común contraste en
la controversia que existe sobre la tesis del libre mercado y la supuesta mano invisible que la regula. Y es que al respecto economistas como Joseph Stiglitz y otros, en base a diversos estudios, concluyen sobre la incapacidad de los mercados para regularse a sí mismos, salvo en condiciones excepcionales, siendo mayormente necesario el esquema de la intervención gubernamental para corregir las fallas y distorsiones del mercado. 

A pesar de
la consolidación de las relaciones económicas e institucionales de los mercados internacionales y de la seguridad de la propiedad privada del capital, entre otros rasgos característicos del sistema económico global, resulta que frente a la crisis del sistema financiero son disímiles los pronósticos de analistas de las diversas tendencias académicas y políticas. Asimismo en lo relativo a que el libre comercio tiene un efecto positivo sobre el ambiente, no obstante ser una tesis controversial. Por eso nos preguntamos si en verdad estamos ante una nueva crisis cíclica del capitalismo, que puede considerarse normal desde la lógica de los llamados ciclos económicos de expansión y contracción, o es que realmente estamos ante el comienzo del fin de un modelo económico que ha agotado sus posibilidades de funcionamiento sistémico global para seguir sosteniendo el orden establecido por los estados-naciones del centro y la periferia.

La cuestión es que, en medio de la crisis y la controversia sobre la viabilidad del modelo económico neoliberal y del rol tuitivo que deberían cumplir los estados en torno al mercado, la sociedad y el ambiente, es cierto nos encontramos con un escenario global muy contradictorio e inequitativo, caracterizado no sólo por una crisis financiera y económica (quizá la más grave desde 1929), sino que caracterizado también por una evidente crisis social (ante la mayor población pobre del mundo, cerca de 1,000 millones, afectándose sus derechos humanos) y por una crisis ambiental (con los problemas que ya vivimos con el calentamiento y el cambio climático); y asimismo, inmersos en una crisis energética y alimentaria que, junto a las otras crisis, aún no se quiere abordar de forma integral y responsable por el sistema político-institucional de estados-naciones, ni por los organismos multilaterales y menos por las grandes corporaciones transnacionales, excepto con acciones paliativas o aisladas sin tocar las cuestiones de fondo.

Sin embargo, es cierto s
e viene debatiendo a nivel internacional sobre el contexto de la crisis y las soluciones posibles, planteándose diversas interrogantes: ¿Se puede refundar el capitalismo global? ¿Es posible un capitalismo alternativo con valores, equidad y justicia social? ¿Se puede regular el capitalismo, y cómo? Mientras tanto, persiste la inoperancia de los principales responsables de esta y las otras crisis. Y para ejemplificar lo anterior, un reciente informe: “La Realidad de la Ayuda de la Ayuda 2008-2009”, de Intermón Oxfam, denuncia que cuando hay voluntad política de los países pues resulta que aparecen los recursos como por arte de magia, porque sólo en un trimestre los países más ricos del mundo han destinado más de 4 billones de dólares para salvar su crisis financiera; es decir, han destinado una cifra 27 veces mayor de lo que se necesitaba en 2008 para garantizar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2), que desde hace varios años vienen reclamando las organizaciones sociales para que cientos de millones de personas en el mundo salgan de la pobreza.

Contradicciones e implicancias económicas, sociales y ambientales

El proceso de gestación y desarrollo de las formaciones sociales capitalistas es muy complejo y dispar, pero es sobre todo contradictorio, porque la llamada
integración de las distintas economías nacionales en un supuesto único mercado capitalista global, presenta en la práctica múltiples modalidades, características e imperfecciones en su estructuración y funcionamiento sistémico, muy relacionado con el marco institucional global y (des)regulatorio creado para tal fin, y con el rol político de hegemonía y subordinación que han cumplido los estados, al norte y al sur, además de múltiples eventos ocurridos a través de la historia y que han influido en ello: por ejemplo, las crisis cíclicas del capitalismo, las dos guerras mundiales, el fin de la guerra fría y la bipolaridad, las guerras del medio oriente, la crisis energética por el agotamiento del petróleo, la industrialización y la mayor emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y la contaminación ambiental, la crisis alimentaria y la mayor desnutrición, etc. Son eventos donde han primado los intereses de orden económico y geopolítico desarmonizando con respecto a las consideraciones de orden social y ambiental, sin dejar de mencionar las de índole cultural, ético y las relativas a soberanía, democracia, libertad y derechos humanos.   

Desde una perspectiva de análisis dialéctico, se explica que estos eventos son las contradicciones que conlleva inherente el capitalismo global como resultante de lo que son sus formas de relacionamiento dialéctico entre el capitalismo central y periférico (3). Y que en el marco de esta relación dialéctica entre las formaciones sociales centro-periferia del sistema, se origina el proceso de acumulación del capital y su desigual distribución, configurando un escenario de mayor polarización económica y social. Esta es una causa estructural sistémica evidenciada hoy en los niveles de desarrollo y subdesarrollo de los países, y consecuentemente, en la configuración asimétrica de sus relaciones de hegemonía y dependencia, así como por ende en sus implicancias ambientales (4).

De otro lado, sobre la relación comercio-ambiente, es importante dilucidar que el comercio no es un fin en si mismo a partir del cual se dinamiza de forma mecánica el crecimiento económico de los países y sus mejoras ambientales (existen varios estudios al respecto) (5). Sin embargo, por distintas razones e intereses esta hipótesis
negada persiste en la lógica de los gobiernos de los países industrializados del norte y de los organismos multilaterales y las grandes corporaciones transnacionales, en sus políticas económicas y mecanismos de negociación comercial con los gobiernos de los países del sur, generando como respuesta –y a contracorriente- la dinámica que por su lado siguen los movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil mundial, denunciando y movilizándose activamente contra sus principales causas y efectos sistémicos: la mayor emisión de GEI y el cambio climático, en medio de la mayor inequidad social, como expresión de la crisis sistémica del capitalismo que no se quiere afrontar.  

Al indagar sobre los ciclos de crecimiento de la economía global, en mayor y menor medida ocurren a costo de la biosfera finita, por lo que entre las causas generadoras en la aceleración de los desequilibrios ambientales, se ha encontrado mayor evidencia de la relación: calentamiento y cambio climático y aumento de las emisiones GEI provocados por el modelo de desarrollo económico-comercial global y las relaciones de hegemonía-dependencia de las sociedades de los países industrializados y en desarrollo.

Reportes especializados advierten que el nivel de emisiones de dióxido de carbono, metano, óxidos de nitrógeno y otros contaminantes ha aumentado en forma preocupante los últimos siglos (6), consignando
la responsabilidad de los países involucrados en ello (principalmente de los más ricos del mundo, como Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental, Australia y Japón), y además, cuestionándose su poca voluntad política para revertir este grave problema, y menos de asumir acuerdos de mayor avanzada  para eliminar las asimetrías del escenario global de libre mercado.

Se ha investigado que América Latina y el Caribe es una de las regiones con mayores niveles de desigualdad del mundo, y que la distribución desigual del ingreso económico de los países afecta el vínculo entre el nivel de ingreso per cápita y la calidad ambiental, siendo por ende el principal factor negativo en el cuidado del ambiente (7). Además, esto evidencia que al estudiar los problemas ambientales y sus alternativas de solución en los países de la región, el problema principal a tratar es la desigual distribución del ingreso y la falta de políticas integrales de desarrollo en materia económica, social y ambiental. Y que en ese sentido, urge un nuevo marco de referencia en el modelo de crecimiento económico de los países para que apliquen efectivas políticas redistributivas y de inclusión social, así como medidas prioritarias de protección y regulación del mercado interno frente a los mecanismos de negociación comercial global y regional.  

Establecer políticas regionales y nacionales en materia económica, social y ambiental, a tono con el contexto de la crisis global, implicará para los países del sur trascender la inercia burocrática y tecnocrática neoliberal y su limitada lectura sobre la evolución de la economía y el modelo primario exportador de recursos naturales, así como revisar las proyecciones y recomendaciones de sus funcionarios sobre el escenario de desarrollo, basados en discutibles mediciones o en el simple cálculo político, sabiendo que ni la incertidumbre por la crisis ni el conflicto ni la insatisfacción social y ambiental desaparecerán por sí solos. Las correcciones que se requieran deberán hacerse según el marco institucional legal y los acuerdos políticos democráticos priorizados en función del interés nacional y de las grandes mayorías. Porque sino seguiremos en lo mismo, con debates estériles mientras la incertidumbre crece en un mundo condenado al inmovilismo.

Exploración prospectiva de las alternativas posibles

Con los cambios ocurridos desde las décadas 80 y 90 del siglo pasado, en el contexto global de libre mercado y de la superestructura política e ideológica del modelo de desarrollo económico hegemónico, analizamos algunos planteamientos de investigadores como Irene Maestro y Javier Martínez (8), quienes analizan que el sistema como tal llegará a un límite hasta hacerlo insostenible. Por lo que en tal escenario no sería posible la construcción de un desarrollo alternativo, con acciones transformadoras de la sociedad, si es que antes no se cuestiona y cambia el mismo sistema.

Esta idea la desarrollan en base a los postulados de Samir Amin (9), proponiendo definir nuevas líneas de acción para lo que denominan “la desconexión o desvinculación del sistema”. C
oncepto que no necesariamente significa autarquía, sino básicamente la supeditación de las relaciones externas a las necesidades internas; es decir, cambiar la lógica de la extraversión por la del autocentramiento. Así, su propuesta no se desvincula o niega el proceso de globalización -como tal- ni se afinca en el nacionalismo extremo, sino que, al contrario, propone un avance sustantivo en la perspectiva de una globalización alternativa a la actual que, sin perder de vista lo local, “resulte solidaria, redistribuya la riqueza, y en especial, restituya el valor de la naturaleza y lo humano” (10).

Esta propuesta supone entonces “un cambio estructural de dos patas” que deben apoyarse mutuamente para que el proceso avance. La primera pata se refiere a un “cambio estructural externo”, o sea, al reto de un nuevo orden internacional cuyo fin es romper la dicotomía centro-periferia: el Centro (“miniproductor caro y súperconsumidor despilfarrador”) y la Periferia (“súperproductor barato y miniconsumidor marginal”). Y la segunda pata se refiere a un “cambio estructural interno”, es decir, se refieren a un proyecto de desarrollo de contenido “democrático popular” que priorice la soberanía de los pueblos y sus necesidades internas de desarrollo a las que deberán supeditarse las relaciones externas. 

De otro lado, es cierto que no sólo se trata de cuestionar los enfoques economicistas de desarrollo promovidos desde la perspectiva de los países del norte, sino que, además, deberíamos orientarnos en la construcción de nuevos modelos que potencien la perspectiva del sur (existen iniciativas), integrando en un mismo plano multidimensional no sólo las variables económica, social y ambiental, sino también nuevos elementos del campo cultural, étnico, ético y de la dimensión humana. En tal sentido, también son importantes los aportes de Amartya Sen (11) cuando afirma
“la noción de libertad se constituye en un elemento fundamental e instrumental de los procesos de desarrollo”. Asimismo, los aportes respecto del papel que cumplen los derechos humanos en los procesos de desarrollo y cuidado del  ambiente. Es el caso de la propuesta de Oxfam Internacional (2008) (12), de incorporar el enfoque de derechos humanos en torno al grave problema del cambio climático, porque las emisiones contaminantes de carbono de los países desarrollados del norte han aumentado y violan los derechos de cientos de millones de personas, sobre todo de los países más pobres.

Sin embargo, es cierto que para revertir las condiciones estructurales de la pobreza y desigualdad social mundial se requiere mucho más que ayuda solidaria o cooperación para el desarrollo. Se trata entonces de asumir verdadera voluntad y compromiso político para cambiar las cosas. Por eso, iniciativas de carácter global como los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” y otras, son importantes pero insuficientes si no existe un verdadero compromiso político de los países para revertir las tremendas desigualdades de desarrollo existentes, o sea, aquellas condiciones a las que paradójicamente el mismo capitalismo, a costo de su racionalidad y de su proceso de expansión nos ha conducido. De ahí la pertinencia de cuestionar al sistema como tal, desde una posición conceptual, principista y activista, pero, sobre todo, enfatizando en la dimensión humana y en su legítimo derecho de aspirar a un mundo mejor.

Así pues, superar el oxímoron del capitalismo global y desarrollo sostenible, en tanto un imposible aceptable como figura metafórica, implicará un cambio sustantivo en los componentes del sistema económico hegemónico -como tal-
y en materia institucional multilateral, con un nuevo marco teórico-aplicativo del desarrollo, con principios y valores y un nuevo orden y relacionamiento entre los estados-naciones del centro y la periferia, y por ende con políticas innovadoras e inclusivas en el campo social, ambiental y de los derechos humanos a favor de un verdadero desarrollo alternativo.

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Walter Chamochumbi es  Mag. Ing. Agrónomo, Consultor en Gestión Ambiental y Desarrollo

NOTAS

1  El oxímoron es una singular figura de uso del lenguaje que expresa la idea de un absurdo o imposible, admisible en sentido metafórico, al combinar dos palabras o conceptos opuestos o contradictorios originando un tercer concepto de expresión diferente. Es lo que sostenemos ocurre con el capitalismo como sistema económico global y el desarrollo sostenible como paradigma alternativo de desarrollo, en tanto conceptos contradictorios -a nivel teórico y práctico- que no obstante se presentan armonizados como parte de una propuesta viable de alcanzar a futuro.

2  Los Objetivos de Desarrollo o Metas del Milenio surgen como resultado de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, del 6 al 8 de septiembre del 2000, representando la reunión de líderes mundiales (147 jefes de Estado y de Gobierno) más numerosa de la historia. Finalmente, esta Declaración fue aprobada por los 189 Estados Miembros de las Naciones Unidas.

3 Ver artículo “Cooperación para el Desarrollo y Capitalismo Global”, 2006, artículo de Walter Chamochumbi, publicado en Ambiente y Sociedad (//www.EcoPortal.net).

4 “El proceso de internacionalización del capital da un salto cualitativo con la liberalización económica y la formación de bloques, estableciendo con ello nuevas condiciones para la valorización a nivel mundial. Es cada vez más claro que hoy la producción, circulación, distribución y consumo de mercancías tiene lugar a escala mundial. De aquí de ninguna manera debe inferirse que todas las formaciones sociales que integran el sistema tengan igual participación en aquellas actividades; ese proceso de internacionalización ha seguido teniendo lugar sobre la base del ya conocido desarrollo desigual, el cual en este sentido se manifiesta en que el puñado de formaciones que constituye el Centro se apropia de la mayor parte del excedente, siendo ahí, además, donde se realiza la mayor parte del consumo (productivo y no productivo). Es precisamente el avance en este proceso un factor fundamental para que numerosos autores e instituciones hablen hoy de la “globalización” o “mundialización”, aunque lo hagan desde posiciones teóricas y políticas en muchas ocasiones encontradas (Ianni, Vidal, Wallerstein, entre muchos otros).” (Op cit de José Fernández García (1997), p. 3), Ponencia “La economía mundial contemporánea, balance y perspectivas”, del 13 al 15/08/97 en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. 

5  Ver “Costos de la relación comercio-ambiente: crisis capital y génesis de una antinomia global”, 2008, y “Comercio internacional y medio ambiente: alcances de la controversia sobre la hipótesis de la Curva Ambiental de Kuznets y sus implicancias al Norte y al Sur”, 2005, artículos de Walter Chamochumbi, publicados en ALAI (//www.alainet.org) y Ambiente y Sociedad (//www.EcoPortal.net).

6 
Países como Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental, Australia y Japón, de los 23 países más ricos del mundo que concentran el 23% de la población mundial, han producido el 60% de las emisiones globales de carbono desde 1850 y hoy siguen produciendo el 40% de las emisiones anuales de carbono. Y no obstante estos países haberse comprometido a reducir sus emisiones anuales a los niveles de 1990, sus emisiones al 2005 lejos de reducirse han incrementado en más del 10%. En “Abusos Climáticos y Derechos Humanos: las personas en el centro de las políticas sobre cambio climático”, Informe de Oxfam Internacional (2008), 43p. (//www.oxfam.org/es/policy/abusos-climaticos-y-derechos-humanos)

7  Ver Alejandra
Saravia L. (2002)…“la curva medio ambiental de Kuznets para América Latina y el Caribe”, Documentos de Reflexión Académica, Universidad Mayor de San Simón/Facultad de Ciencias Económicas, Programa de Cofinanciación para la Cooperación en la Enseñanza Superior (MHO), PROMEC, Nº 23, Junio, Cochabamba, 31 p., citado en artículo de Walter Chamochumbi (2005)

8  Ver “Elementos de discusión sobre la cooperación para el desarrollo en el capitalismo global”, de  Irene Maestro Yarza y Javier Martínez Peinado, Marzo 2006, GREM. Universitat de Barcelona, X JORNADAS DE ECONOMÍA CRÍTICA Barcelona, Área: Cooperación para el desarrollo elementos de discusión sobre la cooperación para el desarrollo en el capitalismo global, 22 p.  

9 El concepto de desconexión o desvinculación, tal como lo ha formulado Samir Amin -(1988): La desconexión –IEPALA; (1999): El capitalismo en la era de la globalización. Editorial Paidos; y (1999): Miradas a medio siglo – IEPALA)-, citado en Irene Maestro y Javier Martínez (2006), p. 19.

10 Irene Maestro y Javier Martínez (2006), Ibíd.

11 Premio Nóbel de Economía en 1998.

12 Informe de Oxfam Internacional (2008), Ibíd. 



http://www.alainet.org/active/28506&lang=es




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