ALAI, América Latina en Movimiento
2002-08-30
AmericaLatina,AmericaNorte,AmericaCentral Centroamérica: ¿conejillo de Indias del ALCA?
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| Clasificado en: | | Política: Politica, Democracia, DerechosHumanos, Estado, | Internacional: Internacional, Tratados, | Social: Social, Exclusion, MedioAmbiente, Poblacion, Pobreza, | Economía: Economia, Comercio, Modelos, PoliticasEconomicas, | |
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En
estas vísperas del ALCA, necesitamos una estrategia de
negociación realista y audaz con Estados Unidos. Buscar esa
estrategia, reducir la retórica y coordinarnos: eso nos toca
hacer hoy.
El
24 de marzo, El Salvador no fue seleccionado por Estados Unidos como
anfitrión centroamericano de la visita del Presidente Bush por
ser un modelo de democracia o un ejemplo de éxito económico.
Tampoco el Departamento de Estado eligió esa fecha para
irritar la sensibilidad popular en el día del aniversario del
martirio de Monseñor Romero. Esos "detalles culturales"
no entran en los cálculos de la superpotencia, que aplasta a
paso de elefante a las hormigas, sin siquiera darse cuenta. Su
cálculo es otro.
Hoy,
tras terremotos y maremotos, tras la devastación del huracán
Mitch, Centroamérica parece destinada a sufrir otro
cataclismo, esta vez económico: ser conejillo de Indias en las
negociaciones del ALCA, el Área de Libre Comercio de las
Américas promovida por Estados Unidos, ese estrecho espacio
que en el mundo globalizado se nos ha destinado para que negociemos
protecciones. En realidad, este cataclismo empezó hace
más de 15 años con la apertura comercial y los
programas de ajuste estructural, con el nuevo modelo económico
de maquila, turismo, migración y remesas, con la crisis del
café y con el descenso estrepitoso del modelo agroexportador.
El Salvador fue el anfitrión centroamericano del Presidente
Bush porque ese pequeño país es el único en
Centroamérica que salió de su proceso de acuerdos de
paz con una democracia medianamente viable, también el único
que ya ha hecho del dólar su moneda nacional. ¿Será
El Salvador el conejillo de Indias centroamericano en las
negociaciones del ALCA?ç
Cuando
ya todo sea occidente, ¿por dónde saldrá el sol?
Mientras
que la traducción de la palabra anglosajona globalización
connota un proceso que homogeniza y desconoce las culturas y
potencialidades locales -la selección de la fecha de Romero
por ejemplo-, la palabra mundialización permite recoger
mejor los múltiples contenidos del proceso que estamos
viviendo a escala planetaria. A la entrada del aeropuerto de
Guatemala me encontré con una pequeña pandilla de
jóvenes de doce y trece años vendiendo artesanías
para turistas. Vestían el uniforme global: zapatillas Nike,
pantalones sueltos, gorras con símbolos de los Bulls y
los Yankees, windbreakers. Lucían juventud
ladina globalizada no sólo por su ropa sino por sus modales.
El único detalle discordante era el habla: platicaban entre
ellos un idioma maya. Pregunté a uno: "¿De dónde
eres, del Quiché?" Me contestó: "De Santiago
Atitlán." "¿Entonces hablas Mam?", le
dije. Con un aire un tanto despectivo por mi ignorancia, ya que en
Santiago Atitlán se habla Tz’utujil, me mostró un
llavero con un bonito pájaro verde y me desafió: "¿Cómo
se llama esto?" Le contesté: "Quetzal." Me
respondió en su muy buen español: "¡No, se
llama x’uen! Para ti es quetzal, para mí es x’uen."
Vivimos
en un mundo en que casi todas las culturas están evolucionando
a ser biculturales y bilingües, mientras la cultura dominante se
aferra a imponer a todos un esquema monocultural. Pienso que a
larguísimo plazo esa cultura dominante se encontrará en
una posición desventajosa. Mientras ese lejano momento llega,
el resto de las culturas dominadas -las biculturales- tendrán
un muy estrecho espacio de maniobra a mediano y largo plazo. Pienso
que la actual evolución de la globalización representa
una ventaja estratégica tanto cultural como económica
del Oriente sobre el Occidente. Aunque nos viste con atuendos y
modales del Eje Noroccidental del Atlántico, la globalización
se ve obligada a insertarse en las dinámicas culturales
locales, que actúan tanto como vehículos del proceso de
globalización como filtros que transformarán a largo
plazo los propósitos de los globalizadores. En la
mundialización, las mezclas son imprevisibles como lo muestra
mi conversación sobre el x’uen. La realidad es que la
globalización que hoy se está produciendo no se produce
tal cual la sueñan los globalizadores.
El
músculo de la competitividad: ¡vienen los guanacos!
La
globalización de nuestros mercados centroamericanos se está
concretando ya en pactos empresariales con socios privilegiados
secundados por los mandatarios centroamericanos y asesorados por las
agencias multilaterales. En el espacio centroamericano de la
globalización, aunque casi todo pareciera previsible y con muy
pocas sorpresas, y aunque no hay duda de que el ALCA se insertará
en Centroamérica a partir de las realidades locales ya
existentes, mucho de lo que suceda dependerá de la capacidad
de negociación que tengamos los centroamericanos. Entender las
dinámicas de competitividad entre los países
centroamericanos, que serán incrementadas con el ALCA, resulta
imprescindible para entender lo que puede pasar. Comparar la realidad
de El Salvador con la de los otros tres países del CA-4:
Nicaragua, Honduras y Guatemala, es un primer paso.
En
Centroamérica, aunque Costa Rica se vende mejor, El Salvador
siempre ha tenido más competitividad expansionista. Tanto
hacia dentro como hacia fuera de la región. El Salvador
invadió a Honduras primero con emigrantes y después
militarmente. Fueron salvadoreños quienes abrieron brecha en
la invasión de "mojados" centroamericanos en Estados
Unidos. Desde Belice hasta Australia se han extendido los guanacos.
El Salvador acapara la imagen del empuje competitivo centroamericano.
Y la competitividad empresarial es uno de los móviles claves
de la globalización. Es la estructura muscular debajo de los
atuendos globalizantes.
El
ALCA va a incrementar la competitividad no sólo entre los
grupos empresariales de Estados Unidos, México, Canadá
y los empresarios centroamericanos, pequeños, medianos y
grandes. También la acrecentará entre los grupos
empresariales centroamericanos. En el actual período pre-ALCA,
el avance de los salvadoreños se hace evidente. Los malls
de Simán ya están en toda Centroamérica, al
igual que los Pollo Campero guatemaltecos. En el sector financiero no
hay discusión: El Salvador cuenta con los tres bancos más
fuertes del CA-4. Es evidente la guerra de posiciones del Banco
Cuscatlán, particularmente en Honduras. Menos obvias pero más
extendidas son las pequeñas empresas comerciales salvadoreñas,
como las que exportan leche y queso desde Matiguás y otros
municipios rurales de Nicaragua, de Honduras y de Guatemala.
En
Honduras, el avance salvadoreño se ha montado sobre las
fuerzas políticas con el nuevo Presidente Ricardo Maduro,
quien para llegar a ser candidato tuvo que atravesar antes un
calvario, por la resistencia empresarial de Facussé y de
Rosenthal, justamente porque representaba capital salvadoreño
y porque los jerarcas del capital hondureño querían
incluir a los salvadoreños en Honduras, pero sólo bajo
sus reglas de juego y no bajo las reglas del mercado. En otros países
centroamericanos, el avance salvadoreño se debe a su propio
empuje comercial y no a apoyos políticos.
Las
estrategias del pulgarcito de Centroamérica
Es
preciso recordar que El Salvador sigue siendo el pulgarcito de
Centroamérica no sólo por su pequeño espacio
territorial sino por su peso económico frente a Costa Rica y
Guatemala. Jorge Nowalski Rowinski, en su libro Asimetrías
Económicas, Laborales y Sociales en Centroamérica,
nos aporta una excelente radiografía de Centroamérica
en el vestíbulo del ALCA. En 1998, mientras Costa Rica
-pulgarcita centroamericana en cuanto a su población- dominaba
un 45% de las exportaciones totales de la región (hacia fuera
de la región y hacia adentro) y Guatemala, el gigante regional
en población, dominaba un 21%, El Salvador sólo
contribuía con un 10%, al mismo nivel que Honduras. Nicaragua
con un 5% y Panamá con un 6% son los enanos de las
exportaciones de bienes en la región. La hegemonía de
Costa Rica y Guatemala es patente frente al ALCA. Entonces, ¿por
qué la imagen del empuje de El Salvador? La respuesta tiene
que ver con las estrategias exportadoras de los países
centroamericanos.
La
estrategia de El Salvador es hacia adentro de la región. Un
51% del total de las exportaciones salvadoreñas circula dentro
de la región, mientras que las de Costa Rica son sólo
un 9% y las de Guatemala un 31%. El peso de El Salvador en
exportaciones e importaciones dentro de la región, con un 26%,
es superior al de Costa Rica y está a la par del de Guatemala,
con doble población que El Salvador. Por esto, en términos
comerciales, los salvadoreños son los más
centroamericanos de los centroamericanos. Con la incrementada
competencia que el ALCA creará dentro de los empresarios
centroamericanos, El Salvador no necesita variar su estrategia de
comercio intrarregional, le bastará con ampliarla.
Como
todas estas señales del avance salvadoreño son aún
superficiales, y teniendo en cuenta que todos los grupos
empresariales centroamericanos se están moviendo hoy dentro de
la región y se están asociando con capitales
internacionales en inversiones fuera de la región, es muy
difícil predecir desde ahora quienes evolucionarán
mejor en el ALCA, si Guatemala y Costa Rica o si El Salvador y Costa
Rica. Lo que ya está claro es que dentro del CA-4 El Salvador
goza hoy de dos significativas ventajas.
Dos
ventajas de El Salvador: una banca sana y un estado consolidado
La
banca salvadoreña y el Estado salvadoreño, más
consolidados que los del resto del CA-4, le dan a El Salvador
dos ventajas comparativas sobre Guatemala para competir por los
mercados centroamericanos, y en menor medida para incorporarse al
proyecto del ALCA.
El
Salvador tiene el aparato financiero más sano de
Centroamérica. Los escándalos de la banca comercial son
pan de todos los días en Nicaragua, Honduras y Guatemala. Los
resultados de la impunidad bancaria abultan las deudas internas de
estos tres países. Y aunque El Salvador no puede tirar la
primera piedra, sí ha metido en la cárcel a gente de
apellido oligárquico como Regalado. En El Salvador las tasas
de interés evolucionan más según el mercado que
según la ineficiencia bancaria o la voraz avaricia desatada en
los otros tres países del CA-4. Los comerciantes salvadoreños
aprovechan esas tasas de interés más bajas e
incrementan su competitividad frente a otros comerciantes
centroamericanos. En El Salvador, la dolarización se hizo a
punta de eficiencia bancaria y de control sobre el enorme caudal de
las remesas provenientes de los salvadoreños que trabajan en
el exterior.
La
otra ventaja de El Salvador es ser el único país del
CA-4 que salió bien parado tras los procesos de paz: con un
Estado consolidado y con una oposición capaz de crear un
esquema de contienda política con distintos partidos que
representan los intereses de distintas fuerzas sociales. Se puede
criticar al FMLN por haberse transformado en un partido de oposición
tradicional sin vasos comunicantes con los movimientos sociales, pero
lo que ha hecho no es poco y los empresarios progresistas, chapines,
pinoleros y catrachos, darían su brazo derecho por tener en
sus países un Estado como el salvadoreño y una dinámica
política como la que se vive en el Pulgarcito de
Centroamérica.
Centroamérica
en el Pre-alca: apuntes para una epicrisis
En
el resto de Centroamérica las contiendas políticas
mantienen términos muy tradicionales. En Nicaragua se oye
hablar de una cadena de rogativas abogando por magnicidios que lleven
a los dos protagonistas del pacto a un merecido descanso. En Honduras
domina el bipartidismo con su extremo clientelismo que pacta con los
pequeños partidos, todo controlado por grupos oligopólicos
(Facussé y Rosenthal). Tan grave es la situación que en
los últimos veinte años, en el primer año de un
nuevo gobierno siempre hay recesión económica en
Honduras como consecuencia de la reestructuración del Estado
para "acomodarlo" al nuevo inquilino de casa presidencial.
En
Guatemala, un gobierno de corte populista enfrenta hoy a una de las
oligarquías empresariales más tradicionales de América
Latina buscando con esa ofensiva enmascarar los negocios sucios de la
cúpula militar y a la vez, difundir esos negocios tanto en las
estructuras gubernamentales como en segmentos significativos de la
pequeña y mediana empresa nacional. Aunque los grandes
empresarios chapines agrupados en el CACIF tienen más empuje
empresarial que sus colegas de Honduras y Nicaragua, se encuentran
muy condicionados por su histórico descuido de la
modernización del Estado y por su pacto histórico con
la cúpula militar, que ahora conspira contra ellos desde el
gobierno. En los tres países, la ausencia de contiendas
políticas en las que estén representados más
cabalmente los intereses de las distintas fuerzas y clases sociales
ha abonado una abundantísima y creciente cosecha de
corrupción.
Hoy
el CA-4 está partido en dos: el sureste de Honduras y
Nicaragua y el noroeste de El Salvador y Guatemala. Aunque en esta
coyuntura Guatemala aparece lisiada por su lenta transición
hacia una democracia formal y por la debilidad de su sector
financiero, no deja de ser un potencial competidor con El Salvador
para expandirse en la región después del ALCA por el
tamaño y por la diversificación de su economía.
En 1998-99, la población bajo la línea de la pobreza en
El Salvador y Guatemala era 50% y 60%. La misma cifra en Nicaragua y
Honduras era 70% y 80%.
Costa
Rica es en cualquiera de los planos a analizar un caso aparte. Esta
nación sacó grandes ventajas de su revolución en
1948, un proceso de cambios más radical que la revolución
nicaragüense de 1980. Entre muchas razones, porque a Costa Rica
le tocó la mejor coyuntura de la Guerra Fría mientras
que a Nicaragua le tocó, junto a Guatemala, la peor.
Compitiendo hacia fuera de la región, a la par de El Salvador,
Costa Rica ha avanzado en la conversión productiva. La
estabilidad y sofisticación del Estado costarricense son aún
mayores que las de El Salvador. Además, el posicionamiento
ventajoso de Costa Rica en la industria del ecoturismo la coloca con
ventaja en toda la región. Guatemala, destino por excelencia
para el ecoturismo, padece una grave inseguridad ciudadana. Y
difícilmente podrán competir en esta rama los
salvadoreños, que tienen mínimas posibilidades de
ofrecer ecoturismo en su pequeño y devastado país.
El
naufragio del empresariado nicaragüense y hondureño
El
naufragio económico de Nicaragua y Honduras es de larga data.
Ya a principios de los años 60 se sabía que estos dos
países no estaban preparados para entrar en el Mercado Común
Centroamericano (MCCA). En aquellos años, Guatemala y El
Salvador no estuvieron dispuestos a incorporar políticas
sociales como base de aquellos tratados comerciales. Costa Rica quiso
evolucionar hacia una coordinación centroamericana de política
social, pero mantuvo irrenunciable su objetivo de no permitir un
mercado libre de trabajo, temerosa de que emigrantes de los otros
países invadieran su territorio. En Honduras, Facussé y
un puño de empresarios lograron convertir las negociaciones a
favor de Honduras en negociaciones a favor de sus propias empresas.
Lo mismo sucedió en Nicaragua.
Desde
los inicios del MCCA Nicaragua violó el esquema de precios
establecido a favor de las empresas de Somoza, especialmente las de
sosa cáustica e insecticidas. Cuando el Consejo de Ministros
del MCCA quiso extender un tratamiento preferencial a Honduras en el
convenio de incentivos para el desarrollo industrial, Somoza comenzó
a aprovecharse del mismo tratamiento preferencial. Después de
agrios debates en el Consejo de Ministros, el resto de países
centroamericanos empezó a imitar a Somoza, blindados con las
justificaciones elaboradas por sus equipos de abogados. Antes de la
Guerra del Fútbol contra El Salvador, Honduras violaba ya los
tratados del MCCA y planificaba salirse de la unión aduanera.
La guerra con El Salvador fue una buena excusa para hacerlo. En 1970
se propuso un fondo de desarrollo especial para Nicaragua y Honduras
y El Salvador se opuso. Honduras y Nicaragua tuvieron que buscar más
créditos del BCIE, lo que incrementó para ambos países
el costo del dinero y añadió otro eslabón a la
interminable cadena de préstamos que aún hoy los
mantiene atados a onerosas deudas. La permanente y creciente
ineficiencia relativa de la industria de Nicaragua y de Honduras
imposibilitó acuerdos del MCCA que contemplaran un tratamiento
diferencial por grado de desarrollo. Tal vez el punto principal de la
negociación del ALCA será ése: un tratamiento
diferencial por tamaño y por grado de desarrollo.
Radiografía
regional: desunidos, desintegrados, débiles
Una
vez tras otra los países centroamericanos no han podido
negociar una integración más equitativa entre ellos
mismos. La falta de unidad centroamericana y la ausencia de
honestidad, cooperación y transparencia que ha caracterizado
las relaciones entre los países centroamericanos es la mayor
desventaja con que Centroamérica entrará en las
negociaciones con Estados Unidos para el ALCA. Y cuando entre,
nuestros países cosecharán la misma plaga de desunión
que ellos mismos han venido sembrando en la región desde hace
cuarenta años. Cuando en mayo y en la Cumbre de América
Latina y el Caribe con la Unión Europea, el Presidente
nicaragüense Enrique Bolanos pidió a nombre de los
gobiernos centroamericanos a la UE la suscripción de un
Tratado de Libre Comercio, el Comisionado Chris Patten tuvo que
responderle que Europa no puede negociar un TLC con Centroamérica
porque nuestra región no es un bloque integrado de naciones.
Desde
la crisis mundial del petróleo en 1973, el MCCA perdió
su dinámica de crecimiento y el espectro de la falta de
competitividad regional empezó a perseguirnos. Hoy, entramos
en las negociaciones del ALCA más aliados con Estados Unidos
que con nosotros mismos. Hoy, con la caída del modelo
agroexportador y dando masivas bienvenidas a maquilas, turistas y
remesas, y masivas despedidas a nuestros migrantes, las debilidades
históricas de la región se evidencian. Especialmente,
las del empresariado hondureño -criado en la única
auténtica república bananera- y las del empresariado
nicaragüense -criado por dos niñeras malévolas, el
Somocismo y el FSLN- se hacen las más ostensibles en los
nuevos mares de la globalización.
¿Será
verdad que todos estaremos satisfechos?
En
los medios de comunicación latinoamericanos podemos asistir a
una contienda de retóricas a favor y en contra del ALCA. Si
las opiniones que se vierten están marcadas por la
globalofobia o por la globalofilia la gente sólo entenderá
que la opción es entre productos gringos y productos
nacionales. Esta simplificación ocultará el hecho de
que el ALCA va a representar una transformación tan profunda
para los países centroamericanos que ubicarnos en ese nuevo
contexto demandará de nosotros muchísimo más que
retórica.
Heinz
Moeller, actual canciller del Ecuador, es el Presidente de la
Comisión Negociadora del ALCA, el representante de América
Latina y el Caribe en una negociación con Estados Unidos
programada para concluir en 2005, cuando deben estar listas en
América Latina todas las reformas legales y constitucionales
para que el ALCA convierta a todo el continente en un único
mercado globalizado. Dice Moeller: En el ALCA, o todos estamos
satisfechos o nadie lo está. Su retórica parece
refinadamente equívoca teniendo en cuenta que la discusión
del ALCA no será una negociación hemisférica
democrática en la que cada uno de los países tendrá
igual voz e igual voto. Al terminarse las negociaciones del Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ni México
ni Canadá estaban satisfechos pero firmaron.
Queda
claro que los grandes jugarán con ventaja
La
negociación del ALCA no concluirá en un mercado común
al estilo del que hay en Europa, un continente donde existe libre
movimiento de capitales, de productos y de mano de obra con políticas
sociales comunes. Si en el nuevo hemisferio del ALCA hubiera libre
migración de mano de obra, las mayorías
centroamericanas estarían muy esperanzadas. Pero, aun con la
poca información de que disponen, ya intuyen que en la mesa de
negociación no se tomarán en cuenta de forma equitativa
los factores de capital y de trabajo ni se establecerán
políticas sociales y ecológicas que sean comunes.
Ante
la realidad de que todos los países latinos y caribeños
cargan con una deuda externa de 792 mil millones de dólares y
que todos juntos sólo aportarán el 29% del PIB del
futuro ALCA, y ante la pregunta sobre si a los países más
débiles y menos competitivos del hemisferio les compensa
entrar al ALCA, Moeller responde con honestidad: Los países
desarrollados están en una situación más
ventajosa. Sin embargo, no concluye que por esto el ALCA sea
negativo. Según Moeller, el ALCA es una estrategia para
beneficiar a los consumidores. Los mercados libres son más
competitivos. La competencia beneficia al consumidor. Y los países
pobres tienen que hacerse más y más competitivos como
Chile. Ésa es la lógica. Moeller argumenta que los
países pobres pueden encontrar nichos en el mercado para su
producción primaria y agropecuaria incrementando su
productividad y su competitividad. Pero al enunciar esa salida no
toma en cuenta ni la caída estructural del valor agregado de
los productos primarios ni tampoco que los mercados de los productos
primarios son precisamente los más competitivos y los peores
del mundo por estar saturados por más de mil millones de
productores, los productores pobres de los países más
pobres del planeta.
Es
hora de tragarnos la pastilla amarga del alca
Preguntado
sobre la dolarización en Ecuador, Panamá y El Salvador,
Moeller responde: Con la creación del ALCA debemos buscar
un sistema monetario rígido que evite las emisiones
inorgánicas que sólo disminuyen la competitividad de
nuestras exportaciones. Yo avizoro -y esto es una opinión
personal- a América Latina caminando, como Europa, hacia una
moneda común que permita neutralizar la inflación, que
es el peor impuesto de los pueblos. No hay duda de que esa moneda
común será el dólar. Se revela así que el
argumento a favor del ALCA descansa más en el poder de las
economías centrales que en razones que apunten al desarrollo
hemisférico, mucho menos que lo garanticen.
Los
Jefes de Estado de las Américas hicieron público su
plan de acción rumbo al ALCA en la Declaración de
Quebec (abril 2002) con 16 puntos que representan su agenda
hemisférica. El plan es una bonita compilación de todas
las reformas programáticas, adornadas con frases de moda, que
la clase política latinoamericana ha venido aprendiendo del
Banco Mundial. Obviamente, este texto no pasa de ser una declaración
de buenas intenciones en un hemisferio donde la crisis económica
y política es cada vez más profunda.
El
propio Secretario de Estado Colin Powell anunció en la OEA que
América Latina está peor en el año 2002 que en
el 2001, admitiendo que el continente va de mal en peor. A pesar de
sus limitaciones, ni siquiera los 16 puntos del plan de acción
de Quebec formaron parte de las agendas de las nueve comisiones de
negociaciones del ALCA, lo que evidencia la línea dura y la
orientación conservadora de la gestión negociadora del
ALCA. Tal vez es que ya dieron por terminadas las formalidades y las
tácticas diversionistas y ha llegado el momento de que nos
traguemos la pastilla amarga.
En
la tarea de divulgar masivamente las "ventajas" que el ALCA
representará para nuestro continente, Moeller puede ser
considerado un representante-estereotipo de los globalofílicos.
Sin embargo, en nada nos ayudará llegar a la mesa de
negociaciones orientados por estereotipos y demonizando la
globalización. Ni el libre comercio ni los tratados de libre
comercio ni la globalización son demonios. En sus terrenos
crecen a la par el trigo y la cizaña. Un tratado de libre
comercio tiene dos componentes: la competencia y la coordinación.
Un tratado basado exclusivamente en una o en otro de estos dos
elementos es un mal tratado. Actualmente, no existe libre comercio ni
se promociona el libre comercio de productos en la economías
centrales, empezando con la mercancía más básica,
la comida. Si hubiera libre comercio sin cuotas y sin subsidios para
los alimentos, los pobres de los países periféricos
estarán mucho mejor.
Los
tratados de libre comercio pueden ser un paso para incrementar la
coordinación, limitando así la desenfrenada competencia
que caracteriza el planeta. Parece que empieza a entenderlo así
hasta la Organización Mundial de Comercio. Cada año hay
más coordinación entre las empresas transnacionales.
¿Por qué no puede haber más coordinación
entre los bloques de países? Los tratados de libre comercio
son el arranque de un largo proceso de negociación de la
cordinación a nivel global. Quienes se empeñan en
demonizar la globalización y el libre comercio deberían,
por coherencia con su obsesión, prescindir de correos
electrónicos, celulares y conferencias internacionales para
expresar sus posiciones globalofóbicas.
La
ley del embudo: subsidios en el norte mercado libre en el sur
En
las negociaciones del ALCA los países centroamericanos deben
negociar a favor de más mercado libre, particularmente para
sus productos agropecuarios. Este reclamo es central y resultaría
auténticamente transformador teniendo en cuenta que Estados
Unidos, la Unión Europea y Japón tienen los mercados
agropecuarios menos "libres", los más protegidos y
subvencionados del planeta. Todos los años, los gobiernos de
los países ricos gastan 400 mil millones de dólares en
subsidiar a sus agricultores para que su producción no se vea
afectada por los altibajos del mercado libre. Aseguran así su
seguridad alimentaria y dejan desprotegida la de una cuarta parte de
la población mundial, que padece desnutrición y hambre.
Este año el subsidio alimentario en Estados Unidos fue de 171
mil millones de dólares, subsidiándose según la
nueva legislación productos como la carne, el azúcar y
otros alimentos que nosotros producimos en Centroamérica.
Mientras
el Norte subsidia a los suyos, en el Sur se nos exige cortar
subsidios y abrir mercados. Una auténtica Ley del Embudo.
Desaparecen las oportunidades para el algodón de Centroamérica
y de Paraguay por los enormes subsidios que reciben de su gobierno
los algodoneros estadounidenses, además de la destacada
eficiencia de los algodoneros chinos. Los cortadores de caña
de azúcar centroamericanos y los haitianos que la cortan en
República Dominicana ven desvanecerse las posibilidades de
obtener salarios más justos por los subsidios que reciben los
remolacheros de Europa. Los precios del arroz se desploman en
Centroamérica por los enormes subsidios ofrecidos a los
arroceros japoneses. Y los precios del maíz y el frijol entran
en crisis en Centroamérica mientras los agricultores del
medioeste de Estados Unidos reciben jugosos subsidios por producir
granos básicos
Si
no fuera por esta opción de los países ricos para
protegerse de la dependencia alimentaria, o de lo que ellos llaman
"el posible chantaje por alimentos", los pobres del Tercer
Mundo producirían y venderían más alimentos, se
incrementaría la productividad agrícola y se
intensificaría la justa presión por una necesaria
reforma agraria. Eliminarle al rico Epulón sus subsidios
mejoraría la vida de millones de Lázaros y Lázaras
de los países pobres, reactivaría la economía de
los países pobres y fomentaría más equidad en el
planeta, aunque naturalmente significaría la quiebra de muchas
empresas agropecuarias y agroindustriales de los países ricos
mantenidas artificialmente por los subsidios. El hecho de que cada
año que pasa una hora de trabajo para producir un Toyota o un
Sony valga más que una hora de trabajo para producir maíz
clama al cielo. Eliminar en el Norte los subsidios a la producción
de alimentos aminoraría el rápido incremento de la
brecha entre los salarios en Estados Unidos y en Centroamérica.
No se trata únicamente de ética, se trata también
de eficiencia.
Una
valiosa moneda en la mesa de negociaciones
Reorientar
el uso de los 400 mil millones de dólares destinados a
subsidiar la producción de alimentos en el Norte sería
una intervención de alta calidad para rectificar los sesgos e
imperfecciones del mercado mundial que causan tanta miseria en los
países pobres. A la par de las restricciones del libre
movimiento de mano de obra, este subsidio es un obstáculo
clave para la vida digna por la que lucha hoy la sociedad civil de
América Latina y el Caribe. No es fácil para el rico
Epulón vaciar sus graneros y arriesgar su seguridad
alimentaria. Tampoco es fácil que los millones de míseros
del planeta capten la importancia que esta injusticia, tan sepultada
en las estructuras de la economía global, tiene en sus propias
vidas. Sin embargo, están naciendo en el Norte movimientos que
apuntan en la dirección correcta. En Estados Unidos causó
un gran escándalo el saber que la estrella de la NBA, Scottie
Pippen, además de ganar cuatro millones de dólares al
año como deportista, recibe otros tres millones en subsidio
como finquero.
Nicaragua
y Honduras tendrían mucho que ganar en un ALCA con menos
protección del sector agropecuario de Estados Unidos. Oxfam
Internacional está iniciando una creativa campaña
analizando el tema del mercado libre para los productos agropecuarios
y planteando alernativas. Por otra parte, existe ya un amplio
consenso entre los economistas: las barreras del Norte a los
productos de los pobres del Sur son el obstáculo más
formidable para que nuestros países se desarrollen.
Aunque
Estados Unidos no querrá ceder en este asunto tan clave de
justicia internacional y de mercado libre, estos subsidios serían,
en teoría y si Centroamérica actuara unida como un
bloque, una valiosa moneda de negociación para Centroamérica
en el ALCA, a partir de la cual nuestra región podría
obtener concesiones en el acceso de otros productos al mercado
norteamericano y en la protección a nuestras industrias aún
no preparadas para el mercado libre. Porque así como Estados
Unidos no está preparado para el mercado libre de productos
agropecuarios, tampoco la mayoría de nuestras industrias
centroaméricanas están en este momento listas para ese
mercado libre que se nos propone como solución.
Capacidad
y unidad: de eso depende
En
el mundo ya existen experiencias positivas de integración
económica de países pequeños con países
mas grandes y avanzados. En Europa, el caso más claro es el de
la integración de Portugal y de Irlanda, dos países que
tan sólo hace veinte años tenían una pobreza
masiva y economías de muy bajo nivel de desarrollo. La clave
de su desarrollo fueron condiciones favorables de acceso al mercado y
una ayuda cuantiosa de la Unión Europea.
El
tema de la ayuda externa constituyó una de las principales
demandas de los presidentes centroamericanos cuando se encontraron
con el Presidente Bush en El Salvador el 24 de marzo. La ayuda
externa figura como uno de los temas más difíciles en
la negociación del ALCA centroamericano. Aunque no se pueden
esperar grandes incrementos de la ayuda internacional para
Centroamérica como componente del ALCA, aunque la integración
europea es diametralmente distinta a la que pretende Estados Unidos
con su coro latinoamericano, aunque las distancias de Estados Unidos
con Centroamérica son mayores que las que había entre
Portugal e Irlanda con Francia hace veinte años, y aunque
nuestras economías centroamericanas son hoy más
raquíticas que las de Portugal e Irlanda hace dos décadas,
algo podemos lograr si partimos de la convicción de que la
integración con el mercado norteamericano no es mala en sí
misma. Todo dependerá de nuestra capacidad de plantear una
negociación seria y de nuestra capacidad de divulgar entre
nuestra opinión pública las discusiones técnicas
de los economistas. Y sobre todo, dependerá de la unidad
centroamericana.
Alianza
Social Continental: importantes lecciones sobre el alca
La
Alianza Social Continental es la coordinadora de la sociedad civil
más constante y organizada, la más preparada con un
acervo de investigaciones para dialogar sobre el ALCA. No trabaja con
retórica, tampoco es globalofóbica.
La
Alianza comenzó a organizarse y creció en capacidad
analítica al ritmo de la negociación del TLCAN, aunque
falló al no lograr alianzas con el sector empresarial y al
enfatizar más los aspectos ambientales y sociales que los
netamente comerciales. Sin embargo, la experiencia acumulada en
aquellos años por las coordinaciones de la sociedad civil de
México, Canadá y Estados Unidos le permitió
ampliarse hacia una red continental. Hasta ahora, la Alianza Social
Continental no ha encontrado suficientes ecos en Centroamérica.
Revisemos
los argumentos principales de la Alianza Social Continental. El
primero se desprende del análisis que hacen de los
últimos veinte años en su conjunto: El abono para
que germine el ALCA como en su tiempo se hizo con el TLCAN -dice
la Alianza- se viene introduciendo desde años atrás
mediante los programas de ajuste estructural, las privatizaciones y
desregulaciones, el agravamiento de la deuda, y los condicionantes
perpetuos del FMI, el BM y el BID. No cabe, pues, la ingenuidad
de pensar que el ALCA cayó del cielo de repente en Miami
durante un discurso de Bill Clinton.
El
Consenso de Washington y los paquetes de ajuste estructural aplicados
en todos y cada uno de nuestros países nos vienen preparando
para el ALCA desde hace mucho tiempo. Sin embargo, aunque esto es
evidente, no podemos llegar a la mesa de negociaciones soñando
retroceder veinte años atrás en el túnel del
tiempo y deshacer todo lo hecho. Todo lo que ha ocurrido con los
programas de ajuste nos obliga al realismo, a saber y a aceptar dónde
estamos parados en este momento.
Lecciones
esclarecedoras: ¿qué ha pasado en méxico?
El
segundo argumento de la Alianza se deriva de comprender los
resultados del TLCAN y de ubicar este acuerdo en su contexto
histórico. La iniciativa de crear el ALCA surge del
gobierno estadounidense, que ve en el TLCAN el parámetro para
negociar similares o mejores condiciones en todo el continente para
sus intereses y para los de sus empresas. La evaluación en
claroscuro de los resultados del TLCAN se convierte así en
algo fundamental.
El
dato básico para una evaluación de los resultados del
TLCAN en México es éste: los modelos económicos
implementados en ese país en los 18 años del pre-TLCAN
(ajuste neoliberal) y en los tres primeros años del TCLAN han
producido las más bajas tasas de crecimiento en su historia
reciente.
A
diferencia del modelo agroexportador centroamericano, el modelo
exportador de productos primarios, vigente en México en los
mismos años, completaba las exportaciones agropecuarias con
minerales, petróleo y textiles. La tasa promedio de
crecimiento en este modelo fue cinco veces mayor que en el modelo
neoliberal y un 66% mayor que en el modelo TLCAN. El Modelo de
Sustitución de Importaciones (MSI) en México instalado
entre 1954-69 rendía tasas promedio de crecimiento por
habitante ligeramente más altas que las de Centroamérica,
coincidiendo más o menos con los años en que se
implementaba este modelo en nuestra región. En México,
la tasa promedio de crecimiento durante el MSI fue seis veces mayor
que durante el modelo neoliberal y el doble que durante el modelo
TLCAN. Entre 1970-76 este modelo entró en crisis relativa, al
igual que en Centroamérica, por la misma razón: no
agregar al MSI una atención a la reconversión
productiva para incrementar la competitividad de la economía.
A pesar de esto, los resultados fueron mejores a los de los modelos
neoliberal y TLCAN.
TLC
Canadá-USA-México: quiénes ganaron y quiénes
perdieron
México
tuvo la suerte de salir de esa crisis con el descubrimiento de
grandes yacimientos de petróleo. Al parchar su modelo de
sustitución de importaciones y el debilitado crecimiento
endógeno de su mercado interno con el modelo petrolero, logró
las tasas más altas de crecimiento de su historia. Pero su
suerte se convirtió en el peor de sus desastres porque se
encontró sin capacidad de resistir la imposición de 18
años de modelo neoliberal, padeciendo así el programa
más consistente y prolongado de los aplicados en todo el
continente, el que ha cosechado más recesión y mayores
niveles de pobreza.
Es
mucho más fácil comparar el modelo neoliberal mexicano
con otros modelos vividos por México o comparar el modelo
económico neoliberal de México con otros del
continente, que compararlo con los modelos neoliberales aplicados en
Centroamérica. El impacto de la guerra de los años 80
en Centroamérica hace difícil el ejercicio comparativo,
porque en esos años hubo en Centroamérica fuga de
capitales, ruptura del comercio intrarregional y desviación de
los esfuerzos destinados al desarrollo económico a los
requerimientos político-militares de la Guerra Fría.
También hubo en Nicaragua, Honduras y El Salvador flujos de
ayuda internacional equivalentes a los que generó el boom
petrolero en México. Y en los años de la postguerra,
durante la imposición del paquete neoliberal, Centroamérica
gozó de la repatriación de capitales y del flujo de las
remesas. Al analizar el comportamiento del PIB centroamericano en los
años 90, todos estos factores deben distinguirse
cuidadosamente de los factores resultantes de la estabilización
macroeconómica neoliberal.
Sin
duda, aunque el modelo TLCAN ha representado para México una
mejoría sobre el modelo neoliberal en su tasa promedio del
crecimiento del PIB por habitante lo alcanzado está muy por
debajo de lo logrado con los otros modelos. El TLCAN ha profundizado
una dramática realidad: crecimiento económico sin
generación de empleos. En 1995-97 se generaron 3.5 millones de
empleos en México y en 1998-2000 sólo 0.4 millones de
empleos. En el año 2000, y a pesar de tener un crecimiento
positivo, se perdieron 153 mil empleos. Desde el inicio del TLCAN el
salario promedio mexicano ha perdido el 16% de su poder de compra.
Mientras el TLCAN ha producido un boom de exportaciones y la
economía va viento en popa para un 20% de los mexicanos, la
clase trabajadora, y mucho más el sector informal, se han
caído del barco.
El
TLCAN ha representado también una presión hacia la baja
para los trabajadores de Estados Unidos y Canadá. De hecho, la
pregunta que se hacía al inicio de las negociaciones sobre qué
país ganaría y cuál perdería en este
acuerdo, se ve ahora claramente equivocada. La pregunta correcta era:
quién dentro de cada país ganaría y quién
perdería. La respuesta es hoy evidente: han ganado las
transnacionales y unas cuantas familias ricas locales, y han perdido
los pueblos trabajadores de los tres países.
¿Por
qué actúa así el país de George
Washington?
Si
todo esto le sucedió al "árbol verde" que era
México al entrar al TLCAN, ¿qué le pasará
al "árbol seco" centroamericano? ¿Qué
ocurrirá en nuestras pequeñas economías, tan
incompletas y tan políticamente manoseadas al entrar al ALCA?
La Alianza Social Continental no está en contra de la
globalización. Lo que cuestiona con evidencias y con
coherencia es la globalización corporativa. Dicen: Asumimos
la globalización en el sentido de que en esta etapa de la
historia no son viables las economías nacionales aisladas y
cerradas. Sin embargo, esto no quiere decir que la forma actual,
basada en el libre comercio, entendido como desregulación para
dejarle la dinámica económica sólo al mercado,
sea la única posible y mucho menos la mejor. Nadie en su sano
juicio se puede oponer a tratar de exportar, pero esto no debe estar
reñido con fortalecer el mercado interno. Más aún,
la experiencia histórica reciente muestra que la única
garantía de estabilidad de crecimiento es el mercado interno.
Estados Unidos es el primer exportador mundial, pero su economía
se afinca en su propio mercado interno. Como reconoce la Reserva
Federal de Estados Unidos, lo que ha impedido que la desaceleración
actual sea aún mayor es el dinamismo del consumo interno y las
políticas contracíclicas de bajar la tasa de interés
y de expandir el gasto público en tiempos de recesión.
Conviene
recordar que el modelo de crecimiento de Estados Unidos, al final del
siglo XVIII y durante el siglo XIX fue el modelo agroexportador, pero
con la política de George Washington, basada en un pacto
económico firme con el campesinado, con los artesanos y con la
pequeña industria de la frontera agrícola. ¿Por
qué el país de George Washington niega sistemáticamente
a Mesoamérica la oportunidad de imitar su histórico
modelo económico? ¿Por qué la negación de
las políticas contracíclicas? ¿Por qué el
desmantelamiento de los Estados latinoamericanos, haciéndolos
incapaces de promover y equilibrar el mercado interno de nuestro
continente?
Hay
dos respuestas a estas acuciantes preguntas. La primera respuesta es
que el Modelo de Sustitución de Importaciones, que produjo tan
altas tasas de crecimiento en Centroamérica y en América
Latina en los años 60 y 70, no fue acompañado por un
esfuerzo equivalente en la reconversión productiva. Las clases
empresariales de la región se habrían dormido en los
laureles de sus altas ganancias. Es decir, nosotros tenemos la culpa.
La otra respuesta, complementaria de la primera, es, según la
Alianza Social Continental, la aplicación irresponsable de un
ajuste neoliberal cuyo objetivo era preparar la expansión
estadounidense en el TLCAN y ahora en el ALCA. Independientemente de
quién tenga la culpa, no podemos avanzar si no reconocemos
dónde estamos hoy. Argumentar que los resultados del TLCAN han
sido malos en México no nos excusa de prepararnos para que
nuestra negociación en el ALCA centroamericano resulte la
mejor posible para nuestros intereses.
México:
crecimiento por habitante
(tasa
promedio)
Dos
salidas para México
La
Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC),
nacida en 1991 e impulsora de la Alianza Social Continental desde
1997 afirma: México no logrará crecer de forma
estable y acelerada y menos crear suficientes y buenos empleos si no
se diseña una estrategia que al menos tenga dos elementos.
Uno: integrar o conectar las cadenas productivas nacionales para que
los sectores que crezcan, exportadores o no, halen tras sí al
resto de las unidades productivas, especialmente a la pequeña
y mediana empresa. Esto no es favorecido por el TLCAN. Y dos: ampliar
y consolidar el mercado interno. Para ello es indispensable mejorar
los niveles de ingreso de la mayoría de la población.
En otras palabras, abatir la pobreza. Con ello, podrán crecer
los sectores que producen para el mercado interno. Esto implica que
se deje de considerar la mano de obra barata como nuestra ventaja
comparativa en los tratados de libre comercio. Implica también
que deje de considerarse la política salarial como parte de la
lucha anti-inflacionaria y los salarios reales pasen a ser una
palanca del crecimiento del mercado interno, y con ello, del
crecimiento del grueso de las empresas que no son las exportadoras.
En
teoría, la RMALC tiene razón no sólo para México
sino, con matices, también para Centroamérica. Pero en
la práctica, ¿cómo llevar esta posición a
la mesa de negociaciones después de casi veinte años de
neoliberalismo? ¿Cómo vincular cadenas productivas con
plataformas de exportación, si Centroamérica carece de
Estados fuertes como lo son Taiwan o Corea de Sur, capaces de
intervenir en la economía a favor del mercado interno?
Centroamérica no ha hecho tampoco las reformas que hizo Taiwan
en el campo y las ciudades, destinadas a quebrar la tendencia
ultraconservadora de su oligarquía. Debemos reconocer que la
evolución de la economía mexicana no ha sido sólo
producto del TLCAN sino de dinámicas económicas mucho
más profundas, antiguas y arraigadas.
Urge
rescatar la agenda del empleo
Nadie,
a no ser los sectores más retrógados del empresariado
centroamericano, está en contra del fortalecimiento del
mercado interno centroamericano. La interrogante más
importante es: quiénes están haciendo esfuerzos
prácticos en el campo de la incidencia y la negociación
para reubicar el tema del empleo en la agenda de la región.
Con el ajuste y los programas de inversión social, la agenda
del empleo salió de los gabinetes económicos de la
región hacia los gabinetes sociales. La atención
pública se orientó a empleos de baja calidad para hacer
las obras municipales acordadas por los alcaldes dentro de las
campañas de sus respectivos partidos políticos. La
Estrategia de Lucha contra la Pobreza (ELP) retomó y reeditó
los programas de compensación social del ajuste expandiéndolos
con más atención a educación y salud, pero
siempre dentro el mismo esquema. Después de mucho años,
ya empiezan a surgir en Centroamérica críticas de la
sociedad civil reclamando que la política de empleo no sea
sólo competencia de los gabinetes sociales.
En
Guatemala, el Foro Guatemala y el Grupo Barómetro empiezan a
levantar preguntas sobre la ELP: ¿Qué factores
contribuyen más al crecimiento del ingreso per cápita?
El ingreso per cápita se relaciona con el nivel de salarios,
las competencias laborales, la tasa de empleo y la relación de
dependencia al número de trabajadores por famila. ¿A
qué apostar? ¿A un mayor rendimiento educativo de los
pobres, a mayores tasas de dependencia en la estructura familiar o al
apoyo a la micro y pequeña empresa, especialmente la rural? ¿A
una mayor participación de los pobres en los mercados
laborales formales de trabajo o a una mejora de salarios reales?
El
análisis de la ELP debería permitir separar los efectos
del desempleo y de los bajos salarios en el nivel de pobreza,
especialmente durante períodos de desaceleración
económica para poder así iluminar elementos de la
estrategia y las políticas públicas nacionales. La poca
atención al tema del empleo en la ELP no permite definir
estratégicamente acciones sujetas al actuar de
políticas públicas como son estos temas y otros muchos
más complejos que tienen que ver con la transición
demográfica y educativa de los pobres del país. ¿Qué
porcentaje de la reducción de pobreza se puede lograr con
aumentos en educación? ¿Con mayor empleo? Con mejores
salarios? ¿Dónde poner el énfasis: en el sector
formal de grandes y medianas empresas o en el sector informal de las
pequeñas? Estamos de acuerdo con el Banco Mundial que el gasto
público es la mejor herramienta para intervenir en la pobreza,
pero ¿cómo hacerlo si nuestros ministerios ya ni son
capaces de formular ni de contestar estas interrogantes?
Aprovechar
las fisuras en el muro de la exclusión
En
el tema del empleo, como en otros temas, la estrategia de análisis
y de incidencia de la sociedad civil requieren de una profunda
diversificación y de una coordinación cabal. No hay una
"única" crítica de la situación que
sufren los pobres. A veces, en todos los foros de discusión se
critica una y otra vez el pensamiento único con un
único pensamiento. No existe un planteamiento único
frente al ALCA. Los planteamientos únicos son
contraproducentes y suponen un paradigma que ya no existe.
No
existe una sola brecha en el muro de la exclusión. Más
bien, hay múltiples pequeñas fisuras que debemos
detectar en nuestros gobiernos, en los organismos multilaterales, en
las agencias bilaterales y en nuestras mismas organizaciones. Debemos
detectarlas, encontrar aliados al otro lado del muro y coordinarnos
para consolidar el consenso emergente y seguir construyendo una
alternativa que todavía no tenemos en la mano. Sin un
paradigma alternativo es imposible una única agenda de
negociación, pero sí son posibles múltiples
agendas y la conquista de espacios parciales. El color de estas
conquistas será casi siempre en tonos de grises, y en el mejor
de los casos con algunos tenues colores del arcoiris, pero nunca
serán conquistas en blanco y negro.
Víctimas
de diversos mecanismos de "dumping"
El
tercer argumento que ofrece la Alianza Social Continental es
potencialmente el más importante por ser más práctico
y menos analítico. Nace también de la experiencia
mexicana. México es el país latinoamericano -y
probablemente del mundo- con más tratados de libre comercio
firmados. Además del TLCAN, los mexicanos han negociado
recientemente con Europa el TLCUE y con los países
centroamericanos un TLC.
El
análisis que hace la RMALC de los mecanismos que se emplean en
estos tratados se pueden resumir muy sintéticamente en tres
tipos de dumping: el comercial, el social y el ambiental. El
dumping comercial se logra inundando el mercado rival con
productos baratos, vendidos a precios por debajo de los costos de
producción y subsidiados. Hasta que los competidores pierden
sus mercados. Después de quebrar al competidor, se vuelve a
vender a los verdaderos precios del mercado. Así se va
"conquistando" mercado tras mercado. Un ejemplo en
Centroamérica: el mercado informal importa y vende pacas de
ropa USAda sin pagar impuestos y esta práctica lleva a
la ruina a los pequeños y medianos talleres que confeccionan
ropa.
En
el TLCAN, el dumping comercial fue terminantemente prohibido y
Estados Unidos tiene prohibido vender su producción agrícola,
altamente subsidiada, a México. Sin embargo, otras variedades
de dumping comercial no fueron excluidas y se mantienen el
dumping estructural del mercado de vendedores y el dumping
estructural del mercado de consumidores. El dumping
estructural del mercado de vendedores ocurre cuando una industria
con superior productividad dentro de un sistema de mayor competencia
sistémica elimina a su competencia. Resulta éste un
punto crucial en las negociaciones del ALCA centroamericano.
En
la mesa de negociaciones, Centroamérica tiene que pedir
protección allí donde exista una competencia sumamente
desigual. El dumping estructural del mercado de consumidores
lo hemos sufrido ya con el café, cuando el café
vietnamita, con una mayor productividad de la mano de obra y con
subsidios estatales, se vende en otros países consumidores de
café, provocando agudas crisis que han llevado a la ruina a
centenares de miles de productores de café centroamericanos.
Para la región, la diferencia entre estos dos dumping
estructurales está en que, en nuestra pequeña
industria artesanal tenemos muy pocos productores muy eficientes de
productos como zapatos y otros artículos de consumo popular en
Estados Unidos, mientras sobran en este mundo los productores y las
productoras de café y granos básicos, gente que por
producir esto llevan la marca de "excluidos" en sus
frentes.
Una
buena fórmula para abatir la pobreza rural en el mundo
Las
"donaciones de seguridad alimentaria" que llegan a
Centroamérica -granos básicos y cereales de Estados
Unidos, arroz de Japón y productos lácteos de Europa-
tienen entre nosotros el mismo impacto devastador que el comercio
desleal, aun cuando sean regaladas. Recientemente, Brasil criticó
duramente los subsidios alimentarios de Estados Unidos, para así
poder entrar respaldado con más fuerza de opinión
pública en las negociaciones del ALCA.
La
eliminación de los 400 mil millones de dólares con que
el Norte subsidia a sus productores de alimentos sería la
manera más efectiva de abatir la extrema pobreza rural a nivel
mundial, mucho más efectiva que la condonación de los
792 mil millones de dólares de la deuda externa
latinoamericana, ya que mejoraría directamente el empleo de
los productores rurales en extrema pobreza. Sin embargo, el Banco
Mundial persiste en su intento de reducir la pobreza con los mismos
programas de Fondos de Emergencia Social, que carecen de impacto en
economías asimétricamente afectadas por el dumping
estructural. El Banco Mundial persiste en la práctica
neoliberal de delegar la problemática del empleo a los
gabinetes sociales, dominados por una fe ciega en que la mano
invisible del mercado moverá con la apertura comercial todas
esas asimetrías y generará nuevos puestos de trabajo en
nuestras economías.
"Ventaja"
Centroamericana: la mano de obra barata
Si
el dumping comercial fue sólo parcialmente excluido del
TCLAN, el dumping social y el dumping ambiental
fueron tratados en acuerdos paralelos. Objetivo: así, el
núcleo del TLCAN -liberalización del movimiento de
mercancías y de capital- no sería afectado por estas
dos temáticas. A bonitas declaraciones de principios sobre el
medioambiente y el trabajo quedaron reducidas estos acuerdos,
carentes de mecanismos para hacerlos valer en la práctica.
El
dumping social se expresa en la competencia desleal que hace
México a los trabajadores del Norte. Los patrones mexicanos y
el Estado mexicano tomaron el camino más fácil en la
negociación del TLCAN: sacrificar a los trabajadores mexicanos
para que las empresas mexicanas pudieran competir un poco más
en los mercados de Norte. Se impuso así una política de
topes a los aumentos salariales, que debían ser no mayores que
el nivel de la inflación. De hecho, este dumping social
es una forma de competencia desleal a los trabajadores del Norte, que
luchan hoy por mantener los estándares salariales conquistados
a lo largo de luchas históricas. La presión de los
sindicatos estadounidenses y canadienses sólo consiguió
unos acuerdos paralelos. Se argumenta simplistamente que los
trabajadores del Norte ya están muy bien y que, de todas
maneras, no existe ninguna igualdad entre un trabajador del Norte y
uno del Sur. La realidad es que esta falta de solidaridad entre
trabajadores garantiza menos empleo y menos desarrollo en el Sur.
Otra
"ventaja": abusar de los recursos naturales
La
lógica del dumping ambiental es similar a la del
dumping social. No se incorporaron al TLCAN en el acuerdo
paralelo sobre medioambiente ni siquiera los estándares
mínimos de Estados Unidos. En la práctica, la
destrucción del medioambiente mexicano se consideró
como una ventaja comparativa por significar una oportunidad para
reducir los costos de producción. En este sentido, el
campesino mexicano de frontera agrícola que tala árboles
y quema tierras, no sólo estará destruyendo su futuro
sin saberlo, sino que además será considerado flojo por
no ser capaz de una producción más intensiva que
generará más empleo. Como dice Alberto Arroyo, uno de
los intelectuales orgánicos de la Alianza Social Continental:
La no legislación en los acuerdos comerciales sobre los
estándares ambientales mínimos, así como un
tendencia calendarizada a irlos aumentando en la dirección de
los acuerdos de la Cumbre de Río y otros acuerdos
internacionales, presionan a la baja los estándares
conquistados en el Norte del continente, cancelan la viabilidad
ecológica y la sostenibilidad de la economía mexicana
y, a menos que se introduzcan cambios drásticos en la política
neoliberal que fomenta el TLCAN, pueden extenderse peligrosamente al
resto de América Latina bajo el proyecto del ALCA.
La
recomendación de la Alianza Social Continental en el tercer
argumento es que se incorporen en el ALCA de una manera real y
vinculante acuerdos comerciales que contengan una legislación
ambiental y social. Recomienda también evitar a toda costa los
acuerdos paralelos. La realidad es que en las primeras rondas de
negociación del ALCA la mayoría de los gobiernos
latinoamericanos se niegan a incorporar las dimensiones laborales y
ambientales en los acuerdos de libre comercio, precisamente porque
consideran los bajos salarios y el abuso de sus recursos naturales
como una ventaja comparativa en su competencia con Estados Unidos.
El
obstáculo para lograr acuerdos vinculantes en materia de
medioambiente y asuntos sociales no está en Estados Unidos
-aun reconociendo la tenaz negativa de Bush a firmar el Protocolo de
Kyoto- sino en nuestros propios gobiernos, siempre tentados a
considerar la destruccción de medioambiente y las deficientes
políticas sociales y salariales como ventajas que ofrecer a
los extranjeros. Mientras Costa Rica ya ha descubierto cómo
convertir su biodiversidad, sus paisajes, su ecología en
ventaja, encontrar sus propias y válidas ventajas es ahora el
reto del CA-4.
¿Cómo
llegar a la mesa de negociaciones? ¿Para qué pedir
protecciones?
Dentro
de la estrategia de los gobiernos latinoamericanos, hay variantes en
la capacidad técnica y en el poder económico para
negociar protecciones con Estados Unidos. Si Brasil tiene la
mayor capacidad entre todos los demás países,
Centroamérica tiene la menor. En las negociaciones de los
Tratados de Centroamérica con México, sólo
hablaron Costa Rica y El Salvador. Y si no hubiera sido por la
compasión de México, todos los países
centroamericanos habrían firmado tratados que hubieran sido la
"crónica de la muerte anunciada" de la mediana
empresa centroamericana. Los Presidentes y los empresarios del Norte
y del Sur de nuestro hemisferio han tenido y tendrán muchas
facilidades para pactar a espaldas de las clases trabajadoras de sus
países y del medioambiente de sus territorios. Como en el
pacto Alemán-Ortega en Nicaragua, la ropa sucia que esconden
ambos caudillos engrasa y garantiza esos pactos.
La
Alianza Social Continental recomienda una estrategia clara de
negociación para defender la posibilidad de que en el mercado
todos corramos los mismos riesgos y gocemos de las mismas
oportunidades. La Alianza facilita una guía práctica
para llegar a la mesa de negociaciones con una amplia agenda social
para la integración hemisférica en los campos de
derechos humanos, ambiente, trabajo, inmigración, el papel del
Estado, la inversión, las finanzas, la propiedad intelectual
-especialmente la de los pueblos indígenas-, la agricultura,
el acceso al mercado, el género, los servicios y el
cumplimiento y resolución de disputas. La incidencia de la
sociedad civil puede ser mayor en medioambiente, salarios y pequeña
empresa, donde puede ser mayor la ceguera de los gobiernos
centroamericanos.
No
podemos dar un giro de 180 grados a cuarenta años de historia
Dice
Ricardo Zapata, Jefe de la Sección Comercial de la CEPAL en
México: Los gobiernos centroamericanos no deben llegar a la
mesa de negociaciones con la idea de que se va a negociar
liberalización, a negociar un mercado libre. Lo que se va a
negociar no es liberalización sino protecciones. Estados
Unidos no va a sacrificar la protección de su industria de
acero ni ante Europa ni ante Brasil. Centroamérica no tiene
una industria de acero que proteger, pero debemos pensar lo que nos
tocará proteger en este bello pedazo del planeta, aún
con tantos recursos naturales, entre ellos el agua, en este
territorio de ubicación privilegiada que permite la
comunicación este-oeste y norte-sur, una ventaja que Estados
Unidos reconoce y a la que no debe acceder sin hacernos concesiones.
No
debemos alimentar la ilusión de creer que nuestra sociedad
civil tendrá la capacidad de hacer retroceder el tiempo dando
un giro de 180 grados a las actuales dinámicas económicas,
ambientales y sociales que llevan instaladas en nuestros países
desde hace cuarenta años sin la menor inflexión de
ruta. Aunque la propuesta de la Alianza Social Continental es buena
en teoría, tendremos que llegar a la mesa de negociaciones no
con protestas, sino con propuestas concretas concertadas entre los
distintos sectores de la sociedad centroamericana. La sociedad civil
centroamericana debe saber combinar las experiencias concretas de los
tratados ya firmados y la información de las que dispone la
Alianza Social Continental con propuestas realistas sobre los
tratados comerciales.
Lo
que más nos conviene, lo que más le convendría a
Estados Unidos
Al
entrar en las negociaciones del ALCA, es importante ubicar lo que es
un tratado de libre comercio. La integración dentro del mundo
global tiene varias escalas o niveles: Uniones políticas,
Uniones económicas con política social común,
Mercados Comunes Tipo MCCA en comercio, finanzas y trabajo, Tratados
de Zonas de Libre Comercio con gradualidad y progresividad,
Cooperación Económica y Asociaciones de Programas de
Desarrollo (Pacto Amazónico, Asociación del Río
de la Plata, etc.). Lo que más convendría a los pobres
centroamericanos sería cualquier tipo de tratado que
permitiera un libre mercado de trabajo.
La
masiva migración centroamericana hacia el Norte significa hoy
un mercado común ilegal sin acceso a las políticas
sociales norteamericanas. Pero, aunque retóricamente suene
bien como reclamo, de antemano sabemos que éste no es un tema
que podremos abordar en la mesa de negociaciones. Lo máximo
que podríamos negociar es un acuerdo, paralelo y no
vinculante, con posibles fases superiores de Tratado, que permitiera
en el largo plazo un libre mercado de mano de obra.
En
el ALCA, lo que más convendría a Centroamérica
es una política social común. Pero Estados Unidos no
está dispuesto a pagar los costos que pagó Alemania
occidental para incorporar a Alemania oriental en los años 90.
Tampoco tiene Estados Unidos lucidez suficiente como para plantear
una unión económica con México y Centroamérica
para expandir el alcance de su mercado interno y así enfrentar
las obvias amenazas económicas de la China y la India.
América
Latina en el penúltimo peldaño
Soñar
con una política social común en el ALCA es ilusorio,
no resulta constructivo. Lo que se le ofrece a América Latina
es el penúltimo peldaño empezando por abajo. Por la
amarga cosecha del neoliberalismo y por el desmantelamiento del
Modelo de Sustitución de Importaciones, las pequeñas
economías centroamericanas y varias de las latinoamericanas no
están preparadas para otra cosa que no sean Tratados de Zonas
de Libre Comercio, y quizás ni para eso. Estados Unidos
pretende conseguir antes del 2005 un tratado que proteja su economía
interna a expensas de las economías internas latinoamericanas,
un acuerdo donde sólo fluyan libremente el capital financiero
y las mercancías negociadas. Lo que América Latina
requiere es de un plan de negociación que limite al máximo
las claras ventajas de las que goza Estados Unidos dentro de un
acuerdo continental como el que se esta configurando.
Centroamérica:
¿conejillo de indias del alca?
Las
primeras negociaciones claves para Estados Unidos en el ALCA podrían
pasar por Centroamérica. Ojalá no fuera así. Los
Estados Unidos ya han iniciado este camino con la retórica de
que "la cosecha temprana" es la mejor, buscando inducir la
idea de que el primer bloque en concluir sus negociaciones en el ALCA
puede resultar el más beneficiado. ¿Será
Centroamérica tan ingenua como para pensar que la negociación
del ALCA será similar al negocio en que los elotitos tiernos
tienen mejores precios que las mazorcas? ¿Creerá que
una negociación temprana del ALCA se parece a la situación
en que el productor que llega al mercado más temprano con su
maíz y sus frijoles es el que se saca la lotería? La
realidad y la trayectoria seguida hasta ahora nos indican que a
Estados Unidos no le conviene negociar un buen acuerdo con los
primeros 35 millones de latinoamericanos -los centroamericanos-
porque tendría luego que enfrentar a los restantes 365
millones de latinoamericanos, que negociarían teniendo como
techo no negociable los resultados conseguidos por Centroamérica.
Ya
escuchamos la repuesta de Moeller a la pregunta ¿Y qué
pasará con las economías más débiles de
América? No hay duda de quiénes son. Los Estados Unidos
tienen que ensayar con algunos países una respuesta a la
necesidad de un tratado que dé algún tipo de
tratamiento a las diferencias de tamaño y de grado de
desarrollo. No es lo mismo negociar con México, uno de los 24
miembros de la OECD que con los países centroamericanos,
ubicados entre los 110 colocados más al fondo del Índice
de Desarrollo Humano, con un PIB regional muy inferior al del
Distrito Federal de México.
Llegamos
pidiendo limosna y buscando "visa para un sueño"
En
este momento y con la preparación que hoy tiene, Centroamérica
llega al ALCA pidiendo limosnas para mantener y consolidar su acceso
a su principal socio comercial. Llega pidiendo más espacio
dentro de la Iniciativa de la Cuenca de Caribe, particularmente en el
área de textiles. Y llega solicitando más ayuda externa
y suplicando un mejor trato para sus indocumentados.
Para
la construcción del ALCA, Estados Unidos necesita un avance
más acelerado en un marco subregional, particularmente en el
tratamiento de diferencias de tamaño y grado de desarrollo. En
un mundo en que el eje de la acumulación ha pasado de la
producción hacia los servicios, le apetece enormemente a
Estados Unidos esa ideal plataforma de servicios transnacionales que
le ofrece Centroamérica. Durante estos últimos años,
Estados Unidos ha demostrado plena capacidad para manipular a los
presidentes centroamericanos. Conoce sus debilidades, su ropa sucia.
Además, son mandatarios de países donde la mayoría
de su población busca "visa para un sueño":
migrar al gran país que nos ha invadido diecisiete veces en el
último siglo. Son muchas las razones que permiten a Estados
Unidos confiar en que puede negociar un techo bajo en Centroamérica,
un techo que no dañe después sus posibilidades con los
países andinos y con los del MERCOSUR. La economía
centroamericana, demasiado frágil, demasiado dependiente, los
incita a la experiencia. Centroamérica será el
conejillo de Indias del ALCA si no logramos desarrollar una
negociación seria, digna y concertada.
Informales
y migrantes: únicas válvulas de escape
La
pequeña y mediana empresa centroamericanas sufrirán
mucho con la ola del ALCA estadounidense. La microempresa y el sector
informal centroamericanos están ya tan mal que sentirán
pocas diferencias entre el pre-ALCA de hoy y el ALCA consumado de
mañana El sector informal -60% de las empresas de la economía
centroamericana- continuará absorbiendo la indigencia
regional. El número de microempresas del sector informal crece
al mismo ritmo que crece la población. Sin embargo, en la
medida en que se expande, el sector queda más excluido y
posicionado en mayor desventaja. Centenares de miles de empresas
fracasan cada año en Centroamérica. La presión
demográfica determina quiénes son los nuevos
integrantes de este sector mayoritario. La informalidad no desaparece
porque es la única plataforma accesible a las mayorías
centroamericanas. La informalidad o la migración, únicas
válvulas de escape.
Lo
peor para la microempresa y para el sector informal es no encontrar a
nadie a quien vender servicios.La microempresa ya no es patriótica,
ya ha sido internacionalizada. Poco le importa que el consumidor de
sus servicios sea nicaragüense o salvadoreño, que sea
centroamericano o que sea la maquila estadounidense. El sector
informal y los servicios de transporte migran a las maquilas. Y la
industria microfinanciera sigue sus pasos. La única cosa que
transformaría el sector a largo plazo es un programa de
crecimiento endógeno o de encadenamiento de las inversiones
extranjeras y nacionales con la economía nacional y regional
que aproveche una reconversión de la pequeña y mediana
empresa para incrementar el nivel de los salarios y así hacer
más viable la microempresa en un mercado interno ampliado. La
generación de empleos que promete la maquila o la industria
turística es mínima comparada con lo que podría
producir una adecuada y decente promoción de los estratos más
viables de nuestras pequeñas empresas y microempresas.
No
debemos negociar para perder una vez más
¿Entrará
Centroamérica en el ALCA? Sin duda, porque no hay otra opción.
¿Tiene suficiente fuerza de incidencia la sociedad civil
centroamericana para que la negociación de los tratados sean
un ejercicio digno y no un experimento con conejillos de Indias? No.
¿Será el ALCA un paquete sin pueblo? Lo será.
Pero, si partidos políticos y organizaciones populares somos
honestos y francos, tendremos que reconocer que una gran parte de los
esfuerzos legales, institucionales y sociales de la sociedad civil
son también paquetes sin pueblo.
¿Los
Presidentes de nuestros países y los grupos empresariales
centroamericanos podrán negociar una inserción en el
ALCA que beneficie a la mayoría de la población sin la
presión de la sociedad civil? Ciertamente no. ¿Las
élites regionales podrían negociar un ALCA para
Centroamérica que estimule su economía con una
estrategia de negociación decente y fecundada con múltiples
asesorías, más allá de las que ofrece la CEPAL y
otros organismos multilaterales? Sí. Pero no pueden esperarse
milagros ni soluciones favorables para las mayorías
centroamericanas después de tantos siglos de rezago.
Conseguirlo será un proceso de varias décadas que
depende de la reconversión de nuestros Estados, de nuestros
partidos, de nuestras ONG y de nuestras organizaciones populares. La
negociación del ALCA nos da una oportunidad para una
reconversión negociadora hacia afuera. La más
importante reconversión, la que debemos hacer hacia dentro
y desde abajo hacia arriba, difícilmente podremos
hacerla ya antes de la firma del ALCA.
Nuestro
deber en esta hora: bajar la retórica y coordinarnos
A
todas y a todos los que sentimos la increíble pérdida
del potencial de la mayoría abrumadora de las empresas
centroamericanas -del pueblo centroamericano- nos asalta la duda
sobre la viabilidad de una alternativa razonable dentro del actual
plan del Norte. Pero la duda, aunque sea buena consejera, no puede
ser nuestra guía. Y no nos exime de nuestra responsabilidad de
informarnos y de prepararnos seriamente para la negociación
del ALCA. No nos exime de la coordinación necesaria para poder
incidir en esa negociación. No nos exime de establecer
vínculos con la Alianza Social Continental, vínculos
hasta ahora mínimos o nulos. Si nuestra sociedad civil entra
en la etapa de negociación sólo con retórica,
estará luchando para perder otra vez. La única
alternativa es una estrategia realista y un consenso amplio en torno
a esa estrategia.
Lo
que suceda en Centroamérica tendrá consecuencias para
el resto de América Latina. Una mala negociación
debilitará las negociaciones de los otros países.
¿Volveremos a ser una pequeña luz de esperanza que
anime esperanzas más allá de nuestras fronteras y
capacidades, a pesar del peso de este mundo globalizado?
Probablemente no. Lo único que tenemos hoy en las manos es
buscar una estrategia mínima, bajar el tono de la retórica
y coordinarnos.
Realistas,
audaces, astutas y unidos en un solo bloque
La
crisis de nuestra región no va a desaparecer con un ALCA mal
negociado, más bien empeorará. La crisis es tan
profunda que tampoco desaparecería con una buena negociación.
En esta hora de debates sobre el ALCA, los rostros de nuestra gente
en los mercados municipales, los perfiles de nuestras campesinas
cargando leña en las carreteras rurales, la rebusca
desesperada de niños y niñas en los semáforos de
nuestras calles y los pregones de frutas y servicios en la aurora de
nuestros barrios deben inspirarnos. Deben convencernos de que sólo
una estrategia de negociación realista, audaz, bien preparada,
será más valiosa para todos ellos que cualquiera de las
campañas retóricas de denuncias inflamadas, que sólo
nos harán perdedores una vez más. Que el astuto
Güegüense, que con humor nos enseñó a sacar
ventaja en situaciones de total desventaja, nos acompañe en
esta hora.
*
Peter E. Marchetti, SJ, Director de investigaciones de la Universidad
Rafael Landívar de Guatemala, colaborador de Envío.
Revista Envio, año 21, No. 243, Universidad Centroamericana
(UCA), Managua, junio 2002.
http://www.alainet.org/active/2528
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